Desde Los Teques en el estado Miranda aquí en Venezuela, nos llega la primera participación para el

Desafío del Nexus de este mes de parte de nuestro amigo Ermanno Fiorucci:

Robots

Neo Homo

Autor: Ermanno Fiorucci.

Las misteriosas señales provenientes del espacio comenzaron poco después de la medianoche, hora local, y fueron recibidas por una estación receptora automática.

Prorrumpieron de un parlante e inmediatamente registradas. Sonidos aflautados y ligeros, nítidos, claros. El Técnico Supervisor, el Robot Sigma CX pasó de inmediato a la acción: se comunicó con Alfa I, Guía Primogénito de la Célula de los Ocho, quien concluyó que podría tratarse de un mensaje que, por alguna razón, había dejado la desaparecida Raza Humana para ser oído por ellos y en esta época.

Era vital descifrar el mensaje, pero para lograrlo debían reconstruir al ser humano y esa era la tarea de los Laboratorios Biológicos con el Programa Neo Homo.
Las misteriosas señales provenientes del espacio comenzaron poco después de la medianoche, hora local, y fueron recibidas por una estación receptora automática situada en la isla de Orkix. Durante los primeros cinco o seis minutos nadie se dio cuenta, a pesar de que la primera recepción fue debidamente registrada por los instrumentos y grabada.

En la sala de control tres o cuatro indicadores débilmente iluminados revelaban que todos los instrumentos automáticos estaban funcionando, así como la grabadora incrustada en la pared.

Afuera, las largas hojas de las Phoenix chocaban entre sí, generando chasquidos secos, sacudidas por el viento, bajo un cielo sembrado de estrellas. En la lejanía, se escuchaba el rugir de las olas que se rompían contra la barrera de coral. Sólo el apagado y monótono ronroneo de los instrumentos funcionando reinaba en la Estación.

Las señales comenzaron a oírse de pronto. Prorrumpieron de un parlante y fueron inmediatamente registradas. Sonidos aflautados y ligeros, nítidos, claros. No constituían una melodía, eran simples notas de entonaciones y duración desiguales. Quizás con algo de ritmo hubiesen podido convertirse en una letanía melancólica, tristona.

No sucedió nada específico. Por poco más de un minuto los sonidos continuaron. Luego se interrumpieron por un período relativamente largo, lo suficiente para hacer pensar que habían concluidos. Pero recomenzaron.

Cuando el técnico supervisor, Sigma CX, hizo su rutinaria ronda de inspección, los oyó de inmediato. Revisó minuciosamente todos los instrumentos. Los indicadores habían registrado esas señales como provenientes de una fuente inmóvil situada casi perpendicularmente sobre la isla. Leyó y anotó los datos en los cuadrantes. Era evidente que no habían sido transmitidos por un avión. Tampoco podían provenir de un satélite artificial. Un avión suele seguir una ruta a velocidad moderada. Un satélite se desplaza mucho, muchísimo más rápido. La fuente de esos sonidos, de acuerdo a los instrumentos, no se movía en absoluto.

El Técnico Supervisor Sigma CX volvió a escuchar todo atentamente. Había solo una explicación racional al evento, pero no se atrevía a considerarla… Quizás alguien, desde alguna parte del planeta había colocado en órbita un satélite y la Estación no había sido informada, pero se trataba de un ámbito de veinticuatro horas y no de noventa o ciento veinte minutos, que era, de hecho, el tiempo empleado por todos los satélites en cumplir la órbita alrededor del planeta del oeste al este. Por otra parte, aquellas notas claras y melodiosas no eran precisamente el tipo de señales que usaba el Cuerpo Científico Tau para transmitir los datos acerca de la frecuencia de los rayos cósmicos, la temperatura espacial o la trayectoria de los micro-meteoritos etc.

Las señales callaron de nuevo y de nuevo reiniciaron. El Técnico Supervisor Sigma CX pasó de inmediato a la acción: se comunicó ipso facto con la ciudad base, Colina Brillante y con Alfa I, Guía Primogénito de la Célula de los Ocho.

Le hizo escuchar las grabaciones y ambos coincidieron que se trataba de señales provenientes del espacio profundo y no del espacio conocido por la Comunidad Cibernética. Era el primer mensaje que les llegaba desde las regiones ilimitadas del universo.

Otras ocho estaciones, situadas en diferentes puntos del planeta reportaron idénticos mensajes. No podía tratarse de un fenómeno natural: una secuencia de sonidos, cuya duración era de algo más de un minuto, no podía repetirse exactamente igual ocho veces seguidas. Las notas eran, evidentemente, un mensaje que venía repetido porque debía ser captado.

Debido a la trascendencia del hecho, la Academia de la Ciencia, en transmisión especial, notificó a toda la Comunidad Cibernética que la Estación de la isla de Orkix informaba que había captado señales de origen desconocido y de elevada potencia, emitidas en la frecuencia de ondas cortas usadas por los satélites que orbitan actualmente alrededor del planeta. La noticia había sido confirmada, poco después, por otras ocho estaciones ubicadas en diferentes lugares de nuestra geografía. Al efectuar el análisis minucioso de este evento, se concluyó que se trataba de señales artificiales no emitidas por organizaciones gubernamentales y que estaban llegando a la Tierra cada setenta y nueve minutos desde espacios desconocidos. No había sido posible, todavía, interpretarlas, aunque existía el convencimiento de que se trataba de un intento para comunicarse con la Comunidad Cibernética Terrestre. Las señales habían sido grabadas y los sonidos, que se transmitirían en breve y de manera oficial a todo el mundo en señal abierta, habrían sido enviadas por seres presuntamente inteligentes. Se ignoraba todavía la ubicación espacial del origen.

