Un misterioso escritor que se hace llamar Joan Baladre nos envía una historia, pero no está participando en el concurso anual, ni en el Desafío del Nexus, es solo una historia que ha querido ver publicada aquí y pues aquí la tienen:

Vecina Alazne

Joan Baladre, Usuahia 1999.

 

Alazne hizo descender el SEAT 127 hasta su aparcamiento particular y aparcó el aerovehículo, de una forma precisa, entre las líneas amarillas que delimitaban la zona.

La puerta del conductor se abrió automáticamente y a continuación, descendió con una bolsa de compra: unos paquetes de galletas de chocolate y un par de botellas de leche, todos los productos eran de la marca Xazenda.

Atravesó el hormigón de la plataforma, que unía el aparcamiento con el megabloque de apartamentos que se alzaba como una inmensa torre nacarada y acristalada, y llegó ante la puerta circular de blindaje que daba acceso al interior.

Las gafas de sol esféricas que llevaba, se desarmaron formando pequeños cubos hasta que su rostro terso quedó al descubierto mientras apretaba los carnosos labios pintados de morado. La mujer se pasó los dedos con incrustaciones diamantinas por los pómulos romos de la cara y después, soltó un pequeño silbido de impaciencia.

La puerta cobró un color verde fosforescente y una voz neutra habló:

—Vecina Alazne, buenos días…

—Señor Puerta, por favor déjeme pasar no tengo ganas de estar de pie aquí… Y los pagos semanales están al corriente.

―Ah sí… por supuesto en la base de datos de la Com-Comunidad no aparece ninguna alerta de impagos. Ha tenido una actitud correcta para con toda la sociedad en esta última bimensual tasación de impuestos, que ya sabe ha ascendido un 10% sobre la base imponible.

―Así es. ¿Entonces, pasa algo? ―preguntó Alazne inquieta. Aquel maldito artilugio de control de la entrada le preocupaba. Sus problemas a la hora de pagar el alquiler estuvieron apunto de desahuciarla del edificio… y eso hubiera supuesto un grave problema, porque encontrar otra Com-Comunidad después habría sido imposible y automáticamente hubiera pasado a ser una exiliada sin techo, una marginal pasto de la bandas callejeras y de los droides que vagaban descontrolados en zonas sin vigilancia policial.

La puerta después de un breve silencio chasqueó y continuó hablando con su voz neutra:

―Vecina Alazne, hay un pequeño problema más bien de formas protocolarias. En mi programación hay un icono encendido.

―¿Y de qué se trata?

―Bueno verá, se trata de algo relacionado con el fichero Psi.

―¿El fichero Psi?

―Afirmativo.

El fichero Psi… Eso qué mierda es… ¿A sí? Ya lo recuerdo. Es un tipo de test que le hicieron las Computadoras-Máster para nuevos ingresos en la Com-Comunidad. Ummm… pero de eso ya hacía mucho tiempo, ¿o no?

Alazne siempre había tenido sospechas, que parecían tener fundamento, de que esos tipos de test le eran sometidos cada cierta frecuencia de una forma subliminal e indirecta en su mente transhumana. Una especie de control secreto, más allá de cualquier privacidad. ¿Pero existía privacidad en aquellos tiempos?. Casi estuvo de reír al hacerse aquella pregunta.

De todas formas como su controlador de cargas instintivas estaba bien desarrollado, siempre había tenido cuidado con aquellas formas subliminales de controlar su mente y se había guardado de ellas.

―¿Y ahora qué ocurre Señor Puerta? Creo que soy una buena Vecina para con la sociedad de este bloque, aparte de mis problemas ya solucionados de solvencia económica.

Vecino o Vecina, era la palabra empleada para los habitantes de cualquier Com-Comunidad.

―Usted tiene una ficha impecable en cuanto al Psi ―anunció inmediatamente el artilugio-portero ―, pero ha aparecido una extraña variable. Un problema que debemos aclarar para que los protocolos sean correctos y adecuados. ¿Comprende?

—La verdad es que no sé que quiere decir, ¿a qué viene todo esto? He salido esta mañana a a hacer unas compra y cuando regreso me encuentro con que…

—Efectivamente. —interrumpió la puerta.— Vecina Alazne de eso mismo viene las desviaciones de la estadística suya.

