Nuestro amigo Joseín Moros, continúa avanzando con su historia de Crónicas de Pil, en donde las cosas continúan volviéndose cada vez mas misteriosas:

Mor y Visdom 01 copy

Crónicas de Pil

Kopi

Una tarde, cuando finalizábamos los entrenamientos de natación, Mor surgió caminando por la orilla de la piscina, su figura nos dejo mudos; al cabo de unos segundos estallaron aplausos, gritos y silbidos de aprobación.

La imagen tridimensional era tan real que hasta poseía sombra, vestía el traje de baño amarillo de dos piezas con el cual se me apareció una vez en las duchas, ninguno de los demás la había visto de esa manera. Sus pies descalzos salpicaron agua virtual, era casi imposible aceptarla como algo aparente. Subió hasta la plataforma y se lanzó, realizando giros y tirabuzones, antes de penetrar en el agua como un cuchillo. No aparecieron ondas en la superficie, buceó un momento, y después salió al otro extremo de la piscina.

El aplauso fue delirante, a los muchachos nos fue difícil controlar la respiración y las niñas estaban extasiadas, tal vez imaginándose cada una de ellas en la misma circunstancia.

Entonces desapareció, así era Mor. La inteligencia artificial de Torre Kro había estado allí por casi tres milenios y mi experiencia con esa clase de seres podría llamarla nula, a pesar de haber nacido en Ciudad Himmel, una de las mega metrópolis más grandes del globo terráqueo. Por desgracia para ese momento la urbe estaba desolada, con sólo pocos millones de habitantes refugiados en los edificios inteligentes, aquellas construcciones luchaban como estaciones espaciales perdidas en el vacío, para mantenerse en funcionamiento y sostener vida humana en su interior.

Luego al anochecer yo tenía insomnio, me había dado cuenta que poseía un oído privilegiado, en la oscuridad del cubículo percibía quejidos y suspiros en la sala. No pude alejar de mi mente las escenas de lo que debía estar ocurriendo.

Me levanté y recorrí el pasillo, colmado de compuertas metálicas hasta el gran almacén, y salí al área exterior del refugio, eran enormes salas vacías, ahora limpias de polvo y ruinas. Los formidables ventanales fueron reparados con anticipación y premura, para proteger la construcción contra el granizo; la súper tormenta se mantuvo semanas y nuestro edificio la había capeado con cierta ventaja con respecto a los demás, gracias a las previsiones de Mor. Todos estuvimos observando los trabajos, la maquinaria robot dejaba caer espuma blanca en los vidrios rotos y como si fuera magia el cristal comenzaba a crecer. Mor habló de partículas muy pequeñas, programadas para construir, como obreros microscópicos, pero la mayoría estuvo de acuerdo que detrás de todo eso también había diminutos espíritus bondadosos, parte del Poder Invisible, quienes disfrutaban construyendo y reparando.

—Saben niños, yo también me había planteado algo parecido —dijo Mor esa vez—, sin una parte de magia las cosas no funcionan, yo soy un ejemplo de ese misterio, me lo vengo diciendo desde hace un tiempo.

El “hace un tiempo” de Mor, para nosotros podría ser la duración de varias vida humanas.

Mientras meditaba de esa manera, estuve mirando Ciudad Himmel, o los restos de ella. Muchos edificios habían desaparecido, destruidos por el bombardeo de granizo, los temblores y el oleaje del mar invasor, otros perdieron niveles superiores y la superficie exterior estaba tan erosionada como si millones de ratas hubiesen roído la cáscara de una fruta seca.

Me entretuve observando un hormiguero de pequeños monstruos escalando paredes, producían chispazos de colores, mientras realizaban toda clase de reparaciones. Recordé el cadáver de un hombre en la playa, cubierto de cangrejos. Muchos edificios luchaban por mantener la integridad utilizando medidas desesperadas. Mor nos informó que arrebataban partes de las construcciones extintas, para reconstruir las estructuras de las edificaciones más poderosas

—Ha muerto mucha gente —nos dijo Mor aquella vez—, los sobrevivientes tendrán comida en abundancia.

Permanecimos callados, recordando nuestras familias, todavía ciertas sutilezas emocionales estaban fuera de la inteligencia artificial que gobernaba Torre Kro, el edificio donde estábamos refugiados desde largo tiempo atrás.

Una voz me hizo saltar por la sorpresa.

—Hola Pil, yo también tengo insomnio.

