Hoy tengo el gusto de presentarles una historia de Arion Eggers, un escritor de México.

Desaparición

El carruaje se dirigía hacia la ciudad con su andar traqueteante. Compartía dicho medio de transporte con una vieja pareja y una joven mujer que viajaba sola; No intercambie palabras con ninguno de ellos en todo el trayecto. Para serles sinceros la idea de comenzar una nueva vida lejos de casa alteraba mi digestión. Yo siempre había sido de los que nunca se aventuraban muy lejos de casa, La paz y tranquilidad de mi estudio, eran para mí lo más apropiado. Me mordí el labio al percatarme que habíamos llegado a la entrada de la ciudad, que se extendía hasta el horizonte a través del cristal mojado por la lluvia… Oh, cuanto anhelaba yo volver a casa. Los cuatro bajamos del carruaje frente a la librería en el centro de la ciudad y de inmediato tomamos caminos separados una vez más sin dirigirnos palabra alguna. Le eche un último vistazo a la joven mujer, quien se alejaba calle abajo… Ella era suave y delicada como una flor, su andar grácil como si bailara. No teníamos esa clase de belleza en casa. Procedí a maldecirme por no tener el valor de hablarle. La idea de darle alcance cruzo mi mente, Pero mis pies se plantaron firmemente en el suelo. Tal vez en otra ocasión.
Mientras ella desaparecía, Caía en la cuenta, de que no tenía la menor idea respecto a donde me encontraba. No tenia donde quedarme. Y no estaba en lo absoluto familiarizado con aquella ciudad. El hecho de que irremediablemente me vería forzado a pedir direcciones me causo una gran ansiedad.. Mucha gente iba de un lado a otro a mi alrededor y por la prisa de su andar, Me encontré yo seguro de que ninguno tendría tiempo de aclarar mis dudas. El vello de mi piel se erizo mientras la lluvia aumentaba de intensidad. Decidí valorar mis opciones. Por suerte, por suerte el gran letrero pintado a mano de una posada llamo mi atención a unos cuantos bloques de distancia, suspire aliviado.

Me asignaron una habitación en el ático cuya única y pequeña ventana permitía observar las calles de afuera. Un poco de lluvia se filtraba a través de las tablas del techo, pero no era nada para alarmarse. La pequeña habitación no era de lo más hogareña, pero era lo más que podía permitirme por el momento. El colchón de algodón se sentía duro y nudoso al sentarme sobre él. Está bien, no tiene sentido negarlo, Esta habitación es horrible, pero realmente no quería atravesar por los problemas de buscar otro lugar donde alojarme.

Había sido mi padre quien me obligara a dejar mi hogar. Odiaba el hecho de que yo pasara tanto tiempo estudiando en mi cuarto. Al crecer yo, comenzó a preocuparle el hecho de que yo nunca encontrara una esposa si seguía enclaustrándome en casa como siempre había hecho así que un día me dijo que ya no sería bienvenido en mi hogar, no hasta que encontrara a alguien a quien desposar. Mirando a mí alrededor, observando las desteñidas paredes de la habitación, Escuche en mi interior algo que me decía que estaría en este lugar por un largo tiempo. La imagen de la joven mujer se dibujo en mi mente y sentí una punzada de tristeza aguijonear mi pecho. No existe una mujer en este mundo que quisiera casarse conmigo.

Había transcurrido una semana y yo jamás había dejado la habitación. Solía mirar por la ventana, la bulliciosa calle debajo inventando en mi mente historias sobre la gente que iba y venía. Había traído una maleta llena con algunos de mis títulos favoritos, así que no tenía problemas para pasar el tiempo. A pesar de esto, mientras pasaban los días, el corazón me dolía por razones que escapaban a mi entendimiento. Durante la semana siguiente, me descubrí leyendo menos y mirando más por la ventana.

Una mañana me desperté al compas de las gotas de agua que golpeaban mi rostro. Mientras me dirigía a secar mi rostro, note una peculiar sensación. Así que lleve mi mano a la altura de mi rostro para inspeccionarla, tan solo para descubrir que las puntas de mis dedos no estaban. Deje escapar un grito, pero rápidamente cubrí mi boca con la otra mano para no molestar a los otros huéspedes. Me quede meditando si acaso debía conseguir ayuda, sacudí mi cabeza a modo de negación. Abrí una de mis maletas y extraje de su interior un guante con el cual cubrí la horrorosa imagen ante mis ojos, rezando porque mi mano volviera la normalidad y no hubiera de que preocuparse.

Más tarde ese día mientras observaba a la gente ir y venir, Sentí el mismo dolor en mi pecho. Escuche el sonido de algo al golpear contra el piso frente a mis pies. Al bajar la mirada descubrí que el guante yacía frente a mí. Y mi mano no estaba. Un quejido escapo de mis labios. No sabía qué hacer y estaba aterrado. Volví a mirar por la ventana hacia la calle ahora vacía. Ni siquiera sabía dónde encontrar un doctor. No, había nadie que pudiera ayudarme. Me incorpore y me dirigí hacia mi cama donde yací hacia el amanecer.

Cuando desperté, me recibió de inmediato un profundo sentimiento de desesperanza. Procedí a levantar mi brazo solo para ver si la mano había vuelto a la normalidad, solo para descubrir que todo el brazo había desaparecido. Cerré mis ojos cubrí mi rostro con las cobijas. Nadie podía ayudarme, todo era inútil. Cerré mis ojos y después de un rato, fui capaz de dormir de nuevo. En mis sueños volví a ver a esa mujer joven, solo que esta vez, Me pregunte cuanto había pasado desde la última vez que hable con alguien.

Cuando desperté, el dolor en mi pecho era más intenso que nunca. No era solo mi brazo. Partes de todo mi cuerpo habían desaparecido. Sin embargo, esta vez, ya no sentí miedo. Ya no sentía nada, a excepción del dolor en mi pecho. Pensé por un momento que no me molestaría el tan solo desaparecer, y mi mente se vio de repente inundada por pensamientos sobre esa joven mujer. Aun deseaba hablar con ella, pero primero necesitaba recuperar las partes de mi cuerpo. Tal vez no sería tan malo pedir ayuda alguien.

Salí por mi puerta, corrí escaleras abajo y Salí de la posada. Partes de mi desaparecían minute a minuto. Miraba hacia todos lados buscando alguien que pudiera ayudarme. Pero la calle estaba totalmente vacía. Di vuelta en una esquina y corrí sin detenerme; tenía que haber alguien que pudiera ayudarme. Los cielos se cerraron y la lluvia se precipito hacia la tierra, pero apenas y podía sentir las gotas. Mientras iba de una calle vacía a otra, la duda crecía en mi interior. Sentí un dolor familiar. Pero el dolor y la duda desaparecieron cuando vi el rostro familiar de una mujer parada frente a la librería.

Se encontraba dándome la espalda, pero estaba seguro de que era ella. Corrí hacia ella , tratando de encontrar las palabras correctas con las cuales dirigirme a ella. Se voltio a mirarme y me quede sin habla. La mire a los ojos pero era como si estos vieran mas allá de mi. Estire la mano para tocarla, pero ya no quedaba nada mas de mi para hacerlo. Ella sintió un escalofrió recorrer su espalda y comenzó a mirar a su alrededor buscando a alguien que no estaba allí.

Fin

Arion Eggers

Esta historia no está compitiendo en el Desafío del Nexus, es solo un obsequio que el escritor ha querido hacer a los lectores de la cueva del Lobo.

Muchas gracias Arion.

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