Los Cielos de Júpiter: Plomo de Io

La llegada de mas gente a la Universidad de Ganímedes se tradujo en un mayor flujo de carbono, y todo parecía indicar que la vegetación no estaba perdiendo tiempo en aprovecharlo, o al menos eso pensaba el joven Joseph mientras tenía que saltar y agacharse transportando  en su espalda un pesado lingote de plomo entre todos aquellas raíces, ramas, hongos, etc.

Desgraciados árboles ¿por qué no los hacemos arder? ¡crecen en todas partes!

No te quejes y piensa en el dinero, piensa en todo el dinero —Los verdes ojos de Miriam se iluminaban cuando hablaba de dinero.

Yo no estoy en esto por el dinero, solo quiero ver a todos esos Inquisidores bien muertos —El rostro de Joseph se retorcía en una mueca cuando pensaba en los Inquisidores.

Sin los Inquisidores no habría piratas, y sin los piratas ¿donde estaría yo?

¡Niña tonta! Estarías estudiando en una Universidad como esta, estaríamos desarrollando nuevas tecnologías, construyendo nuevos hábitats, ¡explorando nuevos mundos!

Pero Miriam lo miró como si les estuviese hablando en otro idioma— ¿esta ruina era una Universidad? Y ¿qué estudiaba la gente aquí? ¿Jardinería?

Joseph se dio por vencido, habían llegado al cuarto de reactores y el calor comenzaba a apretar, en su interior hombres y mujeres sudorosos trabajaban incansablemente.

¿Qué se supone que hacen con todo este plomo? —Preguntó la chica.

No tengo idea, sé que usan el plomo como aislamiento, pero antes lo pasan por una serie de aparatos, nadie se ha detenido a explicarme.

¿Has preguntado?

Hmmm no…

Bonito estudiante serías tú.

En medio de la gente que iba y venía incesantemente había un hombre que parecía estar dando todas la órdenes, Miriam lo reconoció, era el tal Rackham, ella no sabía quien era, pero si hasta los capitanes le obedecían ella no sería menos. Se aproximaron al sujeto y este de inmediato les dijo:

¿Ese plomo es nuevo? Muchas gracias chicos, pónganlo allá. —Señaló una gran pila de lingotes.

Joseph se apresuró a obedecer, pero Miriam se quedó mirando a Louis.

Señor Rackham ¿puedo hacerle una pregunta?

Puedes hacerla y esperemos que yo tenga una respuesta.

—¡¿Qué es lo que está haciendo con todo este plomo?!

Ante aquellas palabras, la actividad de toda aquella gente cesó y todo el mundo se detuvo a escuchar la respuesta de Louis. Este miró a todas aquellas personas, se sonrió y levantando la voz explicó:

Voy a contarles el secreto mejor guardado de todo Júpiter —con una mano extrajo el lingote que Miriam llevaba a sus espaldas— esto mis amigos no es plomo como el de la Tierra, Marte o los Asteroides; esto es plomo de Io, esto es plomo de Júpiter, el planeta mas grande de todo el Sistema Solar, el planeta que atrajo a los elementos mas pesados, a diferencia de los otros planetas, en Io esos elementos no se quedan enterrados, en las profundidades del núcleo, el vulcanismo lleva esos materiales a la superficie continuamente —sostuvo el lingote frente así como quien sostiene la joya mas valiosa— este plomo está mezclado con pequeñas cantidades de uranio, plutonio, berkelio, y lo mejor de todo, livermorio. Para el resto del Sistema Solar esto es solo plomo, pero nosotros hemos descubierto como extraer esos elementos, así que para nosotros, este plomo es mas valioso que el oro.

Louis le devolvió el lingote de plomo a Miriam que se lo quedó mirando con nuevos ojos.

Pasternack entró en la sala y le comunicó a Louis:

El último bache fue suficientemente rico, ya estamos listos para terminar un nuevo reactor.

Rackham dio un resoplido como para quitarse el calor y siguió a Pasternack a la sala en donde armarían el nuevo dispositivo.


Los destructores no perdieron tiempo y los bañaron con misiles para a continuación retroceder a una distancia segura.

—¡¿Allan crees poder con eso?!

El pobre Allan ni escuchó lo que le decía Sheila, estaba demasiado concentrado intentando destruir los misiles que se aproximaban a toda velocidad. Pero al ocuparse de los misiles descuidó a los drones caza-bombarderos que a continuación los atacaron con impunidad. Los contó, uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, ¡siete impactos! Antes de que Sheila consiguiera evadir.

En alguna parte se escuchaba el mortal pitido del aire escapando al vacío del espacio.

Almirante Sheila, tenemos que escapar —se escuchó la voz de Waldemar por la radio— hemos sido golpeados con todo por esos condenados drones, no vamos a aguantar otra paliza como esa.

Está bien capitán retírese, —la voz calmada de Sheila todavía guardaba cierta compostura, a Allan le gustaba escuchar aquello, significaba que aún no se había dado por vencida— pero háganos un favor, no escape a toda la velocidad que le permite su nuevo reactor, intente atraer algo de la atención del enemigo.

Excelente idea Almirante —Waldemar puso énfasis en aquella última palabra indicando que verdaderamente admiraba a la mujer, con aquella táctica no solo salvaba la vida de sus hombres, también les daba una salida útil y digna de la batalla.

