Venezuela no siempre fue este desastre en que estamos viviendo, a principios de siglo eramos un país con sus problemas como cualquier otro, pero también con esperanzas y oportunidades.

Aunque muchos de nosotros lo desconocíamos en esa época en este país ya se estaba apostando por la ingeniería genética para mejorar nuestros cultivos, en la Universidad de Merida se estaba desarrollando un cultivo de lechozas transgénicas que podrían reducir muchos de los problemas que estas plantas han tenido en nuestro país. Pero entonces algo terrible ocurrió…

Un grupo de activistas antitransgénicos comenzó una campaña de mentiras que terminó con el campo de lechozas quemado y destruido. Y la oportunidad de que Venezuela avanzara en el desarrollo de organismo modificados genéticamente se perdería por muchos años.

Esta historia nunca ha sido contada, ahora nuestro amigo Guido Nuñez quiere hacer un documental en donde lo cuenta todo, ¿qué ocurrió entonces? ¿Qué pasó con la investigación? ¿Qué ha pasado en otros países en donde sí avanzaron con estos mismos cultivos? ¿Qué ha ocurrido en Venezuela en relación a esta materia? Etc.

Para ello Guido ha lanzado una exitosa campaña de KickStarter que en apenas unos días ha recaudado mas de la mitad de la cifra requerida, ¿te gustaría apoyarlo y ayudar a combatir la ignorancia en torno a este tema?:

 

En estos días cuando oyes la palabra “Venezuela” enseguida piensas en largas filas de personas tratando de comprar comida, en miseria y hambre. Pero en el año 2000, Venezuela era un país de ingresos medios, con un montón de problemas, pero de gente optimista y esperanzada. Nuestras universidades estaban bien financiadas, nuestros profesores bien pagados, y éramos pioneros en la región en materia de biotecnología.
Tuvimos una señal temprana de los tiempos oscuros que vendrían más tarde y del antiintelectualismo que destruyó la vida de millones de personas. Un campo experimental de papaya transgénica fue quemado por fanáticos activistas anti-transgénicos, y los científicos responsables de los experimentos fueron hostigados y amenazados con la cárcel. Yo estaba en mi primer año en la universidad y tuve asiento en primera fila a la campaña de mentiras, miedo y desinformación que se desencadenó en Mérida por esos activistas.
Hubo todo tipo de rumores, entrevistas de radio con naturópatas y activistas, y en artículos de los periódicos se dijo que no debíamos comprar ningún tipo de verduras grandes y bonitas, pues era casi seguro que eran genéticamente modificadas (OGM). Decían que esas papayas tenían “genes de rata” que nos transmitirían la peste bubónica; o que habían causado el retraso mental en los recién nacidos en Lagunillas – donde había estado el campo experimental. Muchos carteles se pegaron por toda mi querida Mérida, afirmando que los transgénicos eran mortales, y que estos activistas apoyaban la vida. Recuerdo que la gente tenía miedo, que estaban nerviosos, y los científicos atemorizados pensaban que terminarían presos.
Nadie pudo contrarrestar estas afirmaciones ridículas, que se quedaron sin oposición y perdimos una gran oportunidad de enseñar la ciencia, pero no puedo culpar a los profesores que mantuvieron un bajo perfil. Traté de hacer mi parte, rayando sus carteles con mis propias consignas, escribiendo mi primer artículo en un periódico, hablando en la radio, e incluso hablando con algunos de estos activistas. Por supuesto, no hice mucho. Yo era joven, ingenuo, inexperto y era sólo yo contra un movimiento fuerte. La gente a mi lado tenían mucho que perder y por eso no hablaban. Yo en cambio no tenía nada que perder, estaba lleno de rabia de adolescente y bravuconadas, y sentía que era yo contra el mundo. Por supuesto, el mundo ganó, y yo me puse a hacer otras cosas, pero este tema siempre ha estado en mi corazón.
Ahora me doy cuenta que la versión de los científicos en esta historia nunca ha sido contada. Ellos habían permanecido en silencio durante todos estos años, después de las pérdidas devastadoras, después de presenciar como destruyeron el trabajo de toda una vida, siendo perseguidos y vetados, después de ver en el Gobierno de Venezuela la promoción de la ignorancia y los miedos irracionales. Creo que es hora de que los escuchemos y aprendamos de su experiencia. También quiero saber cómo les va a los agricultores de papaya ahora. ¿Se han resuelto sus problemas? ¿Los activistas anti-OGM (algunos de ellos extranjeros) se mantuvieron en contacto con ellos y les han ayudado a cuidar de sus campos? ¿Les está yendo mejor luego de la destrucción y la prohibición de las papayas transgénicas? 
Sabemos mucho acerca de los agricultores de papaya GM de Hawai, sabemos que están prosperando y que sus campos son saludables, libres de enfermedades, y que no es necesario usar pesticidas para deshacerse de los áfidos que portan el virus de la mancha anular de la papaya.
Es por eso que quiero financiar un documental sobre estos agricultores y científicos. Quiero hablar con ellos antes de que sea demasiado tarde y las lecciones aprendidas se pierdan para otros irrevocablemente. También quiero hablar con algunos de estos activistas y ver si han cambiado de opinión y si creen que lo que hicieron en ese entonces fue correcto. Con el fin de hacer esto, necesito tu ayuda. Necesito fondos para pagar el equipo de rodaje y los gastos de filmación para hacer un documental que nos cuente lo más destacado de esta historia, también queremos hacer un estudio social de los agricultores y entender la forma en que sus vidas se han visto afectadas por estos problemas agrícolas.

Silenced Crops

by Guido David Nuñez-Mujica

Comparte este artículo con tus amigos