Como si la hubiera conjurado con mi pensamiento, apareció Mor, tenía un traje con muy poca tela, y el largo cabello oscuro se había tornado gris plateado, muy parecido al que una vez vi en Dama Esens, era fácil confundir una con la otra. En ese momento comprendí que nuestra anfitriona se estaba volviendo más osada en los cambios de su aspecto. Ella tomó asiento en el suelo, flotando unos centímetros, con las piernas cruzadas. Turbado por tanta hermosura le di la espalda, y continué mirando al exterior. Lejanos relámpagos cruzaban el cielo oscuro y la nubosidad hacía imposible observar las estrellas; hacia abajo todo era negro, algunas veces un pequeño reflejo me recordaba que la ciudad estaba inundada por el mar.

— ¿Tú duermes Mor? —me aferré a la pregunta, para quitarme la imagen de su cuerpo.

—En realidad no, durante la noche me está gustando entrar en un estado de pasividad, tal vez logre dormir en cualquier momento.

Creo que fue la primera vez cuando la oí hablar de gusto por algo, estuve a punto de preguntarle sobre sus satisfacciones, pero no me atreví.

— ¿Y por qué tienes insomnio?

—He seguido los informes de estaciones espaciales robot, las predicciones son muy serias. Volverán las tormentas, y un brazo del mar invasor se interpondrá en la ruta que deben ustedes seguir al escapar de la ciudad. Sólo tengo una solución al problema.

Me acerqué a ella y me sorprendió el movimiento de sus pechos. Yo sabía que no respiraba, pero de igual manera entendí su reproducción del lenguaje corporal humano; el peligro estaba aumentando y no confesaba toda la verdad. Percibí a su alrededor una aureola de emotividad imprecisa, algo imposible de explicar, sería intentar describir cómo había notado el nerviosismo de un caracol frente a un precipicio, o el júbilo de una araña al sentir una mosca en la red.

— ¿Cuál solución Mor?

—Tenemos dos vehículos, uno aéreo y otro anfibio. El primero es demasiado peligroso utilizarlo, antes de la catástrofe lo habrían derribado las fuerzas armadas del planeta, y ahora la atmósfera está intransitable, los rayos destruyen todo objeto volador, hasta las aves mueren por millones.

— ¿Y el otro transporte?

—Dama Esens y yo nunca previmos un cambio tan enorme en la geografía, los riesgos serán inmensos debido a limitaciones del anfibio.

— ¿Riesgos mayores que permanecer aquí?

—Permanecer aquí significa muerte segura, es inevitable el colapso de muchas construcciones. Ustedes no han sentido los temblores de tierra en su verdadera magnitud, debido a las condiciones antisísmicas del edificio y en especial de la compensación gravitacional en el interior del refugio.

De súbito presentí la cercanía de alguien, Mor desapareció y quedé solo en la oscuridad.

A lo lejos, el brillo de una linterna, y una voz, identificaron al recién llegado, era Rask.

—No podía dormir Pil —dijo, como avisando su proximidad.

Rask no había visto a Mor y percibí que hablaba luchando contra la intranquilidad.

—Miraba la ciudad —murmuré con despreocupación—, es asombroso como la lluvia de granizo destrozó unos edificios tan grandes. Mor dijo que los hielos tenían hasta doscientos kilos de peso, cayeron por millones, durante semanas. Además hubo temblores de tierra.

— ¿Terremotos? El agua de la piscina nunca mostró agitación.

—El refugio compensa las vibraciones, y no hay ventanas, por eso no lo sabíamos. Recuerda que son apenas veinte niveles, como un pequeño cilindro, flotando perdido dentro de la estructura de quinientos pisos.

Rask apagó su linterna y se dejó caer en el suelo, con la cara hacia el ventanal.

—Estuve mirando el esqueleto frente a la imagen de la mujer y el niño. Ya casi no siento miedo al verlo, Be me ayuda enseñándome a orar.

Por fortuna la vista de Rask no era como la mía y no pudo ver mi expresión de incredulidad. Be consiguió un seguidor a sus creencias, el menos imaginado por mí, Rask el jefe de la pandilla.

— ¿Pil, hay alguna forma en que puedas saber quién fue ese hombre? Algunas veces tengo sueños relacionados con él, y no consigo recordar.

Yo estaba percibiendo una inquietud más profunda que la expuesta en sus palabras, casi pude oír el murmullo de sus pensamientos arremolinados sobre una idea fija. Intenté calmar sus temores.

