Desde La Habana, Cuba, nos llega un nuevo escritor, Javier Marrero, quien nos hace llegar su entrada para el Concurso Anual con su historia Rosas para el Infierno:

Galaxy Rose

Rosas Para el Infierno

Autor: J Javier Marrero Pons.

La civilización del siglo XXIII llegó a sentirse segura. Tras los albores de catástrofes sociales y naturales, luego de grandes peligros, surgieron grandes soluciones, todas respaldadas por un nuevo despertar de la ciencia. Por ello, un nuevo hombre surgía, al parecer, apto para enfrentar cualquier desventura… Pero, de ninguna manera, para el improbable fenómeno que estaba por confrontar. Cuando todo parecía perdido, dos jóvenes científicos, amantes de la naturaleza, encontraron la más increíble solución, ayudados por un inteligente anciano;  llegaron a poner en riesgo su credibilidad, al tomar en cuenta, fenómenos anteriormente conocidos como paranormales, pero, nunca contaron con que, al final, de otra forma, todo se complicaría. La Madre Natura estaba por jugarles una mala pasada.

Capitulo 1Las rosas viven

― Según tus cálculos, ¿cuánto nos quedaría? ― Le preguntó el Patriarca a Brenda, la ingeniera a cargo del proyecto Tárgum. Su rostro no dejaba lugar a dudas, era un hombre abatido por las actuales circunstancias, a pesar de su fortaleza de carácter y, sobre todo, de espíritu.

― Señor…muy pronto podré responderle…

― Brenda, siempre he confiado en ti, pero recuerda que el tiempo se nos acaba.

Por fin ambos se encontraban a solas; el debate que suscitó el nuevo peligro había alargado enormemente las últimas jornadas de trabajo, siempre abarrotadas de cuanta gente tenía que ver con el delicado asunto. Esta era la misma pregunta de los últimos meses, también la misma respuesta. En realidad, la respuesta no estaba bien justificada. A esta altura, en el 2270, bien deberían existir soluciones para tales casos; sin embargo, la improbabilidad del suceso les haría padecer el error. Toda observación siempre se desvió hasta el mismo centro de la Vía Láctea y su supermasivo agujero negro, mas de allí no vendría el peligro, sino de las Nubes de Magallanes, la más cercana galaxia satélite, con su hoyo de treinta y tres masas solares.

La espigada mujer no se detuvo tanto en las palabras del Patriarca como en el mensaje de sus tristes ojos negros. Era evidente, la hora cero se acercaba.

Nunca como ahora fue más difícil engañar a los humanos, por ello el pánico cundió con prisa, aun sabiéndose protegidos por oleadas de avances tecnológicos. Frente a la increíble fuerza, nada había que hacer; siempre fue vista como un monstruo que jamás los tocaría. Por ello, fueron notables los disturbios que en breve tiempo sucedieron, el de la plaza azul llegó hasta cuestionar las intenciones del Gobierno.

― ¡Es una realidad, señores; estamos viviendo nuestros últimos días! ― gritaba a la multitud aquel hombre cuyas arrugas denotaban su larga existencia. ―El Estado busca soluciones, pero… ¿podemos dar fe de que para todos nosotros? ¡¿Recuerdan?!, tras el último deshielo, los dos continentes crearon un solo Gobierno; desde entonces ya presumían el fin…

El trauma del caos y la debacle, aún estaba presente entre los menos favorecidos; tal vez por ello, el descongelamiento pasado de los polos, bastó para acentuar las diferencias que ya se creían olvidadas; su recuerdo, fue suficiente para pensar que pronto sería peor.

― ¡Siempre pensamos en un final, pero no de esta forma! ― Lo interrumpió el joven que se hizo ver subiéndose al muro en que se encontraba el anciano― ¡Nadie, absolutamente nadie, lo imaginó así! No se nos ocurrió que un hoyo nos tragaría. ¡Lo peor de todo es que la muerte no será súbita, agonizaremos luego del más terrible caos, no les quepa la menor duda, seremos huéspedes del infierno…!

― ¡¿Qué pretendes malnacido?! Estás trasmitiendo el pánico a toda esta gente, aún existe la esperanza…

― ¿Esperanza para quienes, Brenda? ―la interrumpió con furia el joven― Siglos atrás a lo mejor nos hubiesen engañado, hasta nos ilusionaron con colonizar otras regiones del espacio, pero… ¡baahh!, puros cuentos y mentiras. Anda, ve a decirle a los tuyos que aquí ya el mundo se acabó.

Por suerte, en una apartada zona, el mundo no pensaba en acabarse. En las alturas de Monte Lukast el cercano desastre fue contemplado de manera diferente. Los habitantes del apacible lugar crecieron bajo la influencia de su ancestral hobby, el cultivo de las rosas. Entre esta gente prosperaban la tranquilidad y la armonía. Para los más entendidos como el doctor Fred, la razón estaba bien clara: las rosas emanaban una inusual energía, capaz de afectar cada célula viva de cuanto ser estuviese a su alcance; tal vez por ello asumieron con más calma la proximidad del fenómeno. Para Brenda, siempre indagando y buscando a través de sus colaboradores ciborg cualquier indicio de salvación, el hecho no resultó indiferente. Inmediatamente se acercó al legendario lugar para encontrarse con su viejo amigo. Fue indescriptible la sensación que experimentó a su llegada. Una especie de fuerza llegó a nutrir su delgado cuerpo y un incontrolable deseo sexual humedeció sus más íntimas partes. A pesar de esto, le costaba trabajo creerlo, ―La magia de la sugestión― se dijo.

― ¡Qué bueno es verte de nuevo, Brenda!

― Fred, sí que te ves maravilloso, parece que te sienta el lugar…

―Ven, déjame mostrarte la reliquia del Monte Lukast.

Desde un improvisado observatorio, el joven doctor le mostró el asombroso espectáculo que representaba todo aquel cerro de flores; dos peculiares rocas grises que sobresalían creando un pequeño promontorio, resultaron las más ideales. Una mezcla de colores perfectamente concebidos justificaba la antigua leyenda del paraíso terrenal. Ante sus ojos palpitaba la esencia de la vida misma, la matriz de un lenguaje universal que solo a través de su extraña energía, llegó a convertir este instante en el más singular episodio de un olvidado pasaje bíblico…Cada célula de su cuerpo absorbía el hálito de las raras flores. Ya fuera porque Brenda destacaba por su notable inteligencia o porque las rosas incrementaron la misma, lo cierto es que a partir de entonces una alocada idea comenzó a darle vueltas sin parar… ¿Qué efecto provocaba el prospero lugar que toda su gente podía tomar con tanta calma el cercano desastre? La ecuanimidad tenía un límite y era obvio que la seguridad que su amigo trasmitía a sus coterráneos estaba bien respaldada.

―Quiero que respondas con sinceridad, mi querido amigo…

―Adelante, ya imagino tu pregunta.

― ¿De dónde han salido estas maravillas…? porque no provienen de Babilonia, ¿verdad?

― ¡Jajaja! Ni mucho menos. Hace cerca de100 años, tras el último deshielo, esta tierra que ahora pisas yacía bajo el mar. Hoy estoy convencido: gracias al análisis de sus semillas conocimos su hábitat; estas yacían en el centro de la corteza terrestre, desde el periodo cretácico. Ya sé que te trastornan, no me lo puedes negar, no solo viniste a admirarlas, ¿verdad?