—¿Eh?

—A sus compras precisamente.

—¿A qué se refiere?

—Nueve de cada diez compras que ha realizado en estos nueve últimos días de ciclo son productos de la marca Xazenda.

—Bueno y qué, he tenido que recortar presupuesto para poder pagar las facturas de los atrasos del alquiler y esta marca es más económica que las demás.

—¿Sabe qué esos productos son marcianos?

—¿Y qué?

—Qué según la Corpolex está infringiendo la ley del consumidor correcto.

—Pero… ¿Qué pasa? ¿Es por culpa de la guerra?

—Los productos consumidos han de ser en su mayoría terrícolas, es una norma para que no halla desigualdad de mercado.

—Pero Xazenda es de origen terrícola.

—No, hace exactamente cuarenta días que pasó a una corporación de Marte.

Joder… ¿pero qué ley es esa? ¿Quién la habrá inventado? El presidente actual, Demetrio Salvatierra, es a todos lo efectos un pelele. Y eso es algo que la sociedad correcta tiene asumido, ladeando la cabeza hacia otro lado.
El cielo se nublaba como cubierto por un barniz plomizo, parecía que arreciaba tormenta.

—¡Pero bueno! ¿No le parece Señor Puerta que todo esto es una tontería? Yo no sabía de la existencia de esa… esa… ley.

—Pues Vecina Alazne, se está jugando la expulsión de la Com-Comunidad.

—Nadie me advirtió de la situación, esto es rocambolesco.

—¿Está segura de ello?

—Sí…

Esto es muy extraño, aquí hay algo raro. Mi sistema reptiliano-intuitivo adicional no me avisó de nada. Joder, ¿y ahora que? En menudo lío me he metido…

—Usted fue avisada en repetidas veces con advertencias muy claras.

—Pero qué dice. ¡Esto es un abuso! —Alazne subió el tono de la voz visiblemente enojada.— No es más que un error, una coincidencia que no tiene repercusiones.

—¿Está segura de ello? —volvió a repetir la puerta.— Actualmente existe un levantamiento rebelde en Marte.
Otro conflicto más acallado al público por los del gobierno. Nada nuevo.

—Pero la cuestión es que fue advertida. En los ingredientes de las envolturas venían mensajes nemotécnicos de preaviso.

—¿Y qué? Eso no prueba nada. Tan solo que no me di cuenta. Son los productos que compro habitualmente.

—Esos alimentos de Xazenda tenían holografías escondidas para inducir las mentes de los compradores, y el IPA lo descubrió y lo sustituyó por mensajes de aviso.

Esto empieza a tener tintes delirantes. Tengo que buscar otra alternativa.

—Todo eso es no es verdad.

—Usted puede se una potencial colaboracionista rebelde —dictaminó la puerta, y a continuación chasqueó.
En esos momentos un par de vecinos se dirigían al acceso de entrada. Ella los reconoció, eran los inquilinos que vivían en la habitáculo de arriba.

—¿Ocurre algo? —preguntó el vecino al ver el rostro preocupado de Alazne.

—Oh, no…

La mujer aprovechó la oportunidad y se abalanzó contra el hombre, apresándolo por la espalda y poniéndole un objeto punzante en el cuello del hombre asustado.

—¡Pero que hace! ¡Está loca! —gritó la esposa poniéndose las manos en la cabeza ante la escena—. ¡Suéltelo!

—¡Cállese so zorra!

—¿Pero… pero… pero que le ocurre? —consiguió articular a duras penas el vecino.

—Esa puta puerta no me deja entrar, se ha vuelto medio chiflada. Debe tener algún fallo en su delirante programación.

—Cálmese señorita, se lo ruego. Le ayudaremos no se preocupe, confíe en nosotros —dijo la esposa del vecino levantando las manos.

—¡Hagan que me deje entrar! ¡Qué me abra la puerta!

—Eso es imposible, su acceso está denegado —contestó la puerta—. Además está infringiendo un artículo del código civil terciario.

—¡¡Cállate cacharro de mierda!! —gritó Alazne.

—Por favor, no haga algo de lo que pueda arrepentirse más tarde —le suplicó la vecina.