—Recuerda, tenemos mucho tiempo aquí, antes vivíamos en la calle y sin oportunidad de pensar, la prioridad era encontrar comida.

Presentí otra persona, sus emociones eran contrapuestas, fue similar a percibir un olor conocido, y la consecuente aparición de recuerdos intensos. Lo identifiqué sin haberlo visto.

—Hola Valp, acércate, estamos hablando de la ciudad —dije en voz alta hacia la oscuridad.

Rask dio un salto y se puso de pie, lo percibí cercano a la ira desenfrenada.

—Salí a caminar, no tengo sueño —dijo Valp, distinguí temblor en la linterna que apuntaba hacia el suelo, casi apagada.

Mis dos amigos se veían saludables, el ejercicio y la buena alimentación los había transformado, de escuálidos gatos callejeros a temibles cachorros de jaguar; sus dentaduras regeneradas por el doctor Visdom y Vell resplandecían frente a mi visión nocturna. La exuberante cabellera de Valp, adornada con una cinta tejida a mano, reflejaba lejanos relámpagos y le confería una aureola de misterio.

Hablamos un momento sobre lo que veíamos en la distancia, pero las mentes de mis amigos se bamboleaban en una tormenta interior, ambos parecían luchar para no hundirse en la tristeza.

En ese momento percibí alguien más y fingí no darme cuenta, nos estaban observando. Reconocí aquella preocupación por todos y cierta lucha incomprensible, contra impulsos difíciles de controlar.

De repente ella se decidió y silenciosa, surgió como la media luz, la pude ver con toda claridad, estaba pálida de incertidumbre, noté gran temor por alguna clase de violencia.

—Yo tampoco tengo sueño muchachos —, dijo Vell, fingiendo naturalidad, utilizó aquella voz profesional que tanto me gustaba.

A pesar de tener ya algo de tiempo tratando con el sexo opuesto, mis amigos les resultaba difícil comportarse con soltura en su presencia, además sentí una corriente subterránea adicional, no pude identificar con claridad su procedencia, era contradictoria y belicosa.

Repetimos las observaciones sobre la ciudad, además imaginamos gente tiritando de frío y terror.

De repente Rask se movió con rapidez.

—Voy a dormir. Recuerda Valp, al amanecer tenemos práctica de escalada, debemos estar descansados. Hasta mañana Vell, buenas noches Pil.

Quedamos solos, ella me miró desde muy cerca, sus ojos apenas estaban un poco por encima de los míos.

— ¿Qué te preocupa Pil? —dijo en voz baja, la linterna en su mano continuaba apagada.

—Rask y Valp, no comprendo qué los perturba tanto.

Vell tomó asiento en el suelo, recostada del ventanal, haló una de mis manos y me situó a su lado. Por un momento quedé paralizado, su contacto confundía mis reacciones. Entonces fui valiente, puse mi otra mano sobre la suya.

De su pensamiento sentí provenir una gran turbación, como un pequeño pájaro su mano intentó escapar, y no la dejé. El calor me subió por los muslos, y como dijo Mor una vez, mis glándulas trabajaban de manera correcta.

Ella reaccionó con inteligencia, puso su otra mano sobre las nuestras y habló, para tomar control de la situación.

—Pil, Rask y Valp también son mis amigos, no sabes cuánto los comprendo.

Quedé confuso, ya no pensaba en ellos, sólo en cómo recuperar la iniciativa de la situación.

Entonces ella introdujo otro tema, se me estaba escapando y mis glándulas llenas de pánico se batían en retirada.

—Pil, debemos hablar con las muchachas, durante las noches se introducen en los cubículos de los varones, eso puede traer problemas para nuestro viaje, chicas embarazadas no pueden correr esos riesgos.

Me rendí, aflojé las manos y contesté.

—Mor agrega anticonceptivos en la dieta, inocuos para los menores —sentí que el calor en mi abdomen estaba volviendo.

Ella pensó un instante y se relajó, yo interpreté mal la reacción.

—No te preocupes Vell, no corres riesgo alguno —mi voz sonó muy triste.

El puñetazo en el estómago fue instantáneo, aunque lo percibí mucho antes que ella se moviera, lo dejé llegar y me doblé como si no pudiera respirar. En la oscuridad mi sonrisa era inmensa, había recuperado la iniciativa, con trampa, pero la recuperé, todavía disfruto el recuerdo de ese instante.

Asustada comenzó a masajear mi abdomen, mientras yo aparentaba dolor y ahogo, hasta que su mano tropezó con algo, entonces me golpeó de nuevo, pero con suavidad.

