Nuestro amigo Jorge Zarco, el año pasado se quedó con ganas de participar en el anterior concurso, en esta ocasión madruga a todos los otros concursantes y es el primero en participar con un cuento. “Por un Trago de Mescal” nos habla de oscuras corporaciones y de cinematográficos zombis; muchas gracias Jorge 🙂

Dirty_Harry

 

Por un Trago de Mescal

Jorge Zarco Rodríguez

Llegó con la mirada abierta a toda clase de excesos y el corazón encogido tras sufrirlos, por los vacíos alrrededores de aquel remoto lugar a las afueras de Tijuana. Donde dormir a la intemperie con una botella de mescal y un gusano nadando en su interior a la derecha, y un reguero de vómitos a la izquierda, eran mudo testimonio de una noche de locura con una prostituta india de impresionantes tetas y economía desesperada. Se sintió molido a palos por los hematomas y las dolorosas agujetas, lo que le llevó a pensar que aquella furcia lo había pateado tras permitirle tres descargas precipitadas sobre sus pechos y su cara. Su billetera estaba vacía y pensó que la propina había sido excesiva. Total, ella tenía dos bocas que alimentar y Bill había sido a su pesar, muy generoso con su billetera. Tras dar vueltas sobre sí mismo, Bill se levantó de golpe y se dobló gritando entre punzadas de dolor, lo que le recordó la afilada punta de unas botas que habían dado buena cuenta de sus riñones, su vientre y sus costillas. Se sonrió y pensó que tendría una buena anécdota que contar a sus colegas. Permaneció así unos minutos hasta que notó revolverse su estómago y vomitó. Limpió la bilis de su boca y apuró el mescal, tragándose el gusano de golpe. Esperó unos minutos y empezó a caminar hasta el motel donde le esperaba su pasaporte y unos amigos muy especiales. Caminó tambaleándose; pensó que los colegas se reirían de él, antes de pedirle de nuevo que llevase bolas alojadas en su vientre para evitar los controles. Ya eran muchos viajes y un día algo en su interior podría reventar a su regreso a San Francisco… y a la espera de alegrarle el día, a un espectro hecho de trozos de carne. Un proyecto ultra secreto que circulaba de boca a oreja como una leyenda urbana. La corporación de turno, experimentos con los muertos, reos primero, polis y soldados después. Tíos que no podías derribar ni de un tiro en la cabeza… el madero perfecto. Fabricado con trozos de diversa procedencia. Y ahí estaba el modelo Harry, Harry el sucio. Inspirado en un actor ya fallecido que protagonizó una serie de títulos que culto popular, fabricado en serie con cadáveres de diversa procedencia. Un poco de cirugía estética en el rostro y todos sabrían quien era y lo que podría hacer. Bill pensó de que se alimentaría, eso si consumía algo sólido, y se estremeció al subir de nuevo el dolor por su vientre y casi se desplomó. Pensó en la bahía de San Francisco y los gritos de las gaviotas. Solo quería desplomarse sobre su cama una vez le hubiesen sacado las bolas que le meterían los narcos en las próximas horas. Ellos también se reirían con las coces de la fulana. Probablemente ya le esperaban en el motel y puede que no tuvieran más anestesia que un poco de peyote. Bill pensó en el dolor que le aguardaba, más dolor. Intentó recordar el rostro de aquel tipo en aquella barra donde a la sombra de un poso de vozka le preguntó:
Amigo, ¿cree en los zombis?.
Con una botella en la mano podría creer en cualquier cosa, pero a Bill aquel tipo le terminó asustando, con sus teorías conspiranoicas sobre corporaciones que manipulaban cadáveres en busca de perfectos representantes de la ley y el orden. Zombis que no rugían, que caminaban con normalidad por la calle, ayudaban a los ancianos a cruzar la calle, y te arrancaban la cabeza de cuajo en nombre de la ciudadanía. El motel ya quedaba a tiro de piedra. Bill pensó en un sucio escalpelo, un corte en el vientre y cerrar la herida después con pegamento ultra rápido entre gritos y sábanas ensangrentadas. Todo eso por un buen pellizco a su vuelta a casa, eso sí, si regresaba vivo. Atravesó el umbral y echó de menos al recepcionista. Moscas flotaban en el aire, y un extraño olor cobrizo invadió sus fosas nasales. Caminó hasta su habitación y se encontró la puerta entre abierta. La empujó y le salieron al encuentro cinco cadáveres descuartizados con las paredes inundadas de rojo carmesí. Oyó pasos a su espalda y se giró… Ahí estaba Harry apuntándole con su Mágnum 44. El modelo Harry el sucio, fabricado en serie para remover las letrinas del sistema. Zombis al servicio de la ciudadanía fabricados con cadáveres como los que había esparcidos por la habitación. Harry le sonrió a Bill y habló:
– Ya se lo que piensas basura, si disparé seis balas o solo cinco, pero siendo este un Mágnum 44, el mejor revolver del mundo, capaz de volarte los sesos, yo me preguntaría…¿soy afortunado?.
Harry levantó el gatillo y Bill sonrió al pensar en como quedaría su cabeza, y de pronto pensó en la india y en lo bien que lo había pasado con ella, paliza incluida.
– Vamos escoria, alégrame el día.
Añadió Harry con sus diálogos bien aprendidos, convertido en el mejor actor del mundo por obra de oscuras corporaciones de las que nadie sabía nada.  Bill vio un resplandor, y antes de que todo estallara, había pensado en la forma que utilizarían su cuerpo, para otro modelo Harry…

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