El escritor Tulio Armenta, desde Chilpancingo México, nos envía su relato para participar en nuestro concurso:
Jungla

 PROYECTO VIDA NUEVA

Autor: Tulio Armenta
Con este cuento, vamos a hacer volar nuestra imaginación y nos olvidaremos un rato de la realidad. Esta historia inicia en el año 2061, en la ciudad de Chilpancingo. Narra la vida de un abuelo de 72 años que todos los fines de semana lo visitaban sus nietos y en la tranquilidad de su hogar, les contaba diversos relatos. Pero ahora, iba a ser distinto, ya que los niños iban a escuchar de su abuelo, la más increíble de las aventuras, cuando éste era niño.
Los niños se sentaron ansiosos para escuchar el relato de su abuelo.
El abuelo se sentó en un cómodo sillón, le dio un sorbo a su inseparable pipa y empezó con el relato:
—Nunca voy a olvidar aquella noche. En ese entonces yo tenía 12 años de edad. Aquel momento sublime cambió mi existencia… siempre lo voy a tener en mi mente. Pues bien niños, les voy a relatar una extraordinaria historia que viví hace sesenta años en un pueblito de la sierra de Guerrero, llamado Jaleaca, lugar de ensueño. Recuerdo que me encontraba a la orilla del río contemplando las estrellas, como acostumbraba hacerlo todas las noches, pero aquella ocasión iba a ser muy diferente. Esa vez, el canto de los grillos se apagó; la luna llena dejó de brillar; el correr de las aguas del río se dejó de escuchar; el sonido de todo lo que me rodeaba se apagó; vi hacia el cielo ¡Y NO LO PODÍA CREER! Una nave espacial estaba descendiendo a unos pocos metros de donde yo estaba. Mi temor era muy grande.
Entonces, uno de los niños, emocionado le preguntó:
—¡¿Y qué pasó abuelo, en el momento que viste a esa nave?! ¡¡¿ QUÉ HICISTE !!? Prosiguió el abuelo:
—Decía que estaba muy atemorizado por la pequeña nave espacial que estaba aterrizando cerca de mí. No podía creerlo, la compuerta de esa nave se fue abriendo lentamente. Yo no podía correr…estaba paralizado. Pero lo increíble es que de aquella compuerta salieron tres humanos…
Sorprendidos, los niños interrumpieron al anciano:
—¡¿HUMANOS!?
Continuó el abuelo:
—Sí, ¡humanos! La verdad no tenían nada de extraterrestres. Se bajaron, se fueron acercando lentamente hacia mí y me saludaron, elevando sus brazos al firmamento.
El abuelo hizo una pausa, continuó relatando su historia a los niños; miró hacia el cielo y su mente se remontó a aquella época del 2001, recordando cuando se le acercó por primera vez el viajero.
—Hola pequeño, no temas. Somos amigos. ¿Cómo te llamas? _
Nervioso, contestó el niño:
—Me llamo Juan, pero me dicen de cariño Juanito. Pero quienes son ustedes. ¿Son extraterrestres?
Sonriendo los de la nave, le contestan:
—No Juanito, nosotros somos humanos y vinimos del año 2250. Ellos son Renata, Ximena y yo soy Oxmar. Vivimos en la ciudad de “México Nuevo”. Desde hace mucho tiempo, hemos viajado a diferentes épocas, pero ustedes cotidianamente nos confunden con extraterrestres._
Preguntó intrigado Juanito:
—Pero, ¿qué hacen aquí y por qué se dirigen a mi?
Contestaron los amigos del futuro.
—La razón es simple mi querido Juanito. En nuestro tiempo ya estamos cansados de tanta miseria, corrupción y desmedida ambición que han dominado al hombre desde hace miles de años. Lo que más nos duele es que seguimos igual o peor que en la época de ustedes. Nada ha cambiado. Solamente la enorme tecnología que tenemos en todas las ramas de la ciencia…
En eso, Juanito los interrumpió:
—Pero, ¿yo que tengo que ver con eso?
Continuó:
—Un grupo de pacifistas científicos de nuestra época, seleccionamos a dos niños, incluido tu, para salvar a nuestro querido México. Los hemos elegido porque ustedes no tienen malicia; tienen sus pensamientos claros; son sencillos y humildes; muy inteligentes y con un alto sentido de responsabilidad y justicia. Estas son cualidades que tienen muchos niños de México, pero ustedes son los que más cumplen con estas características._
Juanito se expresó preocupado:
—Pero si yo no sé nada de la vida. Apenas sé leer y escribir y nunca he salido de mi pueblo y por lo mismo, ni siquiera sé como es el “mundo exterior”.—
—Por esa situación no te preocupes –contestaron tranquilizándolo-. Para cambiar al mundo, no se necesita ser un hombre sabio, ni tener éxito, ni poseer todo el dinero del mundo. Lo único que se necesita es tener los sentimientos puros, ser positivo y tener una férrea voluntad para transformar al mundo. Desgraciadamente –continuó-, el México de nuestra época es el peor país de todo el mundo. Ya estamos hartos de tanta corrupción, miseria e inseguridad incontrolable que prevalece en el año 2250.
Preguntó Juanito:
—Pero, ¿el niño que buscan y yo, qué podemos hacer?
Preocupado contesta Oxmar :
—Ya no podemos controlar esta situación. Es por eso que necesitamos la ayuda de ustedes. Por ello, en cuanto los reunamos, les vamos a explicar lo que deben de hacer.
