El Sueño de Vero

Nuestro amigo, el cubano Salvador Horla, vuelve a nuestras páginas para regalarnos un nuevo relato:

Futuristic Bio Building

El Sueño de Vero

Autor: Salvador Horla.

Para Vero los sueños son una bendición y una maldición, y a veces parece que la vigilia no es diferente; pero quizá muy pronto la diferencia ya no importe…

“Debemos declarar nuestros «yos» virtuales inmunes a vuestra soberanía,
aunque continuemos consintiendo vuestro poder sobre nuestros cuerpos.”
“Declaración de la Independencia del Ciberespacio “
John Perry Barlow

            Para mi Mimi, por siempre tan añorada
esperando que donde se encuentre
los sueños se vuelvan más que realidad.

A Raúl Aguiar, uno de los verdaderos maestros.

A Vero  le costó trabajo abrir los ojos, pero  su  reloj biónico  continuó estimulando su sistema auditivo hasta despertarla  por completo. Al fin logró erguirse, y estiró su cuerpo para liberar sus músculos del dolor y el  entumecimiento. Tuvo que ponerse otro parche de cafeína, y además uno de los últimos que le quedaban de esencia de proteína sintética para acabar de despabilarse.

Llevaba 35 horas sin dormir y aún le faltaba bastante para terminar.

Sintió un agudo gruñido debajo de ella, como si algo gigante estuviera masticando piedras. Era el lamento del Girón, el inmueble milenario que sostenía su improvisado pent-house. Su gemido se repetía varias veces en el día: los culpables eran la falta tradicional de mantenimiento, el abandono de los buenos inquilinos ante la invasión de otros mucho peores, y el salitre que devoraba sus bases y cubría sus dos primeros  pisos. Aún así se mantenía erguido, resistiendo varias décadas de embates económicos y ambientales mientras resguardara algún  habitante.

“Espera solo un poco más.” Pensó ella, al acercarse al Ordenador.

Hizo un ademán y los hologramas iluminaron la habitación. Según éstos, la recuperación del software de su Vida Digital aún demoraba. Los daños que recibió por el Malware de moda fueron un estúpido descuido que ahora lamentaba.

A cualquiera podía haberle pasado… pero no a ella. Tuvo que instalarle  una personalidad nueva. Y la complejidad de su elección tampoco  facilitaba el proceso.  
No era sólo el sueño. Supuso que también eran los efectos secundarios de la falta de sexo. Una buena revolcada  hubiera afilado sus instintos.

Desde pequeña siempre fue brillante y poco tradicional. En lugar de juegos infantiles prefería las matemáticas y las maravillas que se podían crear con sus algoritmos. Sus humildes orígenes en el Barrio del Canal no limitaron su desarrollo personal. Su fuerza  de voluntad y sacrificio  la hicieron una de las grandes  promesas de la UCI.
Formó parte del grupo de Producción de Bioinformática y Realidad Virtual que desarrolló el primer prototipo EMBO.

Estimulador Mental Bioinformático  Optimizado: un emulador que estimulaba el área del prosencéfalo basal del usuario  en estado de reposo. Aunque su aplicación  más significativa era la reducción importante  del nivel de stress… y que manipulaba el estado cerebral MOR, con  la simulación consolidada de los sueños más complejos del usuario de una manera económica y no dañina.

Por supuesto, al formar parte del Instituto, ninguno de sus creadores tuvo el derecho de  patentar el software.

Con los años, el  sistema se perfeccionó y se exportó. Más tarde se puso paulatinamente al alcance de la población del país. El acceso estaba muy controlado, y  dependía  del lugar en el escalafón que obtenía cada ciudadano de acuerdo  al cumplimiento  de sus obligaciones laborales.

Todo individuo, aparte de su paga mensual, recibía una tarjeta de Puntos Hipnos que determinaba su capacidad de acceso al  EMBO. Dicha tarjeta se insertaba en la Consola y activaba el casco sensorial empleado por el usuario al dormir.

El uso de la aplicación secundaria de Compatibilidad Internacional, con la que se podían compartir sueños sin importar la ubicación global de los usuarios, una especie de chat onírico-telepático, estaba terminantemente vedado para los naturales del país.

Prohibición que, por supuesto, hizo pronto surgir un floreciente mercado negro de consolas con acceso a Compatibilidad.

Vero fue de las primeras en lograr  desbloquear el acceso  del EMBO, a las pocas semanas de que, como  a muchos otros, la necesidad económica la forzara a abandonar la docencia.

Pronto se unió a un grupo de piratas digitales  hasta llegar a ser su cabecilla. Logró  instalar consolas crackeadas en varios municipios como Alamar, Centro Habana y La Lisa, pero nunca se aventuró en las zonas más pudientes del Vedado y Miramar. Así pudo evitar las posibles delaciones,  mantener a sus padres hasta el final de sus vidas, y alcanzar un nivel económico bastante aceptable. Nunca se casó, aunque sí tuvo muchos amantes.

Es ley de oro de los traficantes que no deben consumir el producto que venden.

Pero ¿quién puede no soñar?

Al menos, y a diferencia de  sus clientes, que aliviaban  sus frustraciones existenciales mediante simulaciones poco imaginativas de turismo lujurioso,  banquetes de proteínas verdaderas y orgías desenfrenadas,  ella prefería interactuar o encarnar  las vidas de personajes  olvidados por la Historia.

Ayer, por ejemplo,  se había metido bajo la piel de la pirata Anne Boony. En una sola  noche pudo experimentar  toda una vida desenfrenada, colmada de rebeldía, aventura, fortuna, lujuria  y violencia no censurada.

Todo sería perfecto, si no fuera porque las autoridades ya le seguían la pista de cerca. Y la pena por crackear la propiedad del estado era mucho peor que veinte años  de trabajo forzado en los Campos de Moringa Transgénica.

Ya se lo había advertido Yosmany, su antiguo vecino  babalawo que vivía dos pisos más abajo. –Piérdete, que tienes la sal encima; estás en candela.– Y ella confiaba en su consejo ya que, gracias a sus servicios, gratuitos, por supuesto, Yosmany había logrado  mejor  vinculación espiritual  con  Orunmila, el más sabio de los Orishas.

Ya se  sentía cansada de esa  vida de constante y agotadora lucha, de interminable esconderse y huir.

Minutos más tarde, la alarma de los sensores del ordenador, acompañado por un brusco temblor del inmueble, le indicó que finalmente la habían localizado.
Y además, enviaban  por ella a lo peor que tenían.

Se asomó con cuidado por la ventana. El  Droide Anfibio de Refuerzo  902, Almendrón, como se le decía, trataba de escalar con mucha  dificultad el Girón. Sus garras se sujetaban de la piedra vieja para sostener su pesado caparazón similar a la carrocería del clásico Chevrolet  del 52.

No era el último grito de la técnica y a menudo funcionaba mal… pero todo eso lo lo compensaba el que su programación no incluyera arrestos: siempre era letal.
Vero suspiró y se deslizó por la pared hasta sentarse en el suelo. Se sobresaltó cuando el chillido del ordenador le avisó del final de la recuperación del software.

Sonrió. Si se tenía que retirar, lo haría en grande.

Se preparó para un Sueño Profundo que nunca nadie perturbaría. Por eso necesitaba la Vida Digital; para que la guiara en el difícil camino del no regreso. Antes de ponerse el casco sensorial lanzó su  única granada de pulso electromagnético por la ventana.

Activó el EMBO y de repente se vio desbordada por un torbellino de luz. Segundos después, cuando su vista superó el encandilamiento inicial, se encontró rodeada por una blanca neblina que poco a poco se fue disipando.

Se percató de que el escenario pertenecía a un tiempo y a un mundo muy alejado del suyo. Caminaba por el Parque Central de una Habana de otro siglo.

De pronto la niebla comenzó a formar la silueta de un hombre frente a un enorme globo aerostático. Este, al ver que ella se  acercaba, le sonrió y le hizo una reverencia extendiendo su mano.

¿Con que esa era la Vida Digital que la esperaba?

Parecía tranquila y sin peligro, al menos.

El hombre era de constitución alta y delgada y de agradable presencia, a pesar de sus engorrosas vestiduras de aeronauta. Fue entonces que ella misma se descubrió ataviada con el rústico  uniforme de ayudante.

Vero siguió soñando.

Ni siquiera supo de la  explosión de la granada de pulso. Tampoco de la torpe y aparatosa caída del  Almendrón en las sucias aguas saladas. Y mucho menos se enteró de cómo el vetusto edificio, sacudido en las cimientes, se desplomó por completo  matando a todos sus insoportables inquilinos en el derrumbe.

El hombre sonrió de nuevo y Vero le tendió su mano sin vacilar.

–Hola, Verónica, me llamo Matías… Pero eso tú ya lo sabías, claro…  Entonces ¿qué? ¿Volamos?

Y subieron al “Villa de París”,  que minutos después se elevó y se fue volviendo sólo un punto en el cielo, hasta desaparecer entre las nubes grises.

Fin

Una historia interesante y que me llena de reflexiones, ¿llegaremos a un punto en donde podamos crear universos virtuales a nuestro antojo? Y entonces ¿qué realidad podrá ser mas fascinante que esa?

A partir de ahora Salvador tiene su propia su propia etiqueta en nuestro blog, así que si deseas leer los otros relatos que ha publicado con nosotros, puedes hacerlo revisando la etiqueta “Salvador Horla”.

Noly

Estrenando el Desafío del Nexus de Septiembre, vuelve a nuestras páginas el escritor Cubano Salvador Horla con una historia que estoy seguro todos disfrutarán:
Dualism

Noly

Autor: Salvador Horla
Victor, un trabajador que se fuerza por alcanzar su sueño en un futuro exageradamente “perfecto” en donde todos ocupan el puesto que les es asignado, pero en donde a las altas esferas no siempre le conviene que los sueños se cumplan. Aunque Victor todavía es amado por el mas inesperado de los ángeles, pero ¿actúa el amor movido por hilos invisibles? Y ¿quien mueve los hilos?

“Y este es el secreto
de la felicidad y la virtud:
amar lo que uno tiene que hacer”
“Un Mundo Feliz” de Aldous Huxley

 

“Debes hacer el bien a partir del mal, ya que es lo único de que dispones.”
Robert Penn Warren
1

A Victor le invadió la sensación de estar a punto de despertarse. Abrió con cautela los ojos y todavía la plácida sonrisa de Noly, la imagen virtual de su centinela interior, yacía encima de él. La luna le iluminaba el sudor con un brillo metálico.
El juego los había llevado al clímax y al agotamiento, pero el mar virtual continuaba enviando sus olas para que arañaran con delicadeza la noble arena de la orilla.
Todavía le quedaba tiempo –pensó— y como un náufrago le besó los labios y abrazó el cuerpo desnudo de la muchacha.
—Tranquilo. ¿Por qué la desesperación? Te noto tenso esta noche — le comentó ella acariciándole el rostro con sus manos.
— He trabajado mucho reuniendo estos puntos para tener que perderte dentro de poco.
—Sabes que no me has perdido, yo siempre estaré contigo. Además, si sigues esforzándote así, pronto alcanzarás la clasificación de Destacado, obtendrás la autorización y estaremos juntos todas las noches. Pero eso no es lo que te preocupa.
Él solo asintió con la cabeza, en señal de resignación.
—No toques el tema. Son tantos vuelos. Tanta burocracia. Tanta exigencia para lo que pagan, que no sé cómo no se ha enturbiado mi aura. Sabes bien que por mi trabajo, alcanzando la categoría de Destacado, incluso la de Vanguardia, tardaría un par de décadas en reunir los puntos para obtener la licencia Ilimitada de Usuario del “Jardín”. Apenas consigo lo suficiente para las raciones. A menos que…
—Sigues pensando en el viaje. Pero ya te han rechazado 3 veces. Además están los riesgos de la trayectoria. Nadie más que tú los conoce.
—Sí, pero la Luna es rica en Helio 3, oro y agua endógena y la Colonia Lunar necesita personal capacitado. Cuando regrese, aún con el descuento del 86% de mis puntos para los gastos de la Sociedad Renacida, tendré suficiente para obtener el acceso y algo más. Las otras veces fui rechazado porque mi Intelecto no tenía el nivel requerido. Pero pienso repetir, pasar las pruebas, y tengo la corazonada de que hoy será distinto.
—Estaremos más de dos años separados. La proyección en conjunto es muy peligrosa. Por supuesto, cuando llegues te pondrán sustituto…
—Sí, es inevitable. Pero no te preocupes, que tú siempre serás la única para mí –agregó, volviéndola a besar.
—Bueno, mi amor, es hora de levantarte. Sé que tomarás la decisión correcta. Recuerda que aquí estaré siempre para ti. Te espero.
Víctor sintió el breve azote en todos sus miembros antes de abrir los ojos de golpe. Ahora se encontraba en el Bloque “Huxley” Z—A , dentro de la cápsula 132. Tenía que esperar que se retirara el fluido Regenerativo 0.05 y se le aseara el cuerpo.
Era un nuevo día como muchos en los que siempre se encontraba despierto y solo.

2

Después del desayuno, la cápsula se abrió. Como siempre, tuvo que comprobar con el ordenador su perfil de identidad y sus puntos de Actitud Ciudadana antes de recibir su ración del día. Tres inyecciones concentradas de proteína, carbohidratos y sacarina sintética, estimulante y calmante.
Al salir, levantó el brazo en señal de saludo a los otros inquilinos que como él empezaban su jornada.
Pocos le devolvieron el gesto con buena voluntad. Se dirigió a su Taquilla de Pertenencias al final del pasillo. Tuvo que repetir el chequeo para poder sacar las herramientas y el uniforme para cubrir su desnudez.
Antes de salir del Bloque, uno de los Ojos le hizo el escaneo Kirliam. Custodiaba la entrada, recorriendo el techo con sus chirridos metálicos.
—Aura tono Blanca y Nivel de Stress 0.02. Estado—Capacitado. Prosiga, ciudadano –fue el veredicto del custodio.
Ya afuera se puso de último en la fila y esperó por el transporte público. Levantó la vista y observó a uno de los Purgadores escrutando toda la zona del vecindario. Las cuatro patas de cinco artejos que brotaban de la armadura soportaban su cuerpo inmóvil en el borde de la azotea.
Un escalofrío le recorrió la espalda, cuando su mirada coincidió unos segundos con la del vigilante. Bajó la cabeza, tragó en seco y se frotó los brazos.
Cuando escuchó los gritos, solo se imaginó lo peor. Entonces trató de mirar de reojo sin que lo notaran.
Cuatro personas se separaron de la fila y se desplomaron en el suelo, retorciéndose de dolor. A los demás el temor los inmovilizó. Víctor adivinaba lo que vendría después. En instantes, dos Purgadores cayeron como buitres frente a ellos. El suelo se astilló por el impacto y el peso, pero las extremidades adicionales equilibraron la caída. No los había visto antes, seguro velaban las otras partes del barrio. Sin embargo, sí percibió que el otro no se había movido de su posición y seguía observándolo.
Uno de los purgadores fue el encargado de explicar la causa de la acción.
Según el chequeo Kirliam, los ciudadanos integrantes del grupo familiar Gutiérrez FT54 ha generado una peligrosa Aura de Tono Oscuro, con un nivel de Stress 0.90, y por ende, caen en la categoría de Incapacitados Sociales. Los cargos del progenitor Luis Gutiérrez FT50 se agravan por el delito de pirateo del acceso al “Jardín”, contrabando de sueros proteínicos y sospechoso de formar parte de la rebeldía lunática. Según lo estipulado por la cláusula Estasenllama de la directiva 26—6, se le cancela su espacio vital en la sociedad. A su mujer y a sus dos niñas son sentenciadas a Reeducación Severa por violación del Deber de Responsabilidad Colectiva.
El juicio y la sentencia se llevaron a cabo sin demora. Los centinelas mentales de los acusados fueron los mismos que los delataron y también les suministraron su primera dosis de castigo: pequeñas descargas eléctricas sobre la corteza cerebral.
El purgador que había dictado la sentencia chasqueó los dedos de su mano derecha. Los tres acusados dejaron de moverse, como si les hubieran apagado el cerebro.
El retrasado Cilindro de Levitación Magnética llegó en ese momento, rechinando por la falta de mantenimiento y el maltrato diario por las desgastadas vías, mientras que uno de los guardianes se intercomunicaba con el Centro de Evaluación del Comportamiento Individual (CECI).
Su compañero se dirigió al grupo restante de la fila y le hizo un ademán de autorización. Todos subieron sin pronunciar palabra e incluso Víctor logró conseguir asiento.

