El escritor Calos Sueiro, también conocido como Carlos Daminsky, nos envía sus saludos desde Alcoy España y con ellos  su relato para participar en nuestro concurso:

Biotech

Zomtecnolipsis

Autor: Carlos Sueiro

…Un baño de sangre. Si hubiera sangre. O mejor dicho, si los neuro-esbirros tuvieran sangre auténtica y no esa sustancia artificial que condensa sus circuitos translinfáticos. Los diseños estereotipados, fácilmente reconocibles, salidos de la línea de montaje de la factoría Krevor, están compuestos por prismas y subprismas interconectados por tejido silíceo a un chasis de ébano simulado, manufacturado con piezas de alta precisión y aunadas por redes de agujero gusano.

Pero todo esto me importa poco. Necesito una descarga de satisfacción. Así que convierto mi mano en una espada de hielo azulado y de un par de cortes destruyo a los dos primeros que vienen por el flanco oval. Ha sido como atravesar una masa débil y gelatinosa. ¡No está nada mal! Pero el autocontrol de los biorritmos casi ni ha subido. A continuación, por puro placer, pisoteo el puzzle desparramado que forman los trozos seccionados de los cuerpos. Veo un cefacontrol en cuya superficie nacarada parpadean varias señales, le propino un chute con mi pata tridáctila de titanio y sale disparada como una pelota, formando una bella parábola que va desparramando trocitos de cristales.

Después, mi Criterio me avisa en cifras: 5… 6… 1. ¡561! El clan se aproxima corriendo hacia mí. ¡Estupendo! Una buena cantidad de neuro-esbirros con la cual batirse. Esta vez me ensamblo, aparte de la espada de hielo azul, dos martillos de guerra con fusiones extra de plutonio y una pica plasmática. Activo los dos pares de élitros y antes de volar suelto una red de caos punzante que pilla de improviso a los atacantes. Antes de que logren bloquear sus sistemas estándar Krevor, muchos de ellos se descontrolan, como en una danza sin sentido en la que acaban chocando entre sí y autodestruyéndose. Luego, realizo un rápido vuelo hasta colocarme en medio de los que han logrado evitar el descontrol. Con dos movimientos de revés descargo los martillos de guerra, que producen una bola de congelación y los krevaritas se quedan paralizados. A continuación, dando vueltas sobre mí, actúo con la pica, destrozando los cuerpos estáticos de los enemigos. Son estatuas de cristal que se rompen, produciendo un tintineo geométrico. Con esta táctica ya he reducido a un tercio a los enemigos. ¡Perfecto! Ahora el excitante cuerpo a cuerpo. ¡Qué me propine fuerzas la Casa-Diox!

Varios neuro-esbirros actúan contra mí con falcatas diamantinas. Desvarío el campo temporal y sus ataques se vuelven lentos hasta el extremo. Me da tiempo a agacharme, en una fácil finta, esquivando el vulcanoso filo de sus espadas y, arrodillado, propino un letal corte azulado con la espada de hielo que los descoyunta.

Los siguientes son más listos. Han usado algún arkasistema de precognición para evitar el radio de mi estratagema y, con una rapidez sorprendente, me han arrancado de cuajo uno de mis brazos-martillo de guerra con sus látigos de castigo, que tienen varias colas acabadas en arpones transmisores. En instantes, en mi sangre se adviene un ataque viral. Ellos han hecho bien el juego, saben que por ahí pueden lograr abatirme mediante el punto débil que aparentemente puede ser el tener un sistema auténtico linfático. Pero lo tengo estudiado. La hemoglobina está saturada con retrovirus Zom, y con eso me basta para detener la infección en el interior de los vasos sanguíneos. El Zom viene de la época de 1999, cuando era una pandemia que reventaba las neuronas de los humanos y los transformaba en marionetas irracionales. Ahora mismo, mientras activo las cuchillas de los espolones de mis patas para saltar sobre los krevaritas, me vienen sistemas matriciales de recuerdos. Hay en ellas antiguas construcciones de hormigón en ruinas y escorias desparramadas, columnas de humo y lenguas de llamas. Son arquetipos residuales que subyacen en la Xt-conciencia y que quedaron en las espirales genéticas a pesar de la evolución transbiológica. Recuerdos arcaicos que siempre me causan asombro.

