Sub Géneros

 

Cyberpunk:

Cualquier cosa que se le pueda hacer a una rata se le puede hacer a un humano. Y podemos hacer casi cualquier cosa a las ratas. Es duro pensar en esto, pero es la verdad. Esto no cambiará con cubrirnos los ojos. Esto es cyberpunk.

Bruce Sterling, Interzone. Cyberpunk en los Noventa.

Cyberpunk

Se trata, después de todo, de un subgénero de la ciencia ficción, conocido por su enfoque en un futuro distópico con alta tecnología y bajo nivel de vida. Mezcla ciencia avanzada, como la informática y la cibernética junto con algún grado de desintegración o cambio radical en el orden social.

El argumento se centra a menudo en un conflicto entre hackers, inteligencias artificiales y mega corporaciones localizados en un futuro cercano del planeta Tierra. Entre los primeros exponentes del género se encuentran William Gibson, Bruce Sterling, Pat Cadigan, Rudy Rucker y John Shirley.

A comienzos y a mediados de los años ochenta, el cyberpunk se convirtió en un tema de moda en los círculos académicos.

Mientras que una gran variedad de escritores comenzó a trabajar con conceptos del cyberpunk, nuevos sub-géneros emergieron, que se centraban en la tecnología y sus efectos sociales de una manera diferente. Los ejemplos incluyen el Steampunk, iniciado por Tim Powers, Kevin Wayne Jeter y James Blaylock, y el Biopunk en el cual destaca Paul Di Filippo. Adicionalmente algunas personas consideran trabajos tales como La era del diamante de Neal Stephenson como el inicio de la categoría Postcyberpunk.

Lawrence Person en 1988 sostiene que:

Los personajes del cyberpunk clásico son seres marginados, alejados, solitarios, que viven al borde de la sociedad, generalmente en futuros distópicos donde la vida diaria es impactada por el rápido cambio tecnológico, una atmósfera de información computarizada ubicua y la modificación invasiva del cuerpo humano.

Muchos protagonistas cyberpunk son manipulados, puestos en situaciones donde tienen poca o ninguna opción, y aunque ellos pueden verse en esto, no necesariamente llegan a estar más lejos de lo que previamente estaban. Estos anti-héroes traen a la memoria el investigador privado de la novela policíaca, que podría solucionar los casos más complejos pero nunca recibir una recompensa justa. Este énfasis sobre los inadaptados y descontentos que Thomas Pynchon llama el “pretérito” y Frank Zappa el “olvido de la Gran Sociedad“- es el componente “punk” del cyberpunk.

Snow Crash

Postcyberpunk:

Este sub género también se centra en desarrollos tecnológicos en sociedades de un futuro próximo, generalmente examinando los efectos sociales de las telecomunicaciones globales, la ingeniería genética o la nanotecnología. Pero a diferencia del cyberpunk “clásico”, las obras de esta categoría se caracterizan por tener personajes que actúan para mejorar las condiciones sociales, o al menos para proteger el statu quo de la creciente decadencia.

Neal Stephenson en su novela Snow Crash usó por primera vez, en 1991, el término. Y posteriormente (1998), Lawrence Person publicó un artículo titulado Notas dirigidas a un manifiesto postcyberpunk en la revista Nova Express, por medio del cual pretendía identificar el nacimiento del postcyberpunk como una evolución del género cyberpunk de la ciencia ficción caracterizado en novelas como Neuromante de William Gibson.

Como su predecesor, el postcyberpunk nos pinta futuros cercanos realistas. El interés se centra en los efectos sociales de la tecnología en la propia Tierra, más que en el viaje espacial tan usado por el Space Opera. Se dice que el postcyberpunk es distinto del cyberpunk en los siguientes aspectos:

El cyberpunk trata con individualistas solitarios y alienados dentro de una distopía. El postcyberpunk tiende a tratar con personajes más involucrados en su sociedad, que actúan para crear un mundo mejor.

