Invocado

Estaba durmiendo en mi cama, preocupado porque no me habían pagado el dinero de esta quincena, y estaba atrasado con el señor de las verduras. Cuando finalmente comencé a caer en el sueño, lo percibí, como en el borde de mi conciencia, unos extraños chillidos, ¡me estaban llamando! Y era imperativo que atendiera.

Al lado de mi cama se abrió un portal y antes de que pudiera tener ningún pensamiento consciente al respecto, me lanzé de cabeza. Atravesé una especie de tunel iridiscente, un torbellino de luz y colores. Como si alguien tomara el arco iris y le hubiese dado una terrible borrachera.

Al final de este tunel me encontré en otro mundo, de pequeños árboles, no más altos que yo, y montañas que lucían como colinas. A mis pies se movían unas pequeñas criaturas parecidas a ratones, pero antropomórficos, con diminutas manos y ropa que recordaba a la edad media de nuestro mundo. ¡Tan hermosos! ¡Tan tiernos! ¡Tan adorables!

Una de las criaturas, que supuse era el mago que me había invocado, me apuntó con su pequeño báculo y al instante comencé a comprender sus chillidos con claridad.

-¡Oh gigante! -Me decía- Te he invocado para que asistas a mi pueblo en esta lucha mortal contra las cucarachas. Auxílianos en este combate y yo sabré recompensarte.

Busqué a mi alrededor y en efecto más allá de un diminuto puente que cruzaba lo que para mi era un riachuelo, pero que de seguro para ellos era un río enorme. Observé lo que a todas luces era un ejército de asquerosas cucarachas.

No sé si fue motivado por mi asco hacia estas criaturas, o si el pequeño mago me estaba estimulando de alguna manera. Pero crucé aquel riachuelo a la carrera en apenas dos saltos. Y de inmediato comencé a repartir pisotones.

Aunque no lo crean las cucarachas comenzaron a contratacar. Me lanzaban diminutas flechas en llamas que eran realmente molestas, pero aquello solo consegía enfurecerme, así que los aplastaba con mayor gusto. Con la rapidez que caracteriza a estos insectos comenzaron a dispersarse, pero eran muchos y todavía conseguí aplastar a unos cuantos.

Los ratones aprovecharon la ocasión para cruzar el puente y comenzaron a dar caza a las cucarachas que ya se encontraban en retirada.

El rodente que me había invocado cruzó el punte al último, y mirándome me hizo una reverencia.

-¡Gracias oh valiente y poderoso gigante! Regresa ahora a tu mundo y vive en paz.

A mi espalda se abrió un nuevo portal que comenzó a succionarme. No me dio tiempo ni de despedirme.

Me descubrí trasladándome de nuevo a través de aquel túnel multicolor, y antes de darme cuenta me encontré de bruces sobre mi cama.

¡¿Qué carajo había sido aquello?! Me toqué la frente para ver si tenía una fiebre delirante, revisé mis alrededores a ver si por casualidad me había tomado algo que me causara todas aquellas alucinaciones. Y entonces lo vi, brillando sobre mi mesa de noche un pequeño diamante hermosamente tallado.

De seguro que para aquellos ratones pagarme con un diamante de este tamaño debió haber sido enormemente costoso, para ellos debe ser una piedra enorme. Para mi era diminuto, pero suficiente como para pagar mi deuda con el señor de las verduras y vivir la gran vida unos cuantos meses.

¡Que esos ratones me vuelvan a invocar cuando quieran!

Fin


Espero que les haya gustado. Este relato se me ocurrió cuando invocaba un atronach en Skyrim, y me pregunté, ¿Cómo se sentirán esos atronach al ser invocados? ¿Qué los motivará a pelear por mi? ¿Te imaginas que te invoquen a ti? y ¡Bam! Ya tenía la idea para el cuento.

La imagen de portada pertenece a Jesse Draws.

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Lobo7922

Creador de La Cueva del Lobo. Desde muy joven me sentí fascinado por la Ciencia Ficción y la Fantasía en todas sus vertientes, bien sea en literatura, videojuegos, cómics, cine, etc. Por eso es que he dedicado este blog a la creación y promoción de esos dos géneros en todas sus formas.

3 comentarios en «Invocado»

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