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Mi Padre, tiene una finca en el Estado Portuguesa (aquí en Venezuela), y mi Mamá tenia otra, están relativamente cerca, pero igualmente existe una distancia considerable entre ambas. Siempre me gustaba salir a caminar por las tardes con mis perros, y un día decidí que sería buena idea probar a caminar desde una finca a la otra.

Como siempre los perros decidieron seguirme, sin saber que en esta ocasión la caminata sería mucho mas larga. El sol de Portuguesa puede ser inclemente, pero aquella tarde, las nubes lo tapaban un poco así que el camino no fue agobiante, pasamos por varias cercas, abrimos y cerramos varios “peines” (suerte de portón en una cerca hecho con palos y alambre de púas) y varias rejas, y antes de darnos cuenta, estábamos en los límites de las tierras de mi Padre.

Salí por la reja y detrás de mi se vinieron todos los perros, excepto uno, El Goldie, un pequeño perrito de hermoso pelo dorado, muy parecido al de la fotografía. Todos los perros y yo estábamos del otro lado de la reja excepto él. En un principio pensé que estaba cansado, pero luego recordé que en otras ocasiones habíamos caminado mas, aunque siempre circunscritos al interior de la Finca. Así que llamé al perro:

-¡Goldie! ¡Ven!… ¿Goldie? ¡Goooldiiieee! – Me alejé un poco a través del camino para que se diera cuenta que no nos íbamos a regresar, le hice señales, lo volvía a llamar – ¡Goldie! ¡Goldie! ¡Goldie! ¡Ven!.

Pero nada, no hubo manera. En un principio se quedó allí mirándonos, pero cuando se dio cuenta que no íbamos a regresar, lo vi tomar el camino de regreso a la casa.

El resto de los perros y yo, continuamos caminando por un camino que atraviesa otras varias fincas, y finalmente llegamos a la finca de mi Mamá, me bañé un rato en el rio, los perros me miraron como si estuviera loco (¿por qué será que parece disfrutar con algo tan horrible?) y nos regresamos. Con el sol casi hundido en el horizonte, el camino se me hizo mucho mas llevadero.

Cuando llegamos a la casa, nos encontramos a Goldie, el perrito nos esperaba en su lugar de costumbre, y nos saludó muy cariñoso, como siempre. En muchas otras ocasiones repetimos aquella caminata, e invariablemente, Goldie siempre se regresaba solo a la casa.

Pero lo que no termino de entender es ¿por qué decidió no cruzar esos límites? ¿Qué era lo que pensaba? ¿Mi territorio termina aquí? Pero ¿por qué? Atravesábamos muchas rejas, atravesábamos muchos peines, ¿qué tenía aquella reja de especial? ¿Por qué los otros perros la atravesaban sin ningún problema y sin embargo Goldie jamás se atrevió?

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