Extrañado, preguntó Juanito:
—¿Y dónde se encuentra el otro niño?
Contestó Renata:
—Ese niño se encuentra en Acapulco. Así que tenemos que apresurarnos porque no podemos perder más tiempo.
De esta manera, Juanito, quien era huérfano, dejó un recado a los tíos con los que vivía, expresándoles que se “iba a recorrer el mundo”, cosa que a sus parientes poco les importó, ya que eran viciosos y no tenían “oficio ni beneficio”.
Esa noche, el cuarteto de personajes partió hacia su aventura. Abordaron la nave y una vez estando adentro, ésta sufrió una transformación increíble: se transformó de nave a carro. Juanito se quedó con la boca abierta. Todas las partes de la estructura de la nave estaban cambiando. Lo curioso es que las partes de ese vehículo no eran de metal, sino que era de una especie de plástico, pero con la solidez del metal.
La mente del abuelo dejó de vagar y regresó al año 2061 con sus nietos que lo escuchaban muy atentos. Con una melancolía y sonrisa que se dibujó en su rostro, continuó relatándoles su aventura.
Abuelo:
—Todavía recuerdo, cuan grande fue mi sorpresa cuando abordé el sofisticado vehículo. En esos momentos, la nave que se había convertido en carro, se elevó a un metro y medio del suelo y avanzó a una velocidad increíble. Lo curioso es que cada vez que veían un medio de transporte acercarse, por el lado de abajo descendían cuatro llantas, simulando los carros de esa época. Todavía tengo en la mente, cuando inocentemente les platiqué:
—Oigan señores, siento que voy arriba de una nube. Qué diferencia cuando me subo a mi burro…termino todo “zangoloteado”.
Pasaron los minutos y los viajeros avanzaron unos metros, para admirar el paisaje, antes de teletransportarse. Ante aquel hermoso y natural ambiente que les rodeaba, los amigos del futuro, no pudieron evitar que se les derramara una lágrima.
Intrigado, Juanito les preguntó:
—¿Por qué lloran?
Decepcionados, contestaron:
—Al contemplar toda esa belleza natural que les rodea en su época, no pudimos evitar ponernos muy tristes —suspirando y haciendo una pausa, prosiguieron— En el año 2250, ya no existe nada de esta belleza natural. Los bosques desaparecieron; la mayoría de las especies animales se extinguieron, especialmente las aves, que antes deleitaban con sus cantos.
En nuestra era, “México Nuevo” se caracteriza por tener un solo clima. Incluso, todo el mundo tiene clima extremadamente caliente. En cambio ustedes, tienen la suerte de tener todas las estaciones y climas del mundo. Desde ambientes desérticos hasta tropicales. Son la envidia de todos los países. Lamentablemente, la desmedida ambición y egoísmo del hombre, con hambre de poder y expansión territorial, paulatinamente fueron destruyendo los bosques, ya que la tala inmoderada de árboles en todo el mundo fue la causa principal de la extinción de la mayoría de las especies animales y vegetales. Por lo mismo, nuestro planeta se fue calentando y las cosechas cada vez eran menos, para abastecer a todas las familias del mundo. ¡No podemos creer que nosotros mismos fuimos destruyendo a nuestro otrora querido y hermoso planeta!
Se guardó silencio, meditando las crueles, pero verdaderas palabras de los viajeros del tiempo. Instantes después, algo interrumpió sus pensamientos. Tuvieron que detenerse, ya que en medio del camino estaba atravesado un tronco. En eso, los viajeros se preparaban para elevarse más y salir de ese atolladero. Desgraciadamente, en esos momentos salieron de entre unos matorrales, seis asaltantes armados con rifles de grueso calibre y apuntando a las cabezas de los viajeros, les ordenaron:
—¡¡BAJENSE INMEDIATAMENTE DE ESE VEHÍCULO!! ¡¡ESTO ES UN ASALTO!!
Todos se bajaron, excepto Juanito que permanecía escondido debajo de los asientos de la nave. Una vez afuera, los asaltantes empezaron a registrar a los viajeros, pero en el momento en que uno de los individuos estaba revisando las ropas de Oxmar, al tocar el cinturón del viajero, se desprendió un aparato minúsculo, más chico que una aguja, éste se elevó a una altura de dos metros y salió una brillante luz púrpura que vislumbró a los asaltantes. Desafortunadamente para los viajeros, un asaltante saltó hacia la parte de atrás de un árbol y con su rifle de alto poder, le disparó al raro aparato, haciéndolo pedazos.
Después de esa acción, el audaz y terrible sujeto, se fue acercando lentamente hacia el trío de personajes y con una risa burlona les dijo:
—¡¡JA, JA, JA!! Creían que con su mugre cosa nos iban a sorprender. Pues no es así. Y como de nosotros nadie se burla. Los vamos a tener que matar.
“Y del dicho al hecho”, el cruel maleante le apuntó a la cabeza de Oxmar y en el instante en que iba a jalar del gatillo, el noble y valiente Juanito, quien seguía escondido, salió de la nave y se abalanzó en contra del sujeto. Eso bastó para que Oxmar, Renata y Ximena, sometieran a los asaltantes con unas diminutas esferas brillantes que rodearon sus cabezas de manera vertiginosa, mismas que los adormecieron y olvidaran horas después, todo lo sucedido.
Después de esta acción heroica de Juanito, agradecidos, los viajeros se le acercaron:
—¡Nos salvaste la vida Juanito!