El Guía Primogénito Alfa I, en consecuencia, consideró oportuno y necesario convocar a la Célula de los Ocho con carácter de urgencia.

Abrió la sesión diciendo:

— Creo que lo que ha sucedido reviste importancia capital, hasta para nuestra propia existencia. Les sugiero que escuchen atentamente esta grabación.

Una pausa. Poco después del reproductor salieron sonidos aflautados nítidos, clarísimos como emitidos por un bizarro instrumento de viento… una extraña sucesión de notas musicales.

Una melodía triste, que logró estremecer a Alfa I al solo escuchar las primeras notas. Sonidos por momentos agudos seguidos por otros más graves interrumpiéndose a ratos, como un silencio existente entre una palabra y otra. Duró algo más de un minuto y de pronto, el silencio.

— Acaban de escuchar un mensaje enviado desde el espacio —informó Alfa I. — Una información repetida, como ya es conocido, por otras ocho estaciones receptoras. Es importante destacar que, una vez terminado el mensaje, se reinicia una hora y diecinueve minutos después, de manera idéntica ocho veces.

—Deberíamos, entonces, concluir —acotó Alfa IV —que en algún lugar del espacio, una gran cantidad de energía está empleándose para enviar estos mensajes.

—A todas estas y, a propósito de esto, ¿qué está haciendo la Comunidad Científica al respecto? —inquirió Alfa III.

—Están discutiendo, acaloradamente, acerca de la distancia en la que está ubicada la fuente que origina los mensajes… y si estos están direccionados exclusivamente a nosotros—respondió Alfa II, no sin dejar translucir un dejo de ironía.

De todas maneras había un par de argumentos evidentes: que no se trataba de fenómenos naturales, puesto que eran mensajes artificiales enviados por medios técnicos y que, por el momento, era poco menos que imposible establecer el origen.

A todas estas, Alfa I, después de las palabras de apertura, se quedó sentado inmóvil, muy concentrado y aparentemente ausente. Hasta Alfa VII notó esa extraña actitud alejada y pasiva del Guía Primogénito.

—Alfa I ¿qué sucede?

—¿Escuchaste? —murmuró. —¿Escuchaste esos extraños sonidos?

—Sí… por supuesto… pero no encuentro la conexión entre…

—¡Los he reconocido! —confesó Alfa I en un tono casi desesperado. —He oído algo similar muchas veces… la primera vez fue cuando… ¡Desafortunadamente no logro recordar cuando!, pero tengo consciencia de que fue hace ya muchísimo tiempo. Eran sonidos como esos, pero luego… luego sufrí esa molestia…

—¿ A qué te refieres —intervino por primera vez inquisitivo Alfa VIII.

—Temo no estar totalmente ajustado…—y diciendo esto introdujo un pequeño disco en el reproductor. —Escuchen todos esta grabación que hice hace apenas un año. Después de haberla escuchado les ruego que emitan sus propias conclusiones.

—¿Debemos entender —preguntó Alfa II —que estos mensajes te recuerdan algo en particular?

—Sí… ahora, sin embargo, de lo que se trata es saber si estaba yo totalmente descontrolado y de pronto regresé a la normalidad, o si siempre he sido normal y me desajusté de improviso. Lo cierto es que en este momento los cerebros más calificados del planeta están estudiando atentamente este hecho extraordinario:

Nos están llegando señales provenientes del espacio. ¡Un mensaje posiblemente Humano!… Sí, esa es mi tesis… un mensaje dejado en el espacio, por alguna razón, por el mítico “Hombre” que nos creó a su imagen y semejanza y ya extinguido, presuntamente, desde hace más de veinte mil años, de acuerdo a los escasos registros históricos y a los cuentos y leyendas que conservamos celosamente en nuestros museos, archivos y academias. Comprendo que esta hipótesis es capaz de estimular el interés de los más refractarios, así como el escepticismo de los más prejuiciados…—ya había logrado captar la atención absoluta de todos sus pares. Así que continuó: —A veces me ocurre algo que los humanos solían llamar sueños, y es siempre el mismo guión desde hace siglos. Primero pensé que se trataba de un acontecimiento extraño, sin trascendencia… pero lo reiterativo del presunto sueño me llevó a concebir la posibilidad de que podría estar presente alguna curiosa suerte de intervención telepática, para enviarme algún mensaje, evidentemente incompleto, desde quién sabe dónde. Por supuesto sé que no es racionalmente posible… pero hasta he llegado a sospechar de mi verdadera e integral estructura cibernética… De intuir la posibilidad de haber sido trasplantado aquí, para ser un puente, o estar designado para emprender algo de suma trascendencia. Es una incongruencia… ¡lo sé! Pero esta idea es la que ha impedido el desarrollo normal de mi devenir y ha canalizado muchas de mis acciones. Esta noche había seriamente asumido que todo ese tinglado era una enorme estupidez y que debía liberarme de una vez por todas y, como respuesta a esa decisión…

¡Precisamente en ese momento…llegaron los mensajes!—. Se interrumpió titubeante… —Como les he dicho, la grabación que acabo de introducir en el reproductor la efectué hace apenas un año. En ese entonces todavía estaba convencido de que solo se trataba de una simple coincidencia.

Activó el reproductor… Un momento de profundo silencio, luego se escucharon algunos sonidos, algunas notas musicales. Todos miraban concentrados el aparato. En la sala de conferencia de la Célula de los Ocho se difundieron algunos sonidos aflautados constituidos por notas mágicas. Eran tristes y no constituían una melodía, a pesar que, con un pequeño arreglo, se hubiese podido sacar en claro alguna. El conjunto era totalmente similar a los sonidos provenientes del espacio, el mismo lenguaje, la misma sucesión de tonos, las mismas pausas.