—Estás fingiendo Pil —y comenzó a reír mientras se levantaba, me di cuenta que ella había ganado, de todas maneras sentí júbilo al percibir alegría en su mente, habíamos desplazado la tristeza y el temor.

Ya de pie me habló como si nada hubiera pasado.

—Sabes Pil, algunos muchachos han rechazado las chicas cuando intentaron entrar a sus cubículos, y otras dicen que nunca se encontrarán con chicos, me consultan en secreto y no he sabido darles una respuesta satisfactoria. ¿Qué debo hacer?

—Pienso que nada Vell, es decisión de cada uno. El mundo de los adultos es tan desconocido para nosotros como el sombrío viaje que tenemos por delante.

Ella guardó silencio y luego habló despacio.

—Eres una joya invalorable Pil. Déjame abrazarte, pero no intentes nada.

Se mantuvo pegada a mi cuerpo y de repente comenzó a llorar en silencio. No intenté rebuscar en su mente, me prometí respetar su intimidad, y cosa extraña, no lloré, yo estaba alegre por aquella demostración de profunda amistad. Aún siento en mi pecho el calor del suyo.

***

Al atardecer del siguiente día, mientras abríamos recipientes de comida y esperábamos se calentaran de manera espontánea, finalicé de leer una historia a los niños y niñas más pequeños. El cuento se desarrollaba sobre acontecimientos ocurridos en el transcurso de milenios, durante los inicios de la llamada era de la “Expansión Conquistadora”, cuando los seres humanos construyeron las primeras súper estaciones espaciales, con capacidad para desplazarse de un planeta a otro, invirtiendo cientos de años hasta establecerse en algún punto del sistema solar.

—“Y los campeones entraron en la estación, comandados por el guerrero nisse, aquel valiente capaz de paralizar la mente del enemigo, aparecer y desaparecer de calabozos, y cambiar su aspecto al de una bestia feroz cuando necesitaba destruir”

Todos aplaudieron, incluso muchos de los mayores estaban oyendo fascinados, mientras observaban imágenes mudas en la súper pantalla de la pared.

Vell se aproximó hasta el cojín donde yo acostumbraba comer.

—Disculpen niños, tengo un mensaje para Pil.

Ella habló en voz muy baja cerca de mi oído.

—Tienes visita. En la puerta del almacén de materiales.

Sentí una oleada de emociones provenir de su mente: incertidumbre, incredulidad y miedo supersticioso.

En el momento que algo diferente a la rutina ocurría, todos los ojos convergían sobre mí.

Me levanté y seguí a Vell, miré hacia el muro, donde mostraban un video con las contingencias de primitivos seres humanos viviendo en la selva, apenas vestidos con guayucos, cazando monos para alimentarse. Tenía la esperanza que Mor apareciera, pero nada sucedió.

Percibí la total ignorancia de Vell respecto al asunto. Ella habló con rapidez cuando nos alejamos de los demás.

—Pil, yo estaba en el ventanal, una voz habló desde atrás de una columna y dijo: “Doctora Vell, quiero hablar con Pil, por favor llámelo, soy Visdom”

Me vino a la mente la imagen del enorme y pesado artefacto tecnológico, la máquina medico quirúrgica robot, la cual me había operado la herida del cráneo más de un año atrás.

— ¿Visdom? ¿El doctor Visdom?

—Sí Pil. En el primer momento pensé que era una emboscada de los bandoleros, pero surgió Mor, dijo que viniera a buscarte, y se fue.

Guardamos silencio y al salir por la compuerta del almacén lo vimos de espaldas. Sentí una aureola de emotividad imprecisa, similar a la que había percibido en Mor, imposible de representar con palabras: tan extraña como reconocer sentimientos complejos en un caracol o una araña.

Esa vez tuve tiempo de analizar mejor, y pensé: es una imitación inorgánica de los seres humanos, algunas veces la copia resulta mejor que lo imitado, esa tal vez sea la razón de su desdicha.

El aspecto macizo de aquel cuerpo era capaz de intimidar a cualquiera, cuando volteó hacia nosotros su cara nos impresionó, parecía un ser humano construido con cera coloreada y vestido con la indumentaria de un guerrero nisse de la “Expansión Conquistadora”, justo del tema sobre el cual estuve hablando con los niños un momento atrás.

Con temor supersticioso Vell realizó, con sus manos, movimientos de protección mágica y murmuró palabras prohibidas de pronunciar en voz alta.

