Los Cielos de Júpiter: Estrategia Explosiva

Las naves de la Inquisición se movían con mayor precaución, como sabiéndose acorraladas, viendo aquello Louis no pudo evitar preguntarse, ¿estaban los tripulantes de aquellas naves asustados al ver su muerte acercarse? ¿O solo intentaban permanecer por mas tiempo para poder causar mas daño?

Un segundo destructor caía presa de los cañones de las pequeñas corbetas, pero antes de perder completamente su aparato el Capitán de aquella nave lanzó la ruina ardiente de frente contra la formación de corbetas. Se movía demasiado lento para conseguir impactar contra ninguna de las ágiles y pequeñas naves, pero al menos consiguió dividir su formación en dos, ocasión que aprovecharon las restantes naves de la Inquisición para atravesarse en medio de ambos grupos.

—¿Qué está sucediendo? ¿Estos sujetos son realmente estúpidos o qué? Ahora han quedado en medio de nuestro fuego cruzado ¡fuego a discreción! —Sheila veía la victoria a mano y no dejaría que se le escapara.

Pero Louis quien veía la situación desde mas lejos tenía otro punto de vista.

—No creo que sea tan fácil Sheila —La nueva formación de las naves de la Inquisición no tenía ningún sentido— hay algo sospechoso en todo esto…

Pero Rackham no tuvo tiempo de terminar de elaborar su idea, allí en medio de todo las naves de la Inquisición sobrecargaron sus propios reactores y estallaron lanzando escombros en todas direcciones.

—¡Retirada retirada retirada! —gritó Rackham inútilmente viendo como los restos de las naves enemigas golpeaban incesantemente las corbetas de sus compañeros de armas.

Pudo contar no menos de cinco corbetas destrozadas casi instantáneamente, pero el resto estaba apenas mejor.

¿Sheila puedes copiarme? —Preguntó Diana a través de la radio viendo la corbeta de la Almirante girando a la deriva después de recibir varios impactos.

—Vamos a intentar acoplarnos y usar los motores de nuestros vehículos para estabilizar las naves —farfulló Louis intentando aparentar calma.

Los cazas habían quedado fuera de la explosión pero todos los pilotos estaban terriblemente impresionados. Cada quien se dirigió a la corbeta que lo había transportado a la batalla; y muchos se dieron cuenta que la suya estaba hecha trizas.

—El Capitán Álamo no puedo detectar su nave por ningún lado —hubo un corto silencio mientras Genevieve comprendía lo que aquello significaba— Oh no… intentaré ver si hay algún sobreviviente o si puedo recuperar los cuerpos…

Diana tenía dificultades ajustando su «jet» a la errática deriva de la Discreta de la Almirante D’Aramitz pero cuando descubrió el patrón en que giraba la nave finalmente consiguió acoplarse. Programó los nanites de ambas naves para que ensamblaran ambos aparatos en uno solo, los minúsculos robots tomaron algún tiempo en terminar aquella tarea, pero eventualmente Diana pudo utilizar el motor de su caza para reorientar y detener la nave de Sheila; no fue tarea fácil para un pequeño reactor como aquel vencer la inercia de toda aquella masa, pero eventualmente lo consiguió.

Salió de la cabina de su vehículo y flotó hacia las puertas del pequeño hangar, pero estas no abrieron, programó a los nanites para que descubrieran la falla y la repararan. Cuando las puertas se abrieron escapó algo de aire, pero nada demasiado grave, el hangar se presurizó y Diana se quitó el casco de su traje.

—¡Sheila! ¡Allan! —gritó mientras flotaba hacia la cabina.

Pero no recibió respuesta, cuando entró en la cabina descubrió a la Almirante medio salida de su asiento y rodeada de gotas de sangre que flotaban alrededor de su rostro.

—¡¿Sheila?! —Diana le tomó el pulso, vivía pero estaba golpeada, perdía sangre de una herida en la oreja y por la cantidad que flotaba en el lugar, había sido bastante.— Sheila despierta, necesito que despiertes. —comenzó a hacerle presión en la oreja.

