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El Tercer Nombre del Emperador

La ciencia ficción es un género literario que, para muchos, es difícil de encasillar. En gran medida se debe a que en su seno caben muchas cosas. Tanto es lo que cabe dentro de la ciencia ficción, que perfectamente un autor puede hibridarla con otros géneros literarios, y al final no haberse movido, ni un ápice del género inicial.
Entre la serie de historias que la ciencia ficción arropa, que son muchas, tenemos a la Space Opera. Esta es una de las categorías más viejas y la más denostada dentro de la literatura. En gran medida, porque a medida que la ciencia ficción fue tendiendo a los elementos más realistas y positivos (Hard), la Space Opera; que en un comienzo estaba plagada de elementos suaves y menos realistas (soft), fue relegada.

Así las cosas, no debe extrañarnos, que para muchos la Space Opera, llena de imperios espaciales vastos, dramones, conspiraciones, politiqueos, alienígenas y un largo etcétera, sea vista por los puristas como algo más cercano a la fantasía que a la misma ciencia ficción. En este rubro entran otros subgéneros de este estilo, como son el Romance Planetario y la Espada & Planeta.

Pero, quienes hayan seguido este blog, sabrán que la Space Opera puede tener su toque hard. La serie de novelas de la Cultura, de Ian Banks —quien escribe leyó Pensad en Flebas y no le quedaron más ganas— son un claro ejemplo de este estilo que puede tener su dureza. Por su parte, los trabajos de Alastair Reynolds, o las novelas de Hamilton como son: Judas Desencadenado y la Estrella de Pandora, son claros ejemplos de cómo la ciencia ficción más dura y la Space Opera se puede combinar.

Otro ejemplo de ello, el que nos ocupa, es El Tercer Nombre del Emperador de Víctor Conde. Este es un autor, que no es un novato, sino que tiene en su haber varias novelas. ¿Qué podemos contar de él? pues Víctor ha ganado los premios Minotauro, Ignotus y Kelvin, es un autor español con más de 50 novelas publicadas, repartidas en diversos géneros a saber: ciencia ficción, terror, mainstream, juvenil, infantil, romántica, filosófica, de aventuras, medieval. Alguno de los títulos conocidos son: «Crónicas del multiverso», «La Orfíada», «El beso de Copacati», «El hombre del momento» o «Mystes».

El Tercer Nombre del Emperador forma una trilogía con la novela Mystes y Crónicas del Multiverso que cierra el círculo, pero de la que vamos a hablar en este momento es la primera.

¿De qué va El Tercer Nombre del Emperador?

El Emperador Gestáltico, formado por la comunión mental de cuatro arcontes, se muere. Los poderes fácticos trabajan para sustituirlo y asegurar la continuidad de un gigantesco imperio galáctico apoyado en sus poderes psíquicos. La búsqueda de los candidatos lleva a los exploradores hasta un remoto planeta donde ha nacido una joven muy especial, Sandra, cuyo traumático pasado la ha condicionado en contra de un imperio que considera dictatorial y opresor. Sin embargo, de su decisión depende el futuro de miles de planetas que están a punto de enfrentarse al mayor peligro de su historia: una fuerza imparable y destructora de origen desconocido, cuya amenaza trasciende galaxias y líneas temporales, hasta amenazar el mismo fin del universo.

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Lo dicho arriba nos ubica en un universo amplísimo, donde la humanidad ha construido un gran imperio que poco tiene que envidiar al imperio de Dune. Todo ello, gracias a que descubrieron una forma de desarrollar poderes psíquicos que les permite doblega el tiempo y el espacio y las naves espaciales pueden, de esa forma, saltarse el límite de velocidad universal. Aunque, a pesar de ello, no se abandonaron otras formas de viaje estelar.

Ahora, entrando en materia diré que Víctor tiene una prosa amena; sin muchas floritura y directa. Tiene algunas pinceladas de poesía en algunos momentos. Y es capaz de contar mucho de los personajes con poco. Este tipo de escritura tiene su ventaja porque es capaz de engancharnos en la historia y mantenernos en ella, a pesar de que el inicio de la trama es algo lento y está cargado de una buena cantidad de tecnojerga. Por cierto, en este último punto, se agradece el hecho de que el autor decidió mostrar que contar. Así que, si bien nos asalta con expresiones como el puente Einstein-Rosestaim (creo) no nos hace infodump para explicarnos como funciona.

Continuando con su estilo, debo destacar que tiene una maestría para moverse entre escenarios. Así pasamos de ambientes bucólicos —y aburridos— como esperanzas, a sitios complejos y altamente tecnológicos como Delios a sitios de plano psicodélicos como La Ciudad Pascalina o los entornos virtuales de Damasco.

Otro punto a destacar de esta novela es el entorno. Se nota que Víctor pensó casi todo. Pero, aun así, hay puntos que nos deja a nosotros. Su mundo está vivo y detallado, —y vaya que lo está—, pero no se dedica a explicarnos o mostrarnos todo a detalle, sino que da al lector algo de manga ancha para que deje volar su imaginación.

Con ello, llegó al punto de los personajes. Aquí hay algo interesante y es que hay muchos personajes, pero esencialmente quienes secuestran nuestra atención son Alejandra —candidata a ser Emperador— y Evan. Ellos serán los protagonistas, dos personajes con historias diferentes, que empezaran en puntos equidistantes de la trama, pero que se terminaran uniendo.

Se nota que el autor le tiene cariño a ambos, pero más a Alejandra. A mí, tal vez por edad, no me llamó la atención como personaje. En algunos momentos la sentí forzada. Pero, me gustó mucho que ella fuese el detonante de todo. Y, a la par, fuese la causa y la solución al gran antagonista que sale en la novela. Que, por cierto, hay que estar muy atento, porque se pierde un poco.

En cuanto a Evan, sentí más empatía por la apariencia del personaje. Pero, también porque no los pintan como un soldado, un tipo capaz. En cierta parte lo demuestra, pero después, cuando la situación lo abruma, vemos que es un tipo normal. Eso lo hace creíble.

Hay otros personajes interesantes, pero esta pareja opaca a la gran mayoría. En cuanto a la trama, esta, como ya dije, inicia con cierta laxitud, pero luego va ganando fuerza. Como una piedra que cae por una ladera, va ganando más masa hasta volverse algo incontrolable. Luego tenemos un momento de respiro y luego hay mucha acción, donde ocurren cosas interesantes, pero hay un final que se siente apresurado. Este, al ser una primera novela, deja muchos cabos sin atar, pero es un final agradable.

En líneas generales, el Tercer Nombre del Emperador es una novela entretenida. Con un estilo de vieja escuela, sí hay mucho saborcito a Dune —también hay muchos guiños a otros clásicos de la ciencia ficción, especialmente en los apellidos de algunos secundarios—, pero con un toque de dureza y pesadez digno de los autores más modernos como Hamilton y Alastair Reynolds.

Recomendaría El Tercer Nombre del Emperador al que le guste el estilo de los autores nombrados, pero les guste las cosas más ligeras. Si lo tuyo es la ciencia ficción hard o la ciencia ficción soft, pero quieres descansar un poquito de las lecturas, pero sin moverte de la zona de confort, esta novela es para ti.

Si te gusta la acción trepidante y entretenida, esta novela es para ti. Claro está, luego de superar la primera parte, que tampoco es nada mala.

En fin, El Tercer Nombre del Emperador es un material de calidad, de verdad vale la pena.

La imagen de portada es «The Ritual» por JoeyJazz.

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