Alfa I escuchaba rígido, cual estatua. Al concluir la reproducción, miró inquisitivamente a cada uno de sus pares. Alfa V lucía manifiestamente sorprendido, miró al Guía Primogénito y exclamó:

—¡Los sonidos son sorprendentemente idénticos!

Los demás casi en coro comentaron que la coincidencia era definitivamente asombrosa.

—Bien, podríamos concluir, entonces, por unanimidad, que mis circuitos cerebrales no están en corto y que mi tesis es aceptada, razón por la cual me permito sugerir, partiendo de la premisa que este mensaje fue dejado en el espacio por el Hombre para comunicarnos algo, que es apremiante acelerar el programa Neo-Homo y reconstruir al Ser Humano, creador de los Seres Cibernéticos, para aprender de él cuales son las causas de nuestro estancamiento evolutivo y reducir nuestra evidente y, por ahora, inevitable entropía. Es extraño, —concluyó Alfa I —quizás sea este el advenimiento más importante de la historia del Universo.

Hemos recibido un mensaje enviado, quién sabe cuándo, a nosotros de la extinta Humanidad, para ser escuchado por todos solo en esta era. No sé como concluirá todo esto, quizás sea el principio del fin, quizás otra raza tomará nuestro lugar… pero debemos intentarlo.

***

Beta BM caminó todo el trayecto desde el espacio puerto de la Ciudad Base, Colina Brillante, a los Laboratorios Biológicos, porque era una hermosísima mañana y encerrarse en un vehículo cerrado hubiese sido un desperdicio.

Era agradable disponer de un nuevo cuerpo. No había tenido la oportunidad de apreciar la belleza de la existencia en los últimos cien años. Parecía que hasta su sabio y viejo cerebro lograba pensar mejor, con más claridad.

Valía la pena, por cada asqueroso minuto transcurrido en Venus. Ahora, por fin, comprendía lo hermoso que era estar activo, ser útil y ser robot.

Al llegar al Laboratorio Biológico asumió su rol. Había sido convocado por la Célula de los Ocho, por recomendación directa de Guía Promogénito Alfa I, para que volviera a hacerse cargo de la Dirección y Desarrollo del Programa Neo-Homo.

En el pasado hubo un proyecto para construir un nuevo edificio en lugar de la vieja fábrica en la cual habían comenzado cuatrocientos años antes. Pero por un motivo o por otro nunca había habido tiempo para eso.
Fue necesario casi un siglo para aprender la técnica de la fabricación por síntesis del los genes y los cromosomas del cigoto de un pez que, posteriormente, se reproduciría por vía natural. Otro siglo fue necesario para lograr producir a Hugo, el primer cochinito de probeta. Después de este éxito hubo un estancamiento. En ocasiones, Beta BM, tenía la sensación de que estaban tan lejos de la reconstrucción del hombre hoy, como cuando comenzaron.

Abrió la puerta y recorrió el largo corredor examinando su cuerpo reflejado en las paredes brillantes. Nada mal. El bruñido revestimiento era perfecto y cada unión era un ejemplo de técnicas novedosas y acabado de gran clase.

Se dirigió al Laboratorio Principal y de inmediato se sintió atrapado por los problemas de su trabajo.
Al ver a los otros Robots, no necesitó otros estímulos para preocuparse. Todos estaban alrededor del mesón dándole las espaldas, lo cual contribuía a incrementar su preocupación. Apartó a Gama AJ y a Delta FP y se acercó. Una mirada fue suficiente: La hembra de la décimo-primera pareja estaba ahí, con la rigidez del protoplasma muerto y una horrible sonrisa en su cara.

—¿Cuándo pasó? Y ¿qué le sucedió al macho? —preguntó.

Gamma AJ giró hacia él:

—Hola Jefe. Llegas tarde. ¡Vaya, qué bien, tenemos cuerpo nuevo!

Beta BM, asintió, mientras todos se le acercaron, pero no había ninguna vivacidad en sus palabras, mientras contaba como había caído, allá en Venus, en un lago alcalino y como este le había arruinado completamente el cuerpo.

—Tuve que esperar mucho tiempo para obtener un cuerpo nuevo. Y luego la astronave se vio retrasada para esperar la “superluz” de Arcturus. Habían encontrado una docena de planetas con condiciones favorables para la colonización y necesitábamos detalles… Y ahora díganme: ¿qué sucedió con las dos criaturas?

—Habían culminado su desarrollo hace tres días —dijo Gamma AJ, quien era el primer robot adiestrado por Beta BM para la síntesis molecular de los genes y, en la actualidad su Jefe Asistente.—Esperábamos tu regreso en ese momento. Pero… bueno mejor obsérvalo personalmente. El macho está todavía vivo, pero dudo que resista mucho tiempo más.

Beta BM lo siguió a otra habitación y miró a través de la ventanilla. ¡Otro fracaso! El macho se arrastraba por el piso sosteniéndose con las manos y las rodillas, y seguía cayéndose sobre el estómago mientras su boca emitía un gruñido continuo sin sentido.

—No les digan nada a los Robots de la prensa —ordenó.

No era este un asunto que la Comunidad debía saber. Había ya bastante oposición contra la homovivificación y la Comunidad comenzaba a dudar enérgicamente de la necesidad de involucrarse con formas de vida ya extintas. Se percibía una suerte de miedo que inspiraba la legendaria figura del Hombre.

—¿Algún descubrimiento interesante en Venus? —preguntó Delta FP, mientras se preparaban para seccionar a la hembra para encontrar la causa de su fallecimiento.