En el cyberpunk, se enfatiza el efecto alienante de las nuevas tecnología. En postcyberpunk, “la tecnología es sociedad”

Es posible que el postcyberpunk surgiera del uso generalizado, tanto entre los autores de ciencia ficción como entre el público en general, de computadores, Internet, PDA, etc, sin que ocurriera una fragmentación social masiva, tal y como se predijo (y predijo el cyberpunk) en los 70 y 80.

Dentro de los ejemplos que nadie discute de postcyberpunk podríamos incluir: Tocando fondo de Cory Doctorow; Transmetropolitan de Warren Ellis y Darick Robertson; Mendigos en España de Nancy Kress; The Star Fraction y The Stone Canal de Ken MacLeod; Snow Crash y La Era del Diamante de Neal Stephenson; Distracción de Bruce Sterling; La serie Otherland de Tad Williams; Feed de M.T. Anderson, entre otros.

Sin embargo en otros casos la clasificación es complicada: hay demasiadas obras que exploran los temas postcyberpunk, pero desde un punto de vista distópico como, por ejemplo, Fairyland de Paul McAuley.

Lo cierto es que El término postcyberpunk podría convertirse en un paraguas de todo tipo de historias interesantes del futuro cercano, tanto en el cine como en la literatura. Hasta el 2004 las novelas y películas postcyberpunk no han logrado todavía la popularidad que han alcanzado sus precursoras cyberpunk como The Matrix .

Steampunk

Steampunk:

Fue, en sus inicios, un subgénero literario nacido dentro de la ciencia ficción especulativa de la década del 1980, impulsado por escritores conocidos por sus trabajos enmarcados en el cyberpunk. Pero su proceso evolutivo ha sido muy interesante hasta el punto que podríamos atrevernos a destacar tres sugestivas cualidades:

  1. Ha madurado tanto que, en la actualidad, trascendió lo literario para convertirse, también, en un movimiento artístico y sociocultural.
  2. Se desenvuelve en una ambientación donde la tecnología a vapor sigue siendo la predominante y no es extraño encontrar elementos comunes de la ciencia ficción o la fantasía. El steampunk se inspira principalmente en los trabajos de H. G. Wells y Julio Verne y del imaginario encontrado en sus obras.
  3. Al igual que el dieselpunk, este subgénero se puede englobar dentro del movimiento retrofuturista, (el género de las ucronías y la ficción especulativa), pero su tendencia a incorporar elementos fantásticos y el carácter más desenfadado y utópico de sus tramas lo alejan tanto del dieselpunk como del cyberpunk.

El término steampunk se originó en 1980 como una ironía al género cyberpunk. Se admite que este término fue acuñado por el autor de ciencia ficción K. W. Jeter, que intentaba encontrar un palabra unificadora para los trabajos de Tim Powers, Las Puertas de Anubis (1983), James Blaylock, Homúnculo, (1986) y los suyos mismos Morlock Night (1979) e Infernal Devices (1987), todos ellos centrados en un escenario ambientado en el siglo XIX e imitando a la ficción especulativa victoriana encontrada, en La máquina del tiempo (1895) de H. G. Wells.

Este subgénero recurre usualmente a realidades supuestas en las que la civilización ha tomado un camino científico diferente al actual, reemplazando la electrónica, los modernos combustibles y otros avances científicos por la tecnología del vapor (steam en inglés) y la combustión del carbón. Como ejemplo la novela La Máquina Diferencial de William Gibson y Bruce Sterling, se plantea la posibilidad de haber avanzado a la era de la informática por medio de máquinas sumadoras (con ruedas dentadas y tarjetas perforadas) en vez de la válvula de vacío y del transistor. El Steampunk, por tanto, se sitúa en un punto donde estas tecnologías, conceden a la gente, una vida cómoda y emocionante pero sin llegar al distópico control del cyberpunk o, en ocasiones, del dieselpunk.

Pareciera que, en la actualidad, el  mundo que imagina el steampunk es un mundo que nos luce anclado en esas extrañas y retorcidas forma de hierro, carbón y vapor sin proyección de futuro, mientras la visión original, en cambio, era más positivista frente a la tecnología, mostrándonosla, casi de forma romántica, en historias claramente utópicas, es cierto, pero optimistas, en las cuales los problemas de esa época (superpoblación, racismo, pobreza y desempleo) conviven de manera armónica con los más extraños inventos propulsados por vapor y carbón.