Asustado e impresionado por lo que hizo Juanito, comentó sarcástico:
—No se preocupen…mi nombre es “peligro y mi apellido audacia”. No, ya en serio, no puedo creer que haya hecho eso. Ya ni cuando se me escapa mi burro, salto de esa manera. Bueno, una vez pasado el peligro, ¿por quién vamos a pasar ahora? _
Le contesta Ximena:
—Ahora vamos al puerto de Acapulco por un niño llamado José. Disfruta ayudando a los demás y no se deja de nadie. El trabaja en la playa vendiendo collares y “mueve la panza por un peso” a los turistas que visitan ese paradisiaco lugar. El niño es huérfano y ha sufrido mucho en su vida, al igual que tu, pero la inteligencia, fortaleza y noble corazón que les caracteriza, les han permitido salir adelante en la vida. Ustedes no se derrumban por cualquier cosa. Esas son algunas de sus cualidades, las demás las van a ir descubriendo. _
Minutos después llegaron a la “Perla del Pacífico”. Un vehículo del año 2001, normalmente tardaba ocho horas o más, de Jaleaca a Acapulco, pero los amigos del futuro llegaron tan sólo en unos segundos a ese puerto, debido a la sofisticada y alta tecnología del año 2250.
Cuando Juanito vio el mar, no pudo evitar un grito de sorpresa y alegría:
—¡Qué bárbaro! ¡¡Está precioso ese “charcote”!!
No Juanito — sonriendo, Ximena le explicó— Ese “charcote” que tu dices, se llama mar. Su agua no es dulce como el río que tú conoces, sino que es salada y abarca las tres cuartas partes del planeta.
Al terminar esa breve explicación, Juanito y sus amigos se fueron a la playa a buscar a José. Afortunadamente no tardaron en encontrarlo. Justo en ese momento, le estaba “moviendo la panza por un peso” a unos turistas, quienes divertidos y entretenidos, observaban esa “hazaña del niño”.
Cuando terminó su faena el costeñito, Juanito y los viajeros científicos se le acercaron al niño y Oxmar se le acercó sonriendo:
—¿Estás trabajando pequeño?
A lo que el niño acapulqueño le contestó sarcásticamente:
—Noooo, esta es mi forma de divertirme en la playa. ¿Quiénes son ustedes?
Le contestó Oxmar:
—No te preocupes, nosotros somos tus amigos y te necesitamos…
Interrumpiéndolo, José enfatizó:
—Lo siento, “yo no le hago a eso”, yo soy muy machito. -señalando a Juanito, enfatizó- Además ya convencieron a ese que está con ustedes. ¿Acaso no les basta con uno?
Los amigos del futuro, se miraron entre sí y al mismo tiempo se empezaron a reír a carcajada limpia, más no Juanito que molesto le contestó a José:
—Mira costeñito “hijo de…la playa”, yo también soy muy machito. Al menos yo no ando casi desnudo en la playa, bailando y moviendo la panza a desconocidos.
Al escuchar a Juanito, el morenito costeño se abalanzó hacia el blanco sierreño y los amigos del futuro los tuvieron que separar.
Después de esa divertida confusión y una vez, haberle explicado al costeñito, éste se disculpó con Juan :
—Discúlpame que haya reaccionado así en la playa contigo mi “brother”. Lo que pasa es que en Acapulco, el nivel de prostitución infantil es muy alto y yo creí, que ustedes eran ese tipo de personas.
Intrigado, Juanito le preguntó a José:
—¿A qué tipo de personas te refieres José? ¿Acaso has visto a esa clase de alimañas?
Decepcionado contestó José:
—Estas personas son la peor escoria del planeta. Son turistas nacionales o extranjeros, especialmente de Canadá y de Estados Unidos. Estos perversos sujetos se van a la playa a “broncear” y ya estando ahí, mandan traer a los niños que venden en las cercanías. Les hacen plática, se hacen los simpáticos y aprovechando las necesidades económicas de mis amigos, los convencen para que los acompañen a un lugar privado. Lo demás…ya te lo imaginas.
Indignado Juanito comentó:
—No pensé que existieran tipos así…perversos, degenerados y ruines…
Al estar escuchando Renata a los niños, de manera astuta les cambió de tema:
—Y bien chicos, la naturaleza también tiene cosas bellas ¿no creen?
Relajado contestó José:
—Tiene razón, por ejemplo, todos los atardeceres me voy a la playa; me siento en la fresca arena, cuyo roce con mis pies y manos es un deleite; disfruto de la brisa del mar tocando suavemente a mi rostro; mis ojos se fijan en el horizonte y me pongo a contemplar la puesta del sol. Parece que el mar está cobijando al “astro rey”, para darle paso a la noche…es algo muy hermoso.
Ya más tranquilo, Juanito le complementa a lo dicho por José:
—Es muy cierto lo que dices José. Porque todos los días yo también contemplo, pero el río. Ese es mi refugio. Agarro una varita seca, me voy caminando pausadamente entre las lisas rocas, me deleito con el cantar de las aves y el sonido de la caída de la cascada, cuyas gotas se posan en mi rostro, para darme una sensación de frescura y bienestar en mi alma.
Después de esas profundas reflexiones sobre la naturaleza, abordaron la nave y viajaron a la ciudad de México. Llegaron a un lugar tradicional, reconocido mundialmente como “Garibaldi”. Caminaron por unos minutos y llegaron a comer a un restaurant, cerca de una glorieta, donde estaban los mariachis. Una vez sentados, llegó el mesero y les tomó la orden.