—Ninguna. La verdad es que no creo que el Hombre hubiese establecido una colonia auto-suficiente allá arriba. Si lo hizo, no sobrevivió. Sin embargo encontré algo que El Museo estaría muy interesado en adquirir…. ¿Llegó ya un paquete para mí?

—¿Te refieres a ese bulto mal embalado? Por supuesto, está en aquella esquina.

Ya habían tratado de abrirlo. Buscó unos delgados alambres en medio del embalaje, los jaló y ¡ahí estaba! Tuvo suerte… había superado la inspección del espacio puerto indemne. Era el más antiguo, el más ordinario y el más voluminoso robot jamás visto. Ahí estaba, rígido, mirando con su cara esmaltada y carente de expresión. En su tórax destacaba una placa brillante en la cual podía leerse: ROBOT CIRUJANO-Ser.-324MD2991

—Es un mecánico del cuerpo humano —tradujo Gamma AJ. —Lo cual significa…

—Exactamente —concluyó Beta BM —Si le quedó algo de memoria, recordará como estaba construido el cuerpo del Hombre. Lo encontré en una cueva allá arriba, y luce bastante bien conservado. No detecté, en su momento, ningún campo magnético en los alrededores que hubiese podido afectarle la memoria. Internamente está todo en desorden. Deberíamos tratar de hacerlo trabajar…

Delta FP lo revisó. Había sido preparado como fisiólogo antes de que el misterioso llamado del Laboratorio Biológico lo condujese en aquel lugar. Trataría de reactivarlo y estaba seguro que lo lograría.

Beta BM sacó de un estuche los lentes de rayos X y se los instaló, en lugar de los que normalmente usaba, antes de acercarse al cuerpo de la hembra para dirigir la disección.

Hizo girar los lentes de neutrino. El neutrino era la única partícula capaz de penetrar en el delicado protoplasma de las células sin dañarlo, permitiendo así un indispensable y extraordinario aumento. Se trataba de una imagen evanescente ya que el delgadísimo pincel de neutrinos era desviado levemente por los ácidos nucleicos, pero igualmente era posible distinguir la sucesión de átomos en el interior de las estructuras moleculares. De modo que se hacía factible estudiar las células sin alterar, los senos intactos y en el orden exacto.

Se insertó las manos para el trabajo con el microscopio y comenzó la delicada tarea de buscar las conexiones entre las neuronas. En un determinado momento escuchó un vago murmullo como si algún robot a su lado hubiese expresado una opinión.

¿Por qué la hembra no sobrevivió? Todos los cuidados habían sido inútiles… Alguna parte de su cuerpo no había funcionado, y murió, también el macho estaba muriendo. ¡Once parejas, once fracasos! ¡Sí, no había dudas, todavía estaban muy lejos de la recomposición del creador de su raza!

La radio instalada en su cabeza acusó una llamada. La activó interrumpiendo su examen.

—Beta BM… escucho.

—El Director está en la oficina… Ven enseguida.

—¡Mierda! —la palabra carecía de significado, la había escuchado decir, en algunas circunstancias, al Guía Primogénito Alfa I, sin embargo, a veces y en situaciones inesperadas, el pronunciarla le hacía sentir bien. A propósito de Alfa I, se prometió comunicarse con él, apenas tuviese el tiempo para hacerlo, a fin de agradecerle la deferencia mostrada, al pensar en él como conductor del Programa Neo Homo

¿Qué estaría buscando el viejo?… Un momento, creía recordar que hubo cambios en la gerencia, mientras él estaba en Venus indagando acerca de eventuales huellas del Hombre en ese planeta.

Un Robot de última generación, Iota 6, estaba actualmente a cargo.

Gamma AJ lo miró con un aire vagamente culpable:

—Entiendo que hubiese debido avisarte. Nos informaron de su llegada hace dos días, pero absorbido como estaba con la vivificación de la pareja, lo obvié… ¿Vislumbras problemas en el horizonte?

Beta BM hizo un gesto evasivo, volvió a reinstalarse los lentes y las manos normales. Asumió que no podían haber sabido algo acerca del robot antiguo que se había traído de Venus: nadie lo había visto. La visita del nuevo director respondía, probablemente, a simple curiosidad. Quizás alguna información se había filtrado acerca del intento de vivificación de la última pareja. Si no hubiese sido por la ocurrencia que su financiamiento estaba a punto de agotarse, Beta BM lo hubiese mandado a molestar a otra parte. Pero el actual era un mal momento: por un lado estaba este último fracaso y por el otro una enorme deuda con las entidades financiadoras. Controló la expresión de su nueva cara mirando su imagen en las paredes brillantes del laboratorio y se dirigió a la oficina.

Iota 6 estaba sonriendo. Se levantó cuando entró el jefe del Laboratorio Biológico y le tendió una hermosa mano reluciente.

—Doctor Beta BM, es un placer conocerte. Tienen un lugar muy interesante aquí. Ya visité casi todas las dependencias. Me dijeron que aquel cochinito… ¡cómo se llama?… ah sí Hugo, es el resultado del parto de sus probetas.

—Úteros artificiales. Pero tienes razón. Es la septuagésima segunda generación…

—¡Fascinante! —Sin dudas Iota 6 había leído, muy formalmente, aquel antiquísimo libro Cómo conquistar amigos y tener dominio sobre ellos, rescatado en las excavaciones de las ruinas de una ciudad llamada Caracas y que era lectura obligada de la casta gerencial.

—Pero dígame algo: ¿para qué sirven los cochinos?

Beta BM apretó la mandíbula muy a su pesar.

—Nadie lo sabe. Parece que los hombres los criaban en gran escala, sin embargo hasta donde alcanza mi conocimiento, son completamente inútiles. A su manera, son inteligentes. Pero no creo que fueran animales domésticos… ¡Es otro misterio!