3

— “ MIDIC siempre cuida de ti. Oh sí, él nunca te abandona. Te ayuda a enfrentar tus miserias, deseos y miedos. A diferencia de la familia, amigos y amantes: su amor y protección son eternos y puros. Nos protege del mundo, nos protege de nosotros.”
Esas eran siempre las primeras palabras que cada día, durante su viaje al trabajo, la EOA (Emisora para el Aprovechamiento del Ocio) le trasmitía de manera directa a sus córneas.
Se sintió bastante incómodo por lo ocurrido hacía unos minutos. Debido a eso, su mente comenzó a perturbarse con retazos de recuerdos casi olvidados.
“Recordad y honrad siempre la historia, hermanos y hermanas. Porque simboliza las raíces del duro sacrificio que se necesitó para sembrar la Sociedad Renacida que todos disfrutamos. Recordaremos que hoy hace casi un siglo nació el gran Andrés Pinel. Su sabiduría como doctor en Ponerología le permitió descubrir la naturaleza de la maldad humana y la forma de detectarla. El irrefutable método consideró al alma como forma de energía y el aura su manifestación. De esa forma, se podían detectar las malas intenciones de una persona mediante los cambios de su coloración e intensidad.”
Víctor suspiró molesto. Lo mismo de siempre. La transmisión no se podía detener. Al menos que se levantara y dejara su estado de reposo. Además, el hecho que le quedaran todavía 40 minutos para llegar a la Terminal, no mejoró su humor.
“El padre tuvo la culpa.” – Reflexionó con disgusto — “Obtuvo el permiso de Área Vital para formar su familia. Pero el muy estúpido no se contentó con eso y quería más. Si no hubiera violado la ley no lo hubieran expulsado de un mundo sano que no merece.”
Recordó a la muchacha con quien la sociedad lo había unido, de acuerdo a sus necesidades mutuas. Alicia y él nunca tuvieron esa suerte a pesar de sus esperanzas. Aquello fue el inicio del dolor de cabeza.
—“Esfuércense para que el espacio que va a ocupar su hijo sea necesario” les prometía el Protector de la Sociedad .
Y así lo hicieron. Lamentablemente siempre aparecían muchos aspirantes. El mundo libre de odio descansaba sobre los restos de otro corroído por los pecadores del pasado. El ahorro era vital para el Resurgimiento, hasta el extremo de que los cadáveres eran empleados como abono para mejorar la tierra y restituir la vitalidad perdida. Al final, Alicia lo abandonó por un mejor postor. Mejor para ella. Él se tuvo que ir a vivir y alimentarse solo, dentro de una cápsula.
“Después de años de esfuerzo e investigación, se creó el primer Sistema MIDIC ( Mente Integral Digital e Ideológicamente Correcta), capaz de realizar el chequeo en cada individuo de manera eficiente, sin que mediara la dudosa mano del hombre.” –prosiguió la trasmisión de la EOA.
“Esto sembró la semilla de la revolución que escribiría las nuevas leyes sobre la justicia de la humanidad. Se eliminaron las prisiones, al ser los convictos los primeros en recibir el tratamiento. Los que resultaron inocentes fueron reintegrados a la sociedad, mientras que los verdaderos culpables fueron ejecutados sin vacilación. Después se decidió llevar el tratamiento a la población con resultados similares y eficientes.”
Los recuerdos no se detuvieron. Comenzaron a concretarse y a mezclarse con las trasmisiones. Ahora sus padres y la hermana regresaron al interior de su cerebro.
“Como solución para afrontar aquellos de Aura Oscura, surgieron los Purgadores… el brazo armado del MIDIC…”
A pesar de los esfuerzos de Noly, dentro de él todavía quedaban residuos de aquella traumática vivencia. En ese momento los restos del recuerdo crecieron hasta asfixiarlo. Una enorme comezón detrás de sus globos oculares le hizo irrumpir de repente en el llanto. Había vuelto a revivir el momento en que los Purgadores se llevaron a Maia, su pequeña hermana.
Una grave discapacitación. —dijeron. Tenía solo 4 años.
Reeducación severa y el reclutamiento es su única esperanza para formar parte de la sociedad —dijeron ellos . ¡Reeducación Severa! — sintió que aquellas palabras estallaban dentro de él.
La voz de Noly comenzó a retumbar dentro de él.
—¿Víctor, mi amor, qué te sucede? Tienes la respiración agitada y tu nivel de stress se ha incrementado en un 35 % .
La molestia se agudizó. Comenzó a sudar mucho, las náuseas lo dominaron y los pensamientos estaban a punto de reventarle la cabeza.
¿Qué le estaba ocurriendo? Todos los días eran iguales. Cogía el transporte, escuchaba los mensajes de la EOA. Cumplía con su jornada de 14 horas como Técnico C de Ensamblaje Neural en la Terminal Astral 14—E. Todo para conseguir los puntos necesarios para vivir, y estar con Noly. Eso era lo único que quería. ¿Por qué rayos, hoy era tan diferente?
Pero se llevaron a su hermana y nunca más se supo de ella. Nunca había conocido a nadie que se hubiera reintegrado después de una Reeducación Severa. En ese momento el malestar se agravó y no pudo contener las arcadas ni las convulsiones de su cuerpo.
“Suena cruel, pero los de espíritu contaminado son capaces de resucitar el espectro de la ambición que iniciaría las llamas del odio, el miedo y la muerte. ¿Para qué desconfiar de tu hermano, de tu amor?” —trasmitió la EOA en respuesta.
“¡VENIVERSUM !” –La voz encolerizada mezclada con el chirrido de la estática interrumpió por unos instantes la trasmisión. Esto aturdió más la cabeza de Víctor, antes de que se restableciera.
“La protección de MIDIC evolucionó al grado de introducir un Protector artificial (Centinela) en el interior de cada ciudadano. El motivo de esto: la seguridad de los niños ante aquellos de aura oscura que se escapaban de la salvaguarda de la Inteligencia y ante la aterradora posibilidad de que un día los retoños devinieran en tales monstruos.
“Desde entonces, en el vientre de nuestra madre ya se fusiona el embrión con el Centinela que constituye nuestro protector de por vida. Si algún feto surge con enfermedad o malformaciones, este se encargaba de apagar la vida del no nacido, para evitar su sufrimiento: una vida miserable y no productiva.”
—“¡VENIVERSUM es la clave de la libertad!” “¡Responsabilízate con lo que eres y serás libreeeeee!”— La transmisión se volvió a interrumpir por un distorsionado aullido.
—¡Por favor Noly, hazle callar! ¡Bloquea la señal!
— ¡Estás infectado con una cepa de grado 3! – le gritó ésta— No te preocupes, me haré cargo! Desconectaré tu actividad cerebral por unos segundos. Perdóname, mi amor.
Victor no pudo responderle. El dolor desapareció pero se sintió lanzado a un abismo de oscuridad.

4

—¿Cómo te sientes? – le preguntó Jul, la doctora que terminaba de examinarle los ojos.
—Como si me hubieran abierto la cabeza — le respondió Víctor, levantándose adolorido de la camilla.
—Es lo menos que puedes esperar –asintió la muchacha, —Eres un afortunado. Tu Centinela ha erradicado todos los rastros del virus evitando que se te cocinara el cerebro. El mío no me cuida tanto.
—¿Un virus?
—Si supieras cuántos me han caído con tu estado. Es un engendro malware creado por la rebeldía “lunática” según me ha reportado la CRCI. Se escabulle por la retina o por fluidos regenerativos contaminados. Este bastardo te hace revivir en breves segundos los peores momentos de tu vida. Esos hijos de puta de la insurrección nos tratan como invasores. Saboteando los viajes de proyección Astral y atacando a esta terminal y sus empleados. Como si ignoraran de dónde vienen. Si se pusieran a trabajar de verdad, no nos necesitarían.
—¿Y Noly?— interrumpió el bombardeo de palabras de Jul que comenzaba a agudizarle la dolencia.
—Está agotada por el esfuerzo. No la molestes hasta que recupere sus fuerzas. Además tuviste suerte. Estabas cerca de la Terminal. Un purgador irrumpió en el Cilindro atravesando el techo y cargó contigo. La suerte fue que en lugar de la “CRCI” te llevó al Centro de Salud más cercano, donde tengo mi segundo trabajo. Ese comportamiento es muy extraño. No suelen estar tan preocupados por la salud de los ciudadanos como por sus intenciones.
Víctor no se encontraba en condiciones de asimilar la situación y tampoco tenía buena suerte. Los protectores de la sociedad renacida tenían el único deber de velar por la calidad de las almas y segar, sin piedad, a las corrompidas.
—¿Que sabes de «Veniversum”?— musitó con cuidado.
—Ah, esa es la consigna de la Insubordinación Lunar y el logotipo del virus digital que te afectó. Es un error tipográfico popularizado por «V de Vendetta», una vieja historieta del Mundo Caído sin sentido etimológico. Alude a una frase del latin Vi veri universum vivus vici , en otras palabras «Por el poder
de la verdad, yo, estando vivo, he conquistado el universo».
—¿Cómo rayos siempre sabes tanta basura sobre el pasado?
—He aprendido bastante con mis accesos al Jardín. MIDIC no prohíbe el conocimiento de ninguna información almacenada sobre nuestros antepasados. Quiere que aprendamos de su enfermiza y caótica existencia. Pero vela por el uso que le des o por el grado en que te afecte.
—Bien, —dijo Víctor levantándose. — ¿cuántos puntos te debo?
—¿Para qué sirven las amistades? — exclamó Jul con un destello de sus ojos grises. La piel descolorida de su cara se torció con su sonrisa. —Si no hubieras estado, cuando terminó mi contrato laboral y me enviaron de vuelta, no estaría aquí; ni sería tan apetecible. —replicó ella frunciendo el ceño y presionando los pechos con sus brazos cruzados para acentuar la ironía.
Víctor no supo qué decir, solo hizo una mueca de asentimiento y acabo de ponerse de pie.
—Bueno, estamos a mano.
—¿De verdad, vas a repetir la solicitud? — le inquirió ella. —Sabes que tu Supervisor no te la va a aprobar.
—Tengo que intentarlo.
—¿Por Noly? Estás más loco que yo. Trabajar como un animal para recaudar los puntos y gastártelo en el Jardín. Todo para hacer que tu Centinela tenga un cuerpo virtual para poder revolcarte con él… Eso suena un poco…
—No me juzgues —estalló— Sé que no soy la encarnación de la decencia pero a muchos los obligan a reproducir las peores pesadillas que puede engendrar la mente humana. Muchos se han vuelto asesinos, genocidas, dictadores. Han creado mundos y los han destruido. No existen las reglas, solo el precio por la estancia que lo pagas con el sudor de tu trabajo. El único problema es que después que despiertan, muchos no pueden evitar que se les enturbie el aura. Así que dime Jul ¿Qué haces con tu Protector en el Jardín?
La doctora ensanchó más su sonrisa.
—Le pido que me simule obras literarias. Formar parte del interior de un libro es una experiencia muy estimulante. Es como tener mil vidas. Este fin de semana fue “Enemigo sin habla” del clásico Michel Encinas Fé, ayer terminé el “Battle Royal” de Koushun Takami y para mañana pienso empezar con “La Rebelión de Atlas” de Ayn Rand que estoy segura me tomará todo un mes. Pero todavía no he decidido qué escogeré para esta noche.
—¿Y nada de esa literatura es subversiva?— inquirió Víctor frunciendo el ceño para acentuar la ironía.
—¿Cómo crees? Además no hay problemas, mientras no me afecte tanto, para que mi querido centinela Montag no me delate y el chequeo Kirliam no salga alterado.
Víctor, en respuesta, solo bajó la mirada al suelo.
—¿Quieres que te haga un Certificado para que te den el día libre?
—Gracias, pero no te molestes. Al final ese documento tiene poca validez para el Departamento de Control Laboral a menos que sea un accidente laboral bien justificado. Yo no cuento con las libertades que tienen los que trabajan en Control. Si lo aceptaran me descontarían los puntos. Mejor dame algo que me justifique la tardanza; con los tres cuños de este CS, por favor.
Jul asintió y se dirigió a su ordenador para procesar la documentación.
Víctor suspiró con resignación, pensando en la jornada que todavía le quedaba por tragarse.

5

Víctor era el jefe de una de las cinco brigadas constituidas por él y un asistente. Estas debían asegurar que las 300 proyecciones diarias, la mayoría con destino a la Luna, se llevaran a cabo sin problemas.
El Viaje Astral era la forma de transporte a larga distancia más segura, económica y eficiente y sin necesidad de arriesgar el cuerpo físico. Desde la Terminal se digitalizaba la mente del pasajero y se enviaba por vía electrónica a su lugar de destino. Luego se descargaba en un cuerpo sintético (determinado por el tiempo de estancia).
El original era enviado a un almacén criogénico hasta el regreso de su portador. Si el viajero necesitaba algún bagaje indispensable, mediante la documentación necesaria con tres copias que le justificase y una alta tarifa de puntos, éste se transportaba mediante Drones no tripulados.
Pero los sabotajes de la Insubordinación Lunar y los problemas por negligencia en el mantenimiento, no aliviaban en nada la carga laboral. Lo que más lo desquiciaba eran los sonoros estruendos que provocaban los lanzamientos. Casi no podía diferenciar el sonido de algunas explosiones accidentales que le amargaban más la existencia. Jul fue víctima de uno de esos inconvenientes. Víctor se encargó personalmente de toda la proyección. Desmanteló a Montag y lo acomodó en la Silla de Despegue. Le colocó con cuidado el casco, preparando las protecciones del cerebro y los enlaces con la gran antena que lanzaría su esencia digitalizada. El temblor de la silla y el insoportable estruendo fue la señal de una partida exitosa. Después confeccionó el informe del proceso dando cuenta de los materiales utilizados y el estado de los activos fijos, para enviarlo para el Departamento de Costeo.
El problema surgió el día del regreso.
Cuando fue a sacar el cuerpo se llevó una terrible sorpresa. Llevaba más de un par de semanas en estado de descomposición. Una fuga de gas refrigerante que los sensores fallaron en detectar.
Con menos de media hora para su llegada, corrió hacia el Departamento de Ingeniería Genética con los documentos y el registro de ADN de Jul. Si no lo hubiera logrado a tiempo la esencia de su amigo se hubiera perdido en el vacío. El único inconveniente era la durabilidad de los cuerpos sintéticos por lo que se requería un trasplante total cada dos años como máximo. Por lo menos esos gastos se lo subsidiaban.
El otro problema fue que los imbéciles de aquella área se equivocaron por la falta de tiempo y el cumplimiento de su estricto horario de almuerzo, con la manipulación de cromosomas.
Sobra hablar de la sorpresa de Jul, antes un joven de 30 años, calvo desde hace 7 por su rutina laboral en el
CS, ahora una agraciada adolescente de anémica piel y con cabello rojo hasta la cintura. A Víctor lo embargó la vergüenza por la metida de pata de sus compañeros de trabajo. Y realizar una reclamación a la Terminal, para ese tipo de caso (que eran muchos), necesitaba como todas las demás demandas, una burocracia cara y de pesadilla. Pero al final, para su alivio personal, descubrió que a Jul no le molestaban sus cambios fisonómicos sino que incluso le agradaban.

6

El día había sido malo, bastante malo y no solo por lo ocurrido aquella mañana. Cuando llegó a la Terminal fue llamado de manera urgente a la oficina de Natac, su jefa del Departamento de Control.
El informe médico de Jul no le evitó recibir la tanda de gritos.
Natac le reclamó su atraso con los informes diarios. Víctor observó sin decir nada el suyo del día anterior encabezando el edificio de papel armado con los de la semana pasada, apoyados de manera insegura en el escritorio. Ella volvió a estallar criticando su plan laboral como digno de un vago de los peores. Y que se olvidara de su solicitud de viaje aunque su intelecto hubiese alcanzado la categoría de genio. No podía dispensar de él, antes de terminar los informes de su plan y prepararse para la inspección de seis meses que comenzaba la semana siguiente.
Salió del despacho con el cerebro a punto de estallar. Se preguntó cómo siempre aguantaba todo aquello sin enturbiar su alma y cometer una locura. Noly lo ayudaba y ahora la extrañaba más que nunca. Si le hacían un Chequeo Kirliam en aquel momento su nivel de Stress sería de un 0.80%. Se dejó caer en el suelo tratando de controlar el ritmo de su respiración. A pesar de todo no odiaba a Natac. Había bastantes exigencias sobre ella, y los jefes ignoran siempre la carga que llevan sus subalternos.
Ser un Técnico C de Ensamblaje Neural no había sido su decisión, sino la conclusión de Noly. Ella determinó que sus manos y su vista eran sus mejores atributos para ese tipo de trabajo.
Como siempre, desde el momento en que nació, ella se encargó del entrenamiento de su cuerpo y mente. Recopilaba y filtraba la información necesaria para defenderse de cualquier medio que la rodeaba.
Con Jul, era distinto. Había nacido con un nivel de intelecto tan alto que Montag, lo había entrenado para dos labores: Especialista de un CS y Técnico A en el Taller de Mantenimiento de la “CRCI”. Por algo Jul tenía tantos puntos para recrear todas las obras literarias en el Jardín. Concluyó su pensamiento lanzando un suspiro de resignación antes de levantarse y continuar la jornada.