Con sobrada energía e ingenua sinceridad, Juanito se adelantó y exclamó hambriento :
—Yo quiero unas huilotas asadas, una iguana con mucho chile y unas tortolitas, acompañados de su hierbasanta, para que les dé sabor…ah, y unas tortillitas de mano, saliendo del comal con muchos frijoles de olla.
El costeñito José no se quiso quedar atrás y le pidió al mesero :
—A mi tráigame un pescadote “a la talla”, un caldo de camarón bien surtido y un “Vuelve a la vida” con unas “chelas” bien frías para mis amigos, porque yo no tomo”.
Al escuchar los pedidos de los inocentes niños, el mesero se quedó con la boca abierta y una vez repuesto de la impresión, les contestó :
—Niños, aquí en Garibaldi no vendemos esa clase de alimentos… ni mucho menos huilotas, tortolitas o iguanas !
Sonriendo, Renata ordenó al mesero :
—Mire señor, no haga corajes. Mejor tráiganos unos pozoles rojos, carnitas, chicharrón y una birria. Y para amenizar, que venga un mariachi y nos cante “Cielito lindo” y “México Lindo y Querido”.
“Y más temprano que tarde”, minutos después, nuestros amigos se encontraban comiendo esos exquisitos platillos tradicionales, a la vez que se deleitaban con la música de los mariachis que amenizaban el ambiente muy mexicano.
Ya con “la barriga llena y el corazón contento”, Ximena se disponía a pagar la cuenta, pero de una manera sorpresiva, un ladrón le arrebató el bolsillo a la viajera y “raudo y veloz” corrió como “alma que lleva el diablo”, dirigiéndose a las afueras de Garibaldi.
Sorprendida y angustiada, Ximena exclamó :
—¡Tenemos que recuperar ese bolso ! Ahí tengo unos dispositivos del futuro que no deben ver en esta época.
“Ni tardo ni perezoso”, el sierreño Juanito se encarreró hacia donde estaba un caballo de uno de los mariachis y de un tremendo salto se montó en éste.
Decidido gritó a sus amigos :
—¡¡En mi tierra, así se hacen las cosas !! De un rápido movimiento tomó un lazo y galopó a todo lo que da el animal. Poco a poco le fue dando alcance al delincuente y el lazo lo empezó a preparar, pero en ese momento se acordó de algo y se dijo:
—Ah caray, “orita” que me acuerdo… ¡yo no sé lazar!
Como el momento apremiaba, se acordó que tenía una resortera en la parte trasera de su pantalón. La tomó, la preparó y le disparó, dando en el blanco, pero en el blanco de las pompas de un policía que iba pasando por el lugar. No logrando su objetivo, Juanito le gritó al policía que detuviera al ladrón, pero desgraciadamente “el guardián del orden” “se hizo de la vista gorda” y fingió no escuchar al niño.
Desesperado por la actitud nefasta del corrupto policía, el valiente Juanito, optó por pararse sobre la silla del caballo, para abalanzarse sobre el ladrón. Los dos rodaron por el frío suelo y aprovechando la sorpresa del ladrón, Juanito agarró una piedra y le dio en su cabeza, quedando éste desmayado.
Después de ese acto de valentía, los viajeros emprendieron su viaje, porque era peligroso continuar más tiempo en ese lugar.
Ya en el viaje, José platicó con Juan:
—Oye, qué bárbaro. Pusiste como camote a ese ladrón. Yo hubiera hecho lo mismo.
Por unos instantes Juanito se quedó callado y viendo a sus amigos del futuro, les preguntó:
—¿En su era, cuándo empezó “México Nuevo” a ser el peor país de todo el planeta? ¿Por qué?
Nostálgica, Renata comentó:
—El México del año 2001, todavía es un país maravilloso. Incluso, con el paso de los años, su país había transformado totalmente su economía, al grado de que México era el claro ejemplo de las naciones, ya que a partir del 2015, sus gobernantes se “pusieron las pilas” y empezaron a crear un elevado número de empresas en lugares pobres, donde no existían y dieron la pauta, para ir acabando con el desempleo. Además, se estableció un decreto, en el que todos los empresarios, gobernadores, presidentes municipales, funcionarios de gobierno de todo el país, desde directores hasta secretarios, así como diputados y senadores, se les descontaba por ley, el dos por ciento de su salario quincenal, mismos que sirvieron para ayudar a todas las clases desprotegidas, apoyándolos para que las familias humildes instalaran pequeños negocios.
Fue una excelente iniciativa por parte de los gobernantes y legisladores de aquel entonces, puesto que ya no había niños de la calle limpiando parabrisas; ya no había ancianos pidiendo limosnas…ya no había familias pobres. Y así, México se convirtió en el ejemplo y envidia de todos los países, porque al ya no existir pobreza en el país, la inseguridad y violencia fueron desapareciendo paulatinamente hasta llegar a ser el mejor país de todo el planeta. Todos estos factores negativos que proliferaban en nuestra querida nación, desaparecieron en su totalidad en el año 2030.
Entonces, extrañado preguntó José:
—No entiendo, si México va a cambiar positivamente en los próximos años, ¿cómo fue que “volvió a las andadas”? ¿Cómo se convirtió tiempo después en el peor país?
