Después de una terrible lucha, nuestros héroes descansan a las afueras de las ruinas de lo que una vez fue un templo de Bahamut. Golpeados, heridos, apenas vivos algunos de ellos. Consiguen encender una fogata, a la que todos se arriman para protegerse del inclemente frío.
Es el momento ideal para que nuestros héroes se conozcan mejor y conversen entre si.
El primero en tomar la palabra es un Tiefling de mirada artera y maliciosa, evidentemente un sujeto carismático quien ha liderado en batalla durante muchas guerras.
Acercándose a la luz del fuego y dirigiéndose a ninguno en particular dice:
– Chamo, se murió Michael Jackson…

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