Revolver

Ayer regresaba de dejar a mi hijo en su colegio, y por casualidad crucé miradas con otro niño, un muchachito de seis o siete años, con su uniforme de primaria y su rostro de bebé. Pero hay algo distinto en este niño, en la forma en que camina, en la forma en que habla, en la forma en que mira.

Cuando yo era niño, yo soñaba con ser astronauta, con ser bombero, con ser policía. Yo quería ser Superman y salvar al mundo de los supervillanos.

Este niño en cambio tiene otros héroes, al igual que yo corría con un puño al frente y el otro en mi hombro imitando a un superhéroe volando; este niño ha estudiado la forma en que caminan y se mueven los malandros, este niño imita el saltico “con el tumba’o que tienen los guapos al camina’” este niño tuerce el cuello y mira de lado y en sus ojos hay una suerte de amenaza.

Un niño de ese tamaño y de esa edad no puede asustar a nadie, lo que asusta es descubrir sus sueños, lo que aterroriza es comprender que este niño sueña con ser un malandro…

Siendo niño, yo veía en la televisión a la Patrulla Motorizada, la liga de la justicia y la guerra de las galaxias.

Este niño en cambio ve como los malandros matan a medio país y no les pasa nada, este niño ve que los malandros cantan canciones insultando a la mujer y ellas los aplauden y al malandro mayor que insulta a todo el mundo y el mundo se inclina ante él.

Lo triste, lo grave y lo aterrorizante del sueño de este niño es que se puede convertir en realidad.

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