Me dio guerra este relato, cuando lo llevaba en la mitad me dio por cambiar los protagonistas y reescribirlo, pero eso fue un desastre, me tocó volver y rescatar a los personajes viejos.

No creo que sea la mejor de mis historias, pero aquí se las dejo, espero que la disfruten:

Sun Set

El Guardián de sus Noches

Autor: Vladimir Vasquez F.

En mitad de las aguas del Pacífico los Neo Venezianos, una nación de exiliados ha construido un nuevo hogar, y también lideran el desarrollo de la tecnología del Mundo del Sueño.

Pero extrañas cosas comienzan a suceder en el paraíso flotante. Julio, un Vigilante Onírico, descubre que la mujer que ama ha cortado sus relaciones con familia y amigos y no se comunica con absolutamente nadie…

I

Otra llamada perdida, estaba pasando por un idiota, no cabía duda, pero no podía dejar de pensar ¿por qué Natalia no podía tener al menos la decencia de responder un mensaje?
Ella había sido mi novia muchos años atrás, no, quiero decir décadas atrás, cuando los teléfonos celulares todavía eran una novedad, y a nadie se le ocurría ni lejanamente la idea de meterse en un “Mundo del Sueño” generado por el subconsciente colectivo.
Pero yo siempre he sido un tipo que sabe aceptar los cambios, primero con las redes sociales y ahora con estos universos virtuales subconscientes siempre he aceptado que uno tiene que saber adaptarse. Y lo mas raro de todo es que Natalia también, de hecho eso era algo que admirábamos el uno del otro, nuestra capacidad de aceptar el futuro.
Pero algo había pasado con ella durante los últimos años; no voy a decir que estábamos en contacto continuamente, cuando tienes tu propia familia y amigos lo menos que quieres es tener a un viejo ex novio rondando, pero a pesar de que las cosas entre ella y yo no terminaron en las mejores condiciones (nunca lo hacen o ¿si?), siempre pudimos mantener una relación de amistad.
Cuando una persona deja de responder tus mensajes, tus llamadas, cuando desaparece de las redes sociales…
Quizá es que el mensaje es para ti, quizá lo que quiera decirte es que es el momento de alejarte, el momento de dejarla en paz, pero, había algo raro…
—¡Julito hermano! —El sonriente ex cuñado, de esas personas que no quisieras encontrarte nunca porque sabes bien que solo causan problemas— ¿cómo has estado? ¿Cómo te trata la vida? ¿En qué estás trabajando ahora?
—Bueno Ramirito, ya tengo cincuenta y pensé que era momento de jubilarme, pero entonces uno de mis hijos se metió en esto de la seguridad onírica y necesitaba algo de ayuda, así que aquí me tienes, cuidando los sueños de la gente ¡jajaja!
—Siempre fuiste un tipo con los pies en la tierra Julio —Una observación curiosa viniendo de un sujeto cuyo avatar era un musculoso gladiador romano— la gente necesita a personas como tú para que no se vuelvan locos en esta nueva moda, en estos “sueños falsos” como les digo yo; pero no me quiero ni imaginar lo que tendría que pagarte para que me protegieras.
—Es menos costoso de lo que crees, al principio era un buen negocio, pero ahora ya hay demasiada competencia, ha tocado bajar los precios.
—Bueno, es lo que ocurre con cualquier nueva tecnología, tuviste suerte de estar entre los primeros en aprovecharla.
—Mi muchacho, Hernán, que es un genio, yo nunca tuve la curiosidad ni de anotar mis sueños.
—Ah sí, Hernandito, gran muchacho, mira, y hablando de familia, ¿has vuelto a hablar con mi hermana? Tú siempre estabas muy pendiente de ella ¿no?
¿Él me preguntaba a mi por su hermana? Eso estaba raro…

 

—Bueno mira, tu sabes que entre tu hermana y yo siempre…
—Claro que lo sé hombre, toda la familia lo sabía, ustedes dos eran demasiado evidentes.
—Bueno pero nuestra “relación” por decirlo de algún modo siempre fue algo “tormentosa,” la última vez que hable con ella fue unos meses atrás, entonces discutimos, y… bueno ya no habla conmigo.

 

El musculoso romano desapareció y Ramiro me mostró lo que suele llamarse el avatar realista, por supuesto, ambos estábamos soñando y no había manera de que generáramos una imagen 100% real de la persona, pero aquello era lo mas cercano que nuestras dos mentes podían crear.
—Ay mi amigo creo que tengo que disculparme… —El Ramiro tenía una cara de piedra— Mira, creo que la culpa es mía, yo sé que tú todavía sientes algo por ella, yo sé que nunca has dejado de rondarla, bueno, toda la familia lo sabe, pero Natalia. ¿Cómo lