Nuestro amigo Javier Dominguez nos envía su relato “El Invencible” para participar en El Concurso de Ciencia Ficción de La Cueva del Lobo, se trata de una adición que considero muy adecuada para este blog, no dejen de disfrutarlo:
Armas

EL INVENCIBLE

    Bullseye se lanza de frente con una granada en la mano y El Invencible lo ejecuta justo cuando retira la espoleta. El cuerpo de Bullseye sale volando y entonces yo ataco desde el arbusto donde me ocultaba. Aunque el cargador se vacía en un instante, los casquillos parecen caer en cámara lenta, sincronizados con la caída del cuerpo de Bullseye, mis pasos se mueven al ritmo de un compás espeso, así como las ramas de los arbustos, las nubes, el viento, el polvo, todo, excepto el Invencible, de alguna forma evade mi ataque y se esconde de nuevo en el búnker.

    Algo me mueve a buscarlo dentro de su escondite, quizás sea la sed de venganza, pero sería una locura. En ese espacio cerrado él tiene la delantera, obviamente lo conoce en cada palmo. Nosotros también lo conocíamos, pero el Invencible sabe esconderse en lugares poco usuales. Así fue como nos emboscó al principio y eliminó a Tomcat. Fue un disparo certero, aunque cobarde, por la espalda. Nosotros no concebíamos hacer tal cosa, pero luego sabríamos que El Invencible no tenía preocupaciones por tales códigos de conducta. De hecho, por su forma de luchar, afirmo que no tiene ningún código de combate, sólo lo mueve un hambre ciega por destruirnos.

    Puedo intentar traerlo de nuevo fuera del bunker. Bullseye y yo pensamos que sería más fácil combatirlo a campo abierto, pero ya sé que no es así. Es la primera vez que nos falla esa estrategia. Aunque los objetivos se hicieron cada vez más difíciles, llevarlos a campo abierto siempre resultó. Tomcat, los eliminaba con su M24 desde la colina frente a la puerta del búnker. Bullseye y yo nos ocupábamos de encerrar al objetivo entre nuestro fuego cruzado. Sólo hay un promontorio donde cubrirse a unos veinte metros al salir del búnker, una vez que se ubicaban ahí eran un blanco fijo para Tomcat y los eliminaba. Los objetivos ni sabían de dónde les disparaban. Quizás fue una tontería salir sin Tomcat, pero no se nos ocurrió otra cosa.

    Voy al cuerpo de Bullseye y tomo las municiones que aún quedan en su correaje. Es la primera misión que me toca culminar solo. Recargo mi rifle y me coloco a un lado de la puerta. Verifico el resto de mis armas, sé que está todo bien, pero necesito unos instantes para calmarme.

    Los tres nos reímos cuando escuchamos el nombre del objetivo: El Invencible, sabíamos que tal nombre era casi un chiste. ¿Cómo llamarse así frente a nosotros? El trío de mercenarios invictos, infalibles y además el escenario escogido era el búnker en el desierto, era el lugar que mejor conocíamos. Sin embargo, Tomcat estaba callado y nervioso, era el único de nosotros que admitía en voz alta que nuestros objetivos eran cada vez más difíciles de cazar. Bullseye y yo no le hacíamos caso, claro, en la última misión casi lo matan, por eso estaba nervioso, le decíamos que todo era producto del susto, que le cuidaríamos. Quizás por ser el francotirador del equipo tenía el don de mirar más lejos que nosotros, tal vez tenía una mira telescópica en su frente y se vio a si mismo alcanzado por la bala del Invencible. Si fuera así, entonces ya sabía su destino, El Invencible apenas unió los dos extremos de la cuerda.

    ¿Era el destino de Bullseye  ser despedazado por su propia granada? ¿Lo sabría y no lo dijo? Y si era así ¿por qué se lanzó sobre El Invencible si sabía que éste lo esperaba? ¿De veras lo esperaba? Esa posibilidad me parece más inquietante. ¿Sabía El Invencible lo que iba a hacer Bullseye? ¿Sabe lo que voy a hacer yo? Mi plan se reduce a armarme hasta los dientes, entrar al bunker y acorralarlo. O podría hacer todo lo contrario y esperarlo aquí afuera. No ha vuelto a salir, tal vez me tiene una trampa adentro. Volveré al montículo desde donde lo hubiese ejecutado Tomcat, lo esperaré con el rifle, un disparo, a lo sumo dos y listo.