—Mira José —explicó Oxmar— En los años en que México fue la primera potencia en el mundo, durante el periodo 2030 al 2180, todo era perfecto para nuestros paisanos, pero nunca falta “un prietito en el arroz” y ese prietito lo constituían algunos empresarios perversos que querían tener todo el poder económico de “México Nuevo” y volviera a ser como en el pasado: un México de corrupción, de inseguridad y de violencia.
Decepcionado preguntó Juanito:
—¿Y qué pasó con esas personas malas?
Continuó explicando Oxmar :
—Desgraciadamente los malos lograron su objetivo y con el paso de los años, del 2180 al 2250 que es el año de donde somos nosotros, “México Nuevo” ha sido el peor país de todo el mundo. Los años de gloria de nuestro querido país fueron del 2030 al 2180 ¡150 años de ser el mejor país del mundo! Lástima que estas malas personas hayan destruido nuestra nación. Estas personas negativas hicieron que todas las empresas de México quedaran en la ruina a través de una tecnología única en su tipo, denominada “Sistema Zeus” que tenía la característica de dominar las mentes de los humanos, a través de ondas electrogmagnéticas con nanotecnología aplicada a sus cerebros. Este innovador sistema, lo inventó un científico mexicano para tratar de sanar de manera definitiva, todas las enfermedades incurables que aquejaban todavía a la humanidad. Y lo estaba logrando, pero desgraciadamente, estos sujetos poderosos obligaron al científico a trabajar con ellos y fue cuando alteraron esa invención. Estas ondas podían viajar miles de kilómetros y podían atravesar cualquier cosa, hasta el acero.
Y debido a ello, la gran mayoría de los mexicanos quedaron sin empleo y fue cuando empezaron a robar a sus semejantes para poder subsistir. Otros se enviciaron con todo tipo de drogas, para que las perversas personas que provocaron estas desgracias, se adueñaran y se dedicaran a controlar todo el mercado de enervantes y de delincuencia.
Con tristeza, Oxmar siguió explicando:
—Desde el año 2180, ese grupo de desalmados, ideó la forma para matar al presidente de “México Nuevo” y los gobernantes de todo el país de manera escalonada. Y cuando volvía a gobernar otro político, volvían a hacer ese incalificable acto. Desgraciadamente estos políticos no tenían defensa alguna, ya que estos sujetos poderosos con el poder económico y tecnológico que poseían, tenían dominada a la mayor parte de policías y fuerzas armadas del país. Fue un caos total. El miedo ya no permitía salir a la gente de sus casas. En esos años, ya no existían los poderes legislativo, ejecutivo, ni mucho menos judicial…
Entonces, Oxmar hizo una pausa y los tres viajeros del tiempo, se fueron acercando lentamente hacia los dos niños.
Esperanzado habló Oxmar:
—Es por esa situación que necesitamos la ayuda de ustedes para salvar a México. ¡Ustedes son nuestra salvación!
Muy sorprendidos exclamaron:
—¡¡NOSOTROS!! Nosotros qué podemos hacer contra esos señores. No sé si ustedes ya se dieron cuenta que somos unos niños.
Sonriente Renata contestó:
—Esa es la cualidad y característica principal de ustedes, para vencer a esas malas personas, tienen que ser… NIÑOS. _
Desconcertados, Juanito y José se miraron entre sí. Fue entonces cuando Ximena tranquilizó a los niños:
—No se preocupen amiguitos. Lo único que van a hacer es entrar a la base de operaciones de estos terribles sujetos y de esta manera, con un aparato que les vamos a dar, van a utilizarlo para que neutralice el “sistema Zeus” y con esto, destruya los efectos de los humanos que controlan.
Insistieron los niños:
—Pero nosotros somos tan sólo unos niños. ¿Por qué no envían a unos adultos, expertos en combate?
Contesta Ximena:
—Lo que pasa es que si enviamos a adultos a hacer esa labor, inmediatamente el radar especial que tiene esa base de operaciones, detectaría a esas personas y quedarían bajo sus órdenes, a través del “Sistema Zeus”, pero éste tiene un punto débil, el cual no funciona con los niños, especialmente con los inteligentes, valientes y de nobles sentimientos. Ahí es donde entran ustedes…
Contrariado, Juanito interrumpió:
—Pero, en su época debe de haber muchos niños con nuestras características.
Desolada, contestó Renata:
—No Juanito, en nuestra época ya no hay niños. No existen desde el año 2100 hasta nuestra era, que es el año 2250. En nuestra época está tan avanzada la tecnología que los partos ya no son como en el tiempo de ustedes. Ahora, la humanidad se crea por computadoras heliográficas orales. La persona interesada, aunque no esté casada, solicita verbalmente cómo desea a su hijo y ésta procesa la petición en segundos, para después procesar todos los aditamentos de la vida a un laboratorio y en cuestión de tan sólo unas horas, ya tiene uno a su hijo “a la carta”. Pero la edad de los hijos creados bajo este proceso tecnológico oscilaba a partir de los dieciseis años y no desde bebés, porque dos décadas antes del 2100, se hicieron pruebas, pero los recién nacidos nunca maduraron como debía ser y hubo muchos problemas de mortandad entre ese sector. Desgraciadamente, en esos años, apareció un virus devastador que infectó terriblemente a todas las mujeres del planeta, el cual ya no les permitió procrear más humanos. Por eso, en el año 2100, se optó que los hijos se procrearan desde los dieciseis años.
