Desde Buenos Aires Argentina, nos escribe el escritor Néstor Quadri para participar con su cuento en nuestro Concurso de Relatos:
mosquito-sculpture-from-cars

Investigación Extraterrestre

Autor: Néstor Quadri
Era un solitario navegante extraterrestre de un planeta muy similar a la tierra, que orbitaba la estrella emplazada en la constelación de Cáncer, a una distancia de 41 años luz del Sol. Se desplazaba en el universo para cumplir una misión de investigación que le habían encomendado en ese planeta azulado, que habían descubierto al percibir por pura casualidad algunas infinitésimas señales inteligentes de radio.
No hacía mucho tiempo que había comenzado este viaje intergaláctico, porque se desplazaba en otras dimensiones aprovechando las vastas cuerdas espacio-tiempo, que fluctuaban formando un inmenso entramado comunicacional intergaláctico en el universo y que ya habían descubierto y utilizado desde hacía muchísimo tiempo.
Los seres inteligentes dominantes de su planeta con el gran desarrollo de su tecnología espacial, estaban ahora buscando lugares propicios para subsistir, porque las condiciones naturales para la vida de su especie, poco a poco se fueron desmejorando y actualmente no eran del todo adecuadas.
Luego de analizar durante un tiempo prudencial al pequeño planeta, informó a la base que se hallaba habitado, con condiciones físicas y meteorológicas muy similares para el normal desarrollo de la vida de los extraterrestres. Por otra parte, existía vida inteligente dominante en estado embrionario, donde la especie se conformaba por zonas geográficas, con diversas creencias, prejuicios y ambiciones, actuando y pensando en forma sectorial, como había sido la vida primitiva de ellos mismos, hacía miles de años atrás.
Fue entonces que le encomendaron que verificara si existía en ese planeta el alimento apropiado para la supervivencia, con el fin de planificar una futura invasión. Por lo tanto, decidió descender a la tierra y cuando un cartel se iluminó para avisarle que ya era el momento, alargó una de sus extremidades, pulsó el botón y se inició la acción programada automática para el descenso de la nave.
En el crepúsculo de ese invierno la temperatura era baja y el viento hacía danzar las ramas de los árboles en aquel inmenso parque de la ciudad. El sol estaba cayendo de golpe creando sombras espectrales mientras la luna ya se asomaba en el cielo y cuando el día llegó a su fin, su tenue luz bañó el lugar, inundándolo todo con un resplandor grisáceo.
Apenas el día terminó de morir, apareció en el cielo oscuro el brillante plato volador, que aterrizó suavemente al lado de unos arbustos que rodeaban la gran laguna, ubicada en el centro del parque.
Luego de un tiempo, en forma parsimoniosa la pálida figura de un insecto gigante emergió a la nave. Su respiración corrompió el aire que lo rodeaba y envolvió con su húmedo aliento, las incipientes luces de la noche.
Alzó la vista y observó una casona antigua provista con un telescopio en la parte superior que le causó interés por lo rudimentario. Luego giró la cabeza y detectó el hospital en uno de los espacios laterales del parque, que estaba llena de seres vivos y el olor de la sangre llegaba hasta allí, lo hizo sonreir mostrando sus grandes aguijones.
Estaba seguro que nadie lo había observado y ese aroma le provocó una alegría inmensa porque ahora estaba seguro que dispondrían del alimento necesario para la supervivencia cuando efectuaran la invasión. Descendió lentamente de la nave entre los arbusto de la orilla y aleteando y aferrándose con sus múltiples patas, se dirigió hacia allí, porque su visión y olfato, le habían proporcionado las sendas adecuadas para llegar.
La desierta sala de autopsias del viejo hospital, recibió abruptamente la respiración húmeda del insecto, que alzó la vista y observó el entorno del local. Podía percibir el olor metálico de la sangre mezclado con el sudor y el hedor de los cadáveres que ya comenzaban a descomponerse después de varios días, produciendo una combinación nauseabunda.
Mientras su trompa mostraba sus finos aguijones fue desplazándose lentamente, pero definitivamente no se encontraba a gusto, porque su especie debía contar con las seguridades de disponer de sangre nueva y caliente. Pero en el hospital había mucha gente y podían descubrirlo, lo que no sería bueno para la investigación que estaba realizando. Fue allí que recordó la solitaria casona del parque…
El enigma de la muerte y el extraño estado en que apareció el cadáver de un renombrado profesor universitario e investigador que se dedicaba a los estudios del espacio-tiempo en el universo, constituyó durante mucho tiempo uno de los misterios que asombró a la comunidad científica y la opinión pública.
