Me enteré de este libro por este mismo blog. Y me ha gustado lo suficiente como para recomendarlo, pero espero me permitan antes unas palabras al respecto, porque no encuentro mejor forma de iniciar esta reseña.

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Siempre me he considerado *lector*, en el sentido de que cuando un libro cae en mis manos hay muchas probabilidades de que lo “devore” al instante. Para no escribir mucho, baste señalar que el concepto de “bookmark” lo conocí gracias a la Internet, porque nunca entendí la utilidad de marcar una página en un libro.

Es por eso que me resulta irónico que la literatura sea el medio que más esquivo me ha resultado en esta era digital. Mientras en música, video, cine y videojuegos, la Internet me ha permitido conocer muchas obras de las que nunca me habría enterado por otros medios; los libros se me han escapado de las manos. La desidia de las editoriales por los medios digitales ha logrado que enterarse de la existencia de ciertos libros sea una labor digna de arqueología, y de ahí, hacerse de un ejemplar (físico o digital) es una odisea aparte.

¡Qué le vamos a hacer! Soy anticuado, supongo. Y muestra de ello es que la “regla de los 5 minutos” se aplica a la perfección en mi caso: Si un libro (o película… etc.) no me ha “atrapado” en los primeros cinco minutos, no lo hará nunca. Un hábito nacido de recorrer tiendas, leyendo sólo las sinopsis o la primera página, buscando algo interesante. Funciona bien para quien busca todo por si mismo, pero es fastidioso cuando a uno le recomiendan un libro y resulta que tiene un inicio muy lento o sencillo, y uno tiene que forzarse a leer arruinando toda la experiencia. En algunos casos ni eso me salva: aún no he leído los libros de Harry Potter por esa razón. Mea culpa.

Por todo lo dicho, es que me sorprende cuando un libro me obliga a romper ese hábito y me hace regresar a sus páginas luego de un mal comienzo. Como habrán adivinado, “Cloud Atlas” de David Mitchell me ha obligado a regresar a sus páginas luego de haberlas abandonado en un primer intento. Y he creído conveniente relatar todo lo anterior por si quien esté leyendo esto también haya desistido de esta novela al iniciarla y toparse con un aburrido viaje por una aldea indígena que parece ocupar todo el libro, y por si fuera poco, no está narrado sino documentado en un diario: Escrito en primera persona, fecha al inicio de cada hoja, relatando lo ocurrido durante ese día.

Antes de continuar la reseña, la advertencia de siempre: Si quieren leer la obra “en estado puro” deténganse aquí, y vayan a por el libro. La narrativa es buena y vale la pena leerse a pesar que el final deja algo que desear. A partir del siguiente párrafo habrá spoilers, trataré que ninguno sea grueso, pero es imposible seguir adelante sin perder algo del factor sorpresa.

Pues sí: El diario de viajes por aldeas indígenas es sólo un capítulo, el segundo es una serie de cartas (?), el tercero una novela policial (!), el cuarto una película basada en hechos reales…

Si esta extraña estructura de capítulos ha despertado su curiosidad, vayan a leer Cloud Atlas ahora mismo. Confieso que me tomó por sorpresa no sólo la diferencia entre cada capítulo y el siguiente, sino la forma en que están unidos, detalle que justamente voy a describir en el siguiente párrafo.

Cloud Atlas es una novela recursiva. Literalmente.

A la mitad de cada capítulo ocurre *algo* que nos obliga a saltar al siguiente sin haber concluido; ya en el siguiente capítulo,  vuelve a ocurrir lo mismo… y así hasta llegar al último capítulo que, obviamente, no está al final sino al centro de la novela, dado que al terminarlo recién podemos volver al capítulo anterior, y al concluir ese, al anterior y…

De hecho, una vez en el segundo capítulo fue que entendí la razón por la que había regresado a leer esta novela a pesar de mi primer intento fallido: el autor ha sido bastante cuidadoso de dejar detalles que insinúan que “hay algo más” pero de tal forma que esos detalles no sean tan notorios como para quitarle el protagonismo a la narrativa de cada capítulo. Esos detalles pasan desapercibidos, pero bastan para generar suficiente inquietud en el lector y obligarte a seguir leyendo, en busca de respuestas. Por ejemplo, en el primer capítulo, todo está documentado como un diario de viajes, cada entrada del diario inicia con la fecha, algo normal (y obligatorio) en un diario, y que de paso nos sirve para seguir el curso de los acontecimientos; sin embargo en ningún momento menciona el año. Todas las fechas son, pues, inútiles para ubicar en el tiempo esta aventura, lo cual, teniendo sólo textos para guiarnos, resulta insuficiente y causa desorientación.

