Desde Valladolid España, el Escritor Iván Avila Nieto nos envía su participación para nuestro Concurso de Relatos; una historia pos-apocalíptica pero con una interesante vuelta de tuerca:

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HEGEMONÍA

Autor: Iván Ávila Nieto

Planeta Tierra: año 2125 Antigua Era Humana.

(año 56 de la Nueva Era Postatómica)

Tras dos días de marcha, Parlamentaria 6, una obrera especializada en protocolo y relaciones externas, había encontrado el lejano hormiguero de La Colina. Traía buenas noticias y deseaba compartirlas con sus congéneres.

-¡Alto! ¿Quién va? – le sorprendió a poco más de dos metros de la entrada una hormiga guerrera, que se acercó hasta Parlamentaria 6 amenazante, con las mandíbulas abiertas.

-Soy Parlamentaria 6, de Nueva Colonia, al otro lado del Claro del Bosque.

La guerrera, que doblaba en tamaño a la intrusa, activó sus antenas y reconoció a su semejante tras entrechocar los apéndices transmisores de información. Lejos quedaban ya los tiempos en que los individuos de un hormiguero atacaban a todas aquellas hormigas que no perteneciesen al suyo propio. Tras siglos de evolución genética, habían superado ya ese absurdo y contraproducente comportamiento instintivo de supervivencia. Ahora tenían enemigos comunes extremadamente peligrosos, y progresos evolutivos como aquel les estaban salvando de la extinción.

Y a eso venía Parlamentaria 6, a traerles nuevas sobre los avances en su última mutación genética, un arma capaz de aniquilar a sus seculares rivales: las arañas.

Nueva Colonia fue fundada a raíz de los últimos acontecimientos bélicos acaecidos en Claro del Bosque. La más reciente batalla a campo abierto entre hormigas y arañas había resultado ser una derrota absoluta para la coalición de hormigas de La Colina, incapaces de hacer frente al arma más letal que había hecho de los arácnidos la especie dominante tras la extinción del homo sapiens y sus androides: su tela de araña.

Pero aquella supremacía podía tener los días contados; en Nueva Colonia, estaban gestándose y naciendo más y más larvas seleccionadas a partir de los ejemplares recientemente mutados, nacidos con unas glándulas submandibulares que segregaban un ácido corrosivo capaz de deshacer las viscosas y mortíferas telas de araña.

Un nuevo ejército estaba formándose en Nueva Colonia, unos nuevos soldados alados, la generación futura que derrotaría a los arácnidos y haría de las hormigas los siguientes amos de la Tierra Postnuclear.

Llegaron las dos hormigas a la boca del hormiguero y saludaron marcialmente a otro par de obreras que custodiaba la entrada.

-Guerrera 822 solicita permiso para entrar acompañada de Parlamentaria 6, procedente de Nueva Colonia.

Tras el protocolario choque de antenas, les dieron paso.

Descendieron desde la entrada a las primeras cavidades del laberíntico entramado de Colina 2, donde se acumulaban los desechos preparados para ser expulsados al exterior por un gran número de obreras de menor tamaño que apenas se alejaba del hormiguero y estaban exentas de buscar comida.

Continuaron avanzando hacia las profundidades, atravesando los pasillos destinados al almacenamiento de comida, donde también reposaban las obreras encargadas de conservar agua en su abultado abdomen para hacer uso de ella en época de sequía.

Ya casi llegando al final del hormiguero, se encontraba el criadero de larvas. Y por último, un poco más abajo, la Cámara de la Reina.

Parlamentaria 6 y Guerrera 822 entraron en la estancia real con la cabeza agachada y haciendo una reverencia.

-¡Majestad! – saludaron.

-¿Qué queréis? – se sobresaltó, molesta, la Reina.

-Una parlamentaria de Nueva Colonia trae buenas noticias, Majestad, tal vez deseéis oírlas…- se apresuró a responder la guerrera de La Colina.

-¡Está bien, hablad!

-Majestad, en Nueva Colonia estamos procreando ejemplares capaces de combatir a las arañas y sus telas asesinas. Una mutación les permite segregar una toxina capaz de pulverizar la tela de nuestras enemigas.

-¡Pero eso es genial! ¡Estupendo! – se alegró la Reina.- ¿Y para cuándo estaría listo un buen contingente que pudiese enfrentarse con garantías a esas mal nacidas?

-Para la primavera que viene estaremos en condiciones, si no surge ningún contratiempo, Majestad.

-¡Fenomenal, fenomenal! – se maravillaba la Reina, que no cabía en sí de gozo.- Tendremos para entonces preparada nuestra brigada y nos uniremos a tan formidable ejército para luchar contra nuestro enemigo.

