Nuestro amigo Joseín Moros también retorna al Desafío del Nexus con una nueva e interesante historia:

Las Herramientas de Eva 01

Repito la imagen de portada pues por las limitaciones del blog no se apreciaba bien.

 

Las Herramientas de Eva

Cuando se abrió la cámara de hibernación la joven quedó encandilada por la luz blanca. Con las articulaciones de su cuerpo entumecidas la Ingeniera de Mantenimiento salió con mucha dificultad, el parpadeo de pequeñas luces en los tableros la terminó de despertar.

<< Hubo una gran falla. Si ese reloj no miente desperté antes de mi momento programado y si aquel otro es el correcto significa que han pasado eones. ¿Dónde están los robots encargados? ¿Nos abandonaron? >>

Hacía mucho frío y como pudo se vistió con el traje de faena, en el distintivo estaba su nombre: Eva Premier. Varias veces tuvo que aferrarse a las paredes para no caer, todavía su sentido del equilibrio intentaba funcionar de manera correcta.

Durante cuatro horas estuvo cambiando módulos electrónicos parecidos a libros sin contactos eléctricos visibles en las numerosas consolas de la sala de hibernación. Sonó un bip-bip en su vestimenta, bebió de la botella que colgaba en su cintura como lo ordenaba el protocolo del despertar y cambió el último módulo electrónico dañado. El clic-clic mecánico simulado por el artefacto le indicó que ya estaba en su lugar y operando de manera correcta.

Se fue entonces a recorrer las profundas salas adyacentes.

—Las paredes están deterioradas y muchas luces no funcionan. Falta una gran cantidad de gente. ¿Despertaron y salieron del búnker? ¿Cuándo despertaron? ¿Lo habrán hecho al mismo tiempo? No es buena idea salir, se pueden perder en esa soledad y con tanta falta de luz —dijo en voz alta.

Entonces los diferentes relojes digitales dejaron de parpadear y el sonido de una suave campana le advirtió que ya habían calculado el tiempo y tomaron en cuenta el periodo de la falla general.

—¡Imposible! No puede haber transcurrido tanto tiempo. La falla es grave, debe haber módulos dañados en otra área, debo encontrarlos.

Tardó días en realizar las pruebas necesarias, por fin se rindió al no encontrar más componentes defectuosos y decidió buscar a los durmientes que habían salido. Para ello se colocó el traje con escafandra y tanque de aire comprimido para respirar. La autonomía de su indumentaria era de catorce horas, las alarmas internas le irían avisando del tiempo remanente.

 

***

Ascendió decenas de metros en el ascensor y anticipó en su mente la imagen que aparecería ante sus ojos cuando después de recorrer un túnel con varias compuertas llegara hasta la salida al exterior en un risco sobre la gran hondonada. Entonces vería entre la oscuridad, a pesar de ser hora diurna y a varios kilómetros de distancia, el Tepuy del cual tiempo atrás caía una cascada de un kilómetro: El Salto Ángel fue la caída de agua más alta del planeta Tierra.

<< Debió ser una belleza antes que viniera ese aerolito y como si fuéramos dinosaurios comenzamos a extinguirnos. Ahora el paisaje sólo es roca seca y muerta, aquí y en todos los continentes del planeta >>

Así había sido, los seres humanos a toda carrera utilizaron antiguos refugios para la guerra y en ellos pudieron guardar unos pocos puñados de gente en estado de hibernación, con la esperanza de un final feliz para estos elegidos al azar. La esperanza estaba respaldada en la tecnología que para aquel momento imperaba: la automatización que facilita la robótica.

Cuando se abrió la última compuerta la mujer retrocedió aterrorizada.

<< Debo estar loca >>

 

***

 

Eva abrió la escafandra. Desde lejos le llegaba el ronquido de la cascada más alta de la Tierra: El Salto Ángel.

<< El planeta resucitó. Es verdad, transcurrió el tiempo que marcan los relojes en la sala de hibernación. ¿Por qué nos dejaron abandonados los que salieron primero y porqué se llevaron los robots de mantenimiento? Nos condenaron a muerte, los módulos fueron fallando a medida que transcurrió el tiempo, fue una suerte que no morimos allí, sin haber despertado nunca.

En ese momento otro sonido la hizo mirar al cielo.

<< Es un avión de pasajeros, tiene tres turbinas pero vuela muy bien. ¿La humanidad resucitó maquinas antiguas o sólo es su aspecto externo? Va hacia el sur, y allá va otro, debe haber mucha gente en el planeta. ¿Por qué nos abandonaron? ¿Por qué no oigo transmisiones de radio y nadie contesta mis llamadas? El espectro radioeléctrico está lleno de señales imposibles de descodificar, se confunden con el ruido aleatorio del espacio exterior >>

Miró hacia abajo y descubrió una carretera dentro de la frondosa selva, era lejos pero aquellos puntos en movimiento tenían que ser vehículos.