― Querido, no quisiera llevarme por la desesperación, pero… ¡tal vez hasta ellas me estén ayudando a pensar! Antes de decidir venir indagué mucho sobre tu trabajo. Lo que has descubierto puede neutralizar el avance del monstruo que nos viene encima. ¿Recuerdas lo que una vez me dijiste?

― ¿Acaso cuando nos graduamos? ―preguntó, tomándola de hombros. ― ¡Pero no fui yo quien creó la frase! ―agregó.

―Mientras más nos adentramos en las ciencias, más nos acercamos a Dios ―dijeron al unísono.

En el Gobierno, Neybord, tal vez el último Patriarca, desestimó la sugerencia de sus principales asesores y quiso llevar a cabo el incipiente proyecto Tárgum. Así le llamaron, en honor al primer módulo, con ese nombre, que intentó dar el salto a través de un portal, y que desafortunadamente fracasaría con la consiguiente pérdida de quince preciadas vidas. Después de veinte años todo debía ser diferente, los experimentos con ciborg fueron alentadores pero no convincentes. El Gobierno apenas tuvo tiempo de sopesar otras opciones; esto era otra cosa, nada tenía que ver con el sistema de defensa concebido contra intrusos celestes, probables invasiones alienígenas, o cualquier otro fenómeno eventual.

<>, como le dio por llamarla Fred al conocer todos sus encantos, no se contuvo en la cama al recordar el poco tiempo con que contaba, solo de algo estaba segura: si moría lo haría satisfecha hasta la saciedad. Su biocelular sonó en el mismo instante en que estuvo en pie. Era su auxiliar Marlon; le había indicado que solo la llamase ante alguna urgencia…

―No hay otra cosa que hacer ―contestó a la llamada― debo estar junto a él.

Apurada, pensando en lo peor, casi se arriesga y utiliza su singular y novedoso medio de transporte, su tele transportador RN1 desfasado, pero este precisamente llegaba a ser tan novedoso, que prefirió moverse a través de los clásicos medios del XXIII. Su acogida no pudo ser diferente…

La reacción de Neybord no fue una sorpresa, la vida del planeta corría un grave peligro… ¡y ella hablándole de flores!

― ¡¿Rosas?! ¿Me estás hablando de rosas? ¿No te parece que esto es algo serio? ―Así ofendido reaccionó ante la idea de Brenda, a quien no le quedó otro remedio que armarse de toda su calma para intentar convencerlo.

―Señor, por favor, ¡escúcheme…! Parece un disparate, pero tengo argumentos serios para demostrarlo: estas rosas son capaces de neutralizar el agujero. Una vez más requiero de toda su confianza; Fred y yo conocimos algo que puede interesarles. ¡Por favor!, convoque ahora mismo al consejo para tratar el asunto.

― ¿Y entonces, el portal…?

― ¡A la mierda el portal, Tárgum y todo su equipo…! para confirmar la llegada de los ciborg a otra dimensión se necesita todo el tiempo que no nos queda ―se atrevió a gritarle la valiente mujer.― Sería como saltar al vacío desde un edificio en llamas.

Esa misma noche sesionó el consejo. Brenda, por supuesto, en materia de rosas, contaba con la ayuda de Fred.

A las 19 y 30 horas ya se encontraban los principales miembros del grupo creado para estos casos. Por las caras de algunos podía notarse cierto escepticismo, pues ya conocían de antemano el extraño asunto a tratar y, por supuesto, no podían relacionarlo con las flores.

―Señores, obviemos las acostumbradas ceremonias con que iniciamos estos contactos ―rompió así el silencio, el Patriarca―; tiemblo solo de pensar lo que será del planeta mañana. Abramos mucho más nuestras mentes y escuchemos con atención a

Brenda; al parecer nuestra madre natura no nos abandona, quizás ni nos guarde rencor…

―Al grano ―dijo la joven―; hoy sabemos que la masa de antimateria observada por el Hubble 5 avanza en dirección a nosotros, y que es la antesala de un enorme agujero negro; su incalculable campo gravitacional haría desaparecer hasta el último átomo que nos rodea, solo quedaría materia obscura, la nada. Como toda aberración física, rompe cuanta teoría somos capaces de imaginar, pues por más que nos esforzamos durante siglos, ahora confirmamos estar solo en el principio; lo único que conocemos es, que está formada por partículas opuestas a toda partícula elemental conocida.

―Psss, Psss, Brenda, ¡Brenda! ―La llamó Fred, con discreción, casi susurrándole ― Todo eso que dices suena muy científico, pero no les enseña nada; háblales de nuestras flores y de las pruebas que hicimos.

Fred percibía su miedo; tal vez ni ella misma estaba convencida. De todas formas, era la indicada para trasmitirles la idea. Como si conservase aún un poco de la energía floral, algo despertó su inusual inspiración.

― ¿Alguna vez enviaron rosas al infierno? ―dijo― Es lo más parecido a lo que vamos a hacer. No estoy hablando en sentido figurado; estoy queriendo decirles que no hay nada más semejante al infierno que lo que se nos avecina, y que en un lugar de esta bendita tierra la naturaleza concibió un buen escudo para defendernos; no lo sabíamos pero desde hace cien años nos preparaba…

Al hablar la simpática y tímida joven, cada frase y cada palabra fueron acompañadas de tal fluidez y desenfado, que el hecho no pasó inadvertido para el asombrado auditorio, acostumbrado a su introvertido carácter, a pesar de su amplio currículo en el mundo de las ciencias. Ella sencillamente era así; ahora la impresión causada superaba todo cuanto fueron capaces de imaginar, pues junto a la notable científica también encontraron a una decidida y optimista mujer. Antes de proseguir clavó sus ojos en Fred, quizás buscando su aprobación. Sería imposible conocer si este le acercó un ramo de las bellas flores para que las mostrara ante el consejo o para que su singular energía acabara por saturar a su amiga, lo cierto es que tal acción también

permitió que fuera percibida por Klauss, el más anciano de los presentes.

El viejo botánico Herman Klauss rebasaba los 80 años, muchos se atrevían a decir que su participación en este importante equipo era simbólica, en honor a todo el tiempo dedicado a la causa de las ciencias y su influencia en la toma de decisiones. Para muchos <> ya estaba acabado; su salud se deterioraba a causa de un enfisema pulmonar que nunca quiso atender; por ello, postrado en su butaca y desencajado el rostro, parecía no estar atento a lo que allí se trataba, pero su cerebro, más alerta que el de cualquier adolescente, estuvo al tanto del más mínimo detalle; en fracciones de segundos, luego de mostrar Brenda las singulares rosas, el honorable anciano abrió desmesuradamente sus ojos, contempló la sala, temeroso, y se puso en pie, para sorpresa

de todos. En otra época sería registrado como un milagro, ahora solo despertaba un tremendo asombro.

― ¡¿Tengo que creer en todo esto?! ¡¿Son los fenómenos?! ―Casi gritó el ingeniero Nakagawa al observarlo.

―Sucede lo mismo que estás viendo ―le respondió el Patriarca― Además, no enfatices lo de <>.