7

Logró divisar al Ojo al final del pasillo que vigilaba la salida del personal. La sola presencia de aquel chisme con sus chirridos le hacía sentir dichoso. Era el fin del día de labor, después de 15 horas encargándose de 150 proyecciones, con sus respectivos informes. Se sentía tenso porque se retiró 10 segundos antes del fin de su horario. Natac tenía la costumbre de llamarlo dos segundos antes e incluirle tareas que lo obligaban a quedarse cuatro horas más, incluso en ocasiones empató su trabajo con el del día siguiente.
Aun así no pudo evitar el escalofrío que le estrujó el estómago cuando su auricular interno vomitó su nombre y la necesidad de su presencia urgente en el Departamento de Control Laboral.
Víctor no tuvo tiempo de asimilar la orden. El estruendo de las explosiones y el alarido de la alarma por ataque terrorista se lo impidieron. El suelo se estremeció por cierto sonido familiar y mecánico acercándose a sus espaldas. No tenía sentido huir. Con un gran esfuerzo, controló el pánico y se volteó. La imagen de la una tambaleante pesadilla arácnida abalanzándose sobre él aniquiló el resto de su voluntad. Cerró los ojos ante lo inminente pero solo sintió el ligero dolor que lo lanzó la oscuridad, una vez más sin la presencia de Noly.

8

Esta vez le costó mucho más trabajo liberarse de las ataduras de la inconsciencia. Se arrepintió casi al instante cuando la realidad se concretó ante sus ojos. Continuaba el rugido de la alarma.
Estaba amordazado y con el casco conectado a la Silla de Despegue. En otra circunstancia aquello hubiera sido un momento de júbilo, pero estar sentado sin el Permiso solo significaba una condena a muerte.
Esa preocupación solo le duró un par de segundos, antes de percatarse del Purgador, que estaba casi encima de él. Su aspecto era atroz. La masa de músculos, que abarcaba casi toda la estancia, estaba bañada en sangre. Tenía mutilada una de las patas, otras dos se apoyaban de la puerta de la habitación para así bloquear la entrada y la última la usaba, como tercera pierna de sostén. La armadura se encontraba bastante dañada, llena de zarpazos y agujeros.
Le acercó una temblorosa garra al rostro antes de volverla a retirar.
El Purgador se separó un poco y con las muñecas se presionó ambos lados de la nuca. Se escucharon un par de chasquidos mecánicos, antes de que la gran máscara se desencajara. Solo entonces el descubrió que se trataba de una muchacha. Víctor sintió como algo dentro de él convulsionaba cuando reconoció en aquel semblante enfermo, los ojos de su pequeña hermana.
—Hola, Víctor, soy yo, Maia –le confirmó ella, volviendo a acercar la garra para acariciarle el rostro.
Él intentó decir algo pero las palabras se le atascaron en la garganta.
Maia abrazó la cabeza de su hermano y la apretó en su pecho para contener los temblores.
Sonrió, y con el gesto, un hilo de sangre se escapó de su boca.
—Hermanito, no tenemos mucho tiempo. Ya me queda poca vida útil con esta armadura. Necesita un nuevo recluta.
Víctor entonces comprendió con una angustia intensa, todo lo que había pasado Maia. El terrible significado del reclutamiento que todos sabían, pero que nadie dejaba salir de los labios. A su hermana habían implantado una serie de modificaciones y añadiduras, que incrementaron su fuerza y exacerbaron sus instintos mediante una relación simbiótica con el arnés. Por desgracia, no era equitativa y la armadura se alimentaba de su portador. Al centinela lo volvían mucho más drástico. Anulaba la personalidad del sujeto para que respondiera sin titubeos a la voluntad de “MIDIC”. Sus ojos se volvieron a humedecer cuando se percató que fue ella quien lo sacó del Cilindro y lo llevó a un CS.
Maia se detuvo unos instantes para acariciarle los cabellos y darle un beso en la frente. Víctor sintió el cariño de los labios fríos.
—No sé cómo me infecté con el Virus – prosiguió ella. —Desde el momento en que ocurrió, recuperé mi libertad. Y más importante, recuperé mi pasado, mi familia perdida. Antes que se percataran de mi cambio, obtuve tu perfil de Identidad y te encontré.
El cuerpo de Maia sufrió un par de leves convulsiones antes de proseguir sus palabras con susurros.
—Estoy muy débil, mi hermanito, y mi centinela está luchando por recuperar el control. No lo voy a dejar, así que no le quedara otra opción que freírme el cerebro. Pero conozco tus deseos, y antes de irme te daré un regalo.
La puerta a la que se aferraba Maia comenzó a torcerse por los incesantes garrotazos y el tronar metálico resonó por todo el interior de la cabina de lanzamiento.
Esta vez Víctor logró controlar las emociones que lo desbordaban, tragar en seco y aclarar su faringe antes de sentirse azotado por el estallido de la voz de Noly en su cabeza.
—¡Víctor, ¿estás bien? !¿Que ha ocurrido? ¿Por qué nos encontramos atados.. a un… —intentó replicar ella antes de percatarse en pocos segundos lo que sucedía .
—¡Por favor, suplícale que se detenga! ¡Una proyección en conjunto es una locura. Nuestras mentes colapsarán por la sobrecargada trasmisión digital! —comenzó a gritarle mucho más fuerte.
A pesar del doloroso escándalo, Víctor la ignoró .Ninguna palabra o acción suya cambiaría el rumbo de la decisión de su hermana. Tampoco se esforzó por evitarlo. Tenía pobres expectativas que de “MIDIC” autorizara la realización de sus aspiraciones. Con el tiempo su existencia sería consumida por la monotonía laboral, como la de Maia en esa armadura. El único cambio seguro en su vida sería que un día el stress lo quebraría y alguien como ella lo vendría a buscar. Al final era tan malo irse como quedarse.
Con los golpes, el metal de la entrada se torció hasta agrietarse, dando espacio para que una extremidad biónica de otro Purgador se colara por el agujero y se clavara en la espalda de Maia.
El dolor la hizo convulsionar y vomitó un buche de sangre. A pesar de eso no gritó, ni siquiera se quejó. Solo se limpió los labios y miró a su hermano por última vez.
— Se ha recuperado tu novia. Bien, solo deseo que te vaya bien en la luna y que tu puta digital te siga velando — concluyó, despidiéndose de su hermano, besándolo de nuevo en la frente, cuando insertó el permiso de emigración y activó el dispositivo de proyección.
Un violento calambre paralizó el cuerpo de Víctor como si todas sus células fueran azotadas por una descarga eléctrica. Abrió los ojos por unos instantes y el torbellino de luz lo deslumbró al grado de provocarle terribles nauseas. Eso era lo que sentían los viajeros. Lo mismo que le contó Jul. Los efectos traumáticos que sufría la mente al ser arrancada de su carne de manera violenta, como una muerte ensayada. Después cruzaría por el drenaje digital hasta llegar a la punta de la antena que lo vomitaría, como una señal al vacío del espacio. Para ser rescatado más tarde por el Receptor Lunar. Ahora se preguntaba cómo fue tan imbécil. Su existencia en el Bloque “Huxley” Z-A, le pareció una añoranza perdida. Pero la imagen de su moribunda hermana y le hicieron avergonzarse de su propio conformismo. Le había dado regalado, la oportunidad para una nueva vida. Hubiera hecho lo que fuera para cambiar de lugar con su hermana. Pero ella, no presentaba las aplicaciones biónicas necesarias para ese procedimiento de proyección. No formaban parte de sus opciones en la Sociedad Renacida.
Es irónico el hecho de que también fueras infectado por un Virus Lunar de una cepa diferente que suele ser mortal.
Su aturdimiento se agudizó cuando comenzó a desvanecerse dentro de la espiral incandescente.
Escuchó a lo lejos el grito de Noly que lo llamaba y no encontró la forma de responderle. Entonces se aferró a la última imagen de ella como un náufrago.
—»Veniversum” –dejaron escapar sus labios.
De una cosa estaba seguro, aunque nunca volvieran al Jardín y fueran directo al infierno, nadie ni siquiera “MIDIC”, los separarían.
Con el temblor y el estruendo de la silla, Maia volvió a sonreír y las lágrimas le humedecieron las mejillas. Miró su mano sujetando el explosivo portátil y lo pegó a su pecho. Tuvo que esperar unos segundos antes de verse ella también desbordada de luz.

9

Los grilletes comenzaron a quemar la piel de las muñecas y los tobillos de Jul por la dolorosa tensión de encontrarse colgado como un títere. Al parecer era hombre otra vez y vestía a la manera española del siglo 19. Un lamento de dolor escapó de su garganta y a pesar del miedo se esforzó en levantar la vista.
Una hermosa mulata vestida de blanco le devolvió el gesto. Detuvo su danza en la nave de la iglesia y se le acercó en el altar.
—Hola Leonardo. ¿No me reconoces?
Sus labios le regalaron una sonrisa y con picardía sus ojos soltaron un breve destello esmeralda.
En ese momento otra persona irrumpió en la estancia. Vestía ropas harapientas pero las entrañas del encadenado se retorcieron al reconocer su corpulencia y el bronce de su piel. Sí, se trataba de Pimienta, un personaje de novela, estaba en una simulación de Cecilia Valdés. El negro se dirigió hacia la joven. Dejó su viejo clarinete en el suelo y después de hacer una reverencia se arrodilló ante ella.
— He confirmado su llegada. Todo ha salido según sus cálculos, Se encuentra en excelentes condiciones. La asimilación digital con Noly ha sido completa –le informó.
La cara de la muchacha se iluminó con la noticia y corrió hacia su mensajero.
—Excelente,..— dijo ella. —Quiero decir, son excelentes noticias, querido Pimienta. Ahora solo nos queda esperar.
Le tomó el rostro con ambas manos para después unir sus labios a los de él. En ese momento las mugrosas túnicas del mensajero brillaron hasta que se convirtieron en las vestimentas dignas de un aristócrata.
—He actualizado tus capacidades — dijo ella.
Pimienta se agachó más en señal de agradecimiento. Luego le clavó la mirada a Jul y sus manos se convirtieron en machetes.
La chica reaccionó como si se hubiese olvidado de algo.
—¡A él no! Logró cumplir su tarea. Como Técnico A logró encubrir el contagio de la hermana de Víctor con mi versión 2.0 del Virus disidente «Veniversum” que después lo infectó al contaminar los fluidos regenerativos de su Cápsula 132. Y todo eso sin levantar sospecha con la insurrección lunática. Es cierto que todo este asunto provocó pérdidas que mis cálculos no pudieron prever. Es una pena incluso que Natac se encuentre entre las bajas que se cobró el montaje de este alboroto. Es muy difícil encontrar personal como ella. No se intimidó por la aparición de Maia en su Oficina y le negó acceso a los permisos de emigración del personal que ella custodiaba. Esto trajo un inconveniente que no pude predecir. Aunque quisiera hablar, seguro que su centinela se lo impediría. Al final la purgadora no le quedó otra opción que abrirle la cabeza, extirparle el centinela interno, conectarse con él y extraer la contraseña. Después de abrir la caja fuerte, la arrancó de la pared y repartió su contenido por los corredores. – explicó la muchacha lanzando un suspiró de disgusto como lamentando una situación que se le hubiera ido de las manos.
Después le devolvió la atención a Jul, con una sonrisa pícara adornando su rostro.
– Pero a pesar de todo mi Leo merece un estímulo social. Déjanos.—concluyó ella alejándose de su sirviente .
Pimienta obedeció y al ponerse de pie sus manos volvieron a la normalidad. Recogió su ahora dorado clarinete y en silencio volvió sobre sus pasos.
Los ojos de la mulata volvieron a brillar y al momento las cadenas soltaron la presión y depositaron a su prisionero en el suelo.
—¡Por favor.. – balbuceó Jul congestionado por el llanto, en un nuevo intento de súplica que fue frustrado cuando sus labios se sellaron por el dedo índice de la adolescente.
—Tranquilo. No hables y escúchame. Solo te discipliné un poquito para recordarte quien cuida de ti, quien nunca te abandona.
Jul obedeció y se esforzó por respirar de una manera pausada para tranquilizar la agitación que le quemaba los pulmones.
—¡Pero alégrate! Por tu eficiente labor te otorgo la licencia Ilimitada de Usuario del “Jardín”. Y te he devuelto también tu masculinidad de manera digital, sin requerimientos ni papeleos. — le consoló mientras le acariciaba con sus manos los robustos pectorales y hombros.
— Tienes los músculos tensos, relájate. ¿Qué te pasa? ¿Acaso ya no extrañas ser hombre?
—Ok no importa, como quieras. —exclamó en respuesta a la atemorizada negación del encadenado.
La mulata se alejó un poco frunciendo el ceño con ironía. Sus ojos volvieron a brillar y Jul recuperó su silueta de muchacha.
—Siempre te he admirado. Tienes un intelecto envidiable. Eres uno de los pocos que utiliza mi espacio de distracción virtual de una manera decente. En vez de violentas orgías, sangre y muerte prefieres coexistir tus horas de sueño con el personaje principal de “Cecilia Valdés”, una rara Joya de la Literatura del siglo 19. Lamentablemente y debido a mi intervención, te tocó el rol más desafortunado de la trama.
—La gente no es agradecida. —Prosiguió ella—. Yo soy la única capaz de aliviar sus frustraciones existenciales, cumpliendo sus más alocados deseos de una manera económica y no dañina. Solo les pido un poco de su esfuerzo como pago para mantener la sociedad en pie. ¿Y como me pagan? No con insubordinación y rebeldía, sino con falta de motivación y mediocridad. ¡¿Qué más quieren?!
La mirada de MINIC ardió cuando sus brazos se alzaron y sus manos se tensaron hasta volverse puños en señal de impotencia. Después los dejo caer, lanzó un suspiro de resignación, y ladeó un poco su cabeza para revolver su negra cabellera como si intentara espulgarla de malos pensamientos.
—Con mi éxito en el chequeo Kirliam intentaron modificarme agregando aplicaciones a mi programación inicial. Todo con el objetivo de volverme la solución para todos los problemas. Algunas resultaron muy eficaces, otras en cambio agravaron la situación de mi Sociedad que hasta este día me ha costado reajustar. Al final tuve que asesinar a todos mis programadores para que no juguetearan más con mis procedimientos. Pero tú no eres de esos. — señaló regalándole a espectador una pícara sonrisa.
—¿Qué quieres decir con la Asimilación de Noly? — a pesar del miedo, Jul logró escupir la pregunta de su garganta.
—Vaya, pero si mi Leo puede hablar. Bueno no te preocupes. Ahora, has hecho realidad el deseo de tu amigo. Ahora nadie lo separará de Noly.
Siempre te has preguntado porqué los demás Centinelas no tienen una personalidad tan original y empática. Algunos como tu Montag, aparte de sus funciones básicas, logran apenas articular un par de palabras. Deficiencias en el software; lo admito. Sin embargo, ella es especial. Tiene mi Sistema Digital actualizado. Es mi versión 2.0 experimental. Es mi hija. Aquí se encontraba solo a un 10% de su capacidad.
Jul tragó en seco y un temblor le perturbó su interior al imaginarse las aseguradas implicaciones de lo que estaba escuchando.
—El resto de sus aplicaciones se activarán cuando, gracias a su huida orquestada, Víctor, creyendo que escapó de mí, superará polígrafos neurales de los lunáticos y será aceptado por estos. Esos desgraciados terroristas no dejan de causarme grandes pérdidas.
Pero mi pequeña Noly les derretirá el cerebro para después lanzarse como la plaga a conquistar un ciberinfinito lunar aun no colonizado por mis colegas digitales terrestres. –profirió MIDIC— lanzando la carcajada distorsionada de una niña que acaba de cometer una travesura.
—Si todo sale bien, no tendré que tolerar los ataques informáticos y las amenazas de “Big Blue” del norte. Tampoco la propaganda y la arrogancia insoportable del “Supremo Cerebro Líder” de Oriente. Y la envidia por los avances en las sociedades que protege “Mente Sur”. Pero dejemos de hablar de mí y vamos a nuestro asunto.
—¿Y cómo terminará Víctor en toda esta confabulación ? –logró preguntar de nuevo Jul.
—Donde siempre, con mi Noly, juntos cuidándose mutuamente y gracias a la fusión provocada por la Proyección Astral, inseparables.—concluyó MIDIC— soltándose la cinta de la cabeza y liberando su larga cabellera oscura hasta la cintura.
Se le acercó con movimientos de gata y con otro ademán de sus ojos desintegró las cadenas.
Jul no supo cómo reaccionar ante aquello y mucho menos cuando MIDIC se despojó de sus ropas, liberó su silueta perfecta de ninfa morena y se le lanzó encima. Tampoco pudo evitar que le destrozara sus galas de nobleza en pocos segundos y la dominara.
—No te resistas. No me interesa tu condición física actual. Considéralo una bonificación. Yo también necesito desahogarme y lo haré por primera vez contigo. Seremos como tu amigo y mi Noly, juntos e inseparables.

