Recuerdo que era el segundo año en que era yo el protagonista durante la celebración del día del padre, mi muchachito era un gordito pequeño y de lo mas bello; estaba yo en ese estado entre dormido y despierto, la noche anterior me había trasnochado bastante, porque después de todo al día siguiente era domingo y además, día del padre, ¿qué necesidad había de acostarme temprano? Así que esa mañana, aunque escuchaba ruidos en la cocina, no hacía otra cosa que envolverme mas en las cobijas.
Me despiertan, besos van y besos vienen. Desayuno en la cama, lo que se dice un desayunote, pan tostado, huevos fritos con tocino, mermelada y hasta un pedazo de torta.
Pero hay algo peculiar, el muchachito está bañadito, encoloniado, peinado y muy bien vestido, “¿A dónde irá este muchachito tan temprano en la mañana? Y además ¿un día del padre?” Me pregunto en silencio con mucha extrañeza. Hay también algo inquietante en la mirada de aquel niño, una curiosa expectación…
Me como mi principesco desayuno, tranquilamente, rodeado de alabanzas, cariños, y regalos.
De pronto el niño al ver que he terminado el desayuno, me suelta aquello:
– ¡Día del parque!
– ¿Hmmmm? –Yo lo miro todavía entre despierto y dormido, sin entender de que me está hablando.
– Día del parque.
– No, no, día del Padre, día de Papá, día mío, mí día.
El niño me mira con cierto nerviosismo en los ojos, aquella terrible certeza del que está comprendiendo una realidad que prefiere ignorar. Sin embargo insistió:
– ¿Día del Parque? –preguntó ya inseguro, temiendo lo peor.
– No mi amor, hoy no es el día del parque, es el día del padre…
Bajó la cabecita, se bajó de la cama y salió del cuarto tristecito.
Huelga decir, que aquella mañana, me sacudí la pereza con algo de agua en el rostro, me vestí, y mientras la mayoría de los padres seguían disfrutando del sueño en sus camas, yo llevaba a mi hijo al parque.
Pero es uno de los días del padre que recordaré con mas cariño, pues mientras mi hijo jugaba feliz entre el tobogán, el subibaja y los columpios, yo con una sonrisa en los labios, comprendía mejor lo que era ser un Papá.

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