―Señor, no dudo del efecto medicinal de las rosas; por cierto, fíjese que hasta

su color han cambiado, ahora su tono nada tiene que ver con el de hace solo un minuto, ¡ahora son grises oscuras! Pero… ¿de qué nos va a servir todo esto?

En efecto, ahora las rosas resultaban grises e intensificaban su tono hasta el negro en la medida en que el público se aproximaba. De repente, el ruido seco de un objeto fuertemente golpeado contra el piso retumbó en todo el salón.

― ¡Las rosas están vivas! ―Era Herman Klauss, quien como para confirmar su curación, esta vez le daba un enérgico acento a sus palabras―. ¡Las rosas viven!… Su vitalidad no es igual a la de flores comunes, ahora están captando las emisiones de sus cargas negativas. No solo crean en la intuición de este viejo, que ya lo ha sentido. Creo que soy botánico antes de nacer, y me atrevo a decirles que no hay una sola razón para subestimarlas; ¡vamos!, despabílense y a trabajar. ¡Nakagawa!, eres un científico excepcional, solo faltó desarrollar un poco más tu fantasía, deberías leer algo sobre Vernes. Anda, ve y busca entre tus cosas un buen analizador de espectros; quiero asegurarme de algo.

Nadie tuvo dudas, <> tomaba las riendas.

Capítulo 2- La teoría de Klauss

Era una buena oportunidad para levantarse; sesenta años al servicio de las ciencias representaron todo un acontecimiento en su monótona vida. Hacía nueve que vivía solo, perdió a su esposa en un accidente casero cuando más la necesitaba, entonces llegó a enfermarse, luego supo que padecía de cáncer, tratable en su incipiente fase. Sus colegas lo animaron sabiendo muy fácil la cura, pero… al Viejo le faltaba lo más importante, la voluntad de vivir. ¿Cómo debía sentirse ahora cuando en un abrir y cerrar de ojos recobraba su ya gastada energía? … ¿Y la voluntad?, ¿también la recobraría?; eso esperaba, pues alma y salud siempre han hecho buenas migas; además, ahora muchas cosas cobraban sentido; también, que la principal acción del extraño flujo llegó a ser sobre su alma.

Importante el propósito de salvar a su especie; nunca pensó que un botánico se trazase tal proeza. Sin proponérselo, tomó las riendas del asunto, aunque imaginaba lo despechados que debían sentirse ambos jóvenes, Brenda y Fred. Pensando en ello lo sorprendió la llegada de Nakagawa y el esperado analizador de espectro. Inmediatamente, el viejo se adelantó hacia el asiático con una agilidad sólo propia de un adolescente; luego de mirarlo fijamente, posó ambas manos en los hombros del científico y le dijo con gran esperanza:

― Veamos, creo poder mostrarles el secreto de estas rosas. Pasemos al laboratorio.

El laboratorio se encontraba en una habitación contigua al salón de reuniones. Sus dimensiones eran lo suficientemente grandes como para albergar a todo el auditorio y su interior contenía todo tipo de instrumental y equipos propios de test y mediciones, exceptuando, como era lógico, el susodicho analizador de espectros que acababa de llegar. Con él, Herman Klauss pretendía demostrarles que estas beldades eran diferentes a sus parientes más cercanas y que, además, su inusual emisión era la causa de sus asombrosas propiedades.

― ¡Señores! ―les dijo―, hace años logramos registrar el patrón de ondas telepáticas con nuestro zoom escrónico, hoy, con su ayuda, visualizaremos en el analizador las señales provenientes de nuestras amigas.

Para la prueba fue necesario trasladar las rosas aún en el salón de reuniones y otro grupo de ellas que les alcanzó Fred desde su transporte personal, hacia el laboratorio. Llegaba el crucial momento; todos, impacientes, parecían querer levantarse de sus asientos; otros, los más desesperados, no lo disimularon y se levantaron para observar mejor. Era evidente que estas maravillas reaccionaban ante la presencia de la multitud; ahora, ante la expectativa de todos, adquirieron una postura aún más erguida que cuando fueron mostradas por primera vez. A una señal de Klauss, Nakagawa encendió el peculiar dispositivo usando como interfaz el novedoso equipo. Al unísono, todas las rosas de cuanta variedad de formas y colores pudiesen imaginar, adquirieron una misma postura y el mismo color púrpura, como puestas de acuerdo o reaccionando a la oscilación o cercanía del analizador o su interfaz. Solo Herman Klauss pasó por alto este notable detalle y se concentró en el escaneo de cuanta señal o armónicos de esta proviniesen de las rosas. Barrió todas las escalas, activó el barrido de frecuencias automático, realizó un test a la interfaz… Nada, el equipo estaba perfecto, sin embargo, las rosas no evidenciaban ningún patrón electromagnético de su existencia y mucho menos de su esperada acción.

Un murmullo de desaliento pronto se hizo sentir en el laboratorio; a pesar de ello el viejo botánico no se dio por vencido y ascendiendo al atril de conferencias se dirigió a los presentes:

―Bueno, sigo defendiendo mi teoría; creo que estos fenómenos podrían contrarrestar lo que nos viene encima; según tengo entendido, las partículas de energía negativa que forman la antimateria solo pueden ser neutralizadas por partículas opuestas, ¿bien? Déjenme verlo ahora desde mi posición de buen botánico, modesto y aparte.

El Viejo se acomodó mucho más en la pieza de conferencias, parecía querer ser observado en detalle como para que desapareciesen las dudas sobre su renovado estado de salud y de la acción de las ahora erguidas flores.

― ¿Todavía recuerdan el efecto placebo?… Siempre fue aplicado a estos seres, sí, porque estoy seguro que viven y poseen sensaciones, puede que hasta de alguna forma semejantes a las de nosotros… A lo que iba, en otras épocas, al no tener una evidencia científica o farmacológica, como prefiramos decir, pero sí pruebas de su acción curativa, se comenzó a manejar dicho término y su efecto estimulador para la segregación de hormonas que realizan maravillas en nuestro organismo. Yo heredé la duda de mis anteriores homólogos, tengo que admitirlo; mantengo la idea de que ellas poseen un tipo de vida, diferente, claro está. Siempre las observamos según conceptos poco universales, aún somos omnipotentes, ¡ujum! Amigos, todos estos años me han enseñado que la vida no es solo como la concebimos, ni siquiera la ciencia con que la estudiamos. ¡Nakagawa! ―casi gritó el Viejo―, por favor, corrígeme si me equivoco; ahora voy a hablarles en los términos que tú mejor dominas…Las señales que se detectan desde cualquier fuente se sintonizan a partir de un patrón de ondas generados artificialmente, lo que llamamos un oscilador, ¿verdad?; entonces, ¿qué sucedería si dicho sintonizador nada tuviera que ver con las fluctuaciones que queremos detectar?, ¿si ni siquiera nuestro zoom escrónico puede decodificar su posible emisión extrasensorial? ¿Estaremos en presencia de un desconocido fenómeno?, ¿un tipo de lenguaje o trasmisión que no somos capaces ni de imaginar…?

Ahora más que nunca se acerca a la verdad, doctor ―era el joven Fred; por primera vez intervino en el asunto y para todos resultaba muy interesante su opinión, pues era bien sabida su experiencia con las maravillosas flores ―. El efecto placebo al que se refiere mucho tiene que ver con su capacidad para neutralizar las partículas de antimateria y de cuanto proceso inverso llegamos a conocer. Son fórmulas matemáticamente demostrables, de uso poco frecuente, las que confirman su efecto.

