Amigos, los dejo con una nueva historia. Bastánte misteriosa nuevamente, pero espero que les guste.

Energía Infinita

Se habían atrevido a interrumpir sus vacaciones ¡más vale que aquello fuera bueno!

El viajecito en el ascensor orbital había acabado por arruinarle el humor, el ascenso había tomado más de lo acostumbrado a causa de algunos molestos vientos en el Pacifico.

— Podría hacer el favor de seguirme doctor Moran.

— ¿Y cual es mi opción? ¿Morir de aburrimiento aquí? Tengo media hora esperando a que alguien me venga a atender, y solo me envían un interno, ¿donde está Hernandez?

— En efecto, nos dirigimos hacia la doctora Hernandez, ella hubiese querido venir a recibirle, pero no pudo.

— ¿Demasiado ocupado para dar la bienvenida a su viejo profesor? Como se le sube el humo a la cabeza a la gente. ¿Para quien trabaja Hernandez ahora? ¿Quien paga por todo esto?

Se habían subido a un pequeño vehículo eléctrico que circulaba por un estrecho pasillo. Pero todo lucía muy nuevo y muy lujoso.

— La doctora Hernandez se encuentra a la cabeza de un proyecto de investigación patrocinado por varias empresas e instituciones que…

— ¿Hasta Hernandez está trabajando para los Giménez?

El otro hombre dio un brinco y casi se cae del vehículo.

— ¿Cómo lo supo?

— Muchacho, no nací ayer. ¿Cuantos quedan con el suficiente poder como para montarse una expedición como esta en el Sistema Solar? Cualquiera que se gaste esta cantidad de dinero querría ser reconocido, solo los Giménez intentarían ocultarse bajo esa idiotez de “varias empresas e instituciones”. —Se mofó el anciano imitando la voz calmada del otro.

— Tenemos que colocarnos los trajes de presión. —El otro sujeto desvió la conversación cuando llegaron a destino.

— Me encantan los trajes espaciales, incorporan un pañal, excelente para cuando pasas de los 100 y tus esfínteres ya no son lo de antes…

El otro sujeto intentó evitar reírse sin mucho éxito. Morán reía de su propio chiste sin vergüenza alguna.

Cuando pasaron la esclusa, el anciano sintió que la diferencia de presión entre las dos áreas era enorme.

— ¿Por qué tantos cuidados? —Preguntó extrañado.

— Ya lo verá por usted mismo Doctor.

Aún a través del traje espacial, el cuerpo esbelto de la doctora Hernandez podía apreciarse bien.

— Así que aún te conservas, pensé que te habrías convertido en una de esas “mama-san”.

Los ojos de la Doctora Hernandez eran rasgados como los de muchos asiáticos, pero ¿de donde habían venido aquellos genes? El secreto se había perdido con los años y nadie se había molestado en averiguarlo.

— Soy tan venezolana como tú Moran, el chiste de mama-san no lo entendió nadie. —La mujer no levantó la vista de sus instrumentos.

— Me han dicho que los Gimenez prefieren contratar a venezolanos, eso explicaría tu presencia aquí.

Aquello sí consiguió que la mujer levantara la vista. Miró primero a Moran y luego a su ayudante.

— Yo no le dije nada señora, lo averiguó por si mismo.

Hernandez meneó la cabeza.

— Imagino que para la gente con más de dos dedos de frente es bastante evidente. —La doctora miró al anciano—. Pero no te hemos mandado a llamar para hablar de nuestros patrocinadores, ¿qué te ha parecido?

— ¿Qué me ha parecido qué? — Preguntó Moran sin entender.

Una diminuta sonrisa apareció en el rostro de Hernandez y sus ojos se rasgaron un poco más.

— Entonces ¿no has notado nada raro?

— ¿Debía notar algo?

— Toda esta base, los pasillos, los vehículos que te trajeron hasta aquí. —La mujer hizo una pausa—. Nada de esto lo construimos nosotros.

— ¡¿Qué?! —Moran casi pega un brinco.

— Todo estaba aquí cuando llegó la primera expedición.

— ¿Quien pudo construir una base como esta en mitad del cinturón de asteroides?

— Excelente pregunta. —Hernandez intentó limpiar su rostro de sudor, pero se tropezó con la escafandra y terminó intentando limpiar la ventanilla—. Lo más curioso es que quizá no sea la pregunta más importante, hay algo que aún no te he mostrado.

— ¿Todavía hay mas? Esto no me va a gustar. —Sospechó el anciano.

— No creo. —Corroboró Hernandez— Encienda todas las luces Jacobo. —Le indicó a su subordinado.

Cuando las luces iluminaron el resto de la cámara, Moran descubrió el enorme objeto en mitad de ella.

— ¡¿Pero qué es esto?!

— Espero que me ayudes a descubrirlo.