Era ya tarde y estaba anocheciendo. Desde la ventana de la casona del parque donde vivía y realizaba sus investigaciones científicas, ya se veía la luna, que iluminaba la laguna del parque con su luz espectral en la tenue oscuridad. Y también algunas estrellas, que comenzaban a titilar en la negrura del cielo, ajenas a sus reflexiones.
Ellas también estaban sujetas a la misma esclavitud que él, pero parecían estar libres de la ansiedad que lo aquejaba, porque estaba por desentrañar la fórmula de una de las leyes fundamentales del espacio-tiempo en el universo, que lo llevaría a ser reconocido como uno de los investigadores científicos más importantes de todos los tiempos. Allí fue cuando de repente, vio al plato volador descender lentamente del cielo y desaparecer entre los arbustos de la laguna.
Pero su mente se negó a creer lo que había visto y pensó que se trataba de una alucinación debido a la falta de sueño de esos días. Sus estudios lo llevaban a desconocer por completo la existencia de ovnis, a los que consideraba como imaginaciones o desvaríos de la gente, que daban lugar a las noticias sensacionalistas de la prensa.
Pensó que no debía preocuparse y por otra parte, sería un mal papel para él denunciar al plato volador, porque por un lado no estaba seguro de haberlo visto y por otra parte si no era cierto, pondría en juego la credibilidad en los estudios que estaba realizando en su carrera de investigador.
De acuerdo a sus análisis, los rastreamiento efectuados en el espacio jamás habían detectado signos de inteligencia alguna en los planetas de nuestra vía láctea y según él era imposible que existiera alguna civilización extraterrestre que pudiera disponer de la tecnología adecuada como para llegar trasladarse desde otras galaxias, atravesando esas grandes distancias siderales.
En su subconsciente consideraba con soberbia que solamente la inteligencia superior del hombre podría lograr algún día alcanzar ese objetivo, justamente aplicando la fórmula que estaba por desentrañar, lo que permitiría la conexión espacial por caminos más cortos, utilizando cuerdas interplanetarias.
Como estaba realmente muy cansado, se recostó en su dormitorio para reponerse un poco. Luego de un corto tiempo, repentinamente se despertó sobresaltado en las sombras, cuando escuchó un ruido.
Después de verificar que estaba despierto, percibió nuevamente un pequeño sonido como de alguien arrastrándose, que al principio le pareció demasiado lejano y que no se desplazaba, pero poco a poco, ese ruido que había estado tan lejos, estuvo cada vez más cerca y cuando encendió el velador se fue haciendo la figura del extraterrestre.
Era un gran insecto con ojos resplandeciente y se mantuvo frente a él en la penumbra. Un sudor frío le recorrió la frente y el terror y angustia lo invadió. No cabían dudas que ese extraño ser no podía ser otro que el proveniente de aquel plato volador y que con la típica incredulidad humana había negado su existencia, sin darle ninguna trascendencia a lo que había visto. Ya era tarde, cuando comenzó a comprender la insignificancia del hombre en el conjunto del universo.
Una brisa helada le produjo una sensación de vértigo y escalofrío cuando ese ser se le acercó aleteando, arrastrando con parsimonia sus numerosas patas y una loca desesperación lo conmovió.
El silencio era tan profundo, que sentía el respirar de aquellos pulmones, anhelantes de aire, que se hinchaban y contraían, mientras su trompa mostraba unos finos aguijones amenazadores. Aterrorizado quiso gritar, pero no pudo gritar y ya vencido, recibió un rayo paralizante de un pequeño artefacto que ese ser sostenía en una de las extremidades.
Entonces, el extraterrestre sacudió su cuerpo aproximándose lentamente y mientras una tenue vibración lo rodeaba, fue envolviendo con su aliento húmedo la penumbra de la habitación. Olfateó ese olor flácido y con sus afilados aguijones hundidos en esa débil carne de la yugular, comenzó a succionar aquella sangre caliente. Y sorbió y sorbió abrazando a su víctima, aleteando su cuerpo, junto al que estaba agonizando, ignorante del privilegio de ser el alimento de aquella existencia.
Un suspiro, con una leve exclamación fueron suficiente y ya satisfecho, luego de absorber hasta la última gota de sangre, el extraterrestre, empezó a alejarse parsimoniosamente hacia su nave a fin de reanudar su vuelo, mientras en el dormitorio de la vieja casona solo quedaba el cadáver desecado del investigador científico, en soledad y silencio.
Su informe a la investigación encomendada fue breve y conciso, diciendo que había alimento disponible en forma ilimitada y que estaban dadas las condiciones por demás favorable como para realizar la invasión a ese planeta azulado, que estaba poblado de vida inteligente dominante muy primitiva y de apetitosa sangre caliente.

FIN

Muchas gracias a Nestor y le deseamos mucha suerte 🙂
La escultura de la fotografía pertenece a: Valery Chaliy

Comparte este artículo con tus amigos