—No me engañen más… esto es una farsa —anunció la señorita Alazne, y el silencio cayó como una losa.

—¿Pero qué dice usted? —preguntó la mujer rompiendo el mutis.

—No me engañarán, todos ustedes son simulacros, me quieren poner a prueba. Sí le rebano el cuello a su marido, seguro que no saldrá sangre.

—No… por favor —dijo el hombre al sentir la presión del objeto punzante en el gaznate.

—Pues entonces dígale a la puerta que abra ya, Código 103. Sí un vecino me facilita la entrada quedo eximida de toda culpa, así que… ¡adelante! Qué empiezo a cabrearme.

—Pero sea usted razonable, si hacemos eso después tendremos graves problemas para con la Com-Comunidad.

—¡Más problemas va a tener su supuesto esposo si lo fulmino! ¿O acaso le da igual por qué es en realidad un puto droide?

—No, no… Podemos llegar a un acuerdo razonable, mi esposo y yo tenemos contactos con la Com-Comunidad III y seguro que le encontramos habitáculo allí sin preguntas ni problemas burocráticos, ¿qué le parece?

Están tensando la cuerda… Pero no me vencerán con su ataque psicológico.

—Vecina Alazne, para su conocimiento ya he lanzado un preaviso a la Techpol —anunció la puerta
Esto es el juego del gato y el ratón… ¡Pues bien! Juguemos cabrones, juguemos a ver quién es que termina ganando. Sí he de morir lo haré matando.

Alazne tiró con más fuerza del cuello de su vecino.

—¡Oh, no! ¡No! ¿De qué va a servir todo esto? ¡Reflexione! —la mujer dio unos pasos con intención de acercarse, pero Alazne no la dejó:

—¡Quieta impostora! No me engañe más el juego ha acabado —y cuando la mujer estaba dispuesta a rajar el cuello del vecino, la puerta habló:

—Vecina Alazne, ¿por qué no deja su violencia hostil y a cambio pasa el test ordinario Psi para su revisión?
El test claro, oh sí… Se trata de eso… todo este simulacro… Pero hay algo que me pica dentro, algo que da un cosquilleo. Un impulso de llevar acabo el acto de…

Al estar divagando, aflojó la presa sobre el cuello del vecino y entonces, éste aprovechó la ocasión y dándole un codazo en el costado, logró zafarse.

—¡Hija de puta transhumana de tercera categoría! —gritó el hombre mientras le propinaba un puntapié en el estómago que la dejó sin respiración.

Alazne se arrodilló en el suelo retorciéndose de dolor. A continuación la vecina, que había desplegado un bate retráctil de la palma de la mano, le golpeó con dureza en los hombros y se desplomó sobre el hormigón caliente.

Ahhhh… ahhhh… vaya mierda, apaleada por esos dos vejestorios.

La pareja de vecinos, sin inmutarse, pasó por su lado y se colocó ante por la puerta blindada. La plancha retráctil esférica se abrió y pasaron dentro. Las primeras gotas de agua de la lluvia empezaron a caer repiqueteando en el pavimento y ella sin saber por qué, empezó a reírse. Una especie de pequeña locura que ahora la acompañaba en el dolor. Luego, escuchó el ruido seco de la puerta al cerrarse.

Se levantó del suelo y miró el objeto con el que había intentado rebanar el cuello de su vecino. Era la carcasa de un pintalabios. Se sintió ridícula.

—Vecina Alazne le informo para su conocimiento que el preaviso de la Techpol ha sido anulado.

—Oh gracias… —respondió irónicamente, haciendo un gesto de desdén con el dedo índice hacia la puerta —. ¿Y no puedo entrar?

—Correcto. Es usted un individuo inestable como ha quedado demostrado. Ha sido expulsada de la Com-Comunidad definiticamente. Artículo 22 de la seguridad vecinal. Es la ley correcta.

La ley correcta, ¿qué ley? Esto es un gran mierda… La ley es para el que entiende de leyes, los demás somos los esclavos de turno.

Alazne se quedó allí sentada, empapándose. La lluvia era cálida.

Ahora era una desahuciada forzosa.

Fin

Artículos Relacionadas:

Comparte este artículo con tus amigos