Saludos amigos, como les había dicho, voy a publicar una nueva historia cada semana, y aquí les presento el cuento de este sábado. Si te gustan los mechs, si te gusta la Ciencia Ficción Militar, te va a gustar:

Terreno Desigual

La única manera de moverse en aquel continente era sobre patas. Por esa razón, a pesar de que el nivel de tecnología aún no era demasiado avanzado, los mechs, o robots de combate, eran las únicas armas capaces de combatir durante un período de tiempo prolongado.

Un escuadrón de aviones aliados pasó por encima de su grupo de mechs.

—Vamos a revisar el terreno más adelante señor—. Anunció uno de los pilotos.

—Tengan cuidado, van viajando demasiado bajo—. Les advirtió Marcos el Capitán de aquel grupo de combate.

No le gustaba ver a los hombres arriesgarse en vehículos aéreos, eran los primeros en caer siempre. Pero eran indispensables. Las placas tectónicas cambiaban tan rápido, que era inútil guardar ningún mapa con más de uno o dos meses de antigüedad. E intentar trazar el terreno con satélites era imposible pues el volcán en mitad del continente no paraba de expulsar nubes de gas que todo lo ocultaban.

Todo el planeta no era más que un enorme océano, con algunas islas aquí y allá. Este continente era relativamente nuevo, algunos sugerían que tenía incluso menos de 500 años. Estaba apenas formándose alrededor del enorme volcán. Pero la humanidad no llevaba sobre aquel mundo ni 100 años, y nadie había tenido tiempo para hacer estudios geológicos.

—Estamos detectando una fuerza desconocida unos kilómetros más…

La transmisión del escuadrón aéreo cesó de golpe. Ya todos sabían lo que eso significaba.

—Tenemos enemigos en la vecindad. —Transmitió el Capitán sereno a través de las comunicaciones—. Todas las unidades desplieguense en formación defensiva protegiendo El Mástodonte.

El enemigo era humano también. Si eran descendientes de la misma nave que cayó en aquel mundo, o habían llegado antes o después. Nadie lo sabía con certeza. Lo que estaba claro era que no se comunicaban con ellos de ninguna manera, y no tomaban prisioneros.

Mientras el cuartel general móvil, bautizado como “El Mastodonte” continuaba avanzando lentamente sobre sus cuatro patas, de su interior fuero saliendo otras unidades más pequeñas, más ligeras y veloces, que podían cubrir la vanguardia con facilidad.

Otros aparatos de mayor envergadura también acompañaban al cuartel general y se formaron a sus lados. A la izquierda un escuadrón de bípedos con cañones de fuego directo de alto calibre y mucha capacidad de maniobra. A la derecha un grupo variado de máquinas con múltiples tipos de armas, pero sobre todo anti aéreas. Y por detrás un regimiento de artillerías de gran poder.

El constante caminar de todos aquellos aparatos generaban un pisoteo ensordecedor.

Frente a ellos se levantaba una montaña, no habían caminos y este accidente del terreno ni aparecía en ningún mapa anterior. Podía haberse formado incluso unos meses antes. Al llegar al borde de la montaña, las unidades más pequeñas comenzaron a escalar sin esperar órdenes, habían hecho aquello más de una vez. El terreno impredecible requería rápida adaptación.

En cuanto El Mastodonte llegó a la falda de la montaña, desarrolló garras en sus patas para poder sujetarse mejor al suelo a medida que iba escalando. Pero el aparato era tan pesado que las patas se hundían profundamente en las paredes antes de proveer tracción.

—La Vanguardia debe estar atenta —advirtió el capitán a los mechs que iban adelante— Es muy posible que el enemigo ya se encuentre en la cima esperando por nosotros, o que la forma del terreno nos deje al descubierto.

—¡Sí señor!— Respondió el teniente a cargo de la vanguardia de inmediato.

El sonido de un grupo de helicópteros aproximándose puso sobre aviso a las unidades anti aéreas. El capitán se abstuvo de dar ninguna orden, tenía confianza en que su hombres ya conocían la rutina.

Los enemigos aparecieron volando, un escuadrón de cinco naves de rotor bastante grandes, y sin embargo muy rápidas. Los misiles de bando y bando no se hicieron esperar. Pero las capacidades de sabotaje electrónico de ambas fuerzas se encontraban en el tope, ninguna de las armas de largo alcance dio en el blanco.

Los cañones antiaéreos no tardaron en unirse a la fiesta aún cuando no se encontraban en el rango óptimo. Pero las balas explotaban en el aire desplegando una capa de humo y polvo que dificultaba la navegación de los enemigos voladores.

El plan de los adversarios era sobrevolarlos a gran velocidad mientras disparaban y dejaban caer bombas de alto poder. Pero aunque los vehículos del enemigo eran rápidos, los cañones antiaéreos los despacharon con rapidez.

—Por esa razón es que prefiero usar aviones para misiones de ese tipo—. Declaró el capitán —Los helicópteros no tienen la velocidad suficiente, al menos no todavía.

—Capitán Marcos, señor, ¿cree usted que el enemigo alcanzó a transmitir nuestra posición?

—No estoy seguro, estaban volando bajo y ni el ambiente ni el terreno son propicios para una transmisión clara, pero debemos avanzar asumiendo lo peor. El enemigo ya sabe donde estamos, y vendrán por nosotros.