La influencia que nutre a la corriente steampunk se encuentra, principalmente, en la ciencia ficción primitiva encontrada en las obras creadas durante el siglo XIX.

Pero sin duda, si se intenta encontrar una influencia clara dentro de este subgénero, como ya hemos mencionado, no nos queda más remedio que apelar a Verne, Veinte mil leguas de viaje submarino (1869), De la Tierra a la Luna (1865) o París en el siglo XX (publicada por primera vez en 1994) y a Wells, La Máquina del Tiempo (1895), El hombre invisible (1897) y La Guerra de los Mundos (1898). En el caso de H.G. Wells es conveniente destacar que, a diferencia de Verne, tiende a ser más crítico con la tecnología y el uso indebido de esta.

Aunque la novela de K. W. Jeter, Morlock Night (1979) es considera el primer trabajo de este subgénero, Keith Laumer hizo una temprana contribución a este con Worlds of the Imperium (1962).

Queen Victoria’s Bomb (1967) de Ronald W. Clark y Warlord of the Air (1971) de Michael Moorcock han sido citados como influencias de la misma forma que A Transatlantic Tunnel, Hurrah! (1973) de Harry Harrison, una novela donde locomotoras atómicas, barcos voladores propulsados por carbón, ornamentados submarinos y diálogos victorianos son comunes en el Imperio Británico que nos ofrece la obra.

Biopunk

Biopunk:

Es un subgénero que utiliza elementos de la novela policíaca y la prosa post-modernista para describir una sociedad nihilista y underground basada en la biotecnología.

Describe a los movimientos contraculturales que se desarrollaron durante la “revolución biotecnológica”, especialmente en las décadas de 1990 y 2000, de la que se esperaba que tuviera un importante impacto en la sociedad de la primera mitad del siglo XXI.

El tema principal que suele manejarse es la lucha de un individuo o un colectivo, a menudo resultantes de la experimentación con ADN humano, contra un régimen totalitario que emplea la biotecnología para fines no éticos, como el control social. Especula sobre biología sintética. Y al igual que en el postcyberpunk, los individuos suelen estar modificados y perfeccionados genéticamente. La característica común de las historias del biopunk es la presencia de un laboratorio, clínica o hospital donde se realizan modificaciones biológicas o manipulaciones genéticas ilegales o de dudosa ética. Uno de los escritores más prominentes dentro de este campo es Paul Di Filippo.

Las obras más notorias son: Ribofunk (1996) de Paul Di Filippo; Holy Fire (1996) de Bruce Sterling; The Movement of Mountains (1987) y The Brains of Rats (1988) de Michael Blumlein; Los Señores del Cielo (1988) de John Brosnan; Clade (2003) y Crache (2004) de Mark Budz; White Devils (2004) de Paul J. McAuley; La trilogía de Xenogenesis (1987) de Octavia E. Butler; La Radio de Darwin (1999) de Greg Bear; La Revolución será Contagiada (2012) de JJ Merelo.

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Retrofuturismo:

Es, a nuestro entender, el sub-género más complicado para ser definido. Podríamos intentar diciendo, presumiendo de etimólogos, que se trata de un conjunto de expresiones artísticas que encuentran su origen en la añoranza del pasado y se ven influidas por el entusiasmo de aquellas descripciones utópicas o distópicas sobre un futuro imaginario que se produjeron antes de 1960.

Tiende, en efecto a explorar la tensión existente entre lo antiguo y lo nuevo y critica el poder de la tecnología actual que nos distancia como sociedad.

El término retrofuturismo fue recalcado en 1983 por el polifacético editor Lloyd John Dunn, que lo utilizaría más tarde como título para su vanguardista revista artística “Retrofuturism” publicada entre 1988 y 1993.

Actualmente la definición del término es motivo de debate entre los seguidores de esta expresión artística.