Luego de desplegar la pantalla holográfica del salón, Fred desarrolló todo un paquete de ecuaciones que, a pesar de ser desconocidas por su asombrosa optimización, dejaron boquiabiertos a todos sin excepción. Todo parecía un cálculo absurdo, solo al terminar la larga ecuación integral, sobre todo los físicos Marving y Cheng celebraron a Fred y se ofrecieron a formar parte del equipo técnico que buscaría una solución.

Hijo ―dijo Klauss―, casi te quito la iniciativa; de veras, perdóname, tú y Brenda no deben faltar, sin ustedes esto no va a funcionar…

Mientras hablaban, algo insólito sucedía con las bellas rosas; el recipiente de poli espuma en que fueron depositadas resultó insuficiente para retenerlas, su tamaño se multiplicaba sin parar, y su forma nada tenía que ver con las que adornaban el olvidado paraíso terrenal. No llegaban a verse agresivas ni mucho menos grotescas, solo que su aspecto ahora denotaba una frialdad metálica realmente asombrosa. Ya no parecían tener vida, algo en ellas denotaba una tremenda disposición al combate, como de máquinas programadas para luchar. Solo una, en el mismo centro del grupo, resaltaba por su color, ahora de un rosa más intenso y destellante que antes; daba la impresión de dirigir al resto.

¡Por Dios! ¡Ni aun viéndolo resulta fácil de creer! Yo diría que las dichosas rosas se organizan.

―Estoy contigo Nakagawa ―le contestó Fred―, cuando las conozcan como yo van a sorprenderse mucho más… Conmigo traigo una versión de la interfaz que se adaptó al analizador. Esta vez vamos a secuenciar sus picos extrasensoriales, esta vez, con mi código Verta. Sí, no se asombren, es el mismo que creé cuando comencé mi carrera, solo que ahora mejorado con cuanto código de señal inteligente llegaba a mi antena. Es una lástima ―se quejó apesadumbrado―, si hubiéramos aprovechado mejor los recursos del planeta, hasta en otra solución pensaríamos. Yo les digo y les vuelvo a repetir que no somos los únicos del universo, de eso estoy convencido, si no la base de datos de mi código verta no estaría tan cargada. Lo que pasó fue que estuvimos siglos pensando solo en arreglarnos de la peor manera, por eso hoy estamos aislados, sino, ya estaríamos viviendo en otro planeta de una mejor galaxia. ¿Imaginan con todo el inmenso espacio que nos rodea tener que ingeniárnoslas con rosas? Sé que no es hora de filosofar, pero sí de arrepentirnos si podemos salir de esta.

La doctora Noviko, toda una eminencia en el campo del psicoanálisis, llevaba buen rato observando en silencio al joven Fred y a Brenda.

― No he dejado de mirarlos ―les dijo ―, hacen buena pareja. Las flores también lo notan, ellas mejor que yo, creo que ahora puede decirse que nos sonríen. ¿Ven la del centro…? Es el puente, percibe todas las vibraciones externas, yo diría que en forma de sensaciones. Toda colonia es así, el resto incrementa la potencia y solo una la controla. Si, por el contrario, perciben una cantidad suficiente de energía negativa, seremos testigos de un extraordinario fenómeno; es ahí cuando vamos a medir su emisión. Esa es mi idea, señores.

― ¿Cómo sabes todas esas cosas, Noviko? ― preguntaba Nakagawa.

―Solo lo intuyo, querido, ¿por qué no echas a andar ya tu dispositivo? ¡Ah, otra cosa!―dijo muy animada ―, si, como pensamos, son capaces de neutralizar la antimateria del agujero, creo que ya es hora de ingeniárnoslas para amplificarla y dirigirla hacia una buena distancia, ¿no les parece?

―Está claro, doctora ―le contestó Klauss―; no nos sobra el tiempo. Ahora que nuestras amigas parecen tan dispuestas, vamos a reintentar la prueba. ¡Arriba, chinito! Al mundo aún le queda mucho por andar.

―Fíjese Klauss, ya las rosas están recuperando su forma, y hasta su aroma, ¡no lo puedo creer! ―observó eufórico Nakagawa.

― ¿Te das cuenta, Brenda?, estoy seguro de que las sensaciones de Herman Klauss producen el milagro. Todo su optimismo se convierte en energía positiva, por supuesto, para ellas, jajaja, ―dijo Fred

― ¡Y también para todos nosotros!, cretino, no lo dudes.

Al escuchar a Noviko, el rostro del viejo botánico se iluminó; sin dudas, alguna nueva idea cruzaba ya por su mente y no sería él quien la callaría. Antes que la inteligente mujer dijese las mágicas palabras, Klauss ya desbordaba de alegría; ni por un momento había apartado su vista de las flores; a pesar de sus rápidas transformaciones pudo encontrar en ellas cierta similitud con la Magnolia grandiflora, una especie ya extinguida desde el siglo XXII. No en balde recordaba los poemas que sobre estas pudo leer a temprana edad; los sucesos de su pasada vida, llenos de encrucijadas y atajos , por alguna extraña razón terminaban todos en un mismo camino. Así, ensimismado en tal meditación, casi perdió la noción del tiempo hasta que al fin, comenzó a pronunciar cual demente la extraña palabra.

― ¡Efluvia! ¡Eso!, ¡es la Efluvia la que atrae al agujero!

― ¿De qué hablas, Klauss? Lo único que falta es que te vuelvas loco. ―dijo alarmado, el Patriarca.

―Es solo una hipótesis, hombre. ¡Escúchenme bien! Tengo una idea, bastante atrevida por cierto. Denme solo tres horas para mostrarles entonces mi teoría; no pido nada más. Luego va a ser hora de actuar. Pero, primero, ¡que comience la prueba!

El ingeniero Nakagawa oprimió el power del analizador. El conversor del nuevo interfaz, apenas conectado, comenzó a reaccionar ante la compleja señal de las parientas de la Magnolia grandiflora. En el visor digital pronto comenzaron a notarse los armónicos de la señal compuesta. El asiático, inmediatamente se percató de que la misma portaba todo un paquete de señales en una amplia variedad de bandas que únicamente demodulandola podría separar. De todas formas, existía un inconveniente, al equipo le era desconocido dicho patrón de ondas, por lo que podría identificarlas pero no analizarlas hasta después de un riguroso test. Otra vez la intervención de Noviko llegó a ser de gran ayuda:

―Fíjense bien amigos… el máximo nivel de sus fluctuaciones se refleja en su semiciclo positivo. Les aseguro que en estos momentos nuestras Magnolias irradian energía positiva, gracias a la euforia del descubrimiento y al optimismo de todos…

― ¡No faltaba más, doctora! ―era el representante de la comunidad capital―. Claro que su optimismo es impresionante, pero… ¡basta ya de soñar! Mire, el infierno se nos viene encima y llevamos más de seis horas desperdiciando el tiempo…

En ese mismo instante, Nakagawa tuvo que aumentar la escala de amplitud del analizador. Los picos negativos de la señal extrasensorial estaban saturando la pantalla digital, señalando inequívocamente OVERLOAD.

