Felipe Colorado nos envía una de sus historias, una precuela a su novela OM la Montaña Roja, ganadora del premio Desnivel de Literatura 2009.

Estas crónicas, ubicadas 17 años antes de la novela, nos narran la historia de montañistas que se aventuran en las alturas del paisaje lunar…

Cronicas del Refugio Espacial

Crónicas  del Refugio Espacial

El Libro de Piadas.

15/7/2143

10:52 UMT.

Refugio Miguel Ángel Vidal. Vallis Alpes. La Luna.

Fred se despertó  sobresaltado en la oscuridad del sacódromo. Unos potentes ronquidos surgían a su derecha en la posición en que dormía su amigo, el doctor Aleister Fox. Se giró a la izquierda, intentando conciliar de nuevo el sueño. Lo necesitaba para afrontar en óptimas condiciones la escalada del día siguiente.

Los ronquidos se estructuraban en una cadencia de rugidos cortos, seguidos de resoplidos y rematados con poderosos estertores, en un desesperante andante con moto.
– Fox – murmuró Fred.
– Fox – volvió a llamar.
– Deja de darme codazos, plasta. No soy yo – susurró Fox.
– ¿Quién es?
– Creo que la americana tochita.
– Las tías no roncan así.
– Se ve que no has cansado a ninguna lo suficiente.

Fred ignoró  la pulla e informó:
– Me piro afuera.

Afuera, en sentido estricto, significaba sobre la superficie del satélite, en plena noche lunar a –90º.
– ¿Dónde vas, a la sala EVA (Actividad extra vehicular)? Seguro que está llena de tontacos esnifando  oxígeno.
– ¿Vienes ó no? – insistió Fred.
– Vale, joder. Si entre la roncadora y tú no me vais a dejar dormir.
– Fox. El olor de pies es tuyo – declaró.

Como vaticinó Fox la insonorizada sala EVA estaba tomada por un grupo de veinteañeros con sus aerosoles de oxígeno. No habían tenido la precaución de cerrar la puerta y las risotadas se oían desde el pasillo de acceso.
– ¿Les decimos algo? – preguntó Fred, preocupado por la audible algarabía.
– Yo paso de estos colgados. Como tengan la mala suerte de despertar al refugiero se va a liar parda.
– Vamos a la biblioteca. Seguro que está vacía.
– No me extrañaría viendo el nivel de los tiernazos que llegan – remachó, mirando con desprecio hacia la sala EVA.

Dicho y hecho. Atravesaron los cilíndricos pasillos de hormigón pretensado y se instalaron en dos envolventes sillones de mimbre.
– Voy a echar un vistazo al libro de piadas, para hacer sueño –comentó Fred.
– ¿No te has traído tus infumables obras filosóficas?
– Sí, pero he dejado la tarjeta personal en el sacódromo.
– ¿Has visto que mamellas tenía la ingeniera brasileña de nuestra mesa?
– De reojo, cuando se ha quitado la placa pectoral en las taquillas.
– Si me pilla soltero hubiera intentado un edredoning con ella.
– Yo prefiero los pechos más pequeños, para metérmelos en la boca y bailarlos como un flan.

Fox le miró  con sus glaucos ojos desorbitados.
– Conecta el libro que si no voy a tener que salir a la terraza a enfriar el tema.

El sensor captaba el movimiento de los ojos de Fred y desplazaba en la proyección holográfica las imágenes índice de cada piada. Pasaron un buen rato contemplando filmaciones, perfiles, gráficos y reseñas de las distintas expediciones y escaladas.

Finalmente Fox estalló:
– ¿Es que nos estamos volviendo locos?
– Algunos parece que sí – opinó Fred con sarcasmo.
– ¿Qué es todo esto?

“ Regolito (suelo lunar polvoriento) endurecido con cohetes para montar anclajes  permanentes, depósitos de oxígeno cada 5 klics (km.), rovers (vehículos presurizados) transportando gente y material por pendientes imposibles, robots porteadores sobrecargados y despeñados, abandonados a su suerte, basura tirada en el monte y enterrada en las inmediaciones del refugio “
– ¿Y qué me dices de las cotaciones y decotaciones? – especuló Fred, malicioso, echando más leña al fuego.
– ¡Otra gilipollez! ¿Pero desde cuando la exploración lunar se ha convertido en una competición?
– Desde el momento en que hay prestigio y pasta por medio…
– ¡Mira, mira! El refugiero se ha despertado.
– Audio, por favor – pidió Fred al SE.

REFUGIERO: ¡Me voy a cagar en todo lo que se menea! ¡A dormir echando leches!

Los jóvenes se fueron corriendo, chocando entre ellos y con las paredes. Fox y Fred se agarraron el abdomen por la risa.

 

Felipe Colorado Lobo

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