Los Cielos de Júpiter: A plena vista

Hay dos maneras de ocultarse, lo tradicional es ser silencioso, no llamar la atención, moverse entre las sombras, la otra opción es ser tan atrevido que a nadie se le ocurra ni voltear a mirarte.

Este era el nuevo plan de los rebeldes. Una de las zonas mas habitadas de todas las órbitas de Júpiter era Ciudad Sagan, un largo conjunto de orbitales que se había desarrollado en el extremo del ascensor orbital de Calisto; el flujo de naves comerciales era incesante y por supuesto la flota de la Inquisición tenía estacionados allí un porcentaje grande de sus propias naves.

—Esta tiene que ser la idea mas loca que se le ha ocurrido a los Rackham. —Allan no podía siquiera comenzar a contar la ingente cantidad de fragatas, destructores, cruceros y demás que podía ver en los instrumentos.

—No que va, la idea mas loca fue cuando el menor de los hermanos decidió que podía derrotar a toda esta flota —Violeta tampoco quería comenzar a contar.

—¿Y qué diríamos de quienes le siguieron en esa idea entonces? —Sheila ya había contado y en su rostro podía verse que no le gustaban los números.

En el otro extremo de aquel popular ascensor orbital se encontraba la vieja Calisto, la primera de las lunas de Júpiter en ser colonizada y explotada, en ella se encontraban cientos de minas que extraían el agua bajo la superficie helada de aquel mundo, así como también otros materiales menos abundantes. Calisto había sido explotado por cientos de años y por cada mina actualmente en funcionamiento habían dos o tres que habían dejado de funcionar años atrás, y mientras que una enorme cantidad de actividad se concentraba en torno al ascensor orbital, el lado opuesto de la vieja luna apenas llamaba la atención.

—Hay una antigua mina abandonada en Calisto que podría servir a nuestras necesidades —les había explicado Alphonse unos días atrás mientras estaban planeando toda la misión— Genevieve y yo hemos explorado el lugar y podemos asegurar que nadie ha estado allí en los últimos cincuenta años.

—El lugar es amplio a diferencia de las minas actuales, —continuó la hermana— ¿cuales materiales extraían de allí es difícil de decir, pero excavaron bastante y en profundidad, así que es ideal para nuestras operaciones, ¿necesitamos ocultar la radiación de la producción de cristales? Pues allí tendríamos una larga capa de hielo y roca por un lado y por el otro tendríamos a todo Calisto aislándonos de los instrumentos de detección de la Inquisición.

—Pero Calisto está demasiado alto en la lista de prioridades de la Inquisición, —Violeta no entendía— si tenemos problemas enfrentándonos a un par de piquetes, ¿cómo es que Genevieve propone que nos enfrentemos a todas las naves que guardan la órbita de este satélite?

—No lo hacemos —explicó Genevieve desplegando un holograma con una vista esquemática de la luna y los movimientos de las naves Inquisidoras— como pueden ver las fuerzas de la Inquisición se concentran en proteger la actividad comercial en torno al ascensor orbital, en cambio en el lado opuesto de la luna las cosas son muy diferentes, de vez en cuando pasan una pequeña patrulla, pero nada de que preocuparse.

—Esta idea es tan carente de sentido que podría funcionar. —Apuntó Waldemar.— Entonces ¿cual sería el primer paso?

Esta vez fue el turno de Diana, sobre el holograma hizo aparecer los futuros vectores de movimiento de las naves rebeldes.

—A pesar de nuestra reciente derrota, tenemos una larga cantidad de capitanes esperando para que actualicemos sus naves, esto no solo nos recuperará de nuestras perdidas. —Se detuvo un momento recordando por un instante a toda la gente que había muerto en la última batalla— si no que nos permitirá desplegar una flota mucho mas grande; pero para ello necesitamos fabricar muchos mas cristales, no solo los que necesitamos para reemplazar las versiones anteriores que sabemos dejarán de funcionar en unos días —Diana miró a Sheila— si no también para equipar a las nuevas naves. Para ello es indispensable que salvaguardemos el movimiento de los tres hombres capaces de construir esos cristales, los Doctores Meyers, Pasternack y Rackham.