—Entendido señor.

La vanguardia tardó algunos minutos más en alcanzar la cima, pero en cuanto lo hicieron, entraron en contacto con el enemigo.

—El enemigo no está tan cerca como esperábamos, —informaron—. Sino en otra elevación que domina a esta cima. Han comenzado a disparar en cuando nos han visto. Esperando órdenes señor.

—Divida  a su tropa en dos grupo a izquierda y derecha, procure avanzar cubriéndose con el terreno, de ser imposible mantenga al enemigo entretenido hasta que la fuerza principal esté en posición—. Un plan de batalla sacado del manual, pero no le había fallado hasta ahora. —Transmita la posición del enemigo a la artillería para que comiencen a bombardear el área.

El ruido de los cañones de artillería no se hizo esperar mucho. Pero no podían mantenerse disparando por períodos prolongados, el enemigo analizaría la trayectoria de los proyectiles y retornaría el fuego más tempano que tarde. Tampoco podían avanzar en una línea predecible, por lo que avanzarían mucho más lento que el resto de la fuerza. Marcos ordenó que la columna avanzar con mayor lentitud para no abandonar al grupo de artilleros a su suerte.

La posibilidad de que el enemigo estuvieran moviendo un segundo contingente por detrás de ellos era muy reducida mas no imposible. Y al capitán Marcos no le gustaban las sorpresas.

Ascendiendo a aquel ritmo tardaron mucho más, pero quizá sirvió para confundir al enemigo que no consiguió acertar ni un solo disparo de artillería.

La vanguardia no había conseguido avanzar, la fuerza enemiga era muy fuerte y estaba bien emplazada.

Tardaron más de lo esperado, pero eventualmente los cañones de alto calibre se encontraron en posición y comenzaron a vomitar sus enormes balas. Allí donde las balas acertaban las máquinas del enemigo caían. Donde no, dejaban un enorme boquete en la vegetación que cubría al enemigo.

Ni bien se había colocado en posición el último de los bípedos de alto poder cuando la tierra comenzó a temblar.

Con la experiencia que proveen los años el Capitán apenas se tomó de la baranda con una mano y sin perder el pie en ningún momento.

—¿Qué es eso?— Preguntó casi susurrando.

—Es un temblor capitán, casi un terremoto me atrevería a decir.

—Eso lo sé, pero no me refiero a eso, hay otro sonido, ¿no lo escuchas?

Un potente zumbido se aproximaba cada vez más rápido.

—Tienen más helicópteros—. Adivinó el capitán.

Observando la posición retrasada que tenían las unidades antiaéreas supo que estaban en problemas de inmediato, el enemigo les dispararía desde el aire sin piedad.

El temblor de Tierra se volvió más fuerte, obligando al veterano capitán a sujetarse con las dos manos.

—Prepárese para ordenar un repliegue, quiero que la mayor cantidad de nuestras fuerzas estén bajo el amparo de los antiaéreos lo más pronto posible, ¿me entendió David?

Pero era imposible saber si David asentía o las sacudidas del suelo lo obligaban a mover la cabeza de forma disparatada.

De pronto el ruido arreció, el capitán no supo si era a causa del terremoto o si el enemigo había hecho algo inesperado, pero entonces escuchó la explosión y la cabina se llenó con un resplandor rojizo. Cuando pudo abrir los ojos, observó las unidades enemigas volando por los aires y allí donde habían estado plantadas, ahora se encontraba la boca de un nuevo volcán expulsando lava a raudales.

La orden de retirada era innecesaria, no había maneras de pelear contra un volcán. Ambas fuerzas huían a toda velocidad.

—¡Este planeta es un infierno! ¡Tenemos que salir de aquí cuanto antes! —Exclamó uno de los tripulantes de El Mastodonte por detrás del capitán.

Cuando este se volteó a mirar quien había sido, observó con compasión la juventud de la gran mayoría de sus subalternos. Todos ellos de seguro habían pasado sus vidas flotando en los océanos sobre islas artificiales, muy pocos se habían enfrentado a las dificultades del combate sobre un terreno tan terrible como aquel.

—El planeta es un infierno, muy cierto. ¿quieren salir de él? Necesitamos los recursos de este continente, así que tenemos que seguir peleando.

Era cruel decir algo así en una situación como aquella, pero aquel planeta maldito sería más cruel todavía. Era mejor que lo entendieran pronto.

Fin

¿Un final demasiado súbito? ¿Quedaron con ganas de más? Esa es la intención.

El objetivo de esta historia es justificar el combate con mechs. El terreno en aquel único continente del planeta es tan malo y tan impredecible que se han visto obligados a desarrollar máquinas de combate con patas en lugar de orugas o ruedas. Pero, si el terreno es así de malo, eso tiene algunas consecuencias ¿no es cierto? Y bueno, ya lo vimos al final de la historia.

Me parece que es muy posible que a futuro vuelva a contar otras historias ambientadas en este mundo. ¿Les gustaría eso?

Quienes me apoyan en Patreon ya recibieron ayer otra historia, y allí también planeo continuar publicando todas las semanas. Dame tu apoyo para continuar mejorando.

Si te gustó este cuento, recuerda compartirlo con tus amigos.

Artículos Relacionadas:

Comparte este artículo con tus amigos