Las reminiscencias tan solo han sido un espejismo y prosigo mi ataque. Esta vez las poderosas cuchillas de defensa causan estragos con su filo perfecto, capaz de cortar cualquier cosa, hasta las mallas que los neuro-esbirros mantenían mimetizadas. Al principio parecen resistir, pero las microfracturas que le producen las incesantes cuchilladas terminan por desgarrarlas y seguidamente les adviene la technecrosis.

En un momento destruyo los últimos resistentes de la horda krevarita y me quedo en medio de un grotesco desguace en el que las diferentes partes de los enemigos se desparraman como amorfas estatuas. La guerra ha sido rápida y concisa, la táctica ha sido sencilla. El resultado ha sido óptimo. El objetivo está cumplido. Bueno, aún no del todo. Mi Criterio me señala la figura que se acerca con paso lento pero decidido hacia el campo de batalla. Es el jefe de los neuro-esbirros. El Domokrevarita de la factoría. Antes de que su estructura de más de tres metros de altura se acerque, la lucha comienza.

Me ha lanzado una elipse de anulación, por lo que entiendo que su tecnología está más avanzada de lo que los análisis previos habían arrojado. Por lo menos es 4.1 superior a lo esperado. Me da igual, eso es incluso motivación extra para superarme.

Logro escapar de la anulación, enviando defensivamente un par de reflejos que contrarrestan la elipse. El engaño funciona a la perfección. ¡Todo correcto! Y ahora vamos a combatir, no tengo ganas de usar más trucos. Así que cargo con mi espada de hielo sin esperar.

El krevarita extrae de una funda portadora que tiene a su espalda un enorme tridente y, a continuación, intenta clavármelo. Yo le paro el diestro ataque con la espada y entonces… ¡Se rompe! ¡No puede ser! Prismas añiles vuelan a mi alrededor antes de que otro golpe en barrido impacte contra mí y me lance sin control hacia detrás. Sufro importantes daños.

El enemigo me ha sorprendido y, ahora que estoy en el suelo, sus pies formados por varias plataformas giratorias me chafan insistentemente. Ya siento las punzadas de dolor provocar el mal en mi interior y, para suavizarlas, activo los transmisores que descargan calmantes temporales. Acto seguido, me zafo de la patadas que me propina el Domokrevarita e intento alzarme del suelo volando pero el sistema está bloqueado, y de nuevo otro puntapié me lanza dando volteretas por el suelo. Esta vez ha logrado clavarme los picos que tiene en las extremidades rodantes y a través de ellos se inyecta automáticamente en mí una descarga de neuromoldeadores.

Intento parar el desastre, pero mi estructura interna combinada de tejidos linfáticos y sustitutos techs entra en crisis. ¡No! ¡La sustancia intenta desestructurarme con sus dendritas espurias!

Me llamo Alazne Real, tengo 325 generaciones y vivo en la Zona Esperthia de la ciudad estado de Nueva Alcoy. Mi estatus es alto, pertenezco a la aristocracia y puedo ir a cualquier sector sin ninguna restricción. Mi cuerpo fue desarrollado y perfeccionado en los simulacros 10.1 de la oligarquía. Por supuesto los privilegios se pagan al Domogobierno en base a que soy guardián y soldado defensor de su estructura piramidal. Pero eso no me importa, mientras pueda disfrutar del elixir que es ser prioritario en esta sociedad. La satisfacción ante todo de la estética y del triunfo, e incluso cierta, por qué no decirlo, inmortalidad.

