Con frecuencia escritores y lectores se preguntan si la Ciencia Ficción es un género que tiene o no aceptación en América Latina y, generalmente, las respuestas son escépticas, desconfiadas, conjeturadas, en definitiva poco halagadoras.

Sin embargo, antes de especular acerca de las razones que dan origen a esa posición pesimista, deberíamos primero definir ¿qué es Ciencia Ficción?

Entre los estudiosos del género no se ha podido llegar a un consenso amplio sobre una definición formal, siendo éste un tema de gran controversia. En general se considera ciencia ficción a los cuentos o historias que versan sobre el impacto que producen los avances científicos, tecnológicos, sociales o culturales, presentes o futuros, sobre la sociedad o los individuos.

Otra definición posible del género es la propuesta por los escritores Eduardo Gallego y Guillem Sánchez en su artículo ¿Qué es la ciencia-ficción?

“La ciencia ficción es un género de narraciones imaginarias que no pueden darse en el mundo que conocemos, debido a una transformación del escenario narrativo, basado en una alteración de coordenadas científicas, espaciales, temporales, sociales o descriptivas, pero de tal modo que lo relatado es aceptable como especulación racional.”

A su vez, el teórico literario Fernando Ángel Moreno propone otra en su libro Teoría de la literatura de ciencia ficción:

“La ciencia ficción es un tipo de ficción no realista que no está basada en fenómenos sobrenaturales.”

En definitiva, si nos atrevemos a una síntesis lacónica, no nos equivocaríamos al afirmar que se trata de una “Ficción Científica.” En consecuencia es un género en el cual se involucran la acción de fingir, la invención, poética o no, y lo científico, es decir, el conocimiento cierto de las cosas por sus principios y causa.

Frankenstein

Muchos, quizás, desconocen que el género no es nuevo y la creatividad de los cultores de esta interesante línea literaria siempre se ha visto estimulada por el impacto que producen los avances científicos, tecnológicos, sociales o culturales, presentes o futuros, sobre la sociedad o los individuos. Así fue como con el advenimiento de la electricidad, en el lejano 1818 Mary Shelley publica Frankenstein o El Moderno Prometeo.

Sin embargo se sostiene la existencia de una Proto-CF en leyendas y mitos muchos siglos antes. En la mitología griega, (Dédalo, e Ícaro), en la tradición judía ( Golem).

No obstante, el tema muy recurrente en los inicios, el de los viajes a la Luna, fue objeto de iniciativas literarias antes de 1818. Luciano de Samosata, (S. II) en Historia Verdadera, relata un viaje a la Luna en un barco arrastrado por una providencial tromba de agua. Pero, las más conocidas son las de Cyrano de Bergerac, (S. XVII) y la del Barón de Münchhausen, S. XVIII). Sin embargo, Carl Sagan e Isaac Asimov coinciden en que Somnium (1623) de Johannes Kepler es el primer relato de ciencia ficción como tal. Somnium muestra la preocupación de Kepler por el tema de cómo se verían los movimientos de la Tierra desde la Luna.

Pero resulta difícil establecer límites. Clute, por su parte, cita como precursor a Tomás Moro; que en su más famosa obra, Utopía (1516), describe en forma de narración una sociedad perfecta que reside felizmente en la isla Utopía.

Podría decirse, entonces, que en cualquiera de estos clásicos cuentos se vislumbra gran parte la semilla del espíritu del Racionalismo Cartesiano del siglo XVII que sentó las bases de la ciencia moderna.

Mesmeric Revelation

En los años 30 del siglo XIX, Edgar Allan Poe anticipó igualmente la narrativa de ciencia ficción en relatos como Revelación Mesmérica, Von Kempelen y su descubrimiento, etc. Dichos relatos reúnen algunos de los elementos primitivos de la ciencia-ficción, como el mesmerismo y los viajes en globo (muy en boga en aquella época) y la especulación cosmológica, también presente en su visionario ensayo Eureka, en el cual parecen describirse los agujeros negros y algo parecido al Big Crunch.

Posteriormente, en la década de 1850 aparece Julio Verne, quien en 1863 publica su primera obra con contenido de ficción científica: Cinco semanas en Globo. La ciencia subyacente en este género pasa de ser un motivo de inquietud o de preocupación por lo desconocido, a ser un soporte de historias de aventuras y descubrimientos.

En esta modesta síntesis histórica, es inevitable mencionar a los Estados Unidos de Norteamérica en donde el género puede remontarnos a Mark Twain y su novela Un Yankee en la Corte del Rey Arturo, en la cual apela al recurso de la «transmigración del alma» y la «transposición de épocas y cuerpos» para transportar a su yankee hacia atrás en el tiempo arrastrando consigo todo el conocimiento de la tecnología del siglo XIX.