—Sí, como el Hombre. Quizás usted puede decirme para qué sirve el Hombre… Me entró la curiosidad desde que me enteré de los financiamientos destinados a su Programa… humm… Neo Homo ¿cierto? Pero nadie ha podido contestarme satisfactoriamente.

—Está en los documentos—Aclaró Beta BM con frialdad… pero se apuró a modificar el tono de voz —¿Qué sabe usted de nuestra historia? Me refiero al inicio de nuestro tiempo.

—Bueno…estee…

Probablemente sabía algo, pensó Beta BM. Todos tienen sus leyendas. Sin embargo, Iota 6 volvió a sentarse mientras el bioquímico comenzó la historia desde el inicio, como ellos la conocían. El hombre ya existía un millón de años antes que ellos. Y alguien, Asimov o Aserniov (los documentos eran poco claros) creó, supuestamente, el primer robot. Luego los mejoraron hasta llegar al nivel actual. Tiempo después, tuvo lugar un conflicto violentísimo, durante el cual fuerzas poderosas destruyeron las fábricas, la mayor parte de los robots y casi todos los seres humanos. Otros documentos fragmentarios agregan que los Hombres sobrevivientes fueron exterminados totalmente a posteriori por un arma biológica y solo los robots habían sobrevivido.

Estos robots, hasta donde se sabe, se vieron obligados a reiniciar a partir de cero en un mundo devastado… en un mundo en el cual todas las chimeneas se habían derrumbado y las fábricas destruidas.

Habían aprendido a extraer los metales y empleado siglos para reconstruir máquinas para fabricar nuevos Robots. Cuando la tarea concluyó, sólo habían quedado dos. Apenas tuvieron tiempo para fabricar un nuevo Robot e instruirlo. Luego ellos también se averiaron, y al último le tocó la enorme tarea de reconstruir la raza y las especies. Fue un comienzo sin historia…. Pasaron veinte milenios antes de lograr reconstruir una civilización…

—¿Por qué el Hombre murió? —Se preguntó retóricamente Beta BM. —¡Este es el problema! ¿Acabaremos nosotros así?… Sabemos que somos parecidos al hombre. Pero ¿Cuáles fueron las causas de su desaparición? Nuestra ciencia nos enseña que nadie puede construir una raza mejor que la suya propia… y si nos hizo así como somos, debe existir algún motivo…. Los Robots Omega, estudiosos de nuestro comportamiento, no logran explicarse la presencia de algunos circuitos en nuestro cerebro, y ni se atreven a tocarlos. Sabemos, sin embargo, que el hombre había proyectado cambiar… ¡Danos un hombre operativo y nosotras sabremos interpretarlo!…

Iota 6 movió la cabeza, dudoso.

—¡Creí que tú ya sabías la razón por la cual murió!

—Quizás sí… ¡La intuición, la propensión hacia algo, el instinto!… Una reacción innata, algo que no se aprende. Hoy conocemos el instinto de algún animal, que consiste en luchar y matar. El Hombre, probablemente, no logró liberarse de sus instintos cuando ya no hacían falta, y estos lo llevaron a su destrucción. Debió cambiar, y nosotros deberíamos hacerlo. Pero no podemos. Necesitamos una persona inteligente para observar si en ella prevalece la intuición, la corazonada, el instinto o la inteligencia.

Desafortunadamente los Robots no tenemos esas cualidades. Sólo el Hombre podría resolver el dilema de si podemos o no transformarnos sin riesgos.

—Interesante. Pero ¿cómo sabrás si lo que has obtenido es un hombre?

—Lo sabremos el día en que logremos un animal que posea, simultáneamente, inteligencia e instinto —aclaró. —No importa si no es exactamente idéntico al hombre original. Tendremos, por lo menos, una manera de controlar algunas cosas y, esperando el advenimiento de ese día, seguiremos tratando. Debes saber que el último experimento falló, a pesar de que estuvimos muy cerca del éxito. Pero estoy seguro que en un centenar de años…

—Si.— La cara del Director se volvió inexpresiva, y evitó la mirada de Beta BM. —Temo que será difícil. Por lo menos durante un buen periodo de tiempo. Quería llegar a este punto precisamente. Hemos tenido noticias de algunos planetas alrededor de Arcturus, y estamos necesitando una enorme cantidad de fondos para dedicarnos a esta colonización. Tendremos que construir nuevos robots, nuevas astronaves, etc. Cosas que tú conoces muy bien… en consecuencias nos vemos obligados a reducir algunos gastos. Por supuesto, si lograran obtener algo en concreto… aunque creo que sería mejor que no…La oposición a la vivificación del Hombre está aumentando entre los Robots.

Beta BM escuchó con amargura. Sabía muy bien que esa oposición había sido incrementada a propósito, aunque debía admitir que el fomentarla había sido demasiado fácil. Se diría que la mayoría de los robots sentía una suerte de terror por los Hombres, convencidos de que, de nuevo, habrían tomado las riendas, el control de todas las organizaciones e instituciones existentes… o algo por el estilo… ¡Locos supersticiosos!

—Entiendo… ¿De cuánto tiempo disponemos?

—Bien, no queremos quitarte lo que ya tienes, mi querido Doctor. Pero creo que será imposible asignarte más fondos… cuando los que dispones en la actualidad se acaben…se acabó. Sin embargo espero contar contigo como investigador biológico, por ejemplo, en otros planetas. Habrá mucho trabajo que hacer

¡Bien ha sido un verdadero placer!

Le apretó de nuevo la mano y salió con paso firme, espalda derecha, todo eficiencia y eficacia.