Soy uno de esos 150 guardianes, ¡gloria al Domo!

Hoy tenía que probar un pequeño extra, una vejiga diseñada para producir alto placer, y para eso he encargado los servicios de un Homo-harem. Un poco de vicio me va a venir estupendo, después de la exploración-aniquilación que tuve en las tierras radioactivas de la zona de levante.

Ah, ya. El tubo llegó. La pared integrada por cristalitos inteligentes lo detecta y se adaptan para formar una puerta de forma circular. A continuación, por la abertura entra mi encargo. Me recuerda a un tosco simio, pero el hombre, musculado hasta el milímetro, con su piel bronceada y aceitosa, las cadenas que conectan los pezones agujereados del pecho y, sobre todo, ese grueso y largo falo, producen en mí una excitación desordenada. El sirviente me ve y pone cara de pavor… Ha sido engañado para que viniera hasta aquí… Mira a izquierda y derecha, intentando encontrar una salida, pero es demasiado tarde. He fragmentado el tiempo de tal forma que me he situado detrás de él sin que se diera cuenta.

TRAICIÓN. TRAICIÓN. Repite mi Criterio. Pese a que reacciono rápido y arrojo a un lado, como un pelele, el cuerpo seco del lacayo, el grupo armado me sorprende. Es un comando especializado, son homos que visten trajes Xtraceleradores. Antes de que active mi espada de hielo, me han arrojado varios dardos envenenados. Y la sustancia que se cataliza en mi cuerpo es altamente tóxica, además no dispongo de los anticuerpos necesarios para contrarrestarla y me quedo parcialmente fuera de servicio.

—¿Quiénes sois y qué queréis? —modulo una voz agradable y femenina.

—¡Eso no te importa, engendro! Un nuevo gobierno está en ciernes. El Domo ha de caer, la corrupción y la oligarquía llegan al ocaso.

En efecto, algo grave pasa. Mi sistema de captación me trae imágenes de lucha y sonidos de explosiones. Afuera se ha desencadenado una guerra. ¿Y cómo ha llegado todo esto a suceder? De repente mi Criterio me anuncia: en 25 fracciones temporales se creará la vacuna Zom contra el ataque del veneno. ¡Tengo que resistir hasta entonces!

—¡No, por favor! No me matéis —sé que suplicar es denigrante, pero no me queda otra salida—. Yo soy otra pieza más del poder, no tengo ninguna culpa de los desmanes del gobierno.

—¡Escoria! Eres patético, mírate… Con ese cuerpo remodelado hasta la saciedad, perdida toda identidad por tener más poder…

… 15 fracciones…

— ¡Estáis equivocados! ¡Os ayudaré! ¡Soy inocente! Ayudaré a vuestra revolución.

Los homo han unido varias varas tubulares hasta formar una especie de lanzador con una gran campana a modo de disparador.

… 5 fracciones… No voy a tener tiempo.

Una lengua de energía irisada sale del cañón.

… 1 fracción… Cuando el rayo va a impactar contra mi chasis, hago un gesto desesperado y logro ladearme lo suficiente para que la descarga destruya la mitad de la estructura.

… Criterio: Vacuna Zom Óptima.

Recupero la operatividad y bloqueo las fugas de líquidos vitales. Una parte de mi coraza yace en el suelo chamuscada pero, aunque he perdido la mitad de mi cuerpo, mis centros de control no están dañados y puedo ejecutar acciones.

Los homos me atacan con puños de castigo Sus nudillos de poder laceran mi revestimiento y saltan esquirlas por los aires. Yo, sin darme cuenta, improviso un garrote para defenderme, con un trozo espinal que recojo del suelo. Lo descargo en todas direcciones y voy machacando rebeldes, pero alguien se ha subido a mi espalda y me retuerce la cefaunidad. Escucho algo crujir y noto cómo se descuaja parcialmente. Me echo para atrás, dejándome caer. El peso aplasta al tipo que tenía colgado. Estoy crítico, pero por suerte no hay más enemigos.