—¿Es decir que seremos el escudo de carne de Louis? —Preguntó Allan.

—No necesariamente —respondió Diana— Hemos construido e instalado diez de los nuevos cristales, estos no solo son mas estables permitiendo una duración mas larga, si no que también podremos extraerles mas energía, lo cual se traduce en armas con mas alcance y mas daño y naves que pueden transportar mas carga a mayor velocidad, en este nivel nuestras pequeñas corbetas son superiores a una fragata de la Inquisición.

—Aún así no veo como diez corbetas se enfrentarán a la flota de destructores y cruceros que orbitan Calisto. —Insistió Violeta que seguía sin entender.

—¿Por qué enfrentarlos? —explicó Diana— si podemos dispararles fuera de su propio rango, y además movernos mas rápido que ellos, ¿qué necesidad hay de enfrentarlos? Además no les estamos pidiendo que derroten a todas las naves de la flota, solo necesitamos que las mantengan entretenidas mientras el otro equipo se establece en la vieja mina.

Solo tres días después Sheila, Allan, y Diana estaban en la reacondicionada Discreta listos para iniciar el ataque. La Almirante D’Aramitz dio un profundo respiro sabiendo que lo que estaba a punto de hacer era un tremendo salto de fe; fe en Louis Rackham, Louis Oscar Rackham Gimenez para ser exactos.

Diana le había explicado el misterio de Louis unos días atrás, había llegado a la Discreta cuando la mayoría de la flota rebelde se encontraba durmiendo o descansando.

—Louis es el heredero de los profetas, —le había dicho Diana entonces— descendiente directo de Oscar Gimenez…

—Profeta supremo de la Religión de la Inteligencia —terminó Sheila— ¿Entonces ese es el secreto de Louis? Él no nos está haciendo luchar para liberarnos de un dogma religioso, solo quiere cambiarlo por un dogma que lo favorezca a él.

—No, en eso te equivocas, si esa fuese su intención lo habría hecho hace mucho tiempo.

—Pero Diana, no hay buena opción para Louis aquí, si dice que es un heredero de los profetas podría terminar la guerra en unos días, pero al hacerlo estaría declarando una nueva religión con él mismo a la cabeza, lo cual sería un nuevo desastre, pero si no lo hace, entonces nos condena a una larga y prolongada guerra que tal vez no podamos ganar nunca.

—Escúchame Sheila, unos meses atrás cuando comenzamos a pelear nuestras oportunidades eran nulas, no podíamos enfrentarnos a la Inquisición en ningún terreno, las cosas han cambiado, ahora incluso los hemos vencido en algunas ocasiones; también hemos perdido es cierto, pero eso es solo natural, es duro de admitir, pero no podemos ganar siempre; Louis desea que la gente de Júpiter se libere a si misma sin necesidad de crear un nuevo culto religioso en torno a su persona; sí, quizá el camino en adelante sea duro y largo, pero ¿acaso no vale la pena?

—Y ¿qué hay de él? ¿Piensa Louis que él es uno de los Profetas?

—No, él mismo te lo dijo, solo es un hombre.

Con la batalla a punto de comenzar Sheila pensó que tenía otra opción, dejar que Louis y la Inquisición se aniquilaran entre si mientras ella y Allan disfrutaban el botín que pudieran obtener mientras les durara el poder del cristal transuránico, pero eso la convertiría en una traidora no solo hacia Louis si no contra todo Júpiter, y ella no quería eso.

—Estamos en rango Sheila, cuando tú des la orden. —le dijo Allan desde el área de artillería.

Tomó otro profundo sorbo de aire.

—Todo mundo, ¡fuego a discreción!

 

Los Cielos de Júpiter continuará el Lunes 7 de Abril de 2014

 

Esta nueva edición verá el siguiente capítulo el día Miercoles 15 de Mayo de 2019.

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Lobo7922

Creador de La Cueva del Lobo. Desde muy joven me sentí fascinado por la Ciencia Ficción y la Fantasía en todas sus vertientes, bien sea en literatura, videojuegos, cómics, cine, etc. Por eso es que he dedicado este blog a la creación y promoción de esos dos géneros en todas sus formas.

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