    ¿Cuándo nos conocimos los tres? Es difícil definirlo, en cada misión parecía ser la primera vez que nos veíamos, pero al mismo tiempo sabíamos que no era así, cada uno conocía el rol del otro y rápidamente acordábamos estrategias.  Estas dependían del sitio donde se llevara a cabo, no podía ser igual la selva que la ciudad, inclusive dentro de la ciudad había subclases: espacios abiertos como las calles o laberínticos como el búnker, que, paradójicamente, estaba en el espacio abierto de un desierto. Nuestra predilección por el búnker radicaba en que jugábamos con el objetivo, lo acorralábamos o lo poníamos a correr por los recovecos. Dejábamos que los objetivos vaciaran sus armas sobre nosotros y cuando acudían al cuarto de municiones alguno lo esperaba y terminaba el asunto con un tiro en la frente.
¿Cuántas veces lo repetimos? No lo sé, pero las cosas se pusieron raras cuando un objetivo no decidió perseguirnos. Corrió en la dirección contraria y lo perdimos. Lo esperamos un buen rato y por primera vez fuimos a cazarlo. Tomcat fue sorprendido por una ráfaga que salió debajo de una de las escaleras, fue herido, pero logró correr y ponerse a salvo. Bullseye y yo saltamos desde el piso superior y lo encontramos debajo de la escalera, arrinconado, presa fácil. Tomcat se recuperó rápidamente, cuando volvimos a vernos estaba como nuevo. Comentamos lo extraño que había sido ese evento, pero no dedicamos mucho tiempo al asunto, yo apunté que era interesante que los objetivos se volvieran más móviles y ágiles, que añadía diversión al asunto. Tomcat dijo que no debía haber nada interesante en morirse, desde ese día sólo le interesaba mantenerse con vida. A Bullseye no le importaba nada fuera de la persecución, la pelea y la victoria, para él era sólo un juego, aunque no siempre fue así. ¿Qué era para mí? Lo disfrutaba, hasta me divertía, pero no había una razón clara para hacerlo, a veces me agradaba la simplicidad de encontrarnos y planificar la cacería juntos, otras el reto, otras porque simplemente me había tocado hacerlo. Nunca busqué mayores justificaciones, y ahora pareciera que necesito una mientras vigilo la puerta del búnker. Necesito una razón para no morir, para no lanzarme granada en mano y explotar junto con El Invencible, necesito una razón para que me importe, diferente al miedo instintivo de Tomcat y a la obsesión por ganar de Bullseye.

    No, lo que debo hacer es no distraerme y vigilar la entrada del búnker. El sol me molesta, lo tengo de frente y fastidia mi visión del sitio. Aunque a donde mire me encandila. Giro la vista a la izquierda y ahí está el plato dorado y cegador, pero a la derecha también está, arriba es igual. El desierto se extiende como un mantel ocre y cuarteado, algunas xerófitas crecen a una distancia casi equidistante una de la otra, parece la misma planta repetida.

    Veo una silueta, justo en la entrada, lo sabía, no podía sentarse a esperar, tiene sed, hambre de pólvora y sangre como nosotros. Afino la mira, solo distingo su sombra cerca del marco de la puerta. Suficiente. Disparo.

Creo que acerté, pero aún no está muerto. Lo sé porque aún sigo aquí, la misión no ha terminado. Debe estar herido, desorientado, buen momento para acercarme. Suelto el rifle y tomo el M-16, corro hacia la entrada. Cuando me faltan unos metros para llegar, aparece de nuevo bajo el marco de la puerta, con un lanzagranadas, abre fuego, lo esquivo, siento las explosiones alrededor, pero sigo acercándome, si me aproximo suficiente no lo usará porque la explosión nos mataría a ambos. Disparo una ráfaga sin ver muy bien, así gano tiempo mientras corro y me pego a una de las paredes del búnker, entonces vuelvo en mí y apunto, lo espero, quiero que salga. Pero no lo hace, tampoco usa más granadas.
Quiere que entre. Si me quedo afuera soy blanco fácil para su lanzagranadas. Al Invencible no le mueve vencer con honor, si pudiera lanzarse en un tanque lo haría, no tiene respeto por las reglas de combate.

Nosotros sí entendíamos la importancia de una pelea pareja, con estrategia, aunque siempre usáramos las mismas por lo menos las teníamos. Con el tiempo todos los objetivos se iban pareciendo al Invencible, los perseguíamos y sólo nos enfrentaban cuando tenían el rifle más grande, el cañón o granadas como estas. Cada vez eran más impersonales y peligrosos, Bullseye fue la primera víctima de un combate a todas luces sucio. Estábamos en la selva, cerca de unos riscos y recibió un disparo por la espalda y cayó por el risco, Tomcat y yo nos ocultamos, rodeamos al objetivo y lo eliminamos con fuego cruzado. Volvimos al barranco para buscar a Bullseye, no lo vimos. Pero supusimos que estaría bien, a unos metros abajo pasaba un río profundo, pensamos que había caído en él y habría nadado hasta la orilla. No lo pudimos verificar porque enseguida nos solicitaron para otra misión.

Pero cuando llegamos al nuevo sitio ya Bullseye estaba ahí, recuperado, le mencioné lo de su caída, si lo había salvado el río. Él contestó que sí, que no fue nada grave, pero Bullseye estaba cambiado. En las misiones siguientes empezó a lanzarse como un loco sobre los objetivos, dejó de importarle todo. Supuse que su falta de seriedad no era más que un mecanismo de defensa ante su casi muerte.

Y ahora lo entiendo, ¿Qué más podía hacer? ¿Esconderse en cada misión? ¿O darlo todo en un ataque feroz e igualar las oportunidades de vencer o morir? A eso voy, si estamos cerca obligaré al Invencible a no usar explosivos, eso ya mejora las posibilidades. Lo obligaré a ir al cuerpo a cuerpo.