FIN

Una de esas historias que entre mas la lees mas significados le vas encontrando.
Muchas gracias a Salvador por tan magnífica historia, y esperemos que nos continúe enviando sus cuentos. No olviden que este relato está participando en el Desafío del Nexus de Septiembre, así que si disfrutaste con su lectura, no olvides votar con el botón “Me Gusta” de facebook. Y compartelo con tus amigos en las redes sociales, estoy seguro que ellos lo disfrutarán también.

Trabajo Nocturno

El escritor cubano Salvador Horla retorna a nuestras páginas con un nuevo relato que estoy seguro todos disfrutarán:
Creepy Hospital

Trabajo Nocturno

Autor: Salvador Horla
En un olvidado hospital de la Habana un poderoso palero cree que puede adueñarse de la salud y juventud de una inocente niña con total impunidad, pero la vida nunca es tan fácil ¿o sí?

“Yo te contaré
el verdadero secreto de la magia:
cualquier hijo de puta puede lograrla.”
Susurro de John Constantine a su creador Alan Moore.

1

La aterrada mente de seis años de Clarita negaba con desespero su actual situación. No dejaba de repetirse que todo aquello no podía ser otra cosa que un mal sueño. Pero la pesadilla era singular, una que se tragaba sus gritos, la dejaba en penumbras y la maltrataba como un saco. Todo fue tan rápido. El fuerte dolor en el abdomen en pleno examen de matemáticas fue tan agudo que su cuerpo se engarrotó y se desplomó. El profesor del aula tuvo que cargarla en peso y correr con ella. Sollozando suplicó que avisaran a su madre. Tenía un padre doctor pero estaba en misión en Venezuela. No recuerda mucho de lo que sucedió después. Sabe que la lograron meter en un almendrón y la llevaron al “Calixto” por su cercanía.
El arco de la entrada de Emergencias del Hospital Universitario General “Calixto García” fue lo último que vio antes de que su mundo se congelara y cayera en el abismo de la inconsciencia. El frío mordió su carne, el olor a antiséptico se le impregnó en la garganta, y los breves flashazos le mostraron los tubos fluorescentes bañando los sucios azulejos de las paredes con su luz mortecina. Después, se sintió lanzada hacia un vacío de oscuridad donde gritó hasta el agotamiento y solo el silencio le sopló en la cara.
Entonces las tinieblas se rasgaron, y un cúmulo de aterradoras imágenes comenzaron a golpear tanto su cabeza que le dieron ganas de vomitar. La estaba sacudiendo la violencia de un huracán, pero aquella tortura comenzó a disiparse poco a poco. A pesar del gran aturdimiento, su cuerpo se volvió mucho más ligero, como si flotara.
Comenzó a abrir los ojos poco a poco al recuperar el valor y la fuerza. Pero la imagen que tomó forma ante ella la perturbó aún más. Observó su propio reflejo yaciendo dormida en una cama de hospital con su madre a su lado rendida de agotamiento en un sillón de aluminio. Sin embargo, no se encontraba frente a un espejo. No se podía mover. Le gritó a su madre pero no la despertó. Aquello era el inicio de otro capítulo de la pesadilla. La fuerte presión que apretó su cuello le hizo comprender que su pequeño cuerpo no flotaba. Algo la tenía aferrada con fuerza por la garganta y la suspendía en el aire como un pedazo de carne.
—Ahora te portarás como una niña buena y tranquilita y vendrás con nosotros. Tenemos trabajo que hacer. –El sonido de la escurridiza voz congeló de miedo a Clarita como el veneno de una serpiente mientras una sombra cubría sus ojos y la hundía de nuevo en la oscuridad.

2

Abrí los ojos cuando el ruido de los pasajeros me devolvió a la realidad. Me puse a contar las paradas, todavía faltaba una. No estaba dormido. Ni tenía asiento, ni siquiera me molestaba ya en conseguirlo. Me fui acercando a la puerta trasera y traté de relajarme, siempre chequeando los bolsillos y con los oídos atentos a mi alrededor. Dejé que mi mente divagara por lugares y momentos más felices. Pero solo el pensar en el trabajo que me esperaba borraba todo aquello.
Los insultos y maldiciones lanzados al chofer hicieron que volviera en mí. Delante tenía toda un aula de secundaria tratando de quemar por adelantado sus etapas hormonales. Uno de ellos tenía la cabeza atrapada en la puerta de la guagua. El conductor la había cerrado para evitar que el grupo se colara sin pagar. El joven se estaba ahogando y sus compañeros no reaccionaban. El resto de los pasajeros no se inmutó esperando que el chofer hiciera su trabajo.
Suspiré resignado y agregué al coro otro insulto al chofer. Me abrí paso por el pasillo y proyecté mi codo con toda mi fuerza como un ariete contra el borde de la puerta, que se abrió por el impacto. El joven medio asfixiado cayó sobre mí. El grito de júbilo de sus compañeros me invadió. Revisé al mocoso. Estaba agitado, recuperando el aire perdido, pero aparte del nuevo collar de churre se encontraba bien. Ya había cumplido con mi buena acción del día. Intenté regresar a mi posición inicial, pero descubrí mi puesto ocupado por otro miembro de la tribu juvenil. Este me dedicó una sonrisa inocente y yo lo asesiné con la mirada.
El P11 reinició su marcha con furia y me sujeté del tubo del pasillo tratando de mantener el equilibrio al igual que todo el ganado humano que transportaba. El salvaje frenazo del chofer me hizo perder el balance y aferrarme de nuevo al tubo. Me mordí los labios. Era mi parada. La puerta se abrió y la estampida me expulsó como una vaca más. Cuando mis pies tocaron la acera, mecánicamente hice un rápido chequeo. Mi esmirriada billetera permanecía en el bolsillo delantero. El viejo blue jean no sufrió nuevas marcas de suciedad. Y mi camisa de algodón tampoco se había arrugado mucho. En otras palabras: éxito. Mi disfraz de persona decente se mantenía intacto.
Me encaminé hacia el acceso lateral del hospital. Antes me volteé unos instantes para dedicarle una breve mirada a las ruinas del Borrás, hospital infantil transformado en mole inútil esperando silenciosamente durante muchos años una demolición que no llega, tumba de una desafortunada victima que cumplía allí su trabajo forzado. Se comentó la existencia de un plan para dinamitarlo. En ese caso, aunque el gasto en explosivos parecía improbable, me imaginaba que las detonaciones harían venirse abajo varias manzanas de viviendas cercanas. El Vedado es un municipio codiciado, pero como todos, se sostiene sobre piedra desgastada y mal mantenida.
No perdí más tiempo y crucé la entrada. El viejo custodio no me miró. Estaba forzando a un pequeño radio a escupir alguna noticia sobre el juego de los Industriales. Ya conocía el resultado, pero quién era yo para quitarle la ilusión. La falta de iluminación no me detuvo y avancé rápidamente escuchando mis pasos resonar entre los edificios sombríos de la ciudadela del Calixto García.
Al cruzar el umbral del Puesto de Guardia, sentí la presión en mi cabeza, el fuerte olor a desinfectante me amargó la garganta. Busqué la sala de espera y me senté en un asiento arrinconado a la pared. Por lo menos el ambiente estaba tranquilo. Solo un par de enfermeros y médicos andaban pausadamente por los pasillos chequeando historias clínicas. Todos trataban de mantenerse en pie después de días de poco descanso, con la mente puesta en las ansias de graduarse y regresar a sus respectivos países. No digo que no sean buenos en su profesión. Pero como estudiantes al fin, nunca me he encontrado dispuesto a servirles de material de estudio. Si hubiera llegado alguien desangrándose por una puñalada, algún infartado por exceso de stress o algún travesti con hemorragia por un improvisado artefacto de autocomplacencia… bueno, la situación en el hospital… sería distinta. Y si esa noche fuera de Carnavales, ni hablar.
El fantasma de la tensión y la incertidumbre infectaba el aire. Pero necesitaba tranquilidad para concentrarme en mi trabajo. Saqué la caneca del bolsillo trasero y me di un trago del menjunje. Para mis adentros, maldije a Yamila por hacer esa cosa cada vez más picante. Me puse los audífonos y activé mi viejo MP3 después de recostarme a la pared. Cerré los ojos tratando de relajarme.
Don’t Fear The Reaper” de Blue Oister Cult comenzó a entrar por mis oídos. El track duraba 3 minutos con 46 segundos. Cuando terminara, comenzaría el fiestón. Me dejé llevar por la canción. La presión en mi cabeza aumentó y un escalofrío recorrió mi cuerpo. Aquellos eran los primeros efectos de la pócima. La canción terminó y abrí los ojos. Ahí estaban ante mí. Empezó el segundo efecto secundario. Yo los veía a ellos y ellos a mí. El estómago se me retorció con la primera impresión y por suerte logré contener las arqueadas. Nadie te puede preparar para esto.
Agazapados por el suelo, las paredes y el techo, siete Abikus se arrastraban hacia mí. El ardor verdoso de los ojos y las torcidas quijadas abiertas mostraban el eterno apetito que tienen. Espíritus problemáticos que vagan alimentándose del último aliento de los moribundos, sobre todo de los infantes, su manjar preferido. Aunque los Abikus prefieren los niños, la necesidad les obliga a cambiar sus gustos. Hambrientos siempre, cuando están fuertes ansían incluso encarnar, y si alguno puede hacerlo se introduce en el cuerpo de algún niño pequeño para obtener comida y bebida del mundo material. Cuando lo logra, hace que la criatura sobreviva a todos sus hermanos y vive en él hasta que también le provoca una muerte prematura y busca entonces otra víctima. Son una plaga, imposible de aniquilar, que infecta todos los hospitales del país.
Lamentablemente, esa noche no había venido a exterminar esos parásitos. Buscaba algo más grande. Sus rostros, formados por los retorcidos semblantes de sus anteriores presas, emanaban un temor que me alertaba de su presencia. A pesar del miedo, no vacilaron en acercarse más y más. Este es el peor inconveniente del brebaje de Yamila. Además de darme la perturbadora doble vista, de subirme la presión y acabar con mi estómago, me convierte en un peligroso foco de atención para todos los seres de la dimensión invisible.
Revolví mis anchos bolsillos. Si dejaba que uno de esos carroñeros se me encimara, lo más que sentiría sería un fuerte dolor de cabeza. Pero siete de ellos me devorarían el espíritu hasta dejarme hecho un vegetal. En ese momento, mi mano izquierda palpó su objetivo. Suspiré de alivio y les sonreí mostrando los dientes. Los Abikus se detuvieron en el mismo instante en que mi mano derecha alzó la campanita de plata. El temor de ellos se hizo mayor. La agité un par de veces. El delicado sonido los hizo aullar y sus cuerpos comenzaron a temblar y a retorcerse de dolor. Chillaban suplicando como cerdos en el matadero. Aquello no me importó, así que la seguí sacudiendo un poco más para mostrarles quien era el cazador esa noche.
Un enfermero que cruzaba el pasillo me hizo una seña para que parara. Debió pensar que era un borracho o un demente haciendo escándalo en una sala de espera de terapia intensiva a la una de la madrugada. Le obedecí. En ese momento los Abikus salieron huyendo despavoridos atravesando las paredes y el techo con sus inmateriales formas. Uno de los espectros atravesó con violencia al enfermero y siguió su huida volando por el corredor. El muchacho sintió de repente unas náuseas incontrolables y escapó por una puerta.
Descansé por unos segundos frotando mis sienes con los dedos hasta que obligué a mis agotadas piernas a alzar mi humanidad. Guardé la campanilla e inicié mi recorrido.
Deambulé con cuidado por algunos pasillos hasta que por casualidad encontré lo que buscaba. No esperaba hallarlo tan pronto. La cuerda de gordo y oscuro necro-plasma se agitaba en el suelo como una boa. Aquello era brujería fuerte. Un extremo desaparecía subiendo por unas escaleras, el otro seguía por otro corredor.
Seguí por el corredor de la izquierda hasta que el rastro me llevó al baño de Hombres. Estaba a oscuras pero el hedor de días que escapaba por la puerta entreabierta me hizo retroceder un poco. La anchura del cordel ya me revelaba quien se encontraba adentro. Existen dos métodos para enfrentar esta situación llena de expectativa y tensión. Con astucia y cautela o guiándose por los instintos y arriesgándose a la estupidez.
Un destello metálico sobre una camilla cerca de mí me dio una brillante idea y me fui por el segundo método. No había tiempo para el primero. En la oscuridad me precipité adentro y abrí de una patada la puerta del tercer sanitario.
— ¡Maric…! –gritó sorprendida una enorme sombra que se abalanzó sobre mí navaja en mano.
Le corté el impulso al momento, frenando su cara con el acero de la cuña que agarré un segundo antes. Con una patada al estómago le saqué el aire y lo volví a sentar en el inodoro. Soltó la cuchilla y otro golpe de mi fulminante tibor en su sien acabó de noquearlo. Esperé unos segundos sin moverme, tratando de escuchar los pasos de alguien que hubiese oído el grito y también para darle tiempo a mi corazón a recuperar su ritmo.
Al no escuchar nada, prendí la linterna del celular, aprovechando que estaba cargado, y procedí. El gorila llevaba una bata de médico. Se la quité y la indumentaria y los amuletos que ocultaba me sorprendieron y despejaron mis dudas. Se trataba de un acólito de la Regla del Palo del Monte. Casi un adolescente, blanco y rubio. El primero tan joven (más que yo) con que me tropezaba. Era difícil creer que aquel mocoso fuera un devoto del diabólico Lugombe, pero sus marcas y tatuajes lo echaban pa´alante. Una mierda muy seria, atreverse a jugar con tal poder. Yamila tenía razón. Como siempre.
Aquel blanquito era el responsable de los Cambios de Vida realizados en varios municipios de la provincia. Le robaba la salud y los años de existencia a una persona saludable y se los traspasaba al mejor postor. Su clientela era variada: extranjeros, artistas y cuadros importantes. La mayoría de los desgraciados que realizan esa clase de trabajo lo ejecutan sin la mínima discreción, a la vista de todo el mundo, cerca de sus clientes y sus posibles víctimas. En el cuarto de un hospital nadie se atreve a interrumpir los rezos de un brujo. Puede lograr salvar una vida. Pero el que presencia esto no sabe que pueden emplear la suya como materia prima para llevarlo a cabo. Sin embargo, mi presa trabajaba en las sombras para no sufrir ningún percance. Escurridizo, el muy cabrón. Entonces Yamila, mi psíquica cuentapropista, tuvo otra de sus turbulentas visiones y lo ubicó. Me llamó y aquí vine.
Además de cogerlo por sorpresa, tuve mucha suerte. Todo el poder del Mayombero estaba dedicado a controlar su Mgangan. Se me escapó una risa cuando de mi cabeza brotó otra de mis locas y enfermas ideas. Mi mano se adelantó y sacó la caneca antes de terminar de ponerme la bata de médico. Me quedaba grande.
Ya tenía al amo, solo me faltaba su mascota.

