Los Cielos de Júpiter: Fenix

La gente se acumulaba en el pequeño pasillo, todos querían ver al hombre que había hecho la rebelión posible, todos querían comprobar que estaba vivo, todos querían estar seguros que no estaban derrotados, que todavía tenían una oportunidad, y todo eso dependía de la vida de aquel hombre.

Lo traían en una silla de ruedas, se puso de pie aunque con dificultad y tuvo que ayudarse con la baranda para sostenerse, estaba golpeado, y muy quemado, pero estaba vivo.

Todos estaban allí, Waldemar y Violeta de pie casi al frente, Joseph y Miriam estaban sentados a un lado, Diana, Pasternack y Meyers detrás respaldándolo, Genevieve y Alphonse se recostaban en una esquina, y por supuesto al frente junto a Allan estaba Sheila con cara de pocos amigos.

—Quisiera comenzar por recordar a aquellos que perdimos en nuestra última batalla —Louis intentó que su voz sonara tan potente como siempre pero no pudo ni acercarse.— Debemos continuar luchando para que su sacrificio no sea en vano. —Su mirada se dirigió a Sheila— Amigos tengo que confesar que he cometido muchos errores, el primero y mas importante ha sido traicionar la confianza que ustedes habían depositado en mi. —Al escucharlo decir aquello Sheila asintió en silencio.— Nunca les he mentido, pero tampoco les he dicho toda la verdad. —Sheila quiso interrumpirlo pero Rackham levantó la mano pidiéndole que esperara— Hay muchas cosas que no les he dicho aún, y hay muchas cosas que no podré decirles nunca —miró a Alphonse y a Genevieve— pero quiero asegurarles que a pesar de todo, mis compañeros los Doctores Pasternack y Meyers han conseguido un novedoso proceso que nos ha permitido construir mas y mejores cristales mucho mas estables que los anteriores…

Esta vez fue Sheila quien levantó la mano.

—¿Cómo sabemos que esta vez nos estás diciendo toda la verdad? ¿Cómo vamos a estar seguros que estos nuevos cristales hacen lo que dices?

—En otra época podrías haber contratado a un experto y pedirle que corroborara nuestros análisis —Louis tenía una sonrisa amargada cruzando su cara— pero en las presentes circunstancias eso sería difícil por decir lo menos, así que voy a tener que pedirte que a pesar de todo confíes en mi.

Sheila dejó salir un desesperado suspiro y se volteó a mirar a su gente, los tripulantes de su flota, ĺos hombres y mujeres bajo su mando ¿estaba dispuesta a tomar el riesgo? Entonces miró a Waldemar y este asintió en silencio, Sheila se volteó a mirar a Rackham.

—Estamos dispuestos Louis, estamos listos a morir por la causa, pero tienes que prometer que nos dirás todo.

Louis se agarró a la baranda con las dos manos y meneó la cabeza.

—Eso no puedo hacerlo, hay secretos que no pueden salir de mi boca.

Sheila no podía creer la respuesta de Rackham.

—¿Entonces esto es un compromiso en un solo sentido? ¿Nosotros nos sacrificamos y tú juegas con nosotros como peones en un tablero?

—¿Es eso lo que crees? —Louis señaló su propio cuerpo quemado y magullado.

Diana saltó hasta Sheila y tomando sus manos le susurró.

—No perdamos todo lo que hemos conseguido, no dejes que nuestra alianza se rompa.

—Esto es demasiado —Sheila se soltó de las manos de Diana y se volteó a mirar a su gente de nuevo— no puedo tomar esta decisión sola, ¿están dispuestos ustedes? ¿Trabajaremos con ellos aún sabiendo que solo nos han dicho parte de la verdad?

Entonces una voz salió de entre la gente, otro viejo Capitán Pirata llamado Augustino:

—Esta siempre ha sido una alianza de conveniencia, tenemos un enemigo común, la Inquisición, entonces trabajaremos juntos mientras continúe siendo conveniente, perder esta alianza en este momento sería un desastre, no solo para nosotros si no para toda la gente de Júpiter.

D’Aramitz asintió en silencio.

—Ya lo escuchaste Rackham, estamos contigo hasta que nos sea conveniente, te seguiremos porque eres el menor de los males.

Louis asintió también, aceptando aquello.