Beta BM, se dio la vuelta y sintió que su nuevo cuerpo ya no se movía con soltura. ¡No más financiamiento y los fondos que todavía podía disponer apenas alcanzaban para pagar las deudas contraídas.

¡Quinientos años de investigación destruidos en tres meses por la construcción de una eventual astronave para Arcturus.

El instinto, la intuición, pensó de nuevo…solo necesitaba disponer de una vida con inteligencia e instinto durante un año, para resolver todos los problemas de su raza. Los Robots no tienen nada parecido… Quinientos años de estudios lo habían comprobado.

A su regreso al Laboratorio Principal, Gamma AJ lo saludó agitando una mano. Vio que la disección estaba casi concluida. El viejo Robot había sido reactivado: Algo en su garganta se estaba moviendo y de ella salieron sonidos roncos. Beta BM, que se había inclinado sobre la mesa de disección, tuvo un respingo cuando lo oyó:

—Equivocado… error —murmuraba. —No vivir. Cerebro malo. Falta glándula pineal. Médula buena, pero no cerebro. Circunvoluciones equivocadas. ¿Disfunción pituitaria, quizás? ¡No! ¿Cómo ser posible? — observó dudoso. Extendió una mano y movió el cerebro. —Quizás mutación. Muy mal… Necrosis. Otra grave enfermedad. Indispensable inspeccionar núcleo, ¡lentes Milliken…!

Los dedos de Beta BM registraron con movimientos febriles el bolso y emergieron con un par de lentes. Pero Gamma AJ negó con un movimiento de cabeza, salió corriendo y regresó casi de inmediato con unas piezas metálicas y unos rizos del torneado, todavía “frescos”, enredados en sus dedos.

—No son precisamente los más adecuados… pero creo que servirán. Toma, aquí tienes 324MD2991… Ahora colócate en esta posición y mira desde lo alto dentro del haz de los… uhm, rayos
Beta BM lo vio conectar una pantalla.

—No usa nuestra terminología bioquímica —dijo Gamma AJ. —Debemos observar todo lo que hace. Ahora, 324MD2991, dinos lo que no funciona y señálalo. ¿Tus manos son los suficientemente firmes para hacerlo?

—Manos exactas al millonésimo de centímetro —rechinó el Robot.

No conocían, por supuesto, esa unidad de medida, pero cualquier cosa que eso significase, era evidente que las manos estaban bastante firmes y seguras en sus movimientos. El bisturí molecular comenzó a tantear entre los átomos: cortó, removió, invirtió…

.—Manchas, muy feas. ¿Cómo vivir? Blastodermo anulado, ninguna conexión al útero. Blastema… ¿donde está blastema aquí? No comprender. ¿Cómo vivir?

Gamma AJ tradujo los datos cromosómicos y comenzó a silabar .los complicados símbolos que usaban. Por un instante Beta BM hesitó, incrédulo, luego excitado comenzó a tomar nota con su asistente.

Sintieron como si hubiesen transcurrido horas y, probablemente, así fue. El viejo robot conservaba su memoria intacta, pero no disponía de medios para una rápida comunicación. Al concluir gruñó de disgusto, se enderezó y les dio las espaldas a todos. Delta FP presionó un pulsante en su espalda:

—Espera ser desactivado cuando no se requieren sus servicios. Una verdadera locura, ¿verdad?

—Mira jefe — dijo Gamma AJ — mostrándole sus anotaciones —si no me equivoco, esto es muy parecido a lo que hicimos con la última pareja.

—Pocos genes de diferencia y en tres cromosomas solamente. ¡Estábamos muy cerca! Pero, sin embargo… parece absurdo. Observa la cantidad de tejido cerebral sobrante… en buena parte privo de conexiones.

Fíjate en los cambios de las cuerdas vocales Y aquí… esto supone un pedacito de más en el punto en el cual se unían las dos mitades del intestino. Un foco ideal para las infecciones. No pareciera ser, en modo alguno, ingeniería biológica funcional. Pero la mayor parte de los animales tienen exactamente este tipo de estructura.

Creo que el viejo Robot tiene razón: ¡El Hombre estaba hecho así!

Miró los rostros excitados a su alrededor, y se sintió hundir:

—Pero ya no tenemos tiempo… ni siquiera para hacer un cigoto y probar. Decidieron cortarnos los fondos.
Esperó una explosión de protestas, pero vio que los otros lo habían, posiblemente intuido. Delta FP se irguió

—Intentémoslo, Jefe. Todavía tenemos las células germinales de la última hembra… Sólo debemos cambiar tres cromosomas… ¡No se trata de reconstruir toda la célula! En última instancia podríamos divertirnos un poco, antes de ser enviados a buscar moscas de arenas que nos salpiquen con ácido fluorhídrico para corroernos de la cabeza a los pies. Arriba, vamos… aunque puedes presumir de tener un cuerpo nuevo, te aviso que nadie puede vencerme en rapidez en la reconstrucción de una célula—lo desafió alegremente.
Beta BM sonrió con amargura y fue hasta la cápsula de la creación. ¡Casi tembló de emoción al encontrar una célula perfecta!

Desaceleró, dentro de los límites de la cápsula, el pequeño campo temporal casi a nivel cero, reduciendo así la posibilidad de equivocarse. Esto hacía más difícil su tarea, pero, de alguna manera, lo aislaba de los otros problemas.

Dejó que sus manos lo guiaran. La percepción del protoplasma le perneó las manos y estas se integraron a la materia viviente y a su ligero palpitar, aquí insertando un anillo benzoico, allá mutando hidrógenos y oxidrilos… cada reacción química sometida al más riguroso control. Quitó los genes equivocados, los reemplazó con los correctos. Cuatro siglos de trabajo, su trabajo predilecto y la evolución de la raza a su nivel más alto lo sostuvieron. Para él era casi un instinto… por supuesto; esta era una habilidad aprendida y el verdadero instinto era algo mucho más complejo. Sólo el Hombre tenía instinto e inteligencia, encerrados en esta pequeña célula en el medio del campo temporal.