― ¡Solo denme tres horas, quizás menos! ―repitió Herman Klauss.

Capitulo 3 – Mucho más que conjeturas.

A una señal del Viejo, tras él marcharon Brenda, Fred y Noviko. Ascendieron hasta la planta 105 en apenas tres minutos y se refugiaron en la más cómoda de las instalaciones del matriarcado, aislados de todo y de todos. Herman Klauss, desde hacía poco, siempre acompañado por su búcaro con flores. Ahora, junto a la Magnolia grandiflora también se encontraban dos ejemplares de Poncirus Trifoliata, bello espécimen, al parecer, con las mismas cualidades que las inteligentes rosas. Apenas acomodados en la extensa sala, Fred tomó la palabra:

―Doctor Klauss, no digo que sea menos importante, esto que vamos a hacer depende de un pensamiento colectivo, pero ahora que estamos solos le diré que ya todas esas pruebas las hice en Monte Lukast; mis cálculos, además, no son virtuales. Estas especies solo se diferencian del resto por responder a su colonia. En fin, todas con las que convivimos poseen una inteligencia sin igual, ¿acaso sigue creyendo que los humanos nos hemos desarrollado solos en este mundo?

En realidad, era Fred quien más las conocía; el Viejo lo miraba avergonzado, casi lo había excluido del grupo, pero, bueno, se dijo, rectificar siempre fue de sabios. Mientras

el joven hablaba, su vista se había clavado en los prominentes senos de Noviko, en verdad eran asombrosos y hasta llegó a pensar en superlativo imaginándola aún más cerca mientras estos se desbordaban desabotonando aparatosamente su blusa. En ese instante, un fuerte espasmo apenas recordado recorrió sus planos inferiores haciendo temblar al pobre hombre. Fue entonces cuando Noviko, que ya se había dado cuenta, le dirigió su ya practicada mirada, que de tantas situaciones semejantes la habían librado. No fue necesario nada más; Klauss cruzó con prisa las piernas y casi volteó su torso en dirección contraria a la mujer.

― ¿Algo le molesta señor? ―preguntó sin maldad, Brenda.

―Deben ser las flores ―dijo con evidente ironía, Noviko.

―… Mis rosas ―continuaba Fred ―primero cubrieron el ala oeste de Monte Lukast; dicen que allí todo cambió desde entonces; eran otros tiempos, lo sé por mi madre; ahora comprendo su exagerado hobby, nunca faltaron estas en la casa, creo que me trasmitió su obsesión por ellas. Luego, toda la zona se cubrió de flores, por toda la cima hasta el este. Enseguida mi padre comenzó a estudiarlas; al igual que usted, era un excelente botánico. Mis experimentos, como sabrán, sucedieron a sus notas; aquí se las traigo, créanme, al principio parecen algo ingenuas pero les aseguro que van a ponerse a pensar.

Sin esperar mucho, el joven les entregó el viejo pero bien conservado cuaderno. También les sugirió convertirlo en algún formato digital; en él se notaba una gran variedad de dibujos de cuantas flores había estudiado.

―Muy interesante ―murmuro el anciano.

―Lo más interesante ―lo interrumpió el joven― es que usted haya tomado en cuenta, como mi padre, a la Efluvia.

La inteligente Noviko no pudo menos que fruncir el ceño al escuchar esta palabra; realmente no resultaba común escucharla hoy día. Trataba de algo que muchos consideraban místico; sin embargo, en el campo de la metafísica, sobre todo a partir del siglo XXI, fue objeto de estudio para las mentes más desprejuiciadas del nuevo milenio. Pocos se atrevieron a escuchar entonces al viejo astrónomo Chernikov; estaba convencido de la existencia de extraños cuerpos que, en forma de nubes, cubrían la ionosfera, siempre precediendo a catástrofes y desastres naturales, incluyendo guerras y todo tipo de enfermedades que, como el evola y el sida, devastaron a la humanidad. Solo él supo la razón de su existencia: los pensamientos negativos de la decadente humanidad tomaban forma en la capa más eléctrica de la atmósfera y provocaban tales desastres. Para el viejo astrónomo, hasta las más disparatadas teorías religiosas llegaron a converger con las ciencias. Alma o energía, sea cual fuere, dejaban un rastro en los límites del mundo. Por pensar así fue tildado de loco y relegado aparentemente al olvido.

―Señores ―dijo la exuberante mujer―, tomemos por ejemplo, en serio, el asunto este de la Efluvia; es decir, ¿esta vez el nivel negativo de los pensamientos humanos se ha elevado tanto que ha sido capaz de atraer un agujero negro? ¿Por qué no mejor un huracán? ¡¿O un terremoto escala 11 como el de finales del 2200?!

― ¿Por qué? ―respondió Klauss poniéndose de nuevo frente a la mujer― pues porque el universo vive y siente más que todos nosotros; porque el hombre ha descendido tanto que no puede menos que desaparecer…

―A no ser que el hálito de mis rosas lo haga cambiar de opinión ―respondió Fred―, levantándose de su asiento.

Si alguien grabase el crucial encuentro, luego, al reproducirlo, tal vez pensaría que cuatro locos apostaban por decir el mayor disparate…

Con cinco largos pasos cubrió la distancia entre una pared y otra de la pequeña y cómoda habitación, mientras observaba desafiante a cada uno de sus compañeros. Cruzó las manos tras la cintura, y luego exhalar una fuerte dosis de oxigeno, se decidió a soltar la bomba que desde hacía ya tiempo guardaba.

―Durante los últimos años no he hecho más que estudiar las rosas que cubrieron el Monte Lukast, primero por curiosidad, luego por la pasión que me produjo saber que mi padre llegó a ser mucho más que un jardinero. Todos los apuntes de mi trabajo los pueden extraer de mi vitroordenador. Allí van a encontrar cuanto necesiten sobre nuestras amigas. Solo les voy a adelantar que son la especie superior en la escala evolutiva de cuantas hoy conocemos en el planeta. Además, ¡aguántense!: estoy seguro de que son capaces de sumar a su colonia al resto de las que consideramos comunes y corrientes.

―Es decir ―reaccionó Nakagawa―, si logramos descifrar el lenguaje de las rosas estas podrían sumar todas las especies del planeta para multiplicar su flujo de energía positiva…

―…Y así desaparecer a la Efluvia que nos rodea ―concluyó Herman Klauss.

― ¡Jajaja! ―La risa de Noviko sobresalió en la habitación―. Es probable que desde hoy crea en el mal de ojo, eso es lo que le ha pasado a esta humanidad. También nos queda captar el flujo de energía positiva de nuestras niñas, amplificarlo y luego dirigirlo hacia el agujero, por si acaso… Teóricamente, su emisión positiva será capaz de neutralizar la antimateria. De todas formas, esta es la mejor opción, debemos correr el riesgo e invocar al Dios en quien ya creo.

―Tengan en cuenta ―alertó el viejo― que la polaridad de la energía floral depende del medio, así pudimos comprobarlo. No sé si quede tiempo para transformar al hombre.

―De nuevo, las rosas jugarán su papel.

Al decir esto, Fred dejó bien claro que la salvación del planeta estaba en manos de la Madre natura, y nada más.