La corbeta Prospera Riqueza hizo amago de retirarse, pero cuando los enemigos dejaron de prestarle atención, Waldemar se aproximó por debajo y por detrás (el viejo capitán sabía que por allí la gente siempre prestaba menos atención) a los dos destructores y los bañó con una ronda de torpedos que atinaron a uno de los destructores en todo el centro, lamentablemente las naves de la flota Inquisidora eran muy resistentes y el daño no fue mucho, pero consiguió provocar la ira de la tripulación del destructor que se lanzó en persecución de la Prospera Riqueza.

Waldemar y su gente podrían escapar del fuego con facilidad, pero se retrasaron un poco como sugirió la D’Aramitz para parecer un blanco tentador.

Sheila vio la apertura, uno de los destructores abandonaba la formación en persecución de Waldemar, el defecto de los oficiales de la Inquisición era que siempre subestimaban a los piratas…

¡Violeta, hagamos una formación! ¡Ataquemos arriba y abajo!

¡Sí Almirante! —Respondió la Capitana de la corbeta Contra Viento y Marea.

Los drones quedaron en fuego cruzado entre las corbetas de Violeta y Sheila y las Justicia y Desolación. Allan y los otros artilleros no perdieron tiempo para despacharse cinco mas, ya solo quedaban siete, pero continuaban siendo un peligro.

El destructor que quedaba intentó repartir sus misiles entre las dos corbetas que se le venían encima, pero al ser menor el número, los artilleros consiguieron protegerse con facilidad, mientras continuaban aproximándose. El Destructor comenzó a alejarse y el otro que se había ido tras Waldemar se dio cuenta que no lo alcanzaría y lo dejó escapar para venir al rescate de su compañero; Sheila sabía que las pequeñas corbetas no podrían contra el fuego de los dos destructores combinados, tendrían que huir también, pero no antes de que Allan y los otros tuvieran su oportunidad también.

Cuando estuvieron a rango Sheila lanzó una andanada de misiles y torpedos para que los cañones enemigos tuviese que entretenerse con eso mientras que Allan y los otros los cocían a balazos.

Muy bien, eso les enseñará.

Almirante, aquí estamos listos —se reportó el capitán de la corbeta Desolación.— Todo el plomo está en las cubiertas de carga.

—Muy bien, todo el mundo ¡retirada!

Las corbetas comenzaron a retirarse a toda velocidad pero a causa del enorme peso del plomo los destructores y sus drones les pisaban los talones, sin embargo los Capitanes de la Inquisición notaron algo extraño, las naves piratas se aproximaban peligrosamente a la atmósfera joviana.

Capitana Sheila D’Aramtiz, no hay necesidad de sacrificar a sus hombres en la atmósfera de Júpiter —la voz calmada del Capitán de uno de los Destructores se escuchó por uno de los comunicadores.— Entréguese ahora y usted y sus hombres recibirán un juicio justo de parte de la Inquisición.

¿Escuchaste eso Allan? ¡Un juicio justo!

El nivel de cinismo de estos tipos —respondió Allan mientras reparaba el escape de aire.

Sheila le respondió al capitán de la Inquisición:

Justicia e Inquisición son dos conceptos que no se van muy bien juntos Capitán, ah y por cierto para la próxima, soy Almirante.

¿Para la próxima? Almirante D’Aramitz se están  hundiendo en la atmósfera de Júpiter, ¡no habrá una próxima vez! —Respondió el Capitán enemigo incapaz de entender.

Adios... —Alcanzó a decir Sheila antes de que la atmósfera joviana cortara toda comunicación.


El calor era insoportable, aún a través del vidrio protector a través del cual Diana podía ver a Rackham y Pasternack terminando el nuevo reactor.

Louis tengo malas noticias…

Pero Rackham no apartó la vista ni un instante de la delicada tarea que estaban realizando, afortunadamente aquel era el último paso, se inclinó ante Pasternack en reconocimiento al enorme trabajo que estaba haciendo el viejo, y lo dejó terminar lo demás.

¿Qué sucede? —Le preguntó a Diana menos calmado de lo que quería aparentar.

Hemos detectado un transporte militar en dirección a nosotros…

Iban a venir tarde o temprano —Louis se mordió el labio— con todos estos reactores generando calor tenemos que brillar como una estrella en el infrarojo…

¿Qué vamos a hacer Louis?

Ganar tiempo…

Los Cielos de Júpiter continuará este Viernes 21 de Febrero de 2014

Eso fue durante su primera edición, en esta nueva versión el siguiente capítulos saldrá el Miércoles 14 de Noviembre de 2018.

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Lobo7922

Creador de La Cueva del Lobo. Desde muy joven me sentí fascinado por la Ciencia Ficción y la Fantasía en todas sus vertientes, bien sea en literatura, videojuegos, cómics, cine, etc. Por eso es que he dedicado este blog a la creación y promoción de esos dos géneros en todas sus formas.

3 thoughts on “Los Cielos de Júpiter: Plomo de Io

  • Febrero 19, 2014 at 6:49 pm
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    jajajaj Esta muy interesante este episodio. La cosa se le esta poniendo difícil a un héroe que parecía infalible.

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    • Febrero 19, 2014 at 6:55 pm
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      Bueno, recuerda que en buena parte ese es el truco ¿no? Él les hace creer que es infalible, y ellos tienen todas las razones para creerle 😉

      Reply

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