Aquella nueva fuente de dolor sacó a la D’Aramitz de su inconsciencia. Intentó apartarse de las manos de Diana porque la oreja le dolía.

—No, no —murmuró apenas consciente.

—Sheila necesito que tú misma te hagas presión aquí, estás perdiendo mucha sangre y tengo que  ir a revisar a los otros.

Aquello consiguió que la Almirante recuperara sus sentidos.

—¿Y Allan? ¿Donde está Allan? ¡Allan! —Sheila intentó quitarse los cinturones que la mantenían asegurada al asiento pero sintió como le dolía cada centímetro de su cuerpo.

—Quédate aquí, haz presión en esta herida que tienes en la oreja y yo iré a ver a Allan.

—Mira a los otros también.

—Por supuesto, voy a revisarlos a todos.

Aquellas palabras tranquilizaron a Sheila quien volvió a recostarse en el asiento mientras se hacía presión en la herida. Diana flotó hacia la zona de los cañones de la nave. Encontró a Allan en los controles de uno de aquellos cañones junto a otros cuatro artilleros, todos estaban en mejor forma que Diana, los despertó.

—¿Y Sheila? Quiero decir la Almirante. —Preguntó Allan al despertarse.

Diana intentó disimular la sonrisa que le causó aquello.

—Se encuentra herida pero con vida, ve a atenderla.

Diana se fue a mirar mas atrás, en la sala del reactor habían dos mujeres, una bien ajustada a su asiento y la otra flotando en medio de unas bolas de sangre y retorcida en una forma que sería imposible para cualquier persona con vida.

—Vicky ¡Vicky!

—No mires —le dijo Diana a la mujer cuando la despertó.— Intenta no mirar. —La chica apartó los ojos de aquel horror— ¿Eres Alicia no es cierto?

—Sí Vicky era mi amiga, Vicky era mi mejor amiga y ahora… Ahora…

La chica no podía terminar de expresar el concepto. Diana tampoco tenían palabras de consuelo para la muchacha.

Las alarmas sonaron en toda la nave, pero la Almirante no dijo nada por los comunicadores durante un momento; quien habló finalmente fue Allan:

—Se aproxima un nuevo piquete de la Inquisición, pero no creo que ninguno de nosotros esté en condiciones de darle frente ¿qué vamos a hacer?

—Tenemos que huir —explicó Rackham a través de las comunicaciones— pero así como la Inquisición no nos deja cerca de ninguna pieza de su tecnología, nosotros tampoco podemos permitir que ellos pongan sus manos en alguno de nuestros cristales, todos los cazas que estén en condiciones prepárense para entretener al enemigo, mientas tanto las corbetas que estén en condiciones de atravesar la atmósfera joviana que intenten recuperar los cuerpos de los caídos, y no dejen ni un solo cristal transuránico atrás.

—Louis se te está olvidando un detalle importante —Genevieve se oía preocupada— pero ¿cómo vamos a atravesar Júpiter quienes como yo han perdido la corbeta en que venían?

Rackham pensó un momento antes de responder.

—Acoplarán sus cazas a una de las corbetas que están en buen funcionamiento, luego saldran de sus aparatos y viajarán en el interior de la corbeta con el resto de la tripulación. Pero eso será luego, en este momento necesito que me ayuden a mantener entretenidas a las naves de la Inquisición.

Los Cielos de Júpiter vuelve el Miércoles 26 de Marzo de 2014

¡No te lo pierdas!

Esta reedición verá el nuevo capítulo el Miércoles 20 de Febrero de 2019

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Lobo7922

Creador de La Cueva del Lobo. Desde muy joven me sentí fascinado por la Ciencia Ficción y la Fantasía en todas sus vertientes, bien sea en literatura, videojuegos, cómics, cine, etc. Por eso es que he dedicado este blog a la creación y promoción de esos dos géneros en todas sus formas.

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