Llego a mis manos hace pocos días, producto de un regalo muy especial adelanto de mi cumpleaños, un Kindle. Ya lo sé, no es una noticia para publicar, pero quizás es una buena oportunidad para dar una opinión sobre cómo nos llega la tecnología aun sin quererlo a las manos y como nos afecta.

Sí, tengo un Kindle de quinta generación, bastante interesante, debo admitir que hace meses le tenía ganas a tener uno, aunque un poco reacio ya que por formación siguen siendo los libros de papel mis preferidos y esto me refiero a que mientras más viejo sea, mucho mejor.

El libro más antiguo que tengo en mi poder es” El capitán de los penitentes negros” de Ponson Du Terrail del año 1887, un regalo magnifico de una gran amiga. Cabe decir que al recibirlo, con solo ver el año de edición fue para mí una sorpresa apoteósica, como cuando Ash recibió su primera Pokebola,  más aun el excelente estado en el cual se encontraba.

Tengo muchos libros en mi colección, muchos de ellos ni siquiera los he leído, están esperando a que les ponga las manos encima… (risa friki). Sigo pensando que no podemos remplazar lo que significa tener un libro en la mano, su olor, textura y quizás mas importante; su historia. Por donde viajo, con quien estuvo, su historia en general, personalmente eso crea la magia del libro. Cuando llego el lector electrónico me sentí como niño con juguete nuevo, revisándolo, jugando y mayormente llenándome de una extraña sensación de querer más. Como un Nerd en la Comic-con y con dinero sin límites para gastar o como Bender en su propio bar con juegos de azar y mujerzuelas.

Tuve la rara sensación de querer llenarme de libros electrónicos, por lo que busque en internet, en sitios de dudosa calaña, de esos que ustedes conocen bien, esos sitios con banners de mujeres moviendo sus traseros sugerentemente. Me pase horas bajando colecciones completas, para darme cuenta que solo quería los mismos libros que tengo en papel y bueno algunos mangas que otro amigo generosamente me regalo para leer. Horas para darme cuenta que, es bastante cómodo tener una tablet o e-reader para andar con tus joyas, pero no llena ese vacío que deja andar con kilos demás en un bolso, causándote una escoliosis por hacerlo tantos años, o parecer evangélico caminando por la calle por el solo hecho de llevar tus libros en la mano, o sencillamente el placer de llevar tu lectura incómodamente a todos lados.

Michel

Creo y muchos de ustedes me encontraran la razón, nada podrá cambiar nuestros libros, he leído muchos artículos sobre como la industria cambiara dejando al papel en desuso y llenándonos de tarjetas de memoria. Sería muy triste ya que como escritor siento que no hay mayor placer y orgullo que ver tu obra impresa, poder tocarla y admirarla, como lo hace un padre o una madre con su retoño ya que al fin y al cabo son hijos en cierta medida, los que solo son lectores el romanticismo siempre estará al tomar un libro de un estante y llevarlo consigo, o la recomendación de tu librero de siempre. No como la fría tienda on-line que solo te muestra en vitrina quien tiene más estrellas y no siempre son los mejores.

Mientras me iré a leer “El juego de Ender”  mientras toco la fría pantalla.

Los dejo con la inquietud, o tan solo un tema de conversación… un saludo y “Larga vida y prosperidad

Michel Debº

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