-Sería un honor contar con vuestra ayuda, Majestad, no esperábamos menos de tan noble Reina y de sus leales súbditos de La colina.

-Hasta entonces, pues. Podéis retiraros.

-Majestad… – las dos hormigas se despidieron inclinando la cabeza y salieron al exterior atravesando de nuevo las intrincadas y concurridas galerías de la colonia de La Colina.

-Para mayor seguridad, una patrulla de exploradoras os acompañará de vuelta a Nueva Colonia. – le ofreció Guerrera 822 a Parlamentaria 6.

-No os preocupéis, no es necesario…

-Insisto, es lo menos que podemos hacer por un invitado que ha traído tan buenas noticias.

-Bueno, os lo agradezco.- consintió finalmente la hormiga parlamentaria.

De inmediato, un grupeto de unas diez exploradoras hizo acto de presencia en la boca del hormiguero, dispuestas a escoltar a la parlamentaria de Nueva Colonia.

Eligieron, de regreso, una ruta diferente a la que había escogido la parlamentaria en su trayecto de ida. Era ésta, según las exploradoras, una ruta que ellas conocían y usaban para cruzar el Claro del Bosque de una forma rápida y segura.

En fila de a uno, se encaminaron hacia Nueva Colonia, dejando a Parlamentaria 6 en medio de la formación.

No había transcurrido ni media jornada, cuando encontraron en su camino un microchip oxidado.

-¿Qué demonios es eso? – preguntó Parlamentaria 6 sorprendida por el hallazgo.

-Creo que se trata de un componente de un antiguo androide humano…- afirmó una de las exploradoras. – Los he visto más veces…

-Sí, yo también lo creo… Sin duda el viento lo ha arrastrado hasta aquí.

-¿Queréis decir que esto es sólo parte de algo más grande que puede estar cerca de aquí? – se interesó la parlamentaria.

-Es posible… Sí.

-¡Desearía verlo! ¿Podemos desviarnos de la ruta? Jamás he visto ningún resto de los antiguos humanos… ¡ Ni siquiera me imagino cómo son!

Las exploradoras se miraron unas a otras pidiéndose opinión sobre lo sugerido con tanta efusividad por la integrante de Nueva Colonia.

Tras titubear unos segundos, aceptaron emplear el resto de la jornada en intentar encontrar más restos del droid humano.

Intentaron seguir la dirección contraria a la que soplaba el viento, por si aquel había sido el causante de la dispersión del artefacto; aunque tal vez había sido transportado hasta allí por algún escarabajo extraviado de su hábitat natural en los antiguos campos de cultivo humanos. Más improbable sería que las cucarachas hubieran llevado aquel componente hasta el Claro del Bosque, ya que éstas proliferaban casi exclusivamente en las desoladas urbes humanas.

Escarabajos, cucarachas, hormigas y arañas, junto con algún que otro artrópodo marino o pez abisal, eran los únicos animales pluricelulares aceptablemente desarrollados que quedaban sobre la Tierra. Mamíferos, aves, peces, anfibios, multitud de insectos y especies vegetales, se habían ido extinguiendo poco a poco y eran sólo leyenda…

Todo aquello había comenzado en el año 2068 de la Era Humana, contada a partir de la muerte de un importante individuo de su especie, al que mucho veneraban. Factores como la superpoblación, la falta de alimentos y de combustibles generadores de energía, desencadenaron la confrontación entre las distintas facciones humanas, que llegó a su culmen con la activación de las mayores armas jamás utilizadas sobre la faz de la Tierra: las bombas atómicas. La devastación fue brutal y en la contienda murió la mayor parte de la población humana y animal del planeta. A continuación llegaron más desastres nucleares (por el abandono de las centrales de energía); toda el agua potable se contaminó; la polución atmosférica se hizo insoportable; las enfermedades y epidemias proliferaban por doquier y acabaron por exterminar a los humanos y a la práctica totalidad de especies animales y vegetales. Las condiciones de vida se hicieron imposibles, excepto para unos pocos…

Pero años antes del desastre, los humanos habían creado a los androides, máquinas con apariencia humana que realizaban los trabajos más exigentes, luchaban en los conflictos bélicos, cuidaban de los niños o incluso servían de instrumentos sexuales. Tras la hecatombe nuclear, los androides se afanaron, en un principio, por controlar la radiación y cuidar de las centrales nucleares cuyo núcleo se había quebrantado, mientras los escasos supervivientes humanos se hacinaban en refugios subterráneos en los que el agua potable, los alimentos y las medicinas se consumieron en pocas semanas. Pero todo era cuestión de tiempo y murieron. Los propios droids sufrían fallos en sus sistemas informáticos y cibernéticos, carcomidos por la lluvia ácida y la oxidación. Otros muchos cayeron víctimas de virus informáticos creados por androides de facciones enemigas y que habían sido diseminados por las redes de comunicación con el ánimo de aniquilar el sistema de todo aquel que no poseyera el antivirus correspondiente. Y así, pocos años después, los androides sufrieron el mismo destino que sus creadores. Y entonces ya no quedó nada de la antigua civilización humana… Tan sólo los restos de las ciudades de hormigón y acero levantadas hasta el cielo, esqueletos de vehículos terrestres y voladores, pecios hundidos y poco más…

Una hora más tarde, la búsqueda obtuvo sus frutos. Allí estaba, en medio de un devastado solar, el esqueleto casi completo de un droid humano.

