Definitivamente ha sido buena idea esto de ir publicando por acá la historia a medida que la voy escribiendo, después de meses de tenerla parada, hoy me he motivado a escribir otro pequeño trocito.

Les recuerdo que esta no es una historia definitiva, de hecho es todo lo contrario, es una historia que voy plasmando aquí a medida que la voy escribiendo, es decir que está completamente cruda y que poco a poco le iré agregando detalles.

hellgate_london Triple Combo

Desde atrás los rifles de los agentes disparaban a toda velocidad llenando el piso de aquel museo de cadáveres de demonios, afortunadamente los filtros en el casco de mi armadura me protegían de aquellos miasmas. Con nuestras espadas nos abríamos camino en el frente de la batalla; la horda infernal parecía estar reduciendo su fuerza a medida que subíamos las escaleras de la entrada, pero entonces en la punta se asomaron dos monstruosidades sacadas de nuestras peores pesadillas.

Esperpentos Gigantes Dobles – dijo la voz de Gilian, por la radio.

Era sorprendente ver lo bien clasificadas que los Paladines tenían a aquellas criaturas.

¿Retirada? – Preguntó Jaime viendo que aquello era claramente una trampa.

Sí, retirada – dije bastante molesto.

Cuando uno combatía con estos monstruos con frecuencia se olvidaba que mas allá de su apariencia bestial había una mente capaz de pensar y sus pensamientos siempre parecían estar concentrados en la batalla. Los Esperpentos eran una suerte de gigantes con dos cabezas, dos pares de brazos y dos pares de piernas. No había manera de flanquear aquellas criaturas, pues no tenían espaldas, mientras una cabeza miraba en una dirección, la otra miraba en la opuesta, igual sucedía con sus brazos y piernas; y siempre trabajaban en pareja. Y para colmo aquel par estaba al comando de todo un regimiento de demonios menores de toda forma y especie.

En cuanto nos vieron retroceder se lanzaron sobre nosotros, eran centenares de ellos y menos de diez de los nuestros. Los monstruos dobles dieron un salto colosal cortando nuestra retirada, las balas de los agentes perforaban su piel, pero los engendros no parecían prestar atención a pesar que una sangre púrpura manaba de las heridas.

Yo sé saltar también – dije a medida que me impulsaba en el aire. Mi fuerza, combinada con los músculos artificiales de la armadura me impulsaron por encima de la cabeza de los monstruos – ¡ESPINAS! – ordené y de mis botas brotaron sendos punzones que enterré en los ojos al aterrizar en una de las cabezas. Cuando la criatura comenzó a sacudirse presa de su dolor, yo ya estaba en el aire camino de una de las cabezas del siguiente monstruo. – ¡GANCHOS! – dije y las botas de mi armadura se aferraron a la carne de la cabeza del monstruo.

La aberración intentaba por todos los medios sacarse al parásito que se había subido a una de sus cabezas, pero cada vez que acercaba una mano, yo le causaba un tajo con mi espada.

La pareja de monstruos estaba herida y el combo de paladines, brujos y agentes pronto dio cuenta de ellos, los demonios menores que quedaron, huyeron despavoridos, pero nuestros sensores nos indicaban que no huían demasiado lejos.

Viendo aquello David expresó lo que todos pensábamos:

Están esperando refuerzos, entremos, no tenemos mucho tiempo.

Hicimos señales a los agentes de que nos siguieran y nos precipitamos a la entrada, el lugar estaba repleto de muertos vivientes en todas sus formas y colores, Julius lanzó una granada en mitad de aquella masa, pero esta no era una granada corriente, al explotar liberó un campo electromagnético que rompió los enlaces moleculares de las criaturas no muertas, convirtiendo a todos aquellos zombis en una papilla blancuzca.

Al caer los no muertos descubrimos a las pequeñas bestias que les hacían compañía, ¿eran aquellas las ratas del averno? O ¿era acaso que las ratas de nuestro mundo se habían convertido en aquello? No lo sabíamos. Pero para avanzar teníamos que irlas matando pues se abalanzaban sobre nosotros viciosamente. Sin embargo aquello era un proceso sencillo.

El interior del museo era oscuro y al igual que yo, muchos cambiaron a infravisión. La energía eléctrica había dejado de funcionar hacía mucho tiempo.

Aquel era el Museo Militar de Venezuela, a alguien se le había ocurrido la peregrina idea de que “La Espada Verdadera” debía ser la espada de Bolívar, así que sin mejores pistas nos lanzamos a explorar la ciudad de Caracas.

Quienes habitaban en aquella ciudad decían que “La Sucursal del Cielo” se había convertido en la sucursal del infierno hacía muchos años, pero evidentemente nunca de forma tan literal como ahora. Las bandas de demonios patrullaban las calles de la ciudad de día y de noche, de los altos edificios colgaban terribles gárgolas que con ojo vigilante solo esperaban la aparición de alguna presa fácil para consumirla, y en el interior de todas las construcciones vagaban los cadáveres animados de los pobres infelices que se habían quedado atrapados en la ciudad.

Batallando a través de todos aquellos monstruos conseguimos alcanzar aquel museo con la esperanza de encontrar la espada allí. Cuando finalmente entramos en la sala en donde se suponía que estaba, lo que encontramos fue un inmenso demonio esperándonos con una sonrisa de oreja a oreja.

– Mi cena se ha retrasado – dijo burlón – pero que bueno que finalmente ha llegado, pues nunca se come mejor que cuando se tiene hambre.

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Espero sus opiniones ¿cómo voy? ¿Que le mejorarían? ¿Qué le quitarían? ¿Qué le agregarían?

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