Capitulo 4 – La antesala del contraataque

La cuenta regresiva ya había comenzado. Desde el 26 de marzo de 2271 comenzaron a variar desordenadamente las temperaturas. El invierno del 2270 fue el más largo de toda la historia. Para evitar el pánico, se ocultó que el eje del planeta se había desplazado, entonces, nada menos que 3.2 grados…

Martes, 13 de noviembre de 2271, 20:30 horas:

La familia Robin acostumbraba a reunirse a diario, principalmente a la hora de la cena; les resultaba importante aprovechar cada momento de coincidencia; siempre fueron muy unidos, a pesar de sus diferencias, sobre todo religiosas, pero, ¡que les importaba este marcado contraste! La familia siempre fue lo principal, los nuevos tiempos, quizás los últimos, eran realmente diferentes. Cierto tipo de terror se expandía entre la gente, pero no para ellos; siempre lo hacían antes de la cena, pero podrían hacerlo en cualquier momento, en cualquier lugar. Juntos, todos ellos, cogidos de la mano, oraban por su dios, siempre desigual. Era algo innato, una especie de ritual de este tipo de gente. Si el interfaz mejorado de Fred y el analizador de Nakagawa hubiesen estado presentes, una vez más lo confirmarían. En la casa de Robin nunca faltaban las flores, el más bello jardín del condado la distinguía. Sería por ello que la hermosa rutina familiar incitaba al mismo, para que todos los días, aproximadamente a la misma hora, un fuerte flujo de energía positiva se desprendiese del número 164 de la avenida 4, en la ciudad de Rudolf.

Una de las determinaciones del consejo fue colocar en todos los satélites activos y los nuevos puestos en órbita, detectores y filtros del flujo de energía que irradiaba el planeta hacia la ionosfera. En el último escaneo se supo que las nubes de antimateria, que ya se identificaban como Efluvia, eran tan densas y tan extensas que podían llegar a ser la causa desconocida, hasta hoy, del ruido eléctrico y la interferencia de señales provenientes del hiperespacio. Solo ahora se profundizó en las hipótesis de Chernikov para entender un poco más el extraño fenómeno. Eran los únicos responsables del holocausto, y revertir el proceso ya puesto en marcha representaba un cambio tan radical en el hombre actual, que muchos dudaban del éxito. Unos pocos audaces y soñadores filósofos aún confiaban en lo que llamaban << la real naturaleza de la raza humana>>. Para ello, desechaban a diario todo tipo de críticas que al parecer, los colocaban en una perspectiva de ineptos en tan crucial momento. Bien controvertidas resultaban sus posiciones, sobre todo cuando la ciencia llegaba casi a colindar con lo sobrenatural; además de ello, ¿serían también capaces de mezclar la magia, la sorprendente razón del romanticismo que las beldades inspiraban? Es posible que no, pero sí dejar claro que todo respondía a una verdad objetiva. Ahora, si sus amigas las rosas eran capaces de estimular tanta energía positiva, pues hasta los sueños y poemas que aún trascendían, bien que valdría la pena guardarlos. De lugares tan diminutos como la casa de los Robin, era notable una tremenda emanación de tal energía; asimismo, de aislados rincones de ambos continentes, sobre todo en las iglesias y organizaciones fraternales. La radiación era tan fuerte en contraste con los pequeños focos de los cuales surgía, que si los mismos se incrementasen, otra Efluvia cantaría.

Miércoles, 28 de noviembre de 2271, 03:15 horas

Las aguas del océano norte llegaron a subir hasta 1 metro en la bajamar; se estimaba que podían llegar a alcanzar niveles superiores a los 3 metros, próximamente. El observatorio Hubble 5 estuvo enviando desde anoche imágenes bastante claras del agujero. La histeria colectiva que podrían desatar tales desastres solo incrementaría las cargas de pensamientos negativos en el planeta. En efecto, nunca existió una frase más acertada que cuando Brenda preguntaba si alguna vez habían enviado rosas para el infierno.

Últimamente, resultaban poco frecuentes los encuentros en la casa principal del matriarcado. Los equipos de trabajo creados se encontraban en plena acción. En uno de ellos, presidido por el doctor Klauss, él mismo impuso, más que sugirió, una urgente medida:

―No creo que haya mucho que discutir. Ya los bancos de rosas madres están funcionando; el grupo que dirigen Nakagawa y Cheng terminaron las macro antenas polarizadas, solo esperan la orden para comenzar a emitir. El único detalle pendiente a resolver es que aún es muy pobre la inyección del flujo positivo, creemos que el pánico que desata la proximidad del hoyo nos está dando qué hacer. Las rosas madres ya se entienden con otras especies, hasta las más comunes, donde quiera que estén; es maravilloso ver lo que pueden hacer. Brenda solo espera mi aviso para repoblar cada rincón del planeta; calculamos que en menos de una hora, luego de sembradas, ya estén irradiando su potente energía hacia sus pacientes, los hombres. Esta acción se prevé terminarse en menos de 24 horas.

Por supuesto, nadie replicó. Dicho esto, el viejo botánico contactó con Brenda mediante su intercomunicador sónico, pues, desde la noche anterior, todos los biocelulares del planeta se habían desactivado.

―Querida, que comience la operación… ¿Qué como la llamaremos? ¡Tú misma creaste el nombre!… ¡Así será!: <>.

Miércoles, 28 de noviembre de 2271, 22:50 horas.

Todos esperaban la marea alta, sabían que sería diferente, pero no así. El crepitar de las olas anunciaba su llegada, y el físico Cheng, el mismo que días antes diese su apoyo a Fred y su equipo, observaba impasible el inmenso océano hasta que el extraño murmullo de las olas, junto a la tibia e inusual brisa de esa noche, llegó a perturbar su acostumbrada calma. No debía suceder, pero como para terminar de crear el pánico, fue opacándose la bóveda celeste hasta casi desaparecer las estrellas. En las noticias de la siguiente mañana pudo conocerse que un descomunal tsunami en la noche anterior había batido de costa a costa las islas Komodos sin dejar ningún sobreviviente. También, que en la ionósfera terrestre se estaba produciendo un raro fenómeno; una serie de nubes grises comenzaban a bloquear la luz solar en toda la Tierra; cualquiera pensaría que presentían el peligro de las rosas, sin la luz, perecerían…, de igual modo la vida en el planeta.

El intercomunicador sónico de Brenda apenas sonó. Exaltada desde la noticia de Komodos, prácticamente no descansó. Esperaba ansiosa la llamada de Fred, no precisamente para su habitual cita. Seguro era necesario acelerar la repoblación de las rosas en todo el planeta con el inconveniente ahora de la escasa luz, tan necesaria para su proceso de fotosíntesis. En efecto, era su amigo; esta vez no mediaron sus cariñosas y eróticas frases hacia la joven. Brenda solo pudo notar su tono de preocupación; no era para menos, le hizo saber que no concebía tanta casualidad. Comenzaba, además, una lucha contra el tiempo y las adversidades.

― ¡Pequeña! ―le dijo― esto no está nada fácil, pero lo vamos a resolver. ¿Recuerdas la prueba con el receptor de energía luminosa…? Quizás no lo recuerdes, pero esta alternativa también la tuvimos en cuenta.

―Puede que la batalla entre el bien y el mal no sea solo una leyenda. Ahora dime, ¿cómo haremos llegar esta luz a los lugares en que estarán las flores…?