Otro autor que escribió también algunas historias sobre extraterrestres es Jack London: (The Red One), sobre el futuro (El Talón de Hierro) o sobre los conflictos del futuro (La Invasión sin Precedentes). También concibió una historia sobre la invisibilidad y otra sobre un arma de energía para la que no existía defensa alguna. Estas historias comenzaron a perfilar algunos de los temas clásicos de la ciencia ficción.

Pero el autor que mejor simboliza el nacimiento, en Estados Unidos, de la ciencia ficción como género de masas es Edgar Rice Burroughs quien, publica en varios números Bajo las lunas de Marte (1912) en una revista especializada. Pero, las historias de John Carter (Ciclo de Marte) y Carson Napier (Ciclo de Venus), aparecidas en aquellas páginas, se consideran, hoy día, joyas de la ciencia ficción temprana.

Amazing Stories

No obstante, el desarrollo de esta línea, como género literario específico en EUA, fue necesario esperar hasta 1926, año en el cual Hugo Gernsback funda Amazing Stories, creándose así la primera revista dedicada exclusivamente a la ciencia ficción.

Las historias que se publicaban en ésta y otras exitosas revistas pulp (Weird Tales, Black Mask…), no gozaban del aval de “la crítica seria”, que en su mayoría las consideraban sensacionalismo literario. Sin embargo fue en estas revistas, que mezclaban a partes iguales la fantasía científica con el terror, donde empezaron a brillar algunos de los grandes nombres del género, como Howard Phillips Lovecraft, Fritz Leiber, Robert Bloch, Robert E. Howard, etc. Todo ello atrajo a muchos lectores a las historias de especulación científica propiamente dicha.

Con la aparición del editor John W. Campbell (1938) y su actividad en la revista Astounding Science Fiction y con la consagración de los nuevos maestros del género: Isaac Asimov, Arthur C. Clarke y Robert A. Heinlein, la ciencia ficción empezó a ganar estatus como género literario, lo cual estimuló a autores, que no se dedicaban exclusivamente a la ciencia ficción, como Karel Čapek, Aldous Huxley, C.S. Lewis y en idioma castellano Adolfo Bioy Casares y Jorge Luis Borges, a incursionar en el, lo cual generó mayor respeto hacia el mismo.

Galaxy

Después de la Segunda Guerra Mundial se produce una transición del género. Se fundan nuevas revistas; alguna hasta atraviesa el océano Atlántico como la francesa Galaxie, pero ahora el género empieza a salir del terreno exclusivo del pulp.

Posiblemente, el que puede tal vez considerarse como primer título notable de la posguerra y que le dio a su autor fama mundial fue 1984 de George Orwell.

Pero la mejor tarjeta de visita del período de los 50 es su interminable lista de escritores que han sido la columna vertebral del género hasta casi finales de siglo: Robert A. Heinlein, Isaac Asimov, Clifford D. Simak, Arthur C. Clarke, Poul Anderson, Philip K. Dick, Ray Bradbury, Frank Herbert, Stanislaw Lem y muchos otros.

En cuanto a los títulos, de esta época son libros que hoy son considerados clásicos: Crónicas Marcianas o Fahrenheit 451 de Ray Bradbury, Mercaderes del Espacio de Frederik Pohl y Cyril M. Kornbluth, Más que Humano de Theodore Sturgeon; sin olvidar El Fin de la Eternidad de Isaac Asimov, y Lotería Solar o El Hombre en el Castillo de Philip K. Dick, La Naranja Mecánica de Anthony Burgess. Otra novela importante de este período es Dune (1965) de Frank Herbert. También es en esta época cuando empiezan a otorgarse los premios Hugo, (concebido en honor a Hugo Gernsback) cuya primera edición fue en 1953.

Evidentemente esta es solo una visión panorámica de como se ha venido sirviendo, a los lectores amantes de la literatura especulativa, la ciencia ficción, pero, abusando de un símil culinario, es solo un antipasto, por cuanto este es un género que llegó para quedarse y ser apreciado porque, como se verá más adelante, no carece de trascendencia. Con el tiempo se ha venido sofisticando y han surgido interesantísimos sub géneros que tuvieron y tienen importancia variables en los diferentes países del globo… Nos referimos, por supuesto al Cyberpunk, al Post Cyberpunk, al Steampunk, al Biopunk, al Retrofuturismo, CF Hard, CF Soft, Space Ópera etc…

Pero esto será objeto de una próxima entrega.

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