La fecha (aproximada) recién se nos revela en el segundo capítulo, que es cuando nos enteramos que el protagonista está leyendo ese diario, al haberlo encontrado en casa de su jefe, pero lamentablemente sólo ha encontrado la mitad, así que se queda con la duda de cómo termina ese viaje.

Como si fuera poco, nuestro nuevo protagonista duda de la autenticidad del diario, estima la fecha en base a sus conocimientos de historia, porque el año debería ir al inicio del diario pero esas hojas se han perdido, y de paso, en la carta que escribe a un amigo, suelta un spoiler gordo: ya sabe el giro que tomará esa historia, y de paso revela al villano. Aún así, pide a su amigo que le ayude a buscar lo que falta del diario, pues cree que “A un libro, como a un affair, no es bueno dejarlo a medias.”

Y luego, las cartas quedarán guardadas hasta que la hija de ese amigo las encuentre y empiece a leerlas. Hasta que un problema le obligue a dejarlas para después. Un problema que la llevará a realizar una investigación que impulsará su fama como periodista hasta el extremo de que se escriban libros sobre sus aventuras.

Pero todo libro ha de pasar por un editor antes de ser publicado. El editor de este libro en particular vivirá también una aventura bastante alocada, que le impedirá terminar de leer el manuscrito sobre el legendario caso que hizo famosa a cierta periodista. De hecho, su propia aventura resultarán tan tan alocada que él mismo decide que es material digno del séptimo arte, y empieza a escribir el guión para la película.

Película que, en una era llena de pantallas holográficas, resulta ser material de archivo en un formato anticuado, pero interesante para una chica artificial, que necesita distraerse al haberse convertido en el centro de una revolución. Lástima que en medio de tantas huidas y persecuciones no haya tiempo para ver una película completa…

Cloud Atlas es una sucesión de historias dispares en formato, ambientación, personajes y hasta lenguaje; porque David Mitchell se ha tomado el trabajo de escribir cada capítulo con el estilo, adorno, y hasta vicios que corresponden a cada época, personaje, y situación; logrando que la sensación de que cada capítulo fue escrito por una persona distinta sea muy real. Los capítulos son tan dispares que se sentirían totalmente desconectados si no estuvieran tan unidos por la recursividad, cada uno dentro del siguiente. Y es a través de esa recursividad que el autor juega a dejarnos más y más pistas, señalándonos el camino a seguir, lo que lamentablemente nos lleva al único punto flaco de la novela: el desenlace.

Mejor dicho, el final. Porque de desenlace (“deshacer el nudo”, es decir, resolver el argumento) no tiene mucho. Ni siquiera es un final abierto como el de Hyperion, que nos dejaba esperando el siguiente libro, y sospecho que en un intento de evadir un final demasiado efectista (que puede desmerecer la obra, como en El Ascenso de Endymion) el autor optó por dejar que cada quien saque sus conclusiones. Admito que el final tiene mucho sentido, en cuanto a simbolismo y el mensaje que transmite; pero sabe a poco que tantos detalles se queden reducidos a simbolismo poético, sin que pesen realmente en la historia.

LA PELÍCULA
Se encuentra ya en producción una película basada en esta novela. Una parte de mi es bastante pesimista, debido al estado de la industria del cine actualmente, que no inspira mucha confianza cuando se trata de probar cosas nuevas. Y es que adaptar una narrativa como esta al cine va a ser a todas luces un experimento… O sencillamente se centrarán en el penúltimo capítulo, con su visión futurista espectacular y distópica de Korea del Sur y convertirán todo lo demás en un accesorio.

Sin embargo hay una chispa de optimismo: quienes están a cargo son los hermanos Wachowski, que con Matrix demostraron que pueden ser efectistas sin perder de vista la narrativa central. Y si bien es cierto que Cloud Atlas es bastante más compleja que el argumento de Matrix, un toque de efectismo es justamente lo que le hace falta para ser una obra maestra. Si los Wachowski logran adaptar todos los capítulos (aunque sean partes mínimas, dado que en 2 horas no alcanza todo) y darle a todos esos detalles simbólicos algo de peso en la historia central, y sin perder el mensaje, tendremos un nuevo clásico del cine.

Además, tengo curiosidad de cómo se las van a arreglar con la música. En la novela aparece una pieza musical llamada “Cloud Atlas Sextet” que también salta entre un capítulo y otro primero como composición y finalmente como una vieja grabación. La descripción que se hace de esa pieza musical es grandiosa, y alguien va a tener que volverla realidad para que musicalice la película. Va a ser un gran reto y quiero saber cómo termina.

(La reseña de esta novela se realizó partiendo de un ejemplar en inglés, dado que fue imposible ubicar uno en español y hasta donde sé, no hay traducción aún. Para mayor información y disponibilidad, recurrir a Google u otro motor de búsqueda por favor)

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