Sin rodeos, José dijo:
—Bueno, si es así, “manos a la obra”.
Sin pensarlo más, los viajeros del tiempo, invitaron a los audaces niños a la nave. Se sentaron y al instante unas luces multicolores rodearon a todos. El material transparente de la nave se empezó a opacar hasta llegar a un color oscuro y se escuchó un ruido como de abejas en un enjambre que empezó a crecer hasta casi taladrar los oídos. La nave del tiempo ya estaba viajando hacia el año 2250. Los niños estaban nerviosos, pero afortunadamente para ellos, su martirio acabó, porque llegaron al futuro después de varios segundos que duró el nerviosismo de los osados niños.
Llegaron y el material oscuro de la nave se fue convirtiendo en transparente. Se abrió la compuerta y los viajeros se bajaron, no sin antes colocar a los niños, unas mascaras especiales de oxígeno, ya que la temperatura ambiental en ese tiempo era insoportable. Eran más de 60 grados centígrados en todo el planeta.
Cuando los niños se bajaron de la nave, Juanito se impactó:
—Diosito qué es eso. ¿Dónde están los árboles, las plantas y los animales? ¿Por qué en el ambiente se ve como si estuviéramos en un horno? ¿Por qué se ve todo desértico?
Apesumbrada, contestó Ximena:
Eso que ven, niños, es el planeta del siglo XXIII. Un mundo desértico, sin agua, sin comida, sin animales. Nosotros nos encargamos de destruirlo. Algún día, el planeta tenía que sucumbir. Y llegó ese día, para desgracia y tristeza de la humanidad.
Afortunadamente, con la tecnología tan avanzada que poseemos, fuimos fabricando agua y comida con todas las vitaminas, minerales y propiedades que se requieren para una alimentación balanceada. Pero este tipo de comida no tiene sabor y la comemos por necesidad y no por gusto, como lo hacían antes en su época. Claro que ustedes tenían la necesidad de ingerir alimentos, pero los disfrutaban, los saboreaban plenamente. En cambio nosotros, cada vez que comemos, de verdad que sufrimos, porque es comida sintetizada, al igual que el agua. Incluso, no tiene sabor. Es como si estuviéramos comiendo plástico.
Por eso, de verdad que a ustedes los envidiamos. Y sentimos mucha nostalgia, porque aquí, en nuestro siglo, cada semana, los habitantes de “México Nuevo”, acudimos a unas salas especiales y proyectan videos holográficos en sexta dimensión de escenas reales del pasado que graban aparatos en tiempo real, en diferentes épocas de la humanidad y contemplamos la naturaleza y excelente, variada, así como exquisita gastronomía que a ustedes les rodea. A los que les gustan las escenas más fuertes, los más osados, prefieren ver escenas dramáticas de la historia. Por ejemplo : la tragedias de las Torres Gemelas del 2001, en Nueva York y el terremoto de 1985 en la ciudad de México, nosotros las vivimos y sufrimos, como si hubiéramos estado ahí. Estos aparatos sobrevuelan en el espacio, cada semana. Y ustedes, durante mucho tiempo, los llamaron OVNIS, pero no son más que unas naves que nosotros enviamos a diferentes épocas. Claro, se tiene la consigna de nunca interferir físicamente con ustedes.
Entusiasmado con la explicación, Juanito preguntó:
—Pero, ¿entonces no existen los extraterrestres?
Contestó Oxmar:
—Claro que sí Juanito, pero la mayoría de las veces, somos nosotros.
En eso, José vio a lo lejos, algo enorme que le llamó la atención:
—¿Qué es eso que se ve a lo lejos?
Contestó Renata:
—Eso que se ve, es “México Nuevo”. Está envuelta por un enorme material transparente, pero más resistente que el acero y flexible como un plástico…como nuestra nave. A ese material lo llamamos “Hiperprotector”. Y está cubriendo a la ciudad porque solamente ahí adentro podemos respirar por los sofisticados sistemas de ventilación que existen, pero nuestro aire ya se está acabando, porque estos terribles sujetos nos quieren tener dominados en su totalidad, al tener controlado el aire que respiramos.
En eso, interrumpió José:
—¿Y por qué no se escucha ningún ruido de carros, motos o aviones? A lo lejos no se alcanza a oir ni distinguir esos aparatos .
Contesta Oxmar :
—No mi querido José. Aquí ya no utilizamos transportes como en su época. En esta era ya no existen los automóviles, las motos, los aviones, los ferrocarriles, ni nada que sea vehículo automotor…
Sorprendido e incrédulo, interrumpió Juanito :
—¡Ah jijo! Entonces ¿cómo canijos se mueven de un lugar para otro? No me diga que se la pasan corriendo.
Sonriendo, Ximena les contesta a los incrédulos niños :
—En esta época, cada vivienda tiene una cabina de teletransportación, para trasladarse a cualquier parte del planeta. Aquí ya no existe la contaminación atmosférica ni auditiva. Por eso ven todo limpio y no escuchan ningún ruido de vehículos automotores. Así como ustedes tienen televisiones en sus casas, nosotros tenemos cabinas de teletransportación. Esto es normal en todas las familias de nuestra era.
Cambiando de tema, apresuró Oxmar :
—Bueno, no podemos perder más tiempo. Tenemos que actuar.
Oxmar se dirigió a su nave y sacó unos extraños aparatos en forma triangular, en cuyas puntas desprendían ondas electromagnéticas y de sonido muy poderosos, imperceptibles para el oído de los seres vivos. Estas armas podrían destruir hasta una montaña de un solo disparo, dependiendo cómo se les programe.
