El misterioso Joan Baladre vuelve a nuestras paginas, pero en esta ocasión nos escribe desde Sumatra:

Mecriptocre

Tamara

¿Qué?

¿Cuándo acabó la guerra?

Siempre estás igual.

¡Qué me lo digas! ¡Joder!

Nunca.

No me acabo de creer que no tenga…

Te las amputaron.

Esto de ser un veterano de la guerra es una mierda.

Es lo que hay, mi amor. Al menos tienes una paga vitalicia.

Esas putas Amebas Marcianas…

Querido, no te alteras. No vale la pena.

¿Y qué crees? Devolvería la paga al puto presidente Rajador por volver a tener manos.

¿Has visto que día tan bueno hace hoy?

No…


Señor, señor. Despierte.

¿Qué? ¿Qué pasa?

Le traigo un mega-pack.

¿Pero qué dice? ¡Pero qué hace! ¿Qué hora es?

¡Chisssst! Mantenga el silencio.

¿Pero…?

Cómo decía, le traigo un mega-pack. Son dos manos, biotecnología puntera marciana.

¡Hala!

Tómelo como una especie de recompensa a cambio de los daños que le causamos.


Según una ley estatal, está prohibido por recomendaciones post-traumáticas adaptar implantes corporales a los soldados que hayan sido mutilados en acto de servicio.

Mira Tamara.

¡Pero qué es eso!

Tengo manos.

¿Pero qué haces? ¿No deberías llevar eso puesto?

¡Son magníficas!

¡Au! ¡Qué haces!

Tocándote el culo.

Suéltame, ¡qué haces!

Pero qué pasa.

¡Suéltame asqueroso! ¡Ni se te ocurra tocarme!

¡Tamara!

¡Qué no!


El vertedero se extendía desde lo nebuloso a lo incógnito. Un lugar muerto donde dejar olvidado miles de restos y vestigios inservibles; mediocres, sucios y descoloridos. Oficialmente, el lugar ni existía. El gobierno intentaba ocultar todo lo relacionado con el basurero. Así que encontrar su situación era difícil, aunque estaba a menos de 30 minutos del área comercial de moda más próxima. Nadie miraba hacia allí, y si alguien se desorientaba y llegaba allí por casualidad, quedaba confuso y volvía a marcharse sin recordar nada.

Realmente era un lugar punitivo, de condena para ciertos veteranos de guerra contra las AM puesto que no interesaba al mecanismo burocrático que sus ondas psíquicas contaminasen a la masa manipulada. En la guerra supuestamente habían desarrollado un pólipo mental muy peligroso contra lo que se denominaba ley de expresión contenida, que eran las normas que regían la constitución del país, y que consagraban al presidente Rajador como miembro perpetuo. Casi todo el mundo los desconocía pero ya era la undécima manifestación del señor presidente la que manejaba los hilos del gobierno.

Algunos de los veteranos se les había escogido para experimentar.

Uno de los ensallos que más regocijaban al comité era la de cortar las manos a un sujeto y valorar sus reacciones al implantarle unas nuevas de fabricación nacional bionecánica. Durante dicha prueba el individuo pensaba que estaba en un entorno familiar. En el 90% de los casos mientras eran mutilados permanecían inmersos en el engaño, pero al recibir su nuevo par de manos el individuo en cuestión reaccionaba de manera inversa y agresiva.


Pero… Tamara… qué ocurre.

¡No!

¡Ah! Qué esto, qué es esta mierda. ¡Ay! He tropezado, ayúdame. ¡Qué hago en un puto basurero! ¡Mierda! Y tú…

Hay un maniquí andrajoso medio quemado, a su lado. Su boca es un agujero.

No, no, ¡no!

Señor, ¡señor! Por favor, esto se ha acabado.

¿Pero?

Un par de solados uniformados de negro le apuntan con sus rifles de rayos y le disparan. La cabeza del veterano se convierte en un agujero humeante y el cuerpo cae al lado del maniquí.


Prueba finalizada satisfactoriamente.

Fin

Joan Baladre, Sumatra 2000.

Artículos Relacionados:

Comparte este artículo con tus amigos