A pesar de los enormes saltos tecnológicos de las últimas décadas, James Sullivan sostiene:

En muchos sentidos, nuestra visión del futuro sigue siendo la misma que la de hace 50 años. A medida que nos precipitamos hacia el porvenir, sentimos añoranza por una promesa incumplida de un futuro que se encuentra durmiente en buena parte de nuestra cultura popular…

No creemos equivocarnos, a pesar del galimatías que creamos al decir que el retrofuturismo es la tendencia o acto de un artista que para progresar en su campo, paradójicamente, avanza hacia atrás, creando un concepto atemporal, al buscar inspiración para sus obras en aquellos supuestos futuros imaginarios creados muchos años atrás, que a su vez, crearán un nuevo futuro único bajo el concepto actual del artista y de la cultura que le rodea… Por lo tanto, el retrofuturismo podría considerarse como la visión actual del futuro imaginado ayer, del mundo de mañana que nunca fue.

Es fácil confundir el futurismo imaginado en su tiempo con el retrofuturismo, ya que el primero alimenta e inspira al segundo.

Dado que este se basa en gran variedad de periodos históricos y de multitud de visiones del futuro de esos ciclos, es complicado unificar su temática, aunque si se puede vislumbrar un tema común entre todos ellos, la disconformidad hacia el presente en contraste con la nostalgia del tiempo ya pasado.

El argumento dado en las historias retrofuturistas suele establecerse en una futura sociedad utópica basada en el contexto histórico elegido. En otras ocasiones, el escenario dispuesto para la acción se sitúa en un pasado alternativo, colocándolo más cercano a una ucronía.

Este sub-género no es optimista. Durante los últimos años estas historias han madurado para incorporar elementos claramente distópicos donde realidades alternativas inspiran más miedo que esperanza.

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Space Opera:

Quizás una definición aceptable sería decir que se trata de un subgénero donde se relatan historias acerca de aventuras que, en la mayor parte de los casos, tienen lugar en escenarios exóticos y lejanos del espacio pero privadas del elemento especulativo propio de la ciencia ficción. Los personajes suelen pertenecer al arquetipo héroe-villano, y los argumentos típicos tratan sobre viajes estelares, batallas, imperios galácticos, exhibiendo vistosos logros tecnológicos.

El escritor Wilson Tucker utilizó por primera vez el término Space Opera en 1941 para referirse a lo que él percibía como vicios y clichés de la ciencia ficción de su tiempo, haciendo alusión al género de las western operas muy populares a comienzos del siglo XX en Estados Unidos.

Como hacen notar David G. Hartwell y Kathryn Cramer en su antología The Space Opera Renaissance (2006), no hay consenso sobre lo que es la Space Opera. Más aún, lo que ahora se conoce como Space Opera es lo que solía ser llamado fantasía científica.

En su forma más familiar, el género es un producto de las revistas pulp de los años 1920-1940. La Space Opera clásica es una transposición de los viejos temas de los libros de vaqueros, a la ciencia ficción, reemplazando el revólver Colt por la pistola láser, el caballo por la nave espacial, la fiebre del oro por los mineros de los asteroides, etcétera.

Una novela muy temprana de proto-ciencia ficción podría ser también considerada la primera space opera. Se trata de Edison’s Conquest of Mars de Garrett P. Serviss (publicada en 1898), qué aunque precede el término Space Opera contiene todos los clichés que caracterizan al género: naves espaciales, viaje a otros planetas, coches voladores, batallas contra malvados alienígenas, armas militares de gran potencia destructiva, doncellas en apuros, e incluso una primera aparición del rayo desintegrador.

El prototipo de Space Opera pulp es la novela de E. E. Smith, The Skylark of Space (publicada por primera vez en Amazing Stories en 1928).

La serie más tardía de Smith, Lensman, y el trabajo de Edmond Hamilton y Jack Williamson en los 1930 y 1940 fueron muy populares entre los lectores y muy imitados por otros escritores.