Entro al búnker, miro el pasillo principal, la luz es tenue y a los pocos metros se pierde en una opacidad cobriza que se derrama de los andamios oxidados. Decido ir por la derecha, hasta la escalera Este, así puedo bajar a los siguientes niveles con la pared a la espalda y sólo me preocuparía por el frente. Me pongo las gafas de visión nocturna y desciendo, no necesito más luz, las gafas optimizan su capacidad con la oscuridad. Me desplazo y vigilo los escalones debajo de mí.

Desciendo dos niveles y no lo encuentro, hay ruidos de metales crujiendo, tuberías con goteras, pequeños chorros de vapor que se escapan, ventiladores soplando, bombillos que titilan. Al llegar al tercer nivel termina la escalera, el piso tiene una textura diferente, ya no es rejilla metálica, es concreto frío, mis pisadas ya no vibran y se sienten pequeñas, el sonido de mis botas es seco y leve, y es ahogado por el concierto de rechinidos.

Los dos primeros niveles son mezzaninas enormes, con algunos muebles, puedo ver la escalera Oeste al frente. El tercer nivel es un largo pasillo con puertas a los lados, voy hasta cada una e intento abrirlas. Algunas están condenadas, otras abren, son pequeñas habitaciones, todas idénticas, con un catre sucio, un locker a medio abrir y en mitad del techo un bombillo desnudo. Entro en la última habitación y reviso el locker, hay un cuchillo de cacería, lo tomo. Cuando salgo de nuevo al pasillo escucho un sonido metálico, algo cae, se encienden todas las luces, la claridad es amplificada miles de veces por las gafas, es como una explosión solar que penetra hasta mi cerebro, luego los disparos, me alcanza parte de la ráfaga, me tiro dentro de la habitación y me quito las gafas, no logro ver claramente aún, pero distingo la puerta, apunto hacia ésta y espero al Invencible.

Dos objetos caen frente a la puerta, son granadas, me lanzo contra la pared de la entrada. La explosión, me aturde, pero estoy bien, una nube de polvo se cuela por la puerta. Voy a huir, no puedo quedarme en este hueco, El Invencible debe estar a la derecha, desde donde cayeron las granadas. Salgo al pasillo de nuevo y sin ver al Invencible abro fuego a la derecha y corro hacia el otro extremo, de nuevo a la escalera, subo rápidamente, mi visión mejora y veo al Invencible al otro extremo de la mezzanina, me detengo y le disparo, sé que le di, el también me ha dado, pero aunque esté a la mitad de mis fuerzas aún puedo emprender contra él. El fusil se traba, se agotaron las municiones, a él también y  tira su arma, por fin lo puedo distinguir: lleva un sombrero y un sobretodo negro que se abre como una capa cuando se lanza sobre mí. Él es una mantarraya gigante y oscura en la que se hunde toda la luz.

El Invencible apela por el cuchillo, me honra que lo haga. Saco el mío y lo ataco con un golpe de revés, él lo esquiva, vuelvo a probar, se agacha, salta, rueda hacia un lado y me hiere en la pierna. Lo vuelvo a atacar, el me esquiva con una nueva tanda de movimientos ágiles, me corta de nuevo, intenta clavar su puñal, pero no lo logra. Vuelvo al ataque y saca otro montón de piruetas, ¿cómo lo hace? Conoce mis maniobras, juega conmigo, me corta en varias partes, yo quisiera atacarlo de otra forma, pero no puedo, sólo me salen dos movimientos, dos golpes; también quisiera evadirlo pero sólo puedo saltar a los lados, él lo sabe y sus ataques están calculados para obligarme a caer en un sitio y luego recibirme con una cuchillada.

Estoy débil, sólo me queda un hilo de vida, un último salto, un último ataque, El Invencible me bloquea y finalmente clava su puñal en mi pecho, repite la estocada tres veces. Me desvanezco.

Enseguida vuelvo en mí, ya no estoy en el búnker, ahora estamos en una calle terrosa, solitaria, hay chabolas y pequeños edificios en ruinas, el sol es de nuevo intenso y está en todas partes. A dónde se mire parece que la calle se repite a sí misma. Tomcat se separa del grupo y dice que va a buscar un buen sitio para mirar desde el telescopio de su rifle y explorar el área. Bullseye se queda conmigo, está como si nada, se ríe y me toca en el hombro. Le agrada verme, me dice que tenía rato esperándome. Hace unos minutos yo estaba peleando a cuchillo con El Invencible, él me explica que los segundos y los minutos pueden ser años dentro de una computadora. Tomcat aún no entiende lo que pasa o se hace el desentendido, con el tiempo aceptará la situación.

Bullseye descubrió todo el asunto aquella vez cuando se  precipitó al río. Probablemente el oponente siempre ha sido el mismo y aprendió de las tácticas que estamos obligados a repetir una y otra vez. Pero él no era como nosotros y las descifró finalmente. Así son los niños, me dice Bullseye, para ellos todo es un juego.

¿Qué es un niño? Le pregunté.

Javier DomínguezSeptiembre 2010

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