<< Necesito mucha agua y comida para llegar hasta allá, tardaré bastante, mis piernas fallan demasiado y no pienso ir sin mi equipo completo >>

 

***

Durante la noche estuvo haciendo señas con su linterna de mano a los vehículos que pasaban y ahora a pleno día continuaba dando saltos y carreras para llamar su atención. Entonces acumuló piedras sobre el pavimento y los carros silenciosos y veloces sortearon los obstáculos o saltaron sobre ellos. De esta forma tuvo tiempo para mirar a través de los vidrios oscuros.

<< No tienen conductor ni pasajeros. El volante se mueve como si lo gobernara un chofer invisible. Esto es una locura >>

Varios aviones pasaron por los cielos y Eva los siguió con la mirada.

<< No quiero pensar más chifladuras >>

 

***

Una semana después de caminata por la concurrida autopista vio una ciudad. Había una nube de transportes aéreos entrando y saliendo de los techos de sus rascacielos.

<< Parece la Caracas del siglo XXII. Esa clase de edificios dejaron de construirse antes de mi nacimiento. ¿Para qué erigir ahora una ciudad así, obsoleta y fea? >>

Y caminó a mayor velocidad sobre el perfecto asfalto.

 

***

Llegó a la metrópoli masticando el chicle de otra enorme pastilla nutritiva con sabor a frutas que nunca vio en los comedores de su ciudad. Le quedaban muchas porque las estaba racionando, por fortuna las frecuentes lluvias le proporcionaron agua potable, la bebió por primera vez haciéndola verificar por sus instrumentos de campaña, no habría podido transportar la necesaria para un viaje tan largo. Fue una gran sorpresa, no tenía rastros de ceniza y esto le confirmó que en verdad debió haber dormido esa enorme cantidad de tiempo que mostraban los relojes del búnker.

Ya no le prestaba atención a los numerosos vehículos terrestres que cruzaban las calles. Su gran sorpresa fue descubrir semáforos para peatones, así pudo inspeccionar muchos automóviles cuando estaban detenidos sintiendo escalofríos al imaginar que sí había gente pero que ella no podía verlos. En lo alto los helicópteros le parecían auténticas reliquias tecnológicas en perfecto estado, sólo producían algo de ruido sobre los rascacielos.

Entonces los vio venir. Eran unos veinte. Su forma de caminar le recordó las historias de zombis tan populares en los últimos años antes de la caída del aerolito. Muertos vivientes venidos de otro planeta que devoraban a los terrícolas, su adolescencia estuvo saturada de esa clase de juegos “on line” en tercera dimensión con efectos especiales de olor, vibraciones y dolor cuando te mordía un zombi extraterrestre. Nunca logró ganar un juego y corrió para esconderse.

 

***

La noche comenzaba y la iluminación de la ciudad era deslumbrante, desde lejos había estado siguiendo a los zombis y poco a poco logró acercarse para verlos mejor. Decidió hacerlo cuando percibió que eran seres humanos en un gran estado de debilidad pero no se atrevió a establecer contacto con ellos.

Los vio reunirse en una plaza, bebieron agua de la fuente y sintió nauseas cuando se repartieron una rata y otro animal que le pareció ser una iguana tan grande como un gato. Sus miradas furtivas a todos lados le parecieron más de terror que de amenaza, también vio mujeres en el grupo, se mantenían unidas espalda con espalda como si además sintieran temor de los hombres de su propio grupo. Pudo observar mejor su aspecto, tenían las ropas rasgadas y muy sucias, dos de ellos entraron a la fuente de agua con la intención de tomar un baño.

De repente llegó un vehículo enorme y los iluminó con reflectores. Todos corrieron en desbandada. Del vehículo salió disparada una red y atrapó a los que se bañaban, emitían chillidos como animales y ella también estuvo a punto de gritar cuando reconoció sus palabras. La red los arrastró hasta el interior de una jaula en la parte trasera.

<< Son gente del búnker. ¿Qué les pasó? >>

Una voz masculina cuchicheó detrás de ella. El olor de un cuerpo sucio la obligó a exhalar aire a pesar del susto.

—No te muevas, podrían oírnos. Te conozco, eres Eva, la de Mantenimiento.

 

***

 

—Llegamos caminando —decía el hombre con la mirada fija en la tarjeta de material casi indestructible que asomó una esquina bajo el cuello de la chaqueta de Eva—, hicimos igual que tú pero nuestra comida se agotó los primeros días de caminata y entre nosotros no había nadie de Mantenimiento con una tarjeta K1A1 como esa para abrir las puertas desde afuera y poder regresar, además ¿quién pensaba en regresar al búnker viendo un mundo así, con carreteras y vehículos circulando? Por el camino murieron varios y fue de hambre porque los más fuertes les quitaron sus pastillas nutritivas, en la ciudad nos alimentamos de ratas, iguanas y pájaros cazados a pedradas. Fue terrible, hubo casos de canibalismo y todavía lo tememos porque hay otros grupos que llegaron primero y nos tendieron emboscadas. Todos venimos del búnker, llegamos a una conclusión: hace mucho tiempo los robots nos abandonaron y las instalaciones acumularon desperfectos.