— ¿Yo? ¿Es decir que sospechas que sea alguna clase de reactor nuclear?

Moran era el principal diseñador del reactor nuclear más eficiente de la época.

— Estoy muy segura —Hernandez le hizo señas a su ayudante y una manguera comenzó a bajar—. Esta es la entrada. —La doctora ajustó la manguera al aparato.

— Pero ¿qué? ¿Fusión? ¿Cual es el combustible Helio 3? —Moran no sabía si sentirse emocionado o asustado.

— Imagino que funcionaría, pero esto es simple y sencillo hidrógeno. —La doctora guió al anciano hacia unas pantallas—. La salida está fuera del asteroide.

— ¿Por qué?

— Ya lo verás… —Hernandez le hizo otra seña a su ayudante y el aparato comenzó a funcionar—. Ojo a los números.

Moran fijó su vista en la pantalla.

— Tiene que haber algo que está fallando, no tiene ningún sentido. —Moran no se lo podía creer.

Hernandez apuntó en silencio a otra pantalla donde se veía un tremendo resplandor brotando de un costado del asteroide.

— ¿Este es el exhausto?

— Así es. Esta no es ni de lejos la prueba más extrema que hemos hecho, pero los resultados siempre son sorprendentes.

— ¿Y la temperatura? Estos niveles de energía son absurdos ¿Cómo es que no nos estamos cocinando estando tan cerca?

— Eso es lo más gracioso, es tan eficiente que no pierde casi energía en forma de calor.

— Entonces tampoco funciona con antimateria. Pero entonces ¿cómo lo hace? ¿Partículas virtuales?

— Incluso las partículas virtuales se agotarían eventualmente, no parece el caso. —Aclaró Hernandez.

— ¿Entonces qué opciones nos quedan?

— ¿Aparte de magia quiere decir usted? Ninguna.

— ¿Magia? y ¿ya has pensado cómo nos deshacemos de esto?

— ¿Deshacernos? ¿Pero acaso estás loco? Necesitamos estudiarlo, descubrir…

El viejo no la dejó terminár, le tomó la escafandra y la miró a los ojos.

— ¿Loco yo? ¡La que ha perdido toda perspectiva eres tú! Descubres un artefacto extraño en mitad del cinturón de asteroides al cual le metes una manguera con hidrógeno y comienza a producir más energía que todos los reactores nucleares de la Tierra combinados y ¿no te asustas? ¿No te da terror? ¡Imagina las consecuencias por un simple instante!

— Pero imagine usted los inmensos beneficios para la humanidad…

— ¿La humanidad querida? ¿Qué? ¿Acaso piensas que celebrarán un referendo consultando a los niños y a las ancianitas sobre lo que hacemos con esto? —Apunto al inmenso reactor—. ¡Ninguna humanidad! ¡Serán los políticos los que enviarán a sus ejércitos a intentar conquistar y apoderarse de esta infernal maravilla. ¿Y entonces qué? ¿Cuanta sangre se derramará hasta que alguien asuma el control? ¿Y luego? ¿Tienes idea lo poco que se necesita para convertirlo en un arma? ¡Precisa y terrible!

— Pero no podemos tomar nosotros la responsabilidad, ¿cómo negar al mundo?…

— ¿La muerte? ¿El atraso? Un reactor nuclear requiere técnicos par su funcionamiento, ¿pero esto? Sea lo que sea no parece necesitarnos para proveer de energía sin límites ¡piense en las consecuencias! Hasta ahora son pocas las personas que conocen la verdad, pero imagine lo que ocurrirá cuando el primer “líder mundial” meta sus narices en esto…

Hernandez se llevó una mano al pecho incapaz de responder, abrumada por sus propios pensamientos.

— ¡China! Reacciona.

Años sin que nadie llamara China a la doctora Hernandez, pero el viejo profesor podía darse aquel lujo.

— Podemos maniobrar el exhausto, y enviarlo fuera del Sistema Solar, ponerlo en una órbita más allá de Plutón y Caronte…

—Excelente idea, de ese modo no solo lo sacamos de su alcance, sino que los obligaremos a colaborar, si saben que hay una fuente de energía infinita al borde del sistema solar, tendrán un estímulo para ir hasta allí y explorar.

— Pero ¿qué hay de nosotros? Cuando se enteren de lo que hicimos…

— No espere una bienvenida demasiado cálida de regreso en la Tierra, pero al menos lo habrá sacado del alcance de todas las facciones, estoy seguro que más de uno estará agradecido de tener una oportunidad en la competencia a futuro. Pero ahora debemos ponernos a trabajar en programar esas órbitas.

Décadas después una nueva estrella brillaba en el borde del Sistema Solar y una caravana de naves se apresuraba en alcanzarla.

Fin

En Patreon publiqué ayer también otra historia no menos misteriosa que esta ¡Jajajajaja!

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