steampunk-3 Imaginen  vivir en un pequeño pueblo, enclavado en las montañas, en la primera mitad del siglo XX, desde donde viajar a la capital del estado toma horas, y al capital del país días, donde la comunicación entre los caseríos y las haciendas de café se realiza a lomos de burros y la gente evita salir de noche a las calles, precariamente iluminadas con lámparas de petróleo, por miedo a los espantos.

1271803598_89009070_1-Casa-en-Sanare-Sanare-1271803598 Pues esa era el escenario de la población de Sanare, estado Lara, donde nace (o muere, dependiendo del punto de vista) la cordillera andina, un pueblo que para la época vivía (y vive aun) de la producción cafetalera, y donde el fervor religioso y la férrea tradición marcaba el día a día de sus habitantes. Vista-en-Sanare

Allí vivía mi bisabuelo, un prospero e inquieto comerciante llamado Don Sulpicio Yepez,  propietario de la única casa de 2 plantas que existía en el pueblo, un hombre cuyas inquietudes progresistas y su interés en la tecnología, hoy en día lo harían ganarse el apelativo de “Geek”, el cual llevamos con orgullo muchos de los que hacemos vida en la red y hacemos vida en este blog.  268440-una-centralita-telef-nica-antigua-del-tel-fono-de-la-clase-usada-en-hoteles-y-compa-as-en-el-siglo-d

En el año 1925, Don Sulpicio, se dio a la  tarea de enlazar telefónicamente la hasta ahora aislada Sanare, con los caseríos de los alrededores, las haciendas de café, y las cercanas poblaciones de Cubiro y Quibor. Para ello, adquirió una empresa telefónica en Barquisimeto, propiedad de Doña Domitila Manzano de Cellis, y luego se dirigió a Caracas hasta lograr que el Congreso de los Estados Unidos de Venezuela le aprobara, el 17 de Julio de 1925, por Gaceta Oficial el contrato de construcción y explotación de la red telefónica.

Después llego lo realmente difícil, instalar de hacienda en hacienda, de caserío en caserío la red, a través de montaña y bosque, amen de serpientes y alimañas, hasta llegar a los pueblos de Cubiro, Quibor y San Rafael. Su red alambrica, llego a cubrir 45 Km, y a brindar servicio a 300 personas, nada mal para aquellos días.

1121548835-telefonos_antiguos Trato de Imaginarme a mi bisabuelo, enseñándole a los usuarios el uso del aparato telefónico, personas que con suerte apenas sabrían leer y escribir, desmintiendo los miedos y los prejuicios de la folclórica e ignorante sociedad rural, y creando una cultura de veloz comunicación entre las personas ¿Cuantas “errores de capa 8” habrá tenido de correr a resolver en aquellos primeros días?

¿Cuanto pioneros tecnológicos como mi bisabuelo habrán existido, en nuestras ciudades, pueblos o barrios sin que los reconozcamos?. ¿Quien seria el anónimo vanguardista que se atrevió a comprar la primera computadora personal en el país?. ¿Quien seria el primero en instalar internet en su casa?…

Héroes anónimos, geeks del pasado, a quienes la historia no hace justicia.

 

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