Se acercó a los niños y les dijo:
—Niños, tomen estos aparatos. Ya están programados para que destruyan el “Sistema Zeus.” También les vamos a dar un mapa holográfico para que les vaya indicando el camino. Pónganse estas diademas. Estas se encargarán de guiarlos automáticamente, sin que ustedes hagan esfuerzo alguno. Así que no hay modo de que se pierdan.
“Y del dicho al hecho”, los valientes niños, emprendieron su aventura. Se introdujeron a un túnel y encendieron sus extraños aparatos.
En eso, preocupado, el costeñito preguntó al niño sierreño:
—Oye “brother”, no veo “ni mayes”. ¿Qué hacemos?
Conformista, dijo José:
—Pues ni modo mi hermano, tenemos que acostumbrarnos a la oscuridad y depender de estos “jijos” aparatitos para que nos guíen.
“Ni tardos ni perezosos” siguieron su camino. De repente, algo garró las pompas del costeñito.
Enojado, José le reclamó a Juanito:
—Qué pasó mi brother. Yo pensé que los sierreños eran muy machitos. No que muy “sácale punta”.
Extrañado, Juanito le preguntó a José:
—De qué canijos hablas. Apenas estamos empezando el camino y ya deliras.
Entonces, -con temor dijo José-, si no eres tu, quién fregados me está manoseando las pompas. :
Entonces, los dos miraron lentamente hacia abajo y grande fue su sorpresa, cuando vieron que unos hilos transparentes, con puntas venenosas en su entorno, fueron saliendo del suelo y empezaron a subir lentamente, como si fueran unas serpientes. Primero rodearon las piernas de Juanito y después las de José. La intención de las hileras venenosas era cubrir todo el cuerpo de los niños y una vez que los tuviera rodeados, iban a empezar a apretarlos hasta irlos ahogando y no conformes con ello, iban a brotar sus puntas venenosas, para picarles en toda su piel, desde la punta de sus pies hasta la punta de sus pelos. Iban a morir de una manera espantosa. Pero Juanito no iba a permitir eso. De entre sus ropas sacó su inseparable navaja y cortó cada parte de las peligrosas hileras. Primero las de José y luego las de él, pero las hileras seguían surgiendo del suelo y también del techo. Era un momento terrible, porque las hileras estaban creciendo más y se preparaban para atacar nuevamente. Entonces, José reaccionó, tomó de las manos a Juanito y empezó a girar, para agarrar vuelo y lanzar a Juanito al otro nivel. Pero José se había quedado atorado y ya no podía pasar al otro lado. Fue cuando José le gritó a Juanito:
—¡SALVATE AMIGO ! ¡TIENES QUE SALVAR AL PLANETA!
Con seguridad y valentía, Juanito le grita a José:
—¡NI LOCO TE VOY A DEJAR AMIGO! ¡AVIENTAME TU CINTURON!
Entonces, el noble niño, sacó su cinturón y lo amarró con el otro, para que inmediatamente lanzara un extremo de los dos cinturones hacia José. Y de esa manera, lo fue jalando con todas sus fuerzas hacia el otro nivel. Una vez ya repuestos del tremendo susto, Juanito respiró aliviado:
—Uuuufff, de la que nos salvamos amigo.
Contesta de igual manera José:
—Sí brother. Ya sentía la calaca muy cerca. Pero logramos salir. Bueno, no hay que perder más tiempo y sigamos nuestro destino.
Y los intrépidos niños continuaron con su odisea. Pero lo que ellos no sabían, era que el grupo de sujetos que dominaban a “México Nuevo”, los estaban vigilando desde un principio. Uno de ellos exclamó sorprendido:
—Esos niños, sí que son valientes. Pero pagarán muy caro su error de habernos desafiado. En eso, le ordenó a uno de sus secuaces:
—¡Activa el “Sistema Zeus”! Quiero tenernos inmediatamente bajo nuestras órdenes. Nos van a hacer muy útiles.
En eso, una serie de rayos electromagnéticos envolvieron la cabeza de los audaces niños, para penetrar de manera fulminante sus cerebros. Pero para sorpresa de los rufianes, los rayos no le estaban haciendo absolutamente nada a los niños. Mientras, José y Juanito caminaban tranquilamente por el túnel, sin saber del peligro que les acechaba en ese momento.
Uno de los rufianes, sorprendido y enojado, exclamó:
—¡Qué diablos pasa! ¿Por qué esos rayos no le afectan a esos escuincles? Tenemos que detenerlos antes de que lleguen al “Sistema Zeus”.
Sin pensarlo dos veces, el rufián junto con los otros secuaces, se dirigieron hacia los niños e investigar por qué estaban en el área del Sistema. Corrieron y llegaron hasta ellos. Frente a frente, uno de ellos, amenazante les preguntó:
—¡¿Quiénes son ustedes!? ¡¿Qué hacen aquí!? ¡Aléjense del Sistema Zeus!
Con valentía y confianza, José respondió:
—Nosotros somos quienes vamos a salvar a “México Nuevo” Y nadie, absolutamente nadie, nos lo va a impedir.