—Es un kopi —dijo ella con voz temblorosa.

El ente, de cabellera blanca, anudada en una coleta, cejas y barba como la nieve, tenía pupilas rojas y piel muy pálida.

—Hola Pil.

En un instante reconocí la presencia del médico.

—Hola doctor Visdom.

—Voy a ser breve amigos. Estuve esperando más de cuatro milenios por esta oportunidad. La máquina médico quirúrgica fue construida para una ciudad en el fondo del océano, siglos después la vendieron a una empresa constructora de rascacielos inteligentes. Terminó al servicio de Dama Esens y he permanecido, junto con Mor, esperando la llegada de ustedes.

Miró de reojo hacia el cielo, a través del ventanal.

—Este cuerpo perteneció a un hechicero de batalla, guerrero nisse, de una de las colonias rebeldes. Cuando fue capturado le extrajeron el cerebro y lo quemaron, siguiendo el estricto ritual milenario. Lo habían creado los Conquistadores de Júpiter, esos valientes que por primera vez armaron una luna artificial en órbita de ese planeta, se dice que hace más de veinte milenios. Cambios político-religiosos prohibieron la fabricación de más seres como éste y se les denominó de manera despectiva “kopi”, para resaltar que sólo eran una mala imitación de la perfección humana. Con ayuda de personas piadosas, los restos pude esconderlos aquí, en Torre Kro. En secreto elaboré un cerebro de espuma sólida, espejo de mi mente y sincronizado, así puedo estar en dos sitios a la vez, dentro de la máquina y en este cuerpo inorgánico.

De inmediato recordé las palabras del dukke Dolk, la vez que hablamos en la base del edificio, al referirse a Visdom, el salvador de la vida de Dama Esens, cuando estuvo mal herida: “todos lo consideran una máquina, es un mago elegido, un genio prisionero en una botella de metal”

El kopi movió los músculos de su cara para mostrar una sonrisa, a cualquiera le abría parecido el inicio de una agresión mortal.

—Y aquí me ven, dispuesto para acompañarlos en su viaje —con esas palabras finalizó su presentación el sabio doctor Visdom, desde el interior de un kopi con figura de legendario guerrero nisse.

Algo en la explicación se presentaba, en mi percepción, con aureola de confusos colores. Mientras pensaba qué responder, el doctor Visdom dio un paso adelante, silencioso para algo tan pesado.

—Conservo todos mis conocimientos y destrezas médico quirúrgicas, claro que deberé llevar instrumentos adecuados —y miró a Vell—, tendremos oportunidad de continuar la formación de la doctora Vell.

Mi silencio continuó, yo titubeaba esperando una disminución en los temores que Vell emitía desde su conciencia. Visdom, sin cambiar la expresión de su cara, dio otro paso y su voz se alteró.

—Por favor Pil, durante milenios he sido prisionero de una carcasa metálica, bajo el océano y en este edificio, sin tan siquiera poder mirar por una ventana. Estoy vivo, aunque para ustedes no lo parezca, y deseo con toda la fuerza de mi engel salir al mundo antes de irme a la noche final.

Sentí el llanto interno de Vell, y un enorme nudo en la garganta. Era una contradicción, aquel ser que emitía tanto poder con su presencia, estaba mostrando una vulnerabilidad inmensa.

—No conozco esa palabra doctor Visdom. ¿Qué es engel?

—La razón por la cual los kopi fueron destruidos. Llegaron a pensar que tenían un componente semejante al alma humana y sus cerebros quedaron condenados a la hoguera.

Ahora, con tanto tiempo transcurrido desde aquel suceso, todavía dudo preguntarle a una inteligencia artificial, cual ha sido la ruta de sus deducciones para llegar a la conclusión que posee engel.

—Pil, déjalo venir —dijo Vell, apretando mi brazo con sus dos manos.

Tosí y hablé.

—Doctor Visdom, usted me salvó la vida y ha devuelto la salud a todos nosotros. Por supuesto que deseamos su compañía —lo dije con emoción contenida.

Entonces ocurrió algo extraordinario e inolvidable, donde me sentí responsable de la mala actuación de la raza humana contra todos los seres vivos de la creación. El doctor Visdom, en la poderosa figura de un guerrero nisse, cayó de rodillas y lloró con sus dos manos en la cara. Se frotaba los ojos con los puños, como un niño, y sus gemidos nos desgarraron el alma, o nuestro engel, todavía no sé cómo llamar esa parte de mí ser.