― ¡Ya te lo dije! ―replicó Fred―, vamos a probar el receptor y reflejaremos la luz mediante un inmenso espejo holográfico…

― ¡Pero…, ya no hay tiempo para pruebas! ―dijo la alarmada Brenda.

―Confía en mí, pequeña, esto me da deseos de hacerte el amor…

―Debes estar loco; si algo sale mal, ni flores, ni sexo, ni nada, adiós el planeta. Ayer un meteorólogo se comunicó conmigo para alertarme que muy pronto bajarán las temperaturas… también estoy pensando que no falta mucho para que comiencen a incrementarse en el núcleo del planeta. Esto que vamos a hacer tiene que ser ya…

―Y en este mismo momento. El nuevo satélite Strong VII ya cambió su órbita. Pronto, la mayoría de su familia lo hará igual. Nakagawa y yo, personalmente, le adaptamos un transmisor de energía luminosa; fue tan rápido que ni nombre se nos ocurrió ponerle. Ahora mismo, el chinito está terminando de programar el espejo holográfico; verás que todo va a salir bien y pronto estaremos de nuevo en la cama, ¡jajaja!

Su amigo había podido inyectarle un poco de ánimo, con las nuevas, y la joven, al igual que Klauss cuando recibió la primera dosis de energía floral, saltó de la cama poseída ahora de gran optimismo y esperanza. No lo notó, pero las rosas que ocupaban el hermoso búcaro en su mesa de noche, incrementaron su color naranja y despidieron un fuerte y agradable aroma que sí fue percibido por Brenda. La muchacha no pudo evitar voltearse y les dijo:

―Preciosas, todo saldrá bien…

Ya en camino hacia el centro principal de operaciones, fue dando instrucciones a todo su equipo distribuido en los dos continentes. Algunos jefes de grupo casi se resistían ante el nuevo panorama de la escasa luz, pero la orden era precisa e irrevocable: REPOBLAR DE ROSAS CADA RINCÓN DEL PLANETA SIN EXCEPCIÓN. Era la última esperanza y no se debía esperar un segundo más, al margen de que el trabajo, o mejor dicho, el experimento de Fred y Nakagawa, tuviese éxito o no.

Capitulo 5 – Las palmas para Noviko

El proyecto estaba muy bien pensado; por encima de la ionósfera el Strong VII y familia recibirían la energía luminosa proveniente del Sol; la dificultad consistiría más que en codificarla, en reenviarla a través de la capa infectada de las ya inmensas nubes grises. La doctora Noviko, ahora más despampanante que nunca, aportó como siempre algunos elementos propios del psicoanálisis, muy necesario a tener en cuenta, aun cuando en este momento solo podía considerarse una hipótesis.

El improvisado salón de reuniones no contaba con el acostumbrado atril; por ello Noviko prescindió del mismo para dirigirse a los presentes y a toda la comunidad de científicos y mandatarios a través del viejo sistema de cables, pues la interferencia y la estática eran tan grandes que hubiera sido imposible otro tipo de transmisión.

Parada en medio del salón, resaltada su figura a través de luces concebidas para la escena, si no fuera por el temple de la escultural mujer, no pasaría por alto cuanta mirada obscena y erótica despertó aún en este difícil momento, desde el salón y mucho más allá de los cables. Simplemente, no se debería tener sangre en las venas para verla de otra manera.

―Vayamos al grano ―comenzó― esto que escucharán es solo una hipótesis, ya no hay tiempo para ensayos ni demostraciones. Si sale bien, aún existirá la posibilidad de continuar; de lo contrario, vayan encomendando sus almas al dios en que mas crean. Ya no resultará nueva la recepción y codificación de cualquier tipo de energía, todos sabemos cómo se revolucionaron estas ciencias desde hace siglos. La nueva cuestión es que ahora sabemos que las malditas nubes son el resultado de los pensamientos negativos de la humanidad, y en mi opinión poseen inteligencia, piensan. Quiero decir que, como huéspedes de la ionósfera, seguro habrán analizado cómo nos comunicamos en el éter, nuestros códigos, también nuestros planes.

Desde el sur de la zona africana, Herman Klauss la observaba, por primera vez con ojos diferentes. Sus oficinas, ahora situadas en lo alto del pico Msongo, por indicaciones de Noviko, irradiaban desde un común equipo de audio toda una antología de antiguas melodías hacia las inteligentes aliadas del hombre. Por alguna razón, al Viejo le vino a la mente su singular terapia acústica y pronto la relacionó con la idea de su adorada doctora, pero… ¿Con tan baja frecuencia? El audio no rebasaba los 15 kilo ciclos, pensaba que no, sería imposible. Mejor terminar de escucharla, ¿y por qué no?, también de verla.

―Mi idea consiste ―continuó Noviko― en multiplexar; ¿voy bien, Nakagawa?, en mezclar los códigos de la energía luminosa con las más antiguas señales de audio, algo así como la música, es una señal altamente compuesta, para luego modularla con la portadora que atravesará la ionósfera hasta los receptores, que luego de procesarla, proyectarían la luz hacia los espejos holográficos…

― Dígame una cosa, doctora ―intervino uno de los representantes de la comunidad― ¿Qué tiempo tardaría todo esto? Recuerde que el pánico se propaga y con él, pues, ya usted sabe…

― ¡Dilo hombre, dilo! Los pensamientos negativos ― lo ayudó el físico Marving que acababa de llegar. ― A propósito, déjeme responderle; la idea de Noviko ha sido genial, sobre todo lo de enmascarar los códigos en paquetes de música. Esto último es lo único que tendremos que desarrollar.

Capitulo 6 – El contraataque

Todo el ingenio y la sabiduría de los hombres habrían sido insuficientes si no hubieran contado también, esta vez, con un poco de suerte. Bajo un torrencial aguacero comenzó el ensayo; no podía llamarse de otra forma. Corría el 3 de diciembre de 2271 y desde hacía unas 20 horas nuestro suelo se había convertido en un inmenso jardín. Brenda, con todo su equipo de ciborg, los representantes de la comunidad y hasta miles de renegados comprometidos en el asunto, terminaron la hazaña. Al unísono, los retransmisores de luz en que se habían convertido las ciento cuarenta y cinco estaciones orbitales, recibieron la esperada señal. Todos sus sistemas de seguridad reportaron una gran concentración de nubes en los límites superiores de la ionósfera, al parecer, con intenciones de interferir la operación. Esto no podía impedir lo que había comenzado. Klauss, ahora al lado del patriarca Neybord, lo dejó bien claro. Era todo o nada.

La transición entre recepción y transmisión llegó a ser imperceptible, solo los nanosegundos necesarios para mezclar los códigos con la música y modularlos con la potente portadora. El proceso se concibió para que de cinco en cinco, cada nueve veces, comenzasen a retransmitir la energía luminosa. De esta forma siempre existiría una reserva en caso de algún posible fallo, además de no sobrecargar a las estaciones; el peligro seguía siendo las nubes.

Puede que algo hubiese fallado, todos pensaron lo mismo, de todas formas era esto también una posibilidad, lo cierto es que el primer envío nunca llegó.