-No es la primera vez que nos encontramos con algo parecido. – reveló una de las exploradoras a Parlamentaria 6. Son réplicas artificiales de los animales más evolucionados que jamás hayan existido: los homo sapiens.

-Pero ellos se extinguieron y nosotras hemos sobrevivido… ¿Algo querrá decir eso, no?

-Salimos airosas de su propia devastación, nada más. Ellos sucumbieron a su propia aniquilación; nosotras nos adaptamos.

-Su lucha no iba con nosotras, tan sólo eso…

-Creo que este hallazgo debe ser comunicado a Nueva Colonia; tal vez podamos descubrir algo de la tecnología droid y aplicarlo a nuestros propios intereses…- propuso Parlamentaria 6.

-Puede ser una buena idea. Cogeremos algún componente ahora y lo llevaremos como muestra a Nueva Colonia. Luego podréis venir por el resto si lo veis pertinente.- concluyó la jefa de las exploradoras.

Así lo hicieron. Y al atardecer del segundo día de marcha, arribaron a Nueva Colonia con la preciada carga.

La Reina de Nueva Colonia, ejerciendo de perfecta anfitriona, agradeció a las exploradoras de La Colina, en una afectuosa recepción, el esfuerzo realizado por el transporte de las piezas del androide humano y los servicios de escolta desempeñados sobre su enviada.

Las exploradoras, por su parte, solicitaron ver con sus propios ojos los progresos evolutivos que la hormiga parlamentaria había relatado en La Colina; no por desconfianza, por supuesto, sino por mera curiosidad y regocijo ante tan magno y significativo acontecimiento. Así lo entendió la Reina de Nueva Colonia y dejó que fuera la propia Parlamentaria 6 la que guiara la visita por los pabellones de procreación y cría.

Tras ver los especímenes genéticamente evolucionados, las exploradoras de La Colina quedaron gratamente sorprendidas.

-Estamos impresionadas. Este fenómeno evolutivo nos proporciona innumerables posibilidades de éxito frente a las malditas arañas. Ahora sí que nos podremos enfrentar a ellas en campo abierto… y destruirlas.

-Por supuesto, y si una vez analizada, pudiésemos aplicar la tecnología droid de los humanos a nuestras propias guerreras, entonces sí que seríamos invencibles.- corroboró la hormiga parlamentaria.

A la mañana siguiente, un nutrido escuadrón de obreras, dirigido por Parlamentaria 6, se encaminó de nuevo al solar en el que se encontraban los restos del androide humano. En poco más de una hora desmantelaron por completo el droid y fueron llevando los componentes de regreso a Nueva Colonia.

Y allí estuvieron días analizando y estudiando la forma, composición y utilidad de lo hallado, pero no sacaron nada en claro. No fueron capaces de crear una sola aplicación, ni hacerse con el control de los mecanismos que pudieran aplicarse para crear unas guerreras droids indestructibles. Era una tecnología demasiado complicada para ellas. Habían pasado en cuestión de días de la euforia al desencanto; habían soñado con descubrir el secreto de la creación cibernética, con emular a los humanos, pero habían fracasado y debían rendirse a la evidencia. Estaban evolucionando, sí, y tal vez en el futuro fueran capaces de imitar, e incluso superar al homo sapiens, pero por el momento tendrían que luchar contra las arañas con lo que tenían, que no era poco. Aún les quedaba un largo camino para situarse a la altura de un homo sapiens que seguía siendo la criatura más inteligente que había pisado la faz de la Tierra.

-Aún no hemos alcanzado el grado de desarrollo tecnológico de los humanos,- se lamentaba Parlamentaria 6 frente a su Reina – nos ha sido imposible desentrañar los misterios de la tecnología droid.

-Tienes razón,- le consoló la Reina. – pero no te preocupes por ello, tenemos tiempo… Ellos están extinguidos y nosotras no… y muy pronto, venceremos…

Fin

Muchas gracias a Iván por su participación, si quieres leer mas de este autor, puedes hacerlo a través de su blog Ciencia-Ficción.

La imagen pertenece a Christophe EYQUEM

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