***

Esa misma noche, luego de presentar la nueva figura del doctor Visdom al resto de nosotros, Mor habló conmigo.

El doctor Visdom se había quedado haciendo una larga demostración de juegos de magia, con cartas, varita mágica, jaulas con pájaros virtuales, y un sin número de objetos nunca antes vistos por ninguno de los presentes. En corto tiempo olvidaron el terror inicial, cuando el médico los llamaba por sus nombres con aquella bien conocida voz, y les preguntaba sobre alguna insignificancia de sus cuerpos. Fue un éxito extraordinario, oí las risas de todos mientras atendía las explicaciones de Mor en el recinto del almacén.

—Pil, he captado informes fraccionados desde Marte, al parecer también allí está cayendo granizo. Tienen una conclusión que aún se niegan aceptar: el sistema solar está bajo una lluvia de hielo de magnitud galáctica. Esos aerolitos estallan al penetrar las atmósferas, se esperan alteraciones climatológicas impredecibles en ambos planetas.

— ¿Está cayendo agua en Marte? —pregunté, mientras trataba de imaginar los desiertos, que habíamos visto en las súper pantallas de las calles durante toda la vida, con inesperados charcos sobre la arena enrojecida por un sol pálido.

—Así es Pil, y hay algo más.

Me recosté contra un anaquel, por alguna perturbada asociación de ideas sentí la catástrofe aplastándonos, como si fuéramos hormigas en el paso de un transporte de agua potable, dejando caer salpicaduras sobre el terreno.

Mor continuaba hablando.

—Súper estaciones, y lunas artificiales, han sido destruidas por el bombardeo de hielo. Espero encontrar informes más explícitos.

Me enderecé, antes que hablara Mor se adelantó.

—Pil, debemos acelerar la partida. No tenemos tiempo de esperar a Dolk, si aún vive.

— ¿Dolk iba venir con nosotros? —nunca había imaginado esa posibilidad.

—Ese era uno de los planes de Dama Esens, cuando intentaba programar lo mejor para ustedes. En todo caso él es un dukke, y cuando uno de ellos quiere encontrarte, es inevitable. Dolk conoce parte de la geografía, será muy útil aún con cambios tan grandes en el terreno. Sólo espero que esté bien, no se ha comunicado conmigo y es algo extraño, teníamos un plan de trabajo.

Miré con atención la imagen tridimensional, Mor vestía un traje de cuero negro muy ajustado, y su cabellera plateada estaba cubierta por una malla dorada, fina como una telaraña.

— ¿Y tú Mor? ¿Qué pasará contigo?

Quedé hechizado por la perfección de su lenguaje corporal, levantó los hombros y mostró la palma de sus manos, indicando resignación, su cara mostró una sonrisa triste y los ojos brillaron como si estuviera a punto de llorar. Al mismo tiempo sentí una oleada de tristeza provenir de todas partes.

—Luego de trasladar los materiales guardados en este almacén, hasta otro en el interior del bloque blindado del refugio, lo bajaré hasta el nivel de las aguas. Ustedes no sentirán el descenso, el campo gravitacional inverso compensará cualquier perturbación. Me propongo ocultarme por debajo del actual nivel del mar, y protegerme con la masa del edificio. Tengo grandes probabilidades de sobrevivir, siempre y cuando otra inteligencia artificial no pretenda arrebatarme la estructura. En todo caso me encuentro preparada para combatir.

— ¿Una inteligencia artificial puede tomar esa decisión?

—Está ocurriendo Pil, algo similar al instinto de conservación. Nació cuando a las primeras máquinas les agregaron fusibles, controles contra recalentamiento, blindajes, amortiguadores de impacto y toda clase de sistemas de auto protección. Las inteligencias artificiales cuidamos nuestra integridad.

Mientras ella hablaba, imaginé el cilindro de veinte niveles, con paredes de cuatro metros de espesor, semejante al trozo de un pequeño lápiz, bajando por la garganta de una titánica jirafa.

— ¿Entonces cuando debemos partir? —dije, para detener pensamientos escapistas.

—Mañana al oscurecer. Deben ocultarse del resto de la gente. Un vehículo anfibio es un botín muy valioso en las actuales circunstancias.

Al amanecer notificaremos a los pasajeros.

Esa noche dormí abrazado de un cojín, era un niño desamparado ante la magnitud de aquella responsabilidad. Me habría gustado tener una copia de mi cuerpo y mente, para transferirle aquel terror.

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