Terminó en el mismo instante en que Delta FP salió en medio de un calor infernal. El fisiólogo, después de haber examinado la célula de Beta BM, la prefirió, con mucha honradez comentando:

—Interferencias menores y un núcleo perfecto… ni siquiera logro ver el lugar en el cual has perforado la membrana. Bien si dispusiéramos de treinta años, hasta veinte, el Hombre estaría de nuevo entre nosotros… ¡la raza del Hombre! Tú has producido una célula masculina y la mía es la femenina. Pero no tenemos tiempo suficiente… ¿apago el Campo Temporal?

Beta BM comenzó a asentir. Luego se levantó y mirando a Gamma AJ exclamó:

—¡El Campo Temporal!… ¿Puede ser invertido?

—¿Quieres decir, acelerar el flujo del tiempo?… No en este modelo… ¿Por qué quieres acelerar el tiempo?…Y ¿de cuánto?

—Diez mil veces… o siete mil, por lo menos. Quiero veinte años en un día.

—Mira, con esa aceleración acelerarás las moléculas simultáneamente y en la misma proporción. Partiendo de cero alcanzarás un millón de grados. Las células se quemarán. ¡Es imposible!

—¿Límite posible?

—Diez… nueve… Sería la cota máxima permitido por los refrigerantes.

No era suficiente. Hubiesen empleado dos años de todos modos.

Beta BM se dejó caer sobre su asiento, asombrándose como su cerebro, inútilmente estudiado por los Omegas, pudiese lograr hacer sentir cansancio a su cuerpo insensible a la fatiga. Probablemente era alguno de aquellos circuitos que no se atrevían a tocar.

—¡Pero podrían usarse cuatro campos! —Insinuó Delta FP lentamente —Uno grande al externo, el segundo al interno de este, el tercero al interno del segundo y el cuarto al interno del tercero. La cuarta potencia de nueve es casi 6.600…. casi veinte años en un día.

—¡Buena idea! Pero hagámoslo de otra forma. Metamos todo, desde el comienzo, dentro del campo más pequeño. ¿Te das cuenta? Será mucho más rápido el crecimiento de la célula —exclamó Gamma AJ. —Alguien entrará en el aparato para inserir las grabaciones educativas, en la etapa final del proceso.

—Absorberá demasiada energía — advirtió Beta BM de nuevo entusiasmado—pero el Directorio, pagará el exceso, sobre todo si logramos crear al Hombre y, además, no tendrían una escusa para desmovilizar el Laboratorio Biológico…

—Entro yo —sugirió Delta FP—Tú ya ganaste la carrera de la construcción de la célula.
El Biólogo convino, sobre todo porque Delta FP tenía una mayor experiencia en la reanimación. Observó como Gamma AJ conectaba la complicada telaraña de cables.

Después de la primera etapa a velocidad normal, apareció un relámpago cuando inició la segunda; la tercera se desarrolló sola, sin sobresaltos y la cuarta se presentó cuando Delta FP ya estaba saliendo. Levantó los cuatro dedos para indicar que las cuatro etapas estaban funcionando.

Gama AJ se precipitó de inmediato adentro con las preciosas células, para colocarlas en las incubadoras que las nutrirían hasta que los cuerpos no estuviesen maduros y listos para la educación.

Beta BM se quedó mirando otro rato, ensimismado, pero no había más nada que ver. Salió del edificio. Cruzando la calle estaba su alojamiento en el cual pudría relajarse con la lectura de sus libros. Eran dos, preciosos, bastante bien conservados y casi completos… El hombre los había impreso, hacía ya muchísimo tiempo. Esa noche estudiaría ese hermoso fragmento de prehistoria titulado Abismos de acero con sus misteriosas indicaciones de esa otra ciencia, conocida por el hombre, muy superior a la de los Robots. Era mucho más agradable que el otro, cuyo raro título era Mein Kampf.

Se relajó dejando descansar sus fuentes de energía y analizó de nuevo el extraño comportamiento del macho y de la hembra, el incomprensible ciclo de acoplamiento. Había en eso, probablemente, mucho instinto… ¡El hombre estaba lleno de instintos!

Durante un buen rato permaneció sentado, tranquilamente, con el libro sobre sus piernas, preguntándose cómo sería tener instintos. Había muchas posibilidades desagradables al respecto, pero también, al final, hubiese podido ser agradable. Bien, pronto lo sabría gracias a las inevitables y acuciosas observaciones…

Flaca satisfacción, de todos modos, considerando que una sensación como esa les sería siempre negada. Pero, quizás… a lo mejor el Hombre sería capaz de instalar el instinto en los robots y compartirlo con ellos.
Llamó una vez al laboratorio y Gamma AJ le aseguró que todo marchaba perfectamente y sin novedades. Que ambos niños lucían en perfectas condiciones.

Desde la ventana oyó a un grupo que pasaba discutiendo los últimos detalles referentes a la misión sobre Arcturus. Por lo menos en eso el Hombre no había sido capaz de igualar a los Robots. Se había extinguido por cualquier causa, antes de inventar el truco de las identidades intercambiables, para superar las limitaciones de la velocidad de la luz.

Finalmente decidió preparar el discurso que le “pronunciaría” al Director Iota 6, cuando el éxito le hubiese sonreído. Sería claro y conciso, algo que hubiese marcado el cerebro del Director por meses, y expresaría todo lo que un científico sentía al clavar a un adversario sobre sus propias faltas.

