Esta partida de miniaturas de D&D la jugamos el pasado fin de semana, pero las cosas se me han complicado y no había podido postear hasta ahora; ese fin de semana jugamos Ennodio, Nelson (Karta en Calabozo Criollo) y Yo, Vladimir, también conocido como Lobo7922.


A la izquierda Nelson (Karta) y a la Derecha su servidor Vladimir (Lobo7922)

Durante mi niñéz, la fortaleza cerca de la cima del Puño de Onatar servía como el último punto de aprovisionamiento de los peregrinos que deseaban ascender hasta aquel lugar sagrado (era mucho más fácil entonces) y por supuesto gracias a su altura era un lugar ideal para mantener un ojo vigilante sobre las fronteras del suroeste. Pero todo eso cambió varios años atrás cuando en una de sus subitas demostraciones de ira el puño estalló con lava (los sacerdotes dicen que Onatar estaba molesto por las continuas rencillas entre los clanes) de ese modo la fortaleza quedó prácticamente destruida e inutilizada.
Nada supe de la fortaleza durante muchos años hasta estos últimos meses cuando comenzaron a surgir los rumores de que los orcos de Jorash`tar se estaban moviendo en las sombras en los alrededores de aquel lugar sagrado.
– Esto es impensable, deseo, no, ¡exijo que se haga algo inmediatamente! -Quien así hablaba, no solo era un sacerdote de Onatar, también era uno de los favoritos de la casa Kundarak y había rumores de una cercana relación con el Aurum. No podía negarme a la ligera.
– Se hará como vos decis eminencia, enviaré un destacamento a investigar estos rumores esta misma noche.
– Nosotros intentamos poner a esos sucios orcos Jorash`tar en el consejo y ¿cómo nos pagan ellos? ¡realizando sus sucios rituales en nuestra montaña sagrada!
– Siempre pensé que era una mala idea.
– Suficiente chachara, Bruenor, no quiero que envieis a nadie, ¡vos mismo ireis y les enseñareis a esos sucios orcos el significado del apellido BattleHammer! -¿Habia olvidado deciros que también era mi padre?…
Esa tarde me encontré juntando a los hombres más capaces, al menos aquellos que pude encontrar, tuve la suerte de que otro joven comandante se animó a acompañarme, un simple organizador de cavadores, pero al menos de este modo no toda la responsibilidad de la expedición recaería sobre mi. También conseguí en una de las tavernas a un joven aventurero llamado Eberk, capaz de lanzar un par de hechizos. Uno de los parroquianos de la taberna me escuchó hablar con el aventurero e insistió en unirsenos y no hubo fuerza capaz de convencerlo de lo contrario.
– Puedo estar un poco borracho -admitió- pero ¡por el honor de los Solderak voy a patear el trasero de esos orcos!

El sujeto tenía la apariencia de saber lanzar unos buenos golpes, quizá de tanto pelear de taberna en taberna, así que le dejé venir.
Cuando ya pensaba que tendríamos que partir con aquel pequeño grupo, llegó un patrullero montado en su JabalíTrueno.
– No desmonteis… tenemos trabajo esta noche.
– Puedo aseguraros que no son más que rumores, no hay orcos en esta montaña, la he revisado a lo ancho y a lo largo todo el día y no he visto rastro de ellos.
– Son órdenes de arriba, esta noche llegaremos a las ruinas de la vieja fortaleza.
Un tanto cansado el muchacho aceptó y nos siguió.
Cuando partíamos hacia el este escuchamos que nos llamaban, mi padre había enviado a mi hermano menor a hacerme compañía, un muchacho un tanto impetuoso, pero muy habil con su martillo de guerra.
-¡MOVEOS MOVEOS! que no nos caiga la noche antes de alcanzar la fortaleza.
Dicen que los hombres bajo mi mando se mueven con mayor rapidez, debe ser cierto pues a pesar de la distancia llegamos cuando el sol apenas comenzaba a ocultarse.
– Muevete aventurero, ¿eres Enano o tortuga?
– Hay algo malo en estas tierras mi señor, Onatar no está complacido, pero esto es aún peor este olor a azufre, no viene de la montaña sagrada, la fuente viene de otro lugar…
– ¡Pamplinas! apuesto a que no encontraremos un solo orco -dijo el patrullero.
Sin embargo debo admitir que los comentarios del aventurero me pusieron suspicaz.
LLegamos al lugar y no se parecía en nada a los recuerdos de mi niñéz; los muros derruidos, la tierra calcinada, y una terrible vena de magma fluia rodeando todo el lugar, el calor era terrible.
– Observad la forma en que se arrastra la lava, lenta y perezosa, como si Onatar hubiese olvidado la existencia de este lugar…
– Menos hablar y más movimiento Aventurero -le dije.
– Antes de ponerme en marcha permitidme lanzar este conjuro sobre el patrullero.
Sin esperar lanzó un hechizo sobre el montado.
– Tal vez hablais demasiado Eberk, pero conoceis vuestro arte, nunca antes había sentido esta arma más ligera. -dijo el patrullero.
– Rápido ubicaos en los puntos de esta fortaleza que nos dén una ventaja tactica.
El jinete y su montura se internaron en la oscuridad de los muros de la fortaleza destruida, seguidos de Eberk, el cavador, el borracho, mi hermano y por supuesto yo mismo.