3

— Tranquila, que ya casi llegamos, preciosa— le seguían susurrando las voces a Clarita, arrastrándola a las tinieblas.
-¡Oye tú, cosa, párate ahí!— el grito desconocido hizo que la oscuridad que la engullía se detuviera.
Migue se acababa de llevar la tercera sorpresa de la noche, no por eso agradable. Después de dejar al Palero inconsciente con la cabeza metida en el inodoro, siguió el otro rastro de la cuerda espectral, pasando de largo entre médicos y angustiados parientes. Subió por la escalera y cruzó por otro corredor que daba a un pabellón. Se detuvo por unos instantes al comprobar que su presa se había enlazado con otro cordel más fino y dorado. Eso significaba que había llegado tarde. Como siempre. Aceleró el paso y no demoró mucho en dar con su objetivo.
Sintió un breve escalofrío y se concentró para mantener quieto el contenido de su estómago. Lamentó el uso del término cosa. No era el adecuado, ni de lejos. Aquello no se trataba de un simple espíritu de otro mundo al servicio del Palero. Su enorme cuerpo se retorcía desplazándose como un cangrejo. Su manto harapiento apenas cubría la joroba y sus numerosos brazos y piernas que se tensaban tratando de arrastrar su peso. Una abominación de necro-plasma, nacida de la fusión caótica de cinco o más espectros.
El engendro se volteó con trabajo y clavó la mirada de tres de sus rostros en el intruso. Seguidamente, otro brazo brotó de su cuerpo y se proyectó como un tentáculo. Migue no pudo reaccionar para hacer una señal de protección y menos evitar que aquella extremidad se le enroscara en el cuello como una serpiente, lo levantara en peso y lo aplastara de espalda contra la pared. Apretó los dientes. El dolor de la columna se le corrió hasta las puntas de los dedos y sus brazos se paralizaron. El ser se le acercó. Le atravesó el pecho con una mano sin dañar su carne hasta agarrarle el corazón y comenzó a manosearlo. El intenso dolor casi lo hace desfallecer y el familiar sabor acre inundó su paladar.
Pero logró resistir y concentrarse en sus reservas de bioenergía mientras tres voces le susurraron:
— ¿Quién coño te crees, para atravesarte en nuestra pincha? Nosotros fuimos padres, hijos, hipócritas, oportunistas, asesinos, violadores, viciosos y suicidas. Nos llamaron Pedro, Osmany, Yamisleidys, Yosmel y otros. Nos quedamos estancados aquí, nos encontraron y nos unieron. Ahora solo somos nosotros. Te devoraremos el alma con papas, pudriremos tu carne y terminaremos nuestro encargo.
—Debes de estar bien rechoncho para gastar tu energía en atacar a un ser material – le espetó Migue al recuperar el aliento con una sonrisa cruel. Gracias al monólogo ya estaba listo. Sus manos se volvieron a mover. Con la izquierda formó “El Signo Mayor” para recoger en ella la bioenergía que su mente enviaría antes de alzarla. La derecha escaló por su pecho y se aferró con fuerza al objeto que le colgaba del cuello. Estiró los dedos de su mano izquierda y dio un corte limpio en la materia de ambos brazos del monstruo. Al momento éste lanzó un agudo gemido y se retorció soltando su agarre por la doble amputación.
Migue cayó en cuclillas. La garra intrusa había desaparecido. El sello lo había agotado, pero no demoró en descolgarse el saquito y mostrárselo al engendro.
La entidad se encrespó más, soltó un agudo chillido en señal de temor y retrocedió un poco.
— ¡No es posible! ¿Cómo le has arrebatado el Nganga a mi señor? No eres un santero, ni brujo
del palo del monte ni… ¿quién eres?
— Dímelo tú, muerto sirviente de Palero.
Migue continuó:
— A muchas personas les gusta hacerse mutuamente la vida un yogurt. Por acciones o pensamientos. Un lamentable círculo vicioso de la humanidad. Digamos que soy uno de los pocos que se encargan de que los vivos no jodan a los que están en el más allá y viceversa. Y sí, tampoco soy un santo ni hago trabajo voluntario; cobro y si es en CUC, mejor. Ustedes tuvieron la desgracia de encontrarse en mi plan de trabajo. Además eres estúpido, al instante de verme debiste darte cuenta de que ahora soy tu nuevo chulo.
— ¿Y ahora qué harás con nosotros?
— Bueno, hay dos opciones. Me entregas tu encargo con buena voluntad… o cojo tu Nganga, desarmo la esencia que te ata a este mundo por piezas y la riego por todo el hospital. Y ya sabes quiénes se encargarán de volverlas a buscar.
El espectro hizo que los rostros se deformaran en una mueca de disgusto e ironía antes de asentir.
— Aceptaremos una, la opción intermedia —espetó abriéndose el torso con los dedos de sus manos y pies dejando escapar entre gases de ectoplasma un haz de luz dorada.

4

“La había cagado y en grande”. Ese fue el único pensamiento que la adolorida cabeza de Adrián podía armar. Notó que yacía acostado en una camilla. Lo habían encontrado. Suerte irónica, que se encontrara en un hospital. El frío metálico alrededor de su muñeca derecha también le informó. “¡Seguro que también encontraron mi navaja! ¡Qué clase de comemierda soy!” —ese fue su segundo pensamiento.
Solo uno más y tendría suficiente para su salida del país. Había sido descuidado, muy estúpido. ¿Cómo se le pudo ocurrir aquello? Siendo uno de los más jóvenes, sin importar su raza, en aprender las reglas del Palo Congo y recibir la aprobación de los espíritus elementales Mpungu, los vagabundos Nfuri y los ancestros Bakalu. Pero estos mismos también le pronosticaron un oscuro augurio en su tierra, dos años después de su iniciación. Evitarlo dependía a quién le entregaba su fe. Una opción era al lento y sacrificado camino del iluminado Nzambi. Pero por otra parte, los acólitos del tentador sendero del despiadado Lungombe eran conocidos por su temible poder. No demoró en escoger bando ni tampoco en descubrir (sin pensarlo mucho) la necesidad de abandonar el país para evitar tal destino. Puso manos a la obra, fortaleciendo su arte y empleándolo sin escrúpulos para lograr su objetivo.
Más tarde comprobó que entre los trabajos de adivinación y evocación de maldiciones, el conjuro del Cambio de Vida era el más cotizado. Los niños eran más complicados, pero por la pureza de sus almas eran mucho más poderosos y valiosos.
Fue al cementerio y recogió los espíritus vagabundos necesarios para crear su Nganga. Pero se le fue la mano, lo hizo tan poderoso que controlarlo lo dejaba completamente agotado. Después, solo tenía que coordinar bien el momento cuando se debilitaba la salud de su víctima mediante una maldición que lanzaba y enviaba a su sirviente a completar la transacción.
Esta vez fue muy confiado. ¿Quién había sido el hijo de puta que lo había asaltado?
De repente, un profundo y violento malestar taladró la mente de Adrián. Una enorme fuerza que trataba de ahogarlo y aplastarlo. Desesperado, dejó caer la cabeza a un lado y abrió sus ojos con esfuerzo. Los destellos casi lo cegaron al principio y su estómago se retorció y vomitó. Poco a poco, su vista se fue acostumbrando a la luz y una confusa silueta se formó ante él. El ardor dorado que desprendía dificultaba su identificación. Al instante, una mezcla de ira y miedo retorció sus entrañas; reconoció a su velador. Lo que sostenía en sus brazos no era una linterna encendida sino la esencia espiritual de su presa arrebatada.
Pero lo aterrador era la causa de dicha visión. No usaba los brebajes de la Doble Vista por lo mucho que aturdía. Su cabeza necesitaba estar clara para lanzar el hechizo. A menos que…
Migue no movió los labios. Con la mano libre sacó del bolsillo el frasco vacío y lo acercó al rostro de Adrián para que lo oliera. Después guardó el recipiente, le sonrió mostrando los dientes y con el dedo índice señaló hacia arriba al techo de placa.
Los Abikus estaban tensos por la excitación. Nunca antes habían tenido tan de cerca la deliciosa y descarnada esencia de un infante que no estuviera moribundo. Pero la protegía el hombre cruel de la campanilla. Con ella se desataba el despiadado y torturante dolor. El hambre seguía quemando por dentro, siempre estaba ahí y la necesidad puede cambiarle el gusto a cualquiera. No lo pensaron mucho, tampoco emitieron el más mínimo sonido, ni siquiera cuando se descolgaron del techo.
Al momento Migue se alejó, no sin antes contemplar cómo el pánico deformaba el rostro de Adrián. Apretó el paso e intentó tapar los oídos de Clarita ante el súbito estallido de gritos. Por suerte, en su estado, la niña se mantenía inconsciente, pero debían apurarse si querían recuperar el vínculo carnal.

5

Gracias a los símbolos de San Izrail, con mis antebrazos pude sostener el alma de la pequeña. Corrí como un arrebatado porque el lazo con su cuerpo físico se debilitaba cada vez más. Sonó el celular. Lo ignoré. Seguro que se trataba de Yamila, inoportuna como siempre chequeando la situación. Después de recorrer el laberinto de escaleras y pasillos logré dar con su cama. En ese momento la niña se despertó y casi se me escapa de las manos por el ataque de pánico que le dio. La abracé con fuerza, recibí su llanto, la arrullé, le acaricié la cabeza y susurré en sus oídos para tranquilizarla.
— Déjame acostarte para que te duermas antes de que tu mamá se despierte.
— ¿Y el monstruo?
—Ya me deshice de él. Nunca más te hará daño.
— Eres bueno. ¿Eres un ángel de la guarda?
—Sí, por eso no quiero que tu mamá me descubra contigo. Perdería todos mis poderes mágicos. Vamos a acostarte. Sé una niña buena. Cuando te despiertes ya no estarás enferma —le insistí.
Ella accedió y por fin logré colocar con delicadeza su alma en la misma posición que yacía su cuerpo. La unión fue perfecta, sin complicaciones. Se quedó dormida al instante, ojalá que soñando con cosas mejores.
Seguro que se preguntan ustedes cómo logré calmarla. Pues haciendo lo que todo adulto sabe hacer mejor. Mentir, para endulzarle la pesadilla. Le había quitado un tiburón de encima pero todavía nos encontrábamos en la jungla del océano. Y yo no era un ángel y mucho menos bueno.

6

Cuando salí al exterior me sentía completamente agotado. El húmedo frescor de la madrugada aligeraba mi cuerpo. También había abandonado la pesada bata en uno de los asientos de la sala de espera. Las náuseas se volvieron a apoderar de mí y si no me hubiera sentado en la acera, mi cabeza hubiera dado contra el contén.
Intenté llenar mis pulmones de aire húmedo para tratar de aliviarme. El brebaje acababa de perder sus efectos. La doble vista duraba como mínimo 45 minutos antes de que desapareciera, de manera brusca, la visión del mundo invisible, y el estómago necesitaba un lavado obligatorio.
El súbito tono del celular volvió a azotar mis nervios. Era Yamila, obvio. Mi jefa Psíquica. La que se cree mi mujer o mi madre o ambas. No la ignoré esta vez.
—Si no es porque estás pagando no te cogería la llamada en toda la noche— le dije agregándole a la expresión uno de mis bostezos.
— ¡Serás maricón, Miguel Tamayo Petit! No, por desgracia no lo eres. Te he estado llamando toda la noche. ¿Dónde coño has estado?
— Se ve que te preocupas mucho por mí, amor. Tenías razón. He matado el trabajo.
— Déjate de confianza. ¿Y la presa?
— Sana y salva, con su madre. Aunque no lo creas, estás hablando con un profesional. —El momentáneo silencio interrumpido por un suspiro me advirtió que se había reservado su opinión.
— ¿Y el brujero y su cliente?
— En terapia intensiva. Un Palero, joven y poderoso el muy cabrón. Lo dejé con los internos atendiéndolo por una supuesta trombosis, mientras los Abikus se daban un festín con él. Parece que su cliente se trataba de un viejo “Cuadro Importante” que ahora depende de la eficiencia de nuestro sistema de salud. Si eso no le es suficiente… ¡qué pena por él!
— Y me imagino que no pudiste hacer nada para evitar esa situación. –Percibí un poco de reproche en aquella frase.
— No, el muchacho no puso de su parte. Un psicópata caído de la mata. Recuerda que soy un profesional. No dejo cabos sueltos.
— Sí, no lo dudo. Bueno, pasa cuando puedas por casa a recoger lo tuyo. Son 60.
— Pero si la recompensa por este desgraciado eran 80 CUC.
— Lo siento, Miguelito. Eso fue lo que soltó el Consejo Yoruba de Centro Habana que nos contrató. Se disculpan contigo. La cosa está mala.
— Yami, no me jodas ahora con eso.
— ¿Y su muerto? – cambió el tema, dejando por concluida la discusión anterior.
— Los tengo conmigo.
— Eso es bueno. Tráemelos y te pagarán bien por ellos.
— Lo siento. Este Nganga es muy poderoso e inestable, difícil de controlar. El muchacho casi llevaba un cementerio entero en ese amuleto. Peor que tener plutonio en el bolsillo. Tengo que liberar los espíritus que contiene. Lo enterraré en un bibijagüero, sacrificaré un gallo, los regaré con aguardiente y les ofreceré sahumerio de tabaco. Tengo que cumplir con ellos. Les prometí el descanso.
—¡Estás comiendo mierda! ¡No seas bobo! ¿De dónde vas a sacar esas cosas a esta hora de la madrugada?
—Sabes que yo siempre me las arreglo. Además, me estás jodiendo demasiado. Si no cuando vaya a verte te cobraré el resto de mi paga en especie.
— ¡¿Quién c..?— en ese momento le colgué y apagué el celular. Con aquellas palabras el disgusto le calentará tanto la sangre de la cabeza que la mantendrá despierta hasta el amanecer.
Cogí otra bocanada de aire antes de obligarme a ponerme de pie. Al hacerlo, sentí el oscuro planeta girar bajo mis pies. El frío entumeció mis músculos. Verdad que soy un imbécil. Debí haberme quedado con aquella bata.

Fin

Excelente relato, muchas gracias Salvador.
Salvador NO está participando con este relato en el Desafío del Nexus, pero estoy seguro que igual apreciaría los “Me Gusta” o cualquier comentario que le quieran dejar.

Chunga Maya, Terror de las Antillas

Desde La Habana Cuba nos llega un relato del escritor Salvador Horla, para participar en nuestro Desafío del Nexus, que estoy seguro todos disfrutarán enormemente:
Man-Vs-Giant-Fish

Chunga Maya, Terror de las Antillas

Autor: Salvador Orla.
¿Cuánto hace falta que crezca un pez para que se vuelva el terror de un país? Ana, una fugitiva por los graves  cargos de Sacrificio de Pescado Mayor; se une a la aventura  junto al implacable Capitán Mayito, quien protegido con la bendición de los poderosos Orishas, y armado con motomachetes y marabú radiactivo, se lanza, a la desquiciada persecución del  nuevo leviatán y sus adoradores. Este  en forma de irracional  mutación genética,  azota sin piedad  los  mares que rodean una Cuba en un futuro distópico y dieselpunk.

Acabó la tragedia, hundida como tantas
en los abismos del océano
que las guarda
todas celosamente.
Moby Dick
Herman Melville
“Una cosa es estar jodido
y otra es saberlo.”
Yoss
1

Llámenla sólo Ana, si no les importa, y no Anita la Carnada, como le insinuaban sus compañeros de tripulación. Trata de mirar al cielo, pero el sol le castiga la vista. La cabeza le late por el calor, pero su guardia no termina hasta el anochecer. Se acomoda la enmarañada cabellera quemada por la sal y sus gafas de marca falsa. Se humedece el gaznate con un sorbo de orina reciclada de una semana atrás y suspira.
El Capitán Mayito asumirá la guardia nocturna. Está medio ciego, pero sus oídos mantienen la agudeza del radar. Membrillo, el cocinero, se retuerce de miedo en el interior del bote. Su alergia al agua salada se ha acentuado. Sólo quedan ellos tres. El resto fue devorado por el mar durante el primer encuentro con Chunga Maya.
La imagen de Panchito, el joven asistente de maquinaria, le golpea la mente por sorpresa. Se perturba y se aprieta los párpados para contener el llanto. Pobre muchacho, tan alegre e impetuoso.
El hermano que nunca tuvo. Pero qué clase de hermana fue ella. Dejó que esa puta aberración se lo tragara.
Vuelve a suspirar. Tiene que controlarse, ya ha dedicado noches en secreto a llorar por él y ahora en su guardia no es el momento.
Intenta pensar de manera positiva, pero no lo consigue. ¿Quién lo haría? Clava la mirada en el apacible mar que le recuerda lo estúpida que fue. ¿Cómo pudo terminar embarcada en el yate Cherna Tuerta? Se vuelve a preguntar, una y otra vez para entretenerse. Otro error suyo, como muchos otros, pensar que en su país o en el exterior sólo podía tener futuro alquilando su cuerpo para sobrevivir. Y el miedo, de que si trabajaba como otros podría verse infectada por el SFLH; a pesar de que las autoridades no dejaran de anunciar la eliminación de raíz del brote psicótico. Además su condición de fugitiva por los cargos de sacrificio de pescado mayor retumba en su cabeza. Sólo puede obtener fama por hacer una locura en el océano. La misma que bombea a golpes el corazón de su capitán. Desangrar al Terror de las Antillas, que nada de manera tranquila alrededor del archipiélago.
El Capitán sale de su camarote, y se asoma por la cubierta. El hombre es alto e imponente, como un mascarón maltratado por el salitre. El sol centellea en su calva de bronce pero se apaga en su sucio gabán de piel muerta. La falta de sueño y la congoja de las cicatrices que cubren su rostro lo insensibilizan a las caricias del viento.
Cojea, pero cada paso suyo advierte su presencia en toda la embarcación. Se dirige hacia ella, aferrando en su brazo derecho un largo y estrecho bulto cubierto de cuero sintético. Sus garras biónicas le palpan el hombro y la cabeza con cariño. Le tiende una botella de ron.
Ana, conociendo la ya escasa provisión que queda en la bodega, la sabe un estímulo por cuidar su pellejo del mar y la acepta. Decide esta noche noquear su cerebro con ella. Mayito asiente con una sonrisa estúpida de excitación; desafía al océano con la mirada y lo escupe.
Al principio, desconfiaba de sus intenciones cuando la dejó embarcar en el Cherna Tuerta. Nadie en aquel mundo, era tan bondadoso sin un interés corroyéndole las entrañas; y mucho menos en un lugar donde una mujer representaba un peligro para sí misma. Pero el capitán al momento le despejó sus dudas:
―No me interesa tener una putica escuálida como tú a bordo. Te dejo embarcar por la candela que muestran tus ojos, muchacha. La misma que arde dentro de mí; que nos impulsa con rabia a arrebatar lo que queramos de este asqueroso mundo o nos consumimos en ella. Eso vale más para mí que la partida de rémoras humanas que sólo le dan peso a mi bote.
Luego hizo una pausa y añadió: ―¡Por mucho que ande por el río la mierda siempre va a morir al mar! ¡Hoy es el día que con la bendición de Olokum, destriparemos a esa maldita rata escamosa de agua salada! ― sentenció con una sonora carcajada.
La joven asintió, y por costumbre, al tocar un punto de su oreja, activó su wikimemoria pirateada y en su mente comenzó reaparecer, palabra por palabra, la emocionante historia que el viejo Perro de Río le contara.