― ¡Vamos a ver! ―gritó Fred― Lo único claro es que las nubes están haciendo de las suyas…

― ¡Y también, que los acordes de música enviados no son de este planeta!, ¡son del código Verta de Fred! Pongámosle algo que ya conozcan y verán los resultados.

― ¿Estás seguro Santiago?

― ¡Pruébalo y veras!

Tenía razón; con toda intención musical y sin otro tipo de ánimos, alguien de diferente gusto, sustituyó nuestras melodías por extrañas baladas de otro sistema planetario. Pero, bueno…, lo que realmente hacía falta era que la Efluvia lo pudiese distinguir…

Parece que así fue, pues al reenviar la primera secuencia, todas ellas sin excepción, descendieron dejando abierto el camino de la propagación.

Los receptores de Norteamérica, México, Cuba, Ecuador, Argentina y Chile en las Américas, y de Rusia, España, Nueva África, Nueva Asia y Noruega, por Europa, comenzaban a recibir la señal codificada de la energía luminosa. ¡Quién lo iba a decir!, el hombre apostaba su última carta y bien podría ganar, nada menos que con flores y buena música.

Todos los módulos se programaron para emitir la luz a las 17 horas en punto del 3 de diciembre; se tuvo en cuenta todo. Hasta última hora, las comunidades estuvieron al tanto del proceso, despertando paso a paso la tan necesaria euforia para contrarrestar un poco la negatividad. En múltiples hogares y áreas de la comunidad fueron montados inmensos espejos para reflejar la emisión hacia los lugares más recónditos de cada casa, sobre todo, donde hubiese un jardín, por su puesto, con flores.

3 de diciembre de 2271, 14: 30 horas.

Las torrenciales lluvias que dieron paso a este día llegaban a ser tan copiosas que el manto freático amenazaba con saturarse, y por si fuera poco, el temporal ya afectaba a casi todo el planeta.

― ¡Esto no puede ser otra cosa que mal de ojo! ―protestaba Herman Klauss, al teléfono― ¡Ya se están produciendo inundaciones…!

― ¡Y dígalo! ―le respondió Fred― ¿Qué pensaba? ¿Que nos iban a dejar terminar así no más? Mi amigo, la Efluvia, con todas esas nubes que la componen, no son solo el mal literalmente, también lo son física y científicamente. Métase algo en la cabeza: ellas piensan y deciden en colectivo. La acumulación de todo tipo de mezquindades humanas las dotó de un conocimiento muy amplio de nuestra naturaleza; recuerde que han sido siglos de convivencia. No quiero desalentarlo, doctor, pero no va a ser nada fácil… hasta la verdad tendremos que manipular.

― ¿Entonces? ¿Dejaremos morir a las rosas?

― ¡No sea tan dramático, hombre! Si leyó bien mis apuntes verá que mis nenas también vivieron un poco bajo el mar, así que lo que tenemos que hacer es preocuparnos un poco más por la gente y evitar, sobre todo, que vuelva a cundir el pánico. Ahh, siempre se me pasa algo, pero creo que mejor lo tratamos en otra ocasión…

― Dime, no te cohíbas…

― Bueno…, es sobre el lenguaje de las niñas, ¿pudieron por fin descifrarlo?

El silencio fue la respuesta; al parecer la lluvia interrumpió la conversación.

Era de esperar que, con tanta inteligencia y, sobre todo motivación, a pesar de la lluvia, llegara la claridad, y como en los cuentos en que todo sale bien (en este caso casi bien) las rosas comenzaron a trabajar, y tras ellas, como se dijo <>.

Lo que sucedió después tampoco llegó a ser sorpresa; en contraste con el cercano desastre, toda la ecuanimidad del mundo les permitió pensar. Así mismo hubiese hecho falta a mediados del XXI, para evitar la tercera gran guerra mundial.

Capitulo 7— Un imperio de pétalos

Saliendo todo bien, alguien pudiera pensar en bajar las tensiones; nada más lejos de la verdad; la hora cero recién se acercaba, pudiera decirse que se encontraba a un paso de los hombres y de todo cuanto habían creado.

Luego, al dejar solo vestigios de la Efluvia, procedieron a direccionar con la ayuda de los poderosos macro telescopios fabricados por Rusia, las potentes antenas que muy pronto enviarían más de 200 Gigawatts de radiofrecuencia, conteniendo todo el flujo positivo de energía generado a través de las rosas y los nuevos habitantes del planeta, hacia el mismo centro del monstruo come-galaxias. La proximidad del agujero era tal que no fue necesario utilizar el peligroso complemento de Tárgum.

A nadie le resultó extraño contar siempre con la presencia de rosas, cada vez más bellas por cierto, mucho más perfumadas. Algunos entendidos sí se percataron del notable incremento de la nueva especie de Rosa Chinensis; su arrogante presencia no les impedía encontrarse en el más improbable de los lugares, su color rosa vivo contrastaba con el hábitat en que llegó a descubrírseles. Por otra parte, quien tuvo referencias de las mismas en el pasado, seguro se asombraría al contemplarlas ahora, tan inmensas, tan volubles en aspecto y aroma, que no cabían dudas de que su vida era algo más que la simple energía que estaba salvando al planeta. Muchos refirieron sobre nuestros reflejos… perdón, he querido decir, sus reflejos. Resultaba contradictorio observar, cómo eminentes botánicos de la talla de Klauss, dejaron de prestarles atención, ni el efecto placebo de sus conocidas amigas llegaban a animarlo, parecía que algún remordimiento lo estaba lastimando.

Fred, siempre al tanto de las colonias que cubrían ahora el planeta, también notó el cambio. Nadie mejor que él pudo establecer una especie de mímica con sus beldades, pero nunca la comunicación necesaria para poder calcularlas. Sabía lo importante que resultaba descifrar sus ideas, y si era posible, también limitar su fecundación. No dejaba de pensar en lo mismo hasta incluso dudar de Klauss y Nakagawa. ¿Por qué siempre evitaban hablar del resultado del análisis al flujo extrasensorial de las rosas? Recordaba cómo en una ocasión, al entrar sin aviso al laboratorio, pudo observar a Nakagawa eufórico, articulando algo frente a estas, mientras Klaus, con sus ojos como sapo, las miraba, y sin bajar la cabeza, tomaba apuntes que seguro solo él entendería. Algo le tenían oculto, y estaba seguro, era la razón por la que el Viejo se encontraba deprimido.

El 20 de enero de 2272, exactamente a las 19:13 horas, dejó de ser necesaria la emisión de energía positiva hacia el hiperespacio. Toda la antimateria que antecedía al hoyo se esfumó; ya no existía razón para tantas flores; sin embargo, allí estarían mientras no decidieran lo contrario. En la madrugada del 21 de enero, Herman Klauss sufrió una repentina recaída de salud, dijo adiós a su vida cuando más le florecía. La noche anterior, agobiado por la insistente tos, apenas terminó las notas que el terror desatarían.

ELLAS NOS DIERON LA FÓRMULA, AHORA QUIEREN EL CONTROL.

Hasta aquí estas crónicas. Hoy es 30 de Mayo de 2340. Luego les daré más detalles, enseguida regreso, debo ir al centro a cultivar más humanos…

Fin

Muchas gracias para Javier por este relato, espero que los lectores lo hayan disfrutado, y mucha suerte para el autor en el concurso.

Comparte este artículo con tus amigos