La pantalla zumbó. Al ver la cara de Gamma AJ su euforia desapareció.

—¿Fracasamos? —preguntó.

—No…Realmente no sé. La educación falló parcialmente… creo. Quizás no les gustaron las grabaciones. Absorbieron muchísimo, pero el macho se arrancó los audífonos y también se los quitó a la hembra. Ahora sentados ahí adentro, se rascan la cabeza y miran a su alrededor.

Hizo una pausa y luego concluyó perplejo:

—La aceleración del tiempo ha concluido, y ahora ya no sé qué hacer.

—Déjalos tranquilos… Ya voy para allá. Si les molesta, concluiremos la instrucción más tarde. Con respecto a todo lo demás ¿cómo los ves?

—Jefe, no sé… Creo que bien—. Gamma AJ titubeó y bajó el tono de la voz. —Jefe, es diferente con respecto a lo que esperábamos. ¡Ups,,.! el macho ha bajado a la hembra de la silla. ¿Crees que sea el instinto destructivo?… No… no parece… ella se acurrucó a sus pies en el piso, con la cabeza apoyada sobre sus rodillas y le agarro una mano. ¿Esta no era una parte del ritual de acoplamiento que se describía en los libros?

El Biólogo asintió y una leve sonrisa se dibujó en su rostro. Parecía que los instintos comenzaban a presentarse. De pronto tronó una extraña voz, regresándolo a la realidad:

—¡Mira Robot! ¿Aquí no se come?

¡Podían hablar! Y esa voz era del macho sin dudas. Ciertamente no era ese sentido de delicada gratitud que Beta BM esperaba, pero estaba bien de todas maneras. En los libros había leído que existían varios tipos de hombres, algunos educados y muchos otros ordinarios. En este caso, posiblemente, esa actitud del macho, era una consecuencia de la educación forzada y la ausencia de experiencia social… Pero todo tenía solución.

Miró de nuevo a la pantalla, pero Gamma AJ ya no estaba. Se veía solo la pared blanca.

Se escuchaba a alguien que gritaba áspero y fuerte, y luego un chillido y un piar modulado, era la hembra. Las dos voces se mezclaban al vago murmullo de los Robots, luego el grito se repitió más alto. Beta BM no gastó más tiempo. Se comunicó de inmediato con Alfa I:

—¡Lo logramos Alfa I…! ¡Logramos al fin una pareja de Humanos saludables! Gracias por confiar en nosotros!

Siempre lo supe, Doctor Beta BM… Presentía el éxito. Es un día glorioso… es el día del Génesis. Ve a darle la bienvenida al nacimiento del nuevo género humano.

Se lanzó escaleras abajo rumbo al Laboratorio.

¡El instinto! El macho ya lo había mostrado y la hembra había respondido. Debían ir poco a poco al comienzo, naturalmente, pero la completa respuesta al problema de los Robots ya estaba al alcance de las manos. A este punto solo se necesitaba tiempo y experiencia. ¡Qué Iota 6 sufra, qué el mundo mire a Arcturus y a sus héroes… pero hoy la Bioquímica ha sido coronada reina!

Gamma AJ salió corriendo del Laboratorio y detrás de él otro Robot. El Asistente parecía desconcertado, manifestaba una emoción que Beta BM no logró reconocer.

—¡No puedo pararme, tienen hambre! — Y desapareció corriendo.

Beta BM se estremeció: nadie había pensado en eso; ni siquiera sabían con qué frecuencia el hombre acostumbraba a comer y qué comía. Pero afortunadamente el Asistente y el Fisiólogo estaban para solucionar también ese problema.

Atravesó el corredor en medio de una multitud de Robots murmurantes que se movían fingiendo trabajar. Ahora el laboratorio principal en el cual se encontraba la pareja, estaba sumergido en el más profundo silencio.

Beta BM vaciló frente a la puerta perplejo “¿Cómo me dirigiré a ellos?” se preguntó.

Hoy no se hablaría de problemas. No se iniciaría de inmediato una armónica relación y mucho menos podría esperarse una inmediata comprensión. Les daría la bienvenida, haría todo lo posible para hacerles sentir cómodos en este mundo tan extraño y diferente al prehistórico registrado en las grabaciones. No sería fácil, al comienzo, en un mundo poblado solo por Robots, sin otros Hombres. El estudio del instinto podía esperar.

Abrió la puerta de par en par y entró. Los vio…Ambos sentados sobre la mesa. Lucían saludables y no podía verse en ellos señales de temor o incertidumbre, sin embargo para estar seguro debía conocerlos mejor.

Había una mueca en el rostro del macho cuando giró y lo miró a la cara:

—Vaya, otro más. ¡Ven aquí, acércate! ¿Qué quieres?

Beta BM sintió que no tenía que preocuparse más por cómo dirigirse a los Humanos. Hizo una reverencia acercándose y el instinto hizo que su voz fuese suave y animada por un tono de disculpa.

—Nada amo. Sólo servirte.

Esa noche Alfa I volvió a escuchar el mensaje musical, pero ahora sí pudo entenderlo con diáfana claridad:

—¡Gloria a ti… Fuiste el primero y el único. La mano del Supremo:… “Dijo luego Dios: Hagamos al Hombre a Nuestra imagen, conforme a Nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves del cielo, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. Y creó Dios al hombre a SU imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos…

Fuiste la Mano de la tarde y la mañana del sexto día. Fuiste Alfa y Omega.

FIN

Muchas gracias por este relato Ermanno, te deseamos mucha suerte.
Recordemos que Ermanno está participando en el Desafío del Nexus de Marzo con este relato, así que si disfrutaste de esta historia, no dejes de votar con el botón “Me Gusta” de facebook 😀

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