En eso, José tomó el arma triangular, corrió dos metros a un costado de los rufianes y se preparaba para disparar al Sistema, pero dos de los rufianes lo alcanzaron a agarrar. Pero lo que no sabían esos sujetos es que los niños ya habían preparado con anticipación un plan B e inmediatamente que lo tomaron, José le lanzó el arma a Juanito y éste se deslizó entre las piernas de un rufián, dio una vuelta en el piso, se hincó y disparó repetidas ocasiones al “Sistema Zeus”. Increíble, el Sistema tan poderoso y casi invencible se estaba colapsando… ¡ y por unos niños !
Los rufianes al ver ese desastre, alcanzaron a exclamar :
—¡¡¡Nooooooooo!!! Es nuestra perdición. Ahora ya no podremos controlar a todos los habitantes del “México Nuevo”. No puedo creer que fuimos derrotados por unos niños.
En eso, los niños se miraron entre sí, uno con el otro golpearon las palmas de sus manos y orgullosos exclamaron al mismo tiempo :
—¡¡Misión Cumplida!! _
En esos momentos, entraron los viajeros del tiempo y amagaron a los rufianes que tanto daño le hicieron al país.
Días después, se les hizo un juicio a esos rufianes y se les sentenció a vivir en el exilio, durante toda su vida, en la época de las cavernas, sin portar absolutamente nada de tecnología. Iban a ser unos seres de las cavernas más. Mientras que a los osados y valientes niños, les hicieron varios homenajes en diversas partes del país de “México Nuevo”, por haber salvado a su nación.
Pasaron los años y “México Nuevo” pasó a ser nuevamente el mejor país del planeta y con la enorme tecnología que tenían, así como con el acertado asesoramiento de los niños sobre la naturaleza, se empezó a aplicar un proyecto de regeneración vegetal y animal, llamado “Proyecto Vida Nueva”. Así, gracias a “México Nuevo”, y por supuesto de los niños del siglo XXI, todo el desierto ya era un planeta verde, lleno de vida animal y vegetal. Ahora sí, se deleitaban con el canto de las aves; disfrutaban de la brisa del mar; del aroma de los bosques; la piel sentía la humedad y frescura de las gotas de lluvia y del caer de las cascadas…Todo, absolutamente todo, era un sueño hecho realidad.
Eso sí, en las calles y avenidas de todo el mundo, así como en las escuelas, museos y demás instituciones públicas del siglo XXIV, llevaban los nombres de los niños héroes José y Juanito.
Mientras tanto, en el México del siglo XXI, los niños ya eran unos adultos “hechos y derechos”. Juanito y José estudiaron en la universidad de Harvard, gracias a la recompensa que les dieron en el siglo XXIV y se graduaron como ingenieros en Cibernética y Biotecnología e hicieron diversos posgrados en nanotecnología aplicada, en el Tecnológico de Massachutsses.
Con el paso del tiempo, los otrora osados niños, obtuvieron varios premios Nobel en Ciencias por su destacada aportación a la humanidad, en el ámbito tecnológico, porque gracias a ellos, México se fue convirtiendo en uno de los mejores países, para que años después se haya convertido en : “México Nuevo”, el mejor país del planeta.
Entonces, se escuchó un suspiro del abuelo que estaba contando la historia a sus nietos, miró al cielo, le dio una bocanada a su puro casi ya terminado y dejó escapar una lágrima de emoción, al momento que le decía a sus nietos :
—Así fue la historia más increíble de toda mi vida, mis queridos nietos. Si regresara en el tiempo, créanme que haría lo mismo. Lo haría mil veces más si fuera necesario, al lado de mi inseparable y mejor amigo : José.
Entonces, uno de sus nietos, le dijo incrédulo a su abuelo :
—Caray abuelo, qué buena historia inventaste. Estuvo de pelos.
Serio contestó el abuelo :
—No mi hijito, esa historia fue real. Yo la viví.
Contesta otro de sus nietos, igual de incrédulo :
—No abuelo, tu ya estás grande. Lo más seguro es que esa fantástica historia la soñaste. Cómo vas a creer que algún día va a existir comida y agua fabricada; cines en tiempo real de escenas del momento en el pasado; naves que viajan en el tiempo y que se convierten en carro; cabinas de teletransportación en todas las casas; hijos a la carta; escudos enormes que protegen ciudades y un largo ectcétera. De cuál fumaste abuelo?
Triste y desencajado porque sus nietos no creyeron esa increíble aventura que el abuelo vivió, éste se levantó, les sonrió a sus nietos y se encaminó del jardín a la puerta que daba a la sala.
Pero de repente, se escuchó un sonido a lo lejos que alcanzaron a escuchar el abuelo y los nietos. Miraron hacia el cielo y oh sorpresa. Era la nave del tiempo que iba descendiendo muy lentamente en el jardín. Entonces, el material que rodeaba a la nave, que era de color oscuro, se fue convirtiendo en color transparente, se abrió la compuerta y salieron los tres amigos del futuro y entre ellos salió nada menos que el mejor amigo del abuelo. Era José, pero con cuarenta años menos. Se bajó y dijo emocionado :
—Mi gran amigo Juan. Súbete, tenemos otra misión que cumplir .
Mientras tanto, los nietos seguían con la boca abierta. No podían creer lo que estaban viendo. Ahora sí, le creyeron al abuelo su historia.
El abuelo se subió a la nave y a lo lejos se despidió de sus nietos, mandándoles un beso, para iniciar así : OTRA AVENTURA.

FIN

Muchas gracias a Tulio por este relato, y le deseo la mejor de las suertes en el Concurso.

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