La space opera entró en decadencia al abandonar el encanto por la aventura para adentrarse en el estudio de las sociedades futuras. Con el tiempo, el análisis del género ha llevado a una resurrección de la space opera. Escritores como Poul Anderson y Gordon R. Dickson han mantenido el género de aventura espacial de grandes dimensiones vivo durante los 50’s, seguidos por -entre otros muchos – M. John Harrison y C. J. Cherryh en los 70 e Iain M. Banks, Lois McMaster Bujold, y Paul J. McAuley en los 80.

 


 

Ya que existe la tendencia en hacer una dicotomía de la Ciencia Ficción: Dura y Blanda, consideramos conveniente aclarar en qué consisten.

Hard Sci Fi

La Ciencia Ficción Dura o Ciencia Ficción Hard:

Se caracteriza por conceder una especial relevancia a los detalles científicos o técnicos de la narración.

El término fue utilizado por primera vez en 1957 por P. Schuyler Miller en una reseña sobre la novela Islands of Space de John W. Campbell.

El término se formó por analogía con la distinción popular entre las ciencias “duras” (ciencias naturales) y “blandas” (ciencias sociales). En realidad, no existe una clasificación dicotómica entre ciencia ficción “dura” y “blanda” sino que hay distintas escalas entre la ciencia ficción “más dura” y la “más blanda”.

La esencia de una obra que se considera “ciencia ficción dura” reside en una buena relación entre el contenido científico y el desarrollo narrativo de la historia, y (para algunos lectores) en la “dureza” o rigor de la ciencia en sí. La historia desarrollada en una obra de “ciencia ficción dura” debe ser precisa, lógica, creíble y rigurosa en relación con los conocimientos científicos y técnicos del momento, siendo teóricamente posible la tecnología, los fenómenos, los escenarios y las situaciones descritos.

Entre las obras más representativas de esta línea podríamos destacar:

Saga de la Fundación (1942) de Isaac Asimov; Misión de gravedad (1953) de Hal Clement, Tau Zero (1970) de Poul Anderson; Mundo Anillo (1970) de Larry Niven; Cita con Rama (1973) de Arthur C. Clarke; Huevo del Dragón (1980) de Robert L. Forward; Cronopaisaje (1980) de Gregory Benford; Fiasco (1986) de Stanisław Lem; La trilogía Marciana, Marte Rojo (1992), Marte Verde (1993), Marte Azul (1996)) de Kim Stanley Robinson; Cuarentena (1992) de Greg Egan.

Martian Chronicles

La Ciencia Ficción Blanda

Se define como oposición a la ciencia ficción dura.

Durante la edad de oro la ciencia ficción tuvo un carácter claramente divulgativo, al menos entre los escritores serios como Isaac Asimov, Robert A. Heinlein y Arthur C. Clarke. Entre estos autores surgió una rama del género en el que la ciencia y la tecnología eran tratados con absoluto rigor: esto es lo que se llamó ciencia ficción dura (en concreto, Clarke fue uno de los máximos exponentes de este subgénero).

Hubo, sin embargo, otros autores cuyas obras, pese a ser consideradas ciencia ficción, admitían muchas licencias en cuanto al rigor científico (Ray Bradbury y sus Crónicas marcianas serían un magnífico ejemplo).

La nueva ola trajo consigo escritores como Ursula K. LeGuin y Philip K. Dick, cuya ciencia ficción se alejaba definitivamente de los estándares de la ciencia ficción dura, buscando una mayor calidad literaria y, sobre todo, especular acerca del hombre mismo, abandonando toda intención divulgativa (al menos desde el punto de vista de las ciencias puras).

Este segundo tipo de ciencia ficción, como ya se ha dicho, es el que se denomina ciencia ficción blanda.


Suponemos haber mostrado una reseña que ha pretendido dar una idea aproximada de lo que se entiende por Ciencia Ficción y esperamos, muy sinceramente, haberlo logrado.

En las próximas entregas, después de dar una visión general del desarrollo de este género en el mundo, trataremos de abordar el tema que La Cueva del Lobo propone, que consiste en “La importancia de La CF en América Latina.

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