Fue entonces que las cosas comenzaron a desarrollarse, escuchamos un sonido de tambores, aterradores tambores, los mismos que usan los Jorash`tar cuando se preparan para derramar mucha sangre.
– Os lo dije, Onatar no está con nosotros esta noche -sentenció el aventurero.
– Esta noche veremos combate, ¡Por el honor de la casa Kundarak! -todos repitieron mi grito excepto el borracho quien empinaba una botella que traía oculta quien sabe donde.
– !Y por el honor del Clan Solderak¡ -pero nisiquera el apestoso aliento del boracho fué capaz de borrar el creciente olor del azufre.

Entre las sombras descubrimos a un Gnoll, esas odiosas criaturas que han entorpecido a la gente de bien desde tiempos inmemoriales, sin embargo debo admitir que nos envalentonamos un poco, abandonamos nuestro posicionamiento y decidimos engancharnos en batalla.
De pronto, de la nada, surgió una llamarada de fuego que atravesó el corredor de largo a largo, con terror descubrimos que la fuente de aquello era un Dragon negro que había estado ocultandose en las sombras…

Sin embargo lo peor estaba aún por venir.
El muchacho que montaba el JabalíTrueno era un valiente, al ver que me lanzaba de frente contra el dragon, se me unió en la carrera para que lo atacaramos al unisono, no permitiríamos aquella afrenta en el Puño de Onatar.
Sin embargo nos quedamos de piedra al ver que aparecía a través de uno de los umbrales un terrible Balor, uno de los más horrendos enjendros de los mundos inferiores. Portaba un par de sendos látigos tentaculares en cada mano y en el horrible rostro de la criatura se dibujaba lo que parecía una sonrisa de burla.
Aprovechandose de la situación el Dragón Negro lanzó su ataque sobre el patrullero, quien lo recibió de lleno.

– Valor muchacho! -le grité para inspirarle y el muchacho se mantuvo calmado.
Sin embargo, el engendro demoníaco, el Balor, efectuó en él algún sortilegio extraño, el muchacho volteó a mirarme con ojos llenos de una fúria ciega y me gritó:
¡Venganza para la casa Kundarak! -al tiempo que comenzaba a golpearme a mi y a todos los que estabamos de su lado.
Detras del Balor pude ver la silueta de un orco, un rostro que ya había visto antes, un conocido shaman de las hordas de los Jorash´tar.
– ¡¿De verdad tienes idea de lo que has hecho al invocar este demonio en terreno sagrado?!
Como única respuesta el Shaman se partió de la risa y ordenó al resto de sus subordiandos que acabaran conmigo.

El látigo tentacular me golpeó con fuerza, un dolor profundo que nunca antes había sentido en ninguna batalla anterior invadió todo mi cuerpo infligiendome una locura indecible. A pesar del dolor conseguí recomponerme pero entonces fui yo el que cayó víctima de las malignas artes del Balor. ¿Cómo fue aquello? Mi mente ya no me obedecía, mis ojos ya no veían, allí no había ningún Balor, ningún Shaman orco, ningún Dragón Negro; entonces vi a mi padre o alguien que parecía ser mi padre.
– ¿Tienes miedo Bruenor? ¿Quieres esconderte bajo las faldas de tu madre? ¡Por el honor de los BattleHammer pelea! ¡pelea! ¡pelea!
Mis brazos comenzaron a moverse sin que yo se los ordenara y empezaron a golpear a ese horrible orco que estaba detrás de mi, pero ¿por que este orco se parece tanto a mi hermano? pensé entonces…
No me pregunteis nada más, solo recuerdo resbalar entre los charcos de sangre.
No tengo idea de cómo o por que sobrevivi para contaros esta historia, pero he sido exiliado de la casa Kundarak, me consideran un traidor, un asesino y un condenado, dicen que el Balor me ha marcado de algún modo…
No sé si eso sea cierto, lo único que sé es que ¡mi venganza será terrible!

Bueno, Karta me pateó el trasero de lo lindo en este juego, pero espero lavar mi dignidad de gamer con esta historia, ojala la hayan disfrutado tanto como yo me divertí escribiendola 😀

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