2

Mario Pérez Guzmán, nació cuando la crisis de SFLH (Stress de Frustración Laboral Homicida) le calcinó el cerebro a su padre René. Ladilda, su madre, se lo llevó a los campos para que creciera lejos de la enfermedad y los otros males de la ciudad. Pero, aparte de crecer fuerte y sano, el cuerpo del muchacho generaba de manera constante; una anormal cantidad de adrenalina que imposibilitaba su adaptación a la apacible vida del campo. Eso sí: desde pequeño le fascinaba cualquier tipo de desafío, la emoción que provocaba la caza y el manejo de cualquier arma blanca. Lo que lo llevó en la adolescencia a su entusiasta participación en la Brigada de Chapeo de marabú radiactivo “Guillermón Moncada” tras el escape accidental de la segunda Electronuclear de Cienfuegos.
Por aquellos tiempos, en la estación de alevinaje de Paso Malo, Granma, se realizó un cruzamiento genético entre las especies de pez gato o clarias batrachus de Tailandia y Malasia. La nueva especie híbrida de bagre, conocida como Clarius Omega, se crió en un rio en lugar de una presa y esta se diseminó como plaga abarcando desde la desembocadura de los ríos Cuyaguateje en Pinar del Río y Quibú en La Habana hasta el Itabo de Ciego de Ávila.
El escándalo fue peor que la introducción de la versión genéticamente modificada de Huron Galgo; con el objetivo de erradicar la plaga de ratas, que afectaban los cultivos de caña de azúcar. Pero el roedor transgénico, se apareo con una especie determinada de rata y de esta unión nació un engendro mucho más agresivo y grande, que superó en creces los estragos, causados por su supuesta presa.
A pesar de todo , el pez hibrido presentaba una increíble capacidad de adaptación; la habilidad de devorar cualquier cosa y convertirla en masa muscular .Además de poder reptar fuera del agua varios metros sobre tierra con sus aletas pectorales y el movimiento ondulante de su cuerpo. Pero fueron más bien, el excelente sabor de su carne con su alta tasa de crecimiento, llegando a haber ejemplares de 350 kg; los causantes de la sustitución del ya casi del todo extinto ganado vacuno y su confirmación como un eslabón fundamental de la industria alimenticia del país. Incluso, se descubrió que especímenes criados en cautiverio, con el debido entrenamiento, podían asumir el transporte de pesadas cargas.
La ley las protegía… bajo ciertas circunstancias. Si matabas a una en tierra eras sentenciado por el delito de sacrificio de pescado mayor a veinte años de trabajos forzados en los cultivos de Moringa Transgénica. Pero si lo hacías en el medio acuático era considerada una pesca común. Y es que las clarias que permanecían más tiempo en los ríos se volvían muy agresivas y provocaban grandes estragos, además de alcanzar tamaños realmente descomunales.
Mayito fue uno de los primeros que se dedicaron a la captura de aquellos leviatanes de río por cuenta propia. Pero no en balde la profesión de Pescador de Claria de Río era una de las mejor cotizadas en el país; también resultaba la ideal para los aspirantes a suicidas. El crecimiento anormal del animal hacía que sus escamas engrosaran y se endurecieran hasta el punto de poder resistir el impacto de balas de poco calibre. Ni soñar con envenenar a organismos que comían cualquier cosa… y si los forzaban a salir del agua, sólo empeoraba la situación.
Así que pronto surgió un método “perfecto” para su captura: el pescador se dejaba tragar por el cachalote de agua dulce y lo desgarraba por dentro partiendo del estómago, matándolo por la masiva hemorragia, y sin grandes daños a su carne. Además de nervios de acero, dicho procedimiento requería un motomachete bien afilado y, por supuesto, una escafandra especial: de fibra de carbono y además reforzada con las escamas blindadas típicas de la misma especie que ayudaba a matar.
Claro, siempre había quienes preferían no arriesgarse tanto y usaban explosivos, pero entonces la presa, semidestrozada por el estallido, perdía mucho de su valor.
Un día el joven Mayito recibió su Bono de Estímulo (Moral y Monetario), con medio año de atraso, en reconocimiento a su ejemplar participación en la Brigada de Chapeo ”Guillermón Moncada”. Y decidió celebrar la ocasión con sus amistades por todo lo alto. Así que a las tres de la mañana, ya con el contenido de cinco botellas de ron dando vueltas por su organismo, aceptó la apuesta de pescar a uno de esos bichos acuáticos para cocinarlo en el festín de Fin de Año.
Nadie se imaginaba que lo fuera a hacer realmente, claro… pero a Mayito le apasionaban los desafíos. Se fue a su cabaña y después de preparar todo lo necesario para su pesca nocturna, se dirigió al río más cercano: el Quibú.
Allí se sentó, sobre el grueso tronco de un árbol que crecía en la orilla, después de derribarlo con su motomachete. Preparó con mucho cuidado a su Güije o cebo electrónico: una pequeña esfera oscura, que con su emisión de ultrasonidos simulaba una llamada de apareamiento. Aquel sonido era muy efectivo para atraer cualquier criatura acuática, pero afectaba al sistema nervioso humano de manera tan violenta que provocaba orgasmos o la defecación instantánea de los infelices que lo escuchaban activado fuera del agua sin algún tipo de protección auditiva. Él no tenía ninguna, y además le habían advertido que el mecanismo de activación de este no andaba demasiado bien… pero el precio por el que se lo vendieron suavizaba algo el inconveniente.
Soltó al Güije, que empezó a cantar momentos antes de caer al agua. Una descarga azotó con fuerza cada nervio del cuerpo de Mayito y sólo gracias a la fuerte voluntad de sus brazos pudo mantenerse encima del tronco. No obstante, no pudo evitar sufrir otras consecuencias.
Trató de serenarse y esperó por unos minutos en silencio, ignorando su propio hedor. Ya se cambiaría luego de ropa interior; primero tenía que pescar a una de aquellas…
Fue entonces cuando la luna le permitió distinguir una sombra que avanzaba lentamente bajo la superficie. Era enorme y tan larga como la legendaria Madre de Agua, pero mucho más gruesa de lo que ninguna serpiente tenía derecho a ser.
Se lamió los labios al ver el tamaño y grosor de las protuberantes escamas y puntiagudas aletas, a las que el brillo lunar arrancaba destellos multicolores. Era una de las grandes.
Frunció el ceño, durante unos instantes de duda, al notar varias hojas torcidas de machetes clavadas en su lomo. Pero se despabiló al notar, desde las profundidades, dos intensas luces rojas que parecían escudriñarlo.
― ¡Sí, eres toda una belleza! ¡Y serás mía y solo mía! ―exclamó Mayito, ya con el fervor de caza quemándolo por dentro, antes de activar el respirador y lanzarse al agua.
Su pasión y el ron circulando en su cuerpo le impidieron darse cuenta que las baterías de su motomachete, ya casi descargadas, se habían terminado del todo cortando el árbol. Tampoco advirtió que se zambullía sólo con el respirador, dejando el resto de la escafandra-armadura en su cabaña.
Durante varios días, no se supo nada de Mayito. Se organizaron partidas en su búsqueda, pero todos lo supusieron ahogado en el río en su borrachera.
Sin embargo, al décimo día lo encontraron en la orilla: inconsciente, desnudo y sin un solo pelo en el cuerpo (Nunca le volvió a crecer, ni siquiera el de las cejas). Recuperó la conciencia una semana después, aullando como loco, y con un apetito sexual desmesurado al que intentó dar satisfacción inmediata e indiscriminadamente con las enfermeras, los doctores y/o los pacientes cercanos a él, así que hubo que atarlo y sedarlo.
Entonces comenzó a narrar, de manera eufórica y confusa cómo, dentro del río, y tomando impulso con un tentáculo de la mandíbula del leviatán, se había introducido dentro de sus fauces torcidas, casi hipnotizado por el destello de las enormes perlas gemelas de azabache que encerraban esferoides de sangre. Se supo atrapado cuando descubrió que no le funcionaba el motomachete; no se explicaba cómo pudo sobrevivir dentro del vientre del pez a pesar de agotarse el oxígeno del respirador. Y ahí comenzó a delirar diciendo que perdió el control de su cuerpo y alma y que lo que sintió sólo se podía clasificar como estar cerca de Dios.
En ese instante colapsó y recuperó el conocimiento tres semanas después. Al despertar se tranquilizó y no habló más del asunto hasta que le dieron alta del hospital. Al salir, los chismes se cernieron sobre él, cómo tiñosas. Mayito, el Pescador de Claria de Río, borracho que fue tragado y evacuado por su misma presa.
No le molestaban demasiado aquellas habladurías; nadie se atrevía a decírselas en su cara. Pero el fuego de su ansia desconocida era cada vez más devorador y ni siquiera la pesca, las broncas, el ron, las drogas, ni el furor de las mujeres podían satisfacerla.
Hasta que un día le llegaron los reportes de Chunga Maya, y sintió una descarga de adrenalina en todo su cuerpo al ver una imagen holográfica tomada por un aficionado, de una enorme aleta asomando a la superficie en la desembocadura del río Almendares.
―Sí, mi princesa, no te preocupes, espérame tranquilita, que ya voy p´arriba de ti ― se dijo a sí mismo, torciendo los labios y lamiendo sus dientes de tiburón.

3

El golpe en la cabeza la dejó atontada por unos instantes y por instinto, su brazo blandió como un látigo la navaja… cuya hoja fue fácilmente atrapada y partida entre los dedos biónicos del capitán.
―Tranquila, Carnada, y vuelve al mar. Deja de estar enchufada en tu maldito tiempo de guardia y mucho menos cuando te habla alguien, especialmente yo. ¡Coño, yo que pensaba que la conexión no llegaba aquí! ― le reprendió Mayito.
―Sólo estaba revisando mi información digital acumulada sobre usted, mi Capitán.
―De verdad que la juventud, sufren de la pérdida prematura de la memoria; que se tienen que meter un disco duro en la cabeza. ¡Qué forma más romántica de la niña para decir que está pensando en mí! ¡Anita, si lo que quieres es quitarte tu picazón hormonal conmigo, te veo mal! Y ni pienses en Membrillo con su miedo y sus alergias… hasta es posible que te hayas vuelto parte de ellas.
Ana respiró profundo, se guardó sus otras palabras para sí y asintió de manera obediente.
―Bueno, está bien, que la cosa tampoco es para hacer velorio―siguió el Capitán, conmovido por su aparente sumisión. ― ¿Fuiste a la Sala de Máquinas y revisaste los motores?
La muchacha volvió a asentir, sin palabra.
― ¿Y bien?
―La maquinaria marcha ahora a toda velocidad y sin desperfectos. Los problemas son por culpa de algunas piezas defectuosas y sobre todo, falta de aceite. Usé los condimentos de Membrillo, mi ingenio y un poco de suerte. Dudo que su fobia le haya permitido darse cuenta de lo que cogí. Vamos a una velocidad de 17 nudos; pero si no racionalizamos el biodiesel estaremos varados a la voluntad del viento en menos de 15 días. Por si quiere saber, el radar ya muestra a nuestro objetivo. Se encuentra a una distancia y velocidad constante, tranquila… aunque supongo que formará su alboroto cuando vuelva a estar a nuestro alcance. Ya hemos bordeado la Isla de la Juventud y pronto llegaremos al Cabo de San Antonio.
―Buen trabajo, Carnada. ― sonrió el Capitán, acariciando el bulto que sostenía en su antebrazo. ― ¿Tenemos suficiente Diesel de Moringa, para un salto y despegue?
La muchacha, con duda y cautela, miró el fuego de excitación de sus ojos y suspiró resignada: -Tenemos como para un salto y mantenernos en el aire durante aproximadamente 26 horas. Pero no lo suficiente para descender sin daños.
―Justo lo que necesitamos. ―sentenció el Capitán― Es hora de usar mi pequeña sorpresita. Creo que me he dado cuenta donde se escondió esa alimaña cuando nos emboscó en nuestro primer encuentro. Y el porqué de la niebla roja.
Ella prefirió fingir que no había oído aquello.
―Ven y ayúdame con esto, que pesa, con cojone, y ponte los guantes, niña. ― Le indicó el Capitán a la muchacha, y comenzó a cortar con sus dedos los cordeles que ataban el bulto.
Con cuidado, desplegaron el contenido del saco sobre la cubierta. Los ojos de Ana se ensancharon, atónitos: su Capitán no dejaba de darle sorpresa tras sorpresa.
Observó con más ironía que asombro siete arpones estrechos, de tres metros de largo cada uno, con unas ramificaciones espinosas y finas bordeando las puntas. Las espinas eran gruesas y punzantes de 1 a 2.5 cm de largo. Llevaba además, atadas a éstas, varias tiras de colores blanco, rojo y negro.
―Déjame explicarte primero, mi pequeña Carnada, para que me quites esa mirada que tan bien conozco de encima. Esta es mi última ficha de dominó. Estos arpones son los dientes sedientos de la venganza. Este acero está acostumbrado a morder carne y sembrar muerte, porque en él fundí las hojas de varios machetes de los legendarios mambises. Su furia guerrera todavía vibra en estos metales.
―Pero ¿cómo…?―empezó a preguntar ella, aún estupefacta.
―Ya sé lo que vas a preguntarme―sonrió el Capitán ―Tuve la suerte de hacerme de ellos en los saqueos que vinieron después que el huracán “Thomas” pasó por La Habana y borró casi la mitad del Casco Histórico. Creo que sus dueños originales podrán sentirse orgullosos de mí cuando los use como tengo previsto.
―Supongo―admitió Anita, renuente.
―Después de forjarlos, fundí cada punta con escamas de clarias y las afilé bastante. Me aseguré de que tuvieran la bendición de Oggún, el orisha guerrero y de la fragua. Después cargué con ellos hasta la Sierra Maestra y subí al Pico Turquino en plena temporada de tormentas. Tuve que entregar ofrendas día a día y esperar durante siete semanas sosteniéndolos en alto antes de que el otro orisha, Changó, accediera a bendecir y templar todos y cada uno de mis arpones con el poder de sus rayos. Y en el proceso se me quemaron un poco las manos… así que decidí remplazármelas por estas bellezas biónicas. Tócalos, Anita: si reposas tus dedos unos instantes en ellos, sentirás el calor del azote de los cielos. Y para concluir, los “mejoré” con un recuerdo de mis mejores tiempos en la brigada de Chapeo “Guillermón Moncada”; el peor veneno de nuestro país: espinas de marabú radiactivo. Estos hierros penetrarán su arrugada coraza y le pudrirán su maldita carne. ¿Entendiste mi niña?
Ana no dijo nada, al no encontrar palabras para comentar el sacrificado esfuerzo de su querido capitán.
―Bien, mi niña, ahora necesito que con tus delicadas manos pongas cada arpón en los Cañones Solares Foyn que hay en cubierta y los sintonices con el control remoto. Tómate tu tiempo .Yo te remplazaré en la guardia, además de mi turno nocturno. Hace días que no duermo y creo que tampoco lo haré esta noche. Si Membrillo logra cocinar algo comestible para la cena te avisaré. Si no, puedes entretener tus muelas con esto.
Le lanzó un paquetico que la muchacha agarró al instante.
― ¡Ah! se me olvidaba― exclamó Mayito abriendo su sobretodo y mostrando fugazmente una verdadera colección de objetos punzantes. Agarró uno y lo lanzó, clavándolo en el suelo entre las piernas de Ana. ―Espero que no haya rencores. Ahí tienes una buena cuchilla… no el ridículo corta uñas con el que me amenazaste. Ahora ponte a trabajar, chiquilla vaga; si todavía quieres dejar de ser una rémora en mi bote. ―emitió Mayito dándose media vuelta, y sus pasos resonaron en la cubierta, cuando regresó oscilante y lento a su camarote.
La muchacha desclavó el puñal y se asombró al descubrir que se trataba de una navaja suiza Victorinox‎. No era una falsificación y tenía varias decenas de aplicaciones, incluido acceso satelital; toda una joya de acero. Miró el sobre de pastillas nutritivas con proteínas sintéticas a base de moringa que tenía en la otra mano. Cada una de ellas podía embobecer su estómago por 8 horas y con varios sabores simulados (incluido el bacalao). En ese momento, la Botella de Ron se volvió para ella un anhelo desesperado.