—Una última palabra, soy un hombre, soy un ser humano, no importa lo que me vean hacer, no importa lo que les digan, siempre recuerden eso, —miró a los dos pequeños, Miriam y Joseph— solo soy una persona común y corriente, con todos los defectos y virtudes que eso implica.

—La transmisión está lista Louis —le dijo Meyers.

Vengan —llamó Louis a sus aliados por conveniencia— al menos aparentemos ante la Inquisición que estamos juntos.


Ciudad Sagan estaba bajo asedio, las fuerzas de la Inquisición siempre habían estado presentes de una forma u otra en los últimos diez años, pero el despliegue militar que se había desarrollado en los últimos días era algo nunca visto.

Un nuevo Alcalde había sido impuesto a la fuerza, el Paladín Ferdinando Treviño, por supuesto nadie les hizo una real oposición, pero para la gran mayoría la presencia de aquel nuevo líder impuesto era un insulto.

La toma de posesión del nuevo Alcalde se realizaba en una de las plazas principales de la ciudad, solo los mas acérrimos seguidores de la Religión Inteligencialista habían asistido en persona, pero el evento se transmitía a todas las pantallas.

En una tarima un oficial de la Inquisición le traspasaba los símbolos del oficio de Alcalde al Paladín (la Alcaldesa verdadera se negó a presentarse a aquella farsa y la pusieron en prisión) entonces en mitad de aquel acto, en las pantallas de toda la ciudad y de todas las ciudades y pueblos de Júpiter apareció el rostro golpeado y quemado de un hombre al que todos conocían demasiado bien.

—Mi nombre es Louis Rackham, ustedes me conocen, mis aliados y yo hemos estado luchando contra la Inquisición durante estos últimos meses, los Almirantes de la flota Inquisidora me llaman terrorista, pero ¿quienes infunden mas terror? ¿Nosotros que luchamos por la libertad o ellos que nos quieren obligar a estancarnos para siempre? Ellos les han dicho que me eliminaron, pero no es tan fácil, aquí me tienen todavía en pie de lucha ¡Iuppiter Optimus Maximus! La lucha continúa amigos, Júpiter volverá a ser libre.

La transmisión se cortó y en las pantallas solo pudo verse el rostro del nuevo Alcalde con la boca abierta.


Cuando la transmisión se cortó Louis se dejó caer sobre la silla de ruedas.

—Gracias, gracias a todos —les dijo con voz cansada.— Estoy seguro que esa transmisión golpeó las filas de la Inquisición con mas fuerzas que cualquier ataque. Tendremos que buscar un nuevo lugar donde escondernos, con la transmisión podrán ubicarnos fácilmente, pero igual la fabricación de los nuevos cristales no nos hubiese permitido seguir ocultándonos en el Torus, los niveles de energía y radiación están completamente a otro nivel.

—¿Donde iremos ahora? —preguntó Sheila preocupada— pensé que este era nuestro último refugio.

—Genevieve y Alphonse tienen una idea, pregúntale a ellos, por el momento necesito descansar, y Sheila, otra cosa, el comerciante que nos dio el dato sobre el piquete de la Inquisición, nos envió a una emboscada, ¿te das cuenta que podría ser un traidor?

—Lo sé, lo había pensado, ¿qué quieres que haga con él?

—Lo dejo en tus capaces manos, pero, —Louis se miró las cicatrices en sus palmas— tenemos que averiguar quien nos hizo esto ¿lo entiendes?

—Por supuesto Rackham.

Pasternack sacó a Louis del pequeño corredor.

Diana volvió a aproximarse a la D’Aramitz.

—Tenemos que hablar, lo que no puede salir de los labios de Louis te lo diré yo con los míos.

 

Los Cielos de Júpiter continúa este Viernes 4 de Abril de 2014

¡No te lo pierdas!

Eso fue durante la primera publicación de esta historia. En esta ocasión las cosas son distintas.

Primero debo disculparme por la larga pausa entre la anterior publicación y esta. Pero en e estos momntos las coas aquí en venezuela son toda una locura.

Espero que de ahora en adelante las publicaciones se normalicen. Por lo tanto el siguiente capítulo sería el Miercoles 8 de Mayo de 2019.

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Lobo7922

Creador de La Cueva del Lobo. Desde muy joven me sentí fascinado por la Ciencia Ficción y la Fantasía en todas sus vertientes, bien sea en literatura, videojuegos, cómics, cine, etc. Por eso es que he dedicado este blog a la creación y promoción de esos dos géneros en todas sus formas.

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