Afuera el ruido de la batalla se hace más violento.

Después de unos instantes de aturdimiento, utilizo un máster para el ensamblaje de urgencia reconstructivo. Seguramente tendré también que valerme de parte de la estructura y del tejido de los homos.

Siempre hay tiempo para pensar. Una reflexión de tres flechas o quizás un par más. Unos cuantos vectores.

Los días pueden ser negros, negrísimos; en especial bajo un cielo sucio, rodeado de descomunales chimeneas humeantes. Los días, también, pueden pasar rápidos y muy veloces. Tanto, que llega un momento en el que todo puede dar lo mismo y si no tienes un futuro has de buscártelo.

Los Estados Independientes de Iberia estaban en crisis. El colapso institucional ya había provocado el caos en un sistema desgastado, y la lucha por el control de los sistemas y fibras de comunicación fue el preludio de las Hordas, que formaron sus ejércitos mixtos de androides y hombres para llevar a cabo la guerra y el golpe de estado del lado de sus armas sin compasión.

La consecuencia inmediata fue la extrema hambruna. Las factorías oficiales de alimentación, pese a ser bastiones blindados, no resistieron mucho y, tras ser asaltados y sometidos, la población lo pagó con la necesidad.

La secuela grotesca del hambre fue una irracional antropofagia. Yo mismo, en mi éxodo de aquellas tierras quemadas, me topé con numerosos grupos de personas que atacaban y mordían a todo lo que se movía. Por suerte, al principio de la guerra pude asaltar un almacén de alimentación, junto con otros tipos, y saquearlo; aunque poco después tuve que acabar con la unión de conveniencia y matar a los aliados espontáneos. De esa manera no tenía que repartir, de esa manera me endurecía. Y aquellas provisiones salvarían mi pellejo.

Recuerdo la sangre salpicar en mi rostro y no sentir nada, tan solo desprecio por la raza humana.

Tuve suerte. Bueno… no fue suerte… Había algo en mis genes que hacían de mí una superviviente nata y me obligaban a seguir avanzando entre los cráteres de la destrucción. Yo no quería participar en el juego de ninguna Horda, así que escapé hacia el norte, rumbo a la ciudad estado de Nueva Alcoi. Me quedaba la esperanza de encontrar refugio entre sus gloriosas torres.

Vagué noche y día, al borde de la extenuación, librándome de la muerte como podía; corriendo, escondiéndome… La cuestión era avanzar hacia delante fuera como fuera, hasta que llegó un momento en que quedé reducida a un instinto automático por el cual casi hacía las cosas sin darme cuenta.

Hasta que una mañana plomiza, con la mirada turbia y cansada, me di de bruces con una patrulla. Aquella gente, con sus rostros bárbaros y tiznados, eran desertores que iban en busca de rapiña.

Nada más verme se echaron encima de mí y me ataron. A continuación llegaría el tormento y, por qué no decirlo, mi renacimiento.

Criterio: Crisis estructural.

Lo que me ha inyectado el Domokrevarita me está destrozando. Pero aún tengo una salida. Uso el máster de urgencia y voy autorreparando los daños que sufro. Es un bucle retroactivo: creación-destrucción. Pero esto es temporal, no puedo seguir mucho así. De nuevo el Zom tiene que ayudarme. Esta vez no actúa de inmediato. Está analizando la amenaza y a la vez desarrolla posibilidades de lucha a un ritmo vertiginoso, rechazando los fracasos. Es fascinante sentir las moléculas metamorfoseándose a alta velocidad, inyectadas por la médula ósea en los circuitos. El Zom aprende y seguidamente actúa, ya con los patrones creados para contrarrestar el neuromoldeador. Una vez lo logra, el ataque interno se detiene. Luego, con una descarga extra de impulsos, me pongo de pie de un salto, hundo mi brazo por la cúpula central del krevarita y, haciendo fuerza, lo saco por la espalda. Después, estiro hacia atrás, dejo mi extremidad introducida en su chasis y me alejo antes de que la explosión me alcance.