Ya era de día. Estaban escondidos entre las patas de cuatro enormes caballos de bronce a pocas cuadras del lugar donde el grupo de gente había sido dispersado. Eva no durmió cuando vio la voracidad con la cual el hombre masticó tres de sus pastillas y su ávida mirada hacia la tarjeta para abrir la puerta. Lamentó no haber traído un arma eficiente, el individuo estaba flaco pero no tan macilento como los otros que antes pudo ver, lo sentía amenazador.

— ¿No hay comida en la ciudad, Morguell? —a ella le pareció que el hombre le había dado un nombre falso, la selección de gente para llevarlos al búnker fue basada en sus conocimientos técnicos y Morguell dijo que había sido especialista en telecomunicaciones.

—Hay mucha. Existen tiendas, restaurantes y supermercados pero son trampas mortales. Una mujer abrió un refrigerador y cayó electrocutada. Un hombre metió una mano y comió de una fruta, murió envenenado. Desde lejos vimos llegar un transporte y una caja rodante trasladó hasta el camión los dos cadáveres. No podemos comer nada ni utilizar la ropa de los tiendas, caes electrocutado o una corriente de gas venenoso te mata. Nos tratan como alimañas.

— ¿Quienes?

—Las maquinas. Lo discutimos mucho tiempo, tengo aquí casi un año y hablé con catedráticos y militares. Conocí un experto en inteligencia artificial, él pensaba que a través de telecomunicaciones las maquinas formaron una Sociedad Robótica global, abandonaron cualquier imitación del cuerpo humano y reconstruyeron el planeta para hacer lo que desde un principio hicieron.

— ¿Qué hicieron?

— ¿No lo ves? Las maquinas rehicieron todo y lo mantienen en movimiento. Se defienden si algo ataca el producto de su labor. Para esta sociedad los humanos somos una plaga y así debe ser en todo el planeta, si todavía queda gente.

Eva no sabía qué pensar. Las palabras de Morguell tenían mucho sentido frente a los recientes acontecimientos. Al otro lado de la calle vio unas sombras furtivas, los vehículos continuaban pasando en ambos sentidos y en el cielo muchos transportes viajaban entrando y saliendo a la ciudad. Sólo le quedaba una pregunta y se preparó para la respuesta, cualquiera que fuese.

— ¿Qué piensas hacer, Morguell?

—Comer y sobrevivir.

La respuesta fue instantánea y el salto también. Eva y Morguell cayeron del pedestal, abrazados como fieras. Sintió la ávida mordedura hambrienta de carne humana. Se revolcaron un momento sobre la hierba bien cortada y Eva quedó inmóvil, mirando al cielo.

Al otro lado de la calle las sombras se aproximaron a la acera.

De un empujón se quitó de encima el cadáver de Morguell. Saltó como una serpiente y con el largo atornillador ensangrentado se preparó para recibir el ataque de los compañeros de Morguell. Ahora tenía también una llave metálica en la otra mano. A pesar de la distancia y el cansancio en ningún momento se había desprendido de su cinturón de herramientas, su padre siempre le dijo: “nunca te deshagas de una herramienta, aunque parezca que no habrá problemas todo puede fallar, hasta la gente. Así podrás reparar el problema”

Los individuos se quedaron devorando el cuerpo de Morguell y Eva comenzó a caminar por el centro de la avenida en dirección de regreso. Sabía que la seguirían. Su hombro magullado sangraba pero la gruesa tela del traje la protegió suficiente de la mordedura para no perder un trozo de músculo.

 

***

 

En varios días no durmió. Caminaba despacio y cuando sus perseguidores corrían Eva aceleraba la marcha hasta dejarlos atrás pero a la vista. Por fortuna ellos no se atrevieron a introducirse en la selva para adelantarla y al igual que ella sólo avanzaban por la carretera cruzada por vehículos en ambas direcciones.

<< Pensándolo mejor creo que sólo me persiguieron menos de un día, no tienen botellas con agua o pastillas nutritivas y aunque son fuertes no deben tener mucha resistencia >>

 

***

 

Eva terminó de escribir en las paredes con un soplete de mano. En cada pasillo sala y galería narró lo que le había ocurrido en el búnker. En ningún momento se identificó, hasta sugirió que fue un hombre el protagonista de la aventura.

<< Los que despierten ya estarán advertidos y un poco de precaución nunca sobra. Mi padre lo decía: “no adelantes información que no te han pedido, oye callada” >>

Miró la identificación colgada en su cápsula de hibernación, ya no figuraba como perteneciente a Ingeniería.

<< Experta en Cultivos Hidropónicos, suena bien. Además algo sé de eso >>

Entró y mientras su mente caía en el sueño una idea se le ocurrió.

<< Programé mi despertar cuando alguna falla en el sistema genere señales de alarma, tenemos capacidad para recuperar una y otra vez cualquier módulo dañado. Tal vez esta Sociedad Robótica evolucione y decidan buscar a sus creadores para adorarnos y rendirnos pleitesía como estuvo antes diseñado. Nunca se sabe qué pasará en una mente aunque sea mecánica. ¿Y en la mía mientras duermo? Ni yo lo sé >>

Fin

Muchas gracias a Joseín por esta interesante historia, y ustedes recuerden que pueden votar por ella con el botón compartir de facebook.

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