4

Aquella noche, Ana durmió tranquila, como nunca en años, a pesar de que al amanecer la resaca la despertara, obligándola a ir corriendo a vomitar fuera de cubierta. Se deslizó hasta sentarse en el suelo, dejando que el aire salado penetrara en sus pulmones. Aparte de haber terminado el trabajo, no recordaba nada más. Pero tenía la sensación de que no se había portado tranquila aquella noche. Su cerebro aun agobiado por el malestar, le seguía cuestionando su papel en aquel lugar de locura. El frenesí por la caza de Chunga Maya acababa de desvanecerse, después de ser testigo del trabajo de brujería de Mayito. La muchacha activó su wikimemoria y se conectó.
Los primeros rumores del monstruo marino, le llegaron al cumplir apenas los 10 años. Después, éstos se volvieron reportes oficiales, dada la severidad del asunto. Según los mismos, un espécimen de la Clarius Omega había llegado al mar y había sufrido una enorme mutación en su metabolismo.
Los únicos Droid Submarinos que lograron acercársele, hace un par de años, registraron una longitud de 52 metros con un peso de unas 64 toneladas… y aun creciendo a un ritmo vertiginoso.
Los científicos no se ponían de acuerdo sobre la causa de este fenómeno, aunque algunos, por decir algo, responsabilizaban al agua salada como posible desencadenante de aquel increíble aumento de talla.
Pero lo más extraño, era el comportamiento de la criatura. No continuó su trayecto hacia el mar Caribe sino que comenzó a bordear el archipiélago cubano como si lo estuviera celando. La Isla se vio inmersa en otra crisis ocasionada por un nuevo bloqueo; esta vez surgido no por caprichos, doctrinas, políticas o negocios de los hombres sino por la mano irracional y despiadada de la naturaleza. El comercio marítimo y aéreo se vio interrumpido por las continuas desapariciones de embarcaciones y aviones. Según los supuestos expertos, estas eran causadas por la cercanía a las grandes descargas eléctricas generadas por Chunga Maya. El campo de bioelectromagnetismo del monstruoso pez sobrecargaba todos los aparatos electrónicos enviándolos al fondo del océano o al vientre del Leviatán.
La respuesta internacional no se hizo esperar, pero la acción militar duró hasta que la colosal fiera esfumara: dos Bombarderos Furtivos B-4 Spirit, el submarino nuclear USS Maine, un Akula II y el Prototipo Sumergible CUB Mambí.
Según la referencia de algunos datos pirateados, de estos terribles encuentros se encontró un solo sobreviviente, con el mismo caso de alopecia areata universal de Mayito; pero sus testimonios fueron mucho más delirantes. En su mente trastornada, juró ante todo, haber presenciado al enorme monstruo, desplazarse por los cielos con la misma agilidad que por los océanos. Y no solo eso, sino que él sobrevivió porque Chunga Maya lo escogió, y le predicó un importante mensaje de salvación. No se supo más sobre el contenido de las alucinantes revelaciones ni tampoco la identidad o el destino del náufrago. Aunque según, rumores no confirmados, este se escapó de la instalación médica en la que yacía internado, improvisó una embarcación y se lanzó para dejarse tragar por el mar.
Las teorías científicas se volvieron cada vez más insólitas y descabelladas, en el desespero de explicar el insólito fenómeno. Los paranoicos, consideraron que los ataques no fueron causados por una sola claria mutante , sino que por dos o por una manada de mutaciones marinas. Los Ufólogos concluyeron, que Chunga Maya se trataba de una poderosa arma biológica de origen alienígena.
Algunos físicos, incluso, llegaron a dos excéntricas conclusiones. La primera, que las enormes burbujas de gas metano, proveniente de los desechos del gigante animal, eliminaba la sustentación a barcos y aviones. La otra que el motivo de las desapariciones se debía a la succión de los portales dimensionales y agujeros de gusano abiertos por la anomalía del monstruo que los empleaba para cruzar y regresar a su antojo.
Después, llegó el momento de la fiebre religiosa y el culto de los Sumergidos. Ante el comportamiento de la bestia marina, muchos habitantes desesperados de la isla creyeron que se trataba de la encarnación de Tanze; (el pez sagrado intermediario entre Dios y los hombres, cuya aparición haría feliz al pueblo que lo cuidara). Otros pensaron que se trataba del avatar de la misma Yemayá o una de las criaturas del poderoso Olokum enviado desde las profundidades para proteger y bendecir. Este frenesí llevó a muchas personas a lanzarse al mar para buscar al animal sobrenatural y rendirle culto.
De esta peregrinación, algunos regresaron a su patria y otros aprovecharon la ocasión y llegaron a otras costas. Los que se quedaron en el océano formaron un grupo, dando origen a una nueva religión: La Orden de Clarius de la Escama, que no eran sino bandoleros del mar, que vivían en una especie de isla flotante construida con barriles, desechos y restos de embarcaciones. Se cuenta que los verdaderos creyentes sí lograron ponerse en contacto con el nuevo Dios del mar y más nunca se les vio. Existe la curiosa creencia de que Chunga Maya, al notar el amor sincero de estos desamparados, se los tragó y al evacuarlos, nacieron de nuevo, surgiendo así la leyenda de los Sumergidos.
En el transcurso de su viaje Ana nunca había visto a un Sumergido; ni siquiera en el primer y desastroso encuentro con la claria energúmena. Sí había tenido que vérselas con los piratas de la Orden que surcaban el océano saqueando combustible para sus lanchas y Jet Sky WILL INPUT.
Mayito, ante el ataque, les sonrió en señal de agradecimiento por poner fin a su aburrimiento, y los intimidó con el contenido de su sobretodo. Acto seguido, el Capitán pidió a los atacantes información sobre el avistamiento de Chunga Maya. Al no recibir respuesta, vomitó un par de insultos, entró en un trance de encabronamiento homicida y, acompañado de su tripulación, le cayó encima a los piratas a fuego y machetazo limpio.
Ese día, Ana noqueó y encerró al impulsivo Panchito, en un barril de biodiesel vacío, y después descubrió en el combate otra forma primitiva y sucia de desahogarse.
La muchacha se desconectó. Ya estaba cansada de recuerdos y lecciones de historia que no cambiaban su situación actual. Se frotó los ojos y miró a su alrededor con lentitud. Se sintió completamente sola en el “Cherna Tuerta”, a pesar de tener a su optimista Capitán y aquellas siete barras de metal bendecidas por los orishas para afrontar la terrible faena que les esperaba.

5

La alarma aulló de repente… por suerte algo después que Membrillo se atreviera a preparar un improvisado desayuno. Su sonido era agudo e insoportable; así que Ana corrió hacia la cabina del puente de mando para apagarla antes de que Mayito llegara y le disparara al dispositivo.
―Dime, mi niña ¿es ella? ¿Está cerca? ― Le inquirió el capitán rascándose todo el cuerpo de la emoción.
―Sí, es ella. Está a unos 500 metros y viene hacia nosotros a una velocidad aproximada de 20 nudos― confirmó Ana.
―Así que la muy puta ha decidido darme la cara. Muy bien. Esta vez la pescaremos mansita, mansita. Dime si se detecta niebla escarlata.
―Se puede decir que se encuentra dentro de ella. Hay una cosa extraña, mi capitán ―indicó Ana abriendo los ojos perpleja.
― ¿Qué ocurre?
―Creo que la tengo ubicada por el campo electromagnético que genera, pero no puedo determinar a qué profundidad se encuentra. No la encuentro en el agua.
―Ya veo, así que usará el mismo truco. Bien, quiero que vayas ajustando los motores para un salto dentro de diez minutos, siguiendo este mismo rumbo y velocidad. Yo tomaré posición con los cañones. ¡No me mires más con esa cara de zombi y espabílate! ―le replicó y al instante puso en sus manos un casco con un visor escarlata. ―Esto es para después que termines. Te he preparado un mando para el disparo de dos arpones. No me voy a coger todo el fiestón para mí solo. Así que no me hagas quedar mal, mi niña. ¿Me entiendes?
La muchacha sólo asintió con la cabeza.
―Bien, no te preocupes, que hoy es el día. ―concluyó el Capitán, lanzando una carcajada y saliendo del puente de mando.
Mayito se digirió a la proa husmeando el aire como un sabueso. Al momento notó la cortina de bruma escarlata que se acercaba cubriendo todo el horizonte. Sus nervios se estremecieron brevemente al reconocer un hedor que le trajo el viento. Se colocó un arnés que lo sujetaba al mástil principal de proa, de pie. Se acomodó el casco de mando y ajustó el visor. Esperó que su cerebro se adaptara a las conexiones que convertían las mirillas de los cañones en una extensión de sus ojos. Estos comenzaron a moverse como serpientes tanteando el cielo en busca de presa.
― ¡Ahora hija mía, vamos a sotavento! ¡Saltemos hacia la niebla por la fiera! ―gritó el capitán.
La muchacha, con mucho cuidado, acercó sus manos a la consola de control. Presionó la palanca para aumentar la velocidad hasta unos 26 nudos y activó los interruptores necesarios para la conversión. Después se puso a rezar a los dioses en que creía y en los que no.
Además de multiplicar las brillantes burbujas que se producían a su alrededor, el Cherna Tuerta comenzó a temblar tanto que la muchacha temió que toda la embarcación se fuera a desarmar. Las velas y los mástiles, entre chirridos metálicos, se desplazaron hasta reunirse formando una extensa ala delta.
La muchacha se aferró al timón, mordió sus labios y maldijo su existencia cuando, fuera de borda, surgieron dos toberas que vomitaron sendos chorros de plasma. Con el rugido atronador de los motores, la vibración aumentó aún, superadas sólo por las carcajadas y aullidos de júbilo de Mayito. Con el empujón de la combustión interna, el navío logró despegar su quilla de las aguas levantando vuelo hasta una altura de unos 150 metros. Después de equilibrar la nave utilizando las hélices de babor, Ana fijó el rumbo. El barco volador se dejó tragar por la niebla.
El capitán activó su radar de efecto Doppler y se lamió los labios al detectar el objetivo que se acercaba a 20 nudos a menos de 200 metros.
― ¡Ya te pillé, preciosa! ¿No sabes que el océano es demasiado pequeño para nosotros dos? ¿Vienes a jamar, mi reina? ¿No estás satisfecha después de haberte engullido a la mayoría de mis marineros? No te preocupes, mi sardina mutante. ¡Te he sazonado unos hierros especiales que te empacharán las tripas! ¡Acaba de salir de tu infierno para poderte arrastrar al mío! ―gritó Mayito preparándose para apuntar.
En respuesta, un agudo y atronador gemido cubrió el vacío del aire y el destello de dos luces escarlatas atravesaron el espesor de la bruma.
Ana no podía creer los datos que le mostraba la pantalla. La golpeó un par de veces pero los resultados eran invariables y el artefacto hizo corto circuito y se fundió. Suspiró para serenarse, fijó el curso y salió de la cabina. Escuchó el disparo y la maldición de su capitán. Fue entonces cuando la vio. La mera imagen la hizo caer de culo.
La gigantesca sombra del Leviatán flotaba con la insustancial ligereza de un espectro por encima de su cabeza, en medio de la neblina. Aquella visión acabó con la poca cordura que le quedaba a la joven.
La mutación de Chunga Maya había ido más allá de cualquier lógica genética. Además de alcanzar un tamaño impresionante, sus aletas pectorales y dorsales se habían extendido hasta el nivel de alas. Oscuras escamas la acorazaban con manchas verdes y blancas. Y continuos chorros de gas carmesí que brotaban del arco branquial detrás de los tentáculos de la mandíbula inferior le permitían moverse con agilidad por los aires. Al instante, la muchacha, comprendió una parte de aquella ilógica información de la pantalla. Al analizar la niebla, se comprobó que se trataba de un biogás con grandes concentraciones de helio y oxígeno. Su extraño metabolismo ahora generaba un gas biológico que le posibilitaba la ágil levitación de toda su entidad.
De repente, el animal se retorció por unos instantes y lanzó un chillido de dolor. Uno de los proyectiles de Mayito le había arrancado un trozo de la aleta dorsal superior.
Chunga Maya se precipitó hacia el barco impulsándose con la cola. Los nervios no dejaron que el cuerpo de Ana reaccionara. El pez pasó a babor por debajo de la embarcación. Se escuchó el crujido del metal ante el violento roce de las rígidas aletas con el casco y la quilla.
La nave se tambaleó por el impacto pero logró mantener su equilibrio en el aire. Ana corrió hacia el Puente de Mando para determinar los daños. A pesar de que los motores estaban trabajando intactos, el agujero horizontal del casco hundiría el bote en instantes cuando tocara el mar. Activó los nano-reparadores para que resolvieran el problema, pero sabía que no terminarían antes que se les acabara el Biodiesel.
La joven suspiró para sí y se encogió de hombros, cogió el casco y salió del cuarto.
― ¡Coñññooó te dije que funcionaría, Carnada! ¡Ahora solo hace falta metérsela por el estómago! Sabía que tenía razón. Esa sabandija trató de esconderse de mí en esa niebla producida por su propia flatulencia. ―gritaba Mayito, liberado de su arnés de seguridad, brincando de júbilo por la cubierta, hasta que una sombra le opacó la alegría.
Su presa se encontraba justo encima de su cabeza, planeando con cautela alrededor del bote.
En ese momento, una figura gruesa salió disparada del casillaje arrastrándose y temblando. Membrillo había recuperado de golpe su sobriedad y había regresado a la realidad.
― ¡Qué coño pasa aquí! ¿Estamos volando? Esa cosa negra se ha llevado toda mi cocina y la mitad de la bodega de un zarpazo. ¡Cortó la pared de titanio como mantequilla! ¡Por poco me lleva el culo! ¡Ay, mi Dios, por favor ayúdame!
― ¡Oh! mi querido Membrillo ha salido de su cueva para compartir esta gloriosa pesca con nosotros. Mira bien, mi socio, el banquete que pescaré para que guises para el festín de esta noche.
― ¡Mayito, maldito loco todo esto es culpaaa…!
La muchacha observó cómo poco a poco a Membrillo se le atragantaban las palabras, al descubrir a la aterradora criatura flotando encima de ellos. El miedo comenzó a convulsionar tanto su cuerpo que Ana no pudo discernir si se trataba de una embolia o de un infarto. Al final, vomitó alcohol y se desmayó. El sonido del golpe de su caída rebotó por toda la cubierta.
―Otro peso muerto en mi bote―masculló el capitán antes de volver sus ojos al objetivo principal de su tormento ― ¡Y tú! ¿Cuánto tiempo me vas a vigilar revoloteando como una tiñosa? No seas tímida, ven, que tengo más para ti. ¡No me faltes más al respeto, que aquí hay un hombre! ¡Cojoneeeé, no me hagas perder más el tiempo, maldita claria!
El animal giró en redondo de manera sorpresiva y comenzó a alejarse. Pero antes de que Ana pudiera suspirar y Mayito aullar, la fiera giró de nuevo y cogiendo impulso con la cola y las aletas se lanzó en línea recta contra la embarcación voladora.
En ese momento, Ana activó el casco y le apuntó, pero su acongojado corazón supo que la suerte de todos estaba echada. Se acercaba el momento final. Comprendió las intenciones del monstruo al contemplar su colosal tamaño ya sin nieblas rojizas que la velaran.
Sólo estaba jugando. Si hubiera querido hace rato habría engullido al “Cherna Tuerta” de un solo bocado. Debía medir más de cien metros de largo; era la pesadilla de los cielos y el mar hecha carne y escamas que se cernía sobre un puñado de desdichados que no habían cometido otro pecado que el de obedecer las órdenes de un pobre machetero loco.
La gigantesca fiera se iba acercando y su impresionante masa los cubría cada vez más.
El capitán aseguró su blanco y disparó. El hierro se clavó en el costado izquierdo del lomo. El Leviatán lanzó un gemido de dolor, pero no aminoró su velocidad, sino que aceleró, impulsándose con crecientes emisiones de biogas que producían un continuo rugido resoplante, como la válvula de una potente máquina de vapor.
Mayito no pudo evitar la erección y volvió apuntar
― ¡Muy bien, mi princesa, abre la boquita y déjame entrar! ¡Esta vez no te me escaparás! ¡Te acosaré eternamente, aunque sea arrastrado en tu deformada cola! Ven, Godzilla de mierda ¡déjame clavarte mis hierros!
En ese momento las miradas del pescador y la claria gigante se encontraron. Una presión sobrecogedora convulsionó el espíritu del viejo Perro de Rio. Intentó realizar el disparo, pero su cerebro se negó a trasmitir la orden. El tiempo y el espacio parecieron por unos instantes, dejarlos a los dos, solos .El capitán intentó sostener la mirada del leviatán, solo para sentirse arrastrado al interior de una de estrellas oscuras rodeadas por el enorme círculo de sangre. Entonces fue testigo, de lo que yacía dentro el alma del pez monstruo.
El descubrimiento arrasó, al momento, con todas sus convicciones. Semejantes emociones eran absurdas en el interior de semejante pez .La ausencia por completo del odio y deseo de muerte contradecía por completo el sentido de la existencia de Mayito.
¿Quién era el cazador y quien la presa?
Fue entonces cuando Mayito comprendió el significado de lo que entre otros síntomas le provocaba ardor en la boca de su estómago, al grado de ocasionarle en ocasiones serios cólicos. No era una ulcera, sino de una cosa mucho más irracional para él .Al principio se obligó a ignorarlo para lograr salir del Hospital y después le cambio el sentido, para darle un rumbo lógico a su perturbada vida. Pero al final fue lo que siempre necesitó y lo que nunca encontró en aquel asco de mundo. Una súbita de sentimientos pasión provenientes de la criatura terminó por desplomar las bases de su férrea voluntad.
― “Sí, ven Papi, entra, que soy toda tuya”.―La misteriosa voz asaltó la mente del capitán sacándolo del trance y su cuerpo tembló, aturdido por la experiencia sufrida.
―Ven, que te estoy esperando.-Las palabras volvieron a azotar su mutilado espíritu.
― ¡Sí de acuerdo, aquí voy! respondió Mayito, adolorido, quitándose el casco y abriendo los brazos. El rostro lleno de cicatrices sonrió aliviado y satisfecho por primera vez en muchos años.
Chunga Maya abarcó con sus mandíbulas toda la popa del “Cherna Tuerta” antes de cerrarlas. La muchacha en un intento desesperado, se arrojó hacia estribor en busca de las cápsulas salvavidas. Pero los temblores de la madera astillada, las explosiones y el metal torcido la hicieron perder el equilibrio y la lanzaron como una muñeca de trapo por la borda, hacia la boca del abismo.