La llamarada amarillenta que produce me encanta. ¡Y la factoría ya es mía!

Fue el propio Tymerius Askayn, el Domogobernador de Nueva Alcoy, el que encontró mis restos durante una partida con su ejercito, aprovechando la oportunidad que le brindaba el caos en los estados ibéricos para ampliar el territorio de la ciudad estado.

Yo fui salvajemente violada y mutilada. Aquellos hombres carecían de cualquier atisbo mínimamente humano, eran hienas en un mundo transformado por la violencia y el desquiciamiento.

Abandonada a mi suerte y moribunda, toda mi realidad se transformó en raíces de dolor que se hincaban hasta lo más profundo de mi interior. Y mientras agonizaba en mi propia sangre, atraídos por la muerte llegaron unos seres extraños. No lo recuerdo muy bien… Eran como sombras y no se entendía lo que decían, pero enseguida noté cómo estiraban de mi carne y me arañaban al tiempo que mordían. Aquello, pensé, era el final de los finales.

Más tarde desperté de la pesadilla. Ante mí tenía a un hombre de ojos oscuros y penetrantes con una larga cabellera caoba que le caía sobre sus hombreras con forma de bañas. Su rostro era duro y la mirada profunda. Era el Señor Askayn.

Recuerdo sus palabras mientras acariciaba mi cara paralizada: Oh, hija mía. Has sufrido mucho. Pero tus penas te han llevado a una nueva gloria y resurrección, porque en ti hemos hallado un extraordinario avance en el campo biotecnológico.

De ahora en adelante tu nuevo cuerpo, moldeado y recombinado con el Zom por la gloria de la majestuosa Nueva Alcoy, servirá al ejemplar gobierno del Domo.

Aquello fue en 1999.

La catástrofe llegó inesperadamente. Gente sin ningún valor se rebeló. Eran los malditos homos y lacayos que no supieron sopesar lo que hizo el Domo por Nueva Alcoy. Durante más de seis siglos habían llevado a la ciudad estado a una época de esplendor tecnológico. Desarrollando nuevas estructuras en la urbe, expansionando su poder económico y sus disciplinadas factorías de cadena de montaje, alcanzando la máxima gloria e influencia. Creando los nuevos cerebros y los nuevos cuerpos de una nueva raza, a la que poco a poco se iba a integrar toda la sociedad. Pero no supieron corresponder el esfuerzo y no supieron esperar el turno… Bueno, realmente aquello era un bulo. En toda sociedad hiperdesarrollada se necesitan esclavos para los trabajos pesados y también… para el placer…

Los rebeldes usaron tecnología y apoyo de los recompuestos estados ibéricos, que desde hacía varias décadas se había convertido en un peligroso rival de la ciudad estado. Sus espías y predicadores se infiltraron en la sociedad, creando una red de manipulación, y a esto se sumó el descuido egocéntrico de Domo de creerse intocables y superiores al resto, tomando en poca consideración la posibilidad de una rebelión homo.

En dos semanas de cruenta lucha consiguieron la victoria, y la independencia de Nueva Alcoy se desmoronó.

La cabeza del Señor Askayn fue ensartada en la aguja más alta de su palacio irisado, alzado majestuoso sobre una colina de nácar transorgánico. Yo pude huir y en mi éxodo, de nuevo, me exilié hacia el norte. Mucho más al norte… Buscando alguna factoría krevarita, antiguos rivales. Mi misión era conseguir dominar alguna colmena-fábrica y después comenzar a usar su tecnología para la creación de una ciudad estado.

¡Oh sí! ¡Gloria al nuevo Domo!

Fin

Muchas gracias a Carlos por su participación y le deseo la mejor de las suertes 🙂

Comparte este artículo con tus amigos