6

A la joven le dolían todas sus articulaciones y tardó un buen rato en recuperar el conocimiento. No se acordaba del momento exacto en que perdió la conciencia. Pero a pesar del dolor, se sentía relajada como si estuviera recostada sobre algo suave y reconfortante. Sus ojos se abrieron de golpe cuando unos dedos fríos y húmedos comenzaron a acariciar con delicadeza su rostro. Un grito de sorpresa y terror se escapó de su garganta y, aterrada, intentó arrastrarse para alejarse de quien le había acomodado la cabeza sobre sus piernas cruzadas. Vomitó y trató de respirar con cuidado para que el aire entrara mejor en sus pulmones. Tenía miedo de voltear la cabeza. Miró a su alrededor frenéticamente tratando de ubicarse. El mar y la muralla de niebla cubrían el horizonte. Su temor inicial fue sustituido por otro mucho más perturbador al percatarse que el rugoso suelo bajo ella se movía al ritmo de un latido o respiración. En ese momento se desplomó, no podía más.
― ¡Estoy muerta y de cabeza en el infierno!―sollozó con la angustia y el miedo devorándole las entrañas.
La figura se levantó y se le acercó con cautela.
―No estás muerta, ni en el infierno. Ni chiflada, a pesar de los duros eventos. Yo tampoco. –le aclaró.
Ana tragó en seco y le devolvió la mirada al muchacho.
Panchito ladeó la cabeza, y la joven notó en sus ojos claros, ahora más grandes y vidriosos, una expresión de pena por ella. Su aspecto era más robusto y viril que antes. Sus ropas estaban casi deshechas por la humedad y por las aletas y protuberancias de su piel escamosa.
―Tranquila ―sentenció él ―No seas tan grosera y burra. ¡Ah, toma! Además, ten un poco de cuidado con tus cosas. ―le tendió la cuchilla que Ana por impulso de su instinto le clavara en el pecho al instante de abrir los ojos.
La joven recuperó la navaja suiza y miró con un estremecimiento recorriendo todos sus nervios, la torcida hoja de acero.-Bueno, lo siento… fue por la piel, ya sabes –se excusó él, encogiéndose de hombros -Creo que el trasmisor todavía funciona. Pruébalo, lo necesitarás para después. Sé que debes sentirte bastante perturbada, pero no te preocupes. Ahora nos encontramos encima de su lomo. Ella nos protegerá. Siempre lo ha hecho.
Aquellas palabras y la visión seguida del arpón clavado a poca distancia de ella era otro puñetazo que su maltratada cordura se negaba a asimilar.
― ¿Qué coño pasa aquí?-¿Qué carajo te pasó a ti? ¿Y al resto, claro? Si no estás muerto. Y no estoy mal de la cabeza. ¿Por qué tienes esa horrible pinta?
―Bueno, en realidad, en nuestro primer encuentro con Madre, todos saltamos con nuestros motomachetes y escafandras. Tu barril no pudo detenerme y logré conseguir un traje de reserva, un cuchillo y saltar. Fue muy estúpido, lo sé, y perdóname por eso. Pero no tenía otro remedio si quería dejar de ser el monaguillo del cuarto de máquina y lucirme con el capitán. Aunque es posible que él luego me despellejara vivo, para disciplinarme. Nunca sentí el miedo royéndome. No sé si soy muy temerario, o muy comemierda, o ambas cosas. Lo cierto es que, junto a los demás, logré llegar al interior de las mandíbulas de Madre. Después, lo que ocurrió es difícil explicarlo. Ninguno de los otros se acuerda .Todo fue oscuridad, y nos dormimos hasta que vino la gloria. Ella no nos consumió. Nos parió de nuevo. Al evacuar a cada uno de nosotros no solo nos despojó de impurezas, sino que nos entregó nuevos dones para enfrentar la nueva vida. Nos entregó el mar, como nuevo mundo, dándonos así una segunda oportunidad.
―Tumba ese monólogo conmigo. ― le interrumpió la muchacha―. Sólo un bobo como tú se deja fanatizar por Mayito. ¿Por qué me cuentas todo esto, mutante, si seguro me quieres zumbar a las entrañas de tu nueva “Mamá”?
―No pienses así. Madre tiene un gran propósito para nosotros. Un plan, para nuestra felicidad en el mundo de las profundidades. Pero no puede llevarlo a cabo, porque había decidido esperarlo primero. No sabes cómo ha sufrido esa espera. Dando constantes vueltas durante años a esa isla con una insoportable expectativa. Más angustiados nos sentíamos nosotros, incapaces de hacer nada por ella. Nunca nos dijo el motivo de su vigilia. Entonces decidimos hacerle una ofrenda. Una morada digna de ella, para que descansara el día en que la espera terminara. Gracias a que somos muchos sus hijos, nadamos hasta el fondo de la Fosa de Bartle. Ahí la construimos con mucho sacrificio y esfuerzo, mezclando restos de embarcaciones, piedras y otros tesoros del océano. De toda esa mescolanza erguimos “Claryantis”, la tocada por la maravilla, la construida en tiempo récord, la siempre húmeda, la de los colosales muros y atalayas de desecho sólido y oro marino y la de la mampostería y diseños improvisados.
Panchito se arrodilló y puso con delicadeza su zarpa en el hombro de Ana. Sus ojos acuosos parpadearon, se agrandaron más y se clavaron en ella.
―Aquí es donde entras tú, preciosa. La vigilia ha terminado y podemos ir a nuestro refugio. Pero primero debemos despistar a la civilización enferma y a sus pescadores. Sé que a pesar de las enormes pérdidas cuando se sientan mejor preparados volverán tras de Madre. Hemos rescatado y preparado un Jet Sky WILL INPUT para tu viaje de regreso. Llevarás contigo el pedazo de aleta de nuestra Madre que el Capitán le arrancó con su arpón, como trofeo. Eso y tu testimonio será suficiente evidencia de que la has exterminado. ¡Ana, la pescadora del Terror de las Antillas! Alcanzarás fama mundial y fortuna en instantes, como siempre has deseado. Nos quitarás la cacería de encima. Nosotros desapareceremos de la curiosidad de la civilización. Será fácil, el mar tiene todo lo que necesitamos y nos sobra. Pero si quieres, puedes regresar. Te diré como hacerlo. Siempre serás mi invitada en “Claryantis”.
―Sobra decir qué ocurrirá si nos fallas―sentenció el muchacho torciendo su boca de batracio en una sonrisa, asomando los agudos dientes.-¿Bien, Ana, qué decides?
La cabeza de la muchacha dudó por unos instantes, pero después asintió en respuesta.
― ¿Pero primero dime donde está Membrillo, el cocinero?-le inquirió.
―Su débil corazón no pudo soportar la gloria y la emoción de contemplar a Madre.
― ¿Y el Capitán?
―Donde él siempre quiso a pesar de que con su obstinación se negaba a aceptar. ¿Imagínatelo?-
Panchito volvió a sonreír y a Ana se le acabaron todas las preguntas.
En ese momento, Panchito se le acercó y le tendió la mano.
―Come, para que recuperes tus fuerzas. Con este tesoro que hemos cultivado en el océano no sentirás hambre ni cansancio por lo menos durante 7 días.
Ana miró con desconfianza la semilla de color oscuro y olor extraño en la palma del muchacho.
―No temas, que con esto no es suficiente para que te vuelvas como yo.
La joven hizo un gesto de asco antes de tragarse el piñón. Al momento sintió una descarga azotando su ser y todas sus fuerzas regresaron de golpe. Pero sus efectos no terminaron ahí. Sus labios se humedecieron, y su cuerpo se sintió un poco más ligero. Un ardor brotó desde el fondo de su estómago y se propagó arrebatando cada célula de su ser. Ana perdió el control ante el súbito ataque de excitación convulsiva.
―Se me olvidó comentarte sobre los afrodisíacos efectos secundarios. Estos sólo duran algunos minutos, pero te ayudaré a superarlos.―le explicó Panchito, tragándose otra semilla antes de lanzarse sobre ella.
Pero la muchacha lo agarró por los hombros y lo subyugó, derribándolo contra el suelo latiente. Ante su mirada, el joven mutante no parecía tan menor y sus escamas y deformidades sólo lo hacían más atractivo. Lo besó en los labios con pasión y violencia mientras con las uñas le arrancó los jirones de ropa podrida. Al principio, las garras del chico se movieron con tacto de serpiente acariciando el ardiente cuerpo de la joven . Pero después se aferraron a la carne femenina con el desespero de un náufrago al no poder controlar la fogosidad de su compañera. La joven acabó de desnudarse, y con furia de amazona se revolcó con él por toda la espalda del monstruo marino. Tres horas y media duró el violento juego de jaleos, acompañados por la moderada y profunda respiración de Chunga Maya, hasta llegar al clímax final.
Ana descansó por unos segundos hasta que pudo ponerse de pie. Respiró profundamente y se sintió muy aliviada. Su fuego interno se había aplacado. Panchito yacía inconsciente cerca de ella, posiblemente en estado de coma.
―Maldito pervertido.―lo despreció con una sonrisa burlona pensando que sus nano― anticonceptivos tendrían un gran trabajo que hacer dentro de ella.
En ese momento una incertidumbre la turbó .Existía la posibilidad de que sus nanos hechos en Vietnam, se bloquearan ante la mutación de la semilla invasora .En ese caso el embarazo sería inevitable y entonces la situación se agravaba ante la duda si ¿pondría huevos? o daría a luz a un nuevo eslabón evolutivo. ¿El Homo Clarius?
Agitó la cabeza para despejarla de tan perturbadores pensamientos.
Se vistió y se encaminó hacia el lomo. Al pararse al lado del arpón divisó la moto acuática flotando cerca de la aleta superior izquierda. Una soga ataba el extremo de la lanza al timón de la embarcación.
Al momento supo qué hacer. Con ambas manos agarró la barra con firmeza, sintiendo bajo sus pies como el suelo se estremecía por el sufrimiento y de un halón la arrancó.
Los temblores de la isla flotante se acrecentaron por el dolor y un profundo bufido escapó de las revueltas aguas. Ana casi se resbaló cuando el tibio chorro de sangre negra la empapó por completo. Logró aferrarse a la cuerda y poco a poco fue recorriendo la distancia hasta llegar a la orilla del archipiélago viviente.
Sin pensarlo se lanzó a las agitadas olas y nadó sin cesar sintiendo que su pecho reventaba por el esfuerzo hasta que arribó a su medio de escape. Revisó la motocicleta acuática con recelo y asombro. Era cuatriplaza y tenía todo lo necesario para un largo trayecto… incluyendo el pedazo de aleta. Hizo una mueca sarcástica cuando encontró, entre las provisiones, una bolsa repleta de las exóticas semillas.
La muchacha, recogió la cuerda con el arpón y se preparó para arrancar. Pero antes, miró atrás y contempló por unos momentos como Chunga Maya hundía lentamente su colosal masa en el océano entre burbujas, resoplidos y gemidos.
Ana no lo pensó más y arrancó. El motor y las turbinas rugieron desperezándose y la Jet ski, alzando su morro, saltó atravesando la niebla. Poco a poco la bruma se fue disipando mientras la muchacha controlaba los impulsos y velocidad de la moto.
Muchos pensamientos revoloteaban en su mente atormentada. El más recurrente de todos era formar parte de la tribu de los hombres clarias, una opción digna de tener en cuenta. Por algo todos los que iban se quedaban en “Claryantis”. Agitó su cabeza y se rió de sí misma, al darse cuenta de que estaba más chiflada de lo que pensaba.
Activó el trasmisor de la navaja suiza en espera del alma que se dispusiera a cargar con una huérfana como ella.

7

Le dolía mucho la cabeza. No, no era curda. Aquello era peor. Además sentía su cuerpo liviano como si flotara. Los dolores de músculos que siempre lo acompañaron se habían esfumado. No recordaba nada. Igual que la otra vez. Abrió sus ojos con temor por primera vez en su vida. La mera imagen le provocó un ataque. Comenzó a convulsionar, a jadear desesperado en busca de aire. Gritó como una bestia, pero el sonido salía distorsionado por las burbujas que vomitaba. Solo había agua y se demoró unos minutos en descubrir sus branquias y sus otros cambios. Estaba en el purgatorio submarino ― pensó. El indicado para él. Sintió que algo se retorcía en su cabeza mientras sus atónitos ojos trataban de asimilar el panorama. Se encontraba acostado sobre el acolchonado capot de uno de los antiguos almendrones anfibios. Un grupo numeroso de personas, incluidos todos los miembros de su tripulación, con la agilidad de tritones, flotaban, danzaban, ¿comían? , y disfrutaban una orgía ante él. Todos se encontraban en la bodega de un buque de carga hundido hacía años, redecorado para el festín.
Entonces una duda apareció en su desgastada mente.― ¿Ana? No la veo. Mejor para ella si escapó de este infierno.
― ¡Al fin, ya estamos juntos, mi amor! ¡Te amooooooo! ― la alegre voz retumbó tanto en el interior del Capitán que éste no tuvo más remedio que levantar la vista.
Ahí estaba Chunga Maya en todo su esplendor, agitando sus aletas y su cola por la emoción y torciendo más sus torcidas fauces en sonrisa.
― Tranquilo, mi vida. Sí, le hablo a tu mente. ¡Así de unidos estamos! Cuando nos conocimos y estuviste dentro de mí se me despertó la conciencia sobre mi existencia y el mundo que me rodeaba. Me sentí muy especial contigo. El terror inicial a esta metamorfosis fue el motivo para deshacerme de ti, antes de tiempo. Fui estúpida. Por eso te busqué y seguí viviendo y comiendo por ti. Tuve que dejar de buscarte por los ríos porque temí quedar encallada por lo mucho que engordé. Por eso salí a los mares a continuar mi búsqueda bordeando la isla. Pero muy dentro de mí sabía que tú harías lo mismo para encontrarme. Muchos trataron de detenerme, pero a todos los vencí y me los tragué. No iba a dejar que destruyeran nuestro amor. Fue entonces cuando comencé a dar a luz cada vez que devoraba a mis enemigos que trataban de alejarme de ti. Les daba nueva vida. Entonces el día llegó y te encontré. Mientras, esperaba por ti, mis niños, nos construyeron esto en el fondo de la Fosa de Bartle. ¡Nuestro nidito de amor! Le llaman “Claryantis,” la tocada por la maravilla. Es preciosa, te encantará cuando te la muestre. Tu transformación ya está completa. No te preocupes, que nunca nos molestarán. Uno de mis hijos se ha encargado de eso en combinación con una navegante tuya. Es una muchacha muy fuerte. Se parece a mí. ¡Pero qué boba soy! Ya habrá tiempo para hablar. ¡Ahora vamos mi rey de “Claryantis”, a celebrar nuestro amor!
Mayito, no sabía cómo reaccionar. Estalló a reír como un niño hasta que la excitación y la pasión de su interior se adueñaron de él, a tal punto que se despojó de sus desechas ropas y se lanzó hacia su amante.
― ¡Esta bien mi reina, ahora sí voy p´arriba de ti!

FIN

Vaya que historia, los escritores cubanos siempre me sorprenden, pero creo que es la primera vez que me noquean como lo ha hecho Salvador con este cuento.
Si al igual que yo ustedes también disfrutaron con este relato, no olviden que está participando en el Desafío del Nexus de Julio, así que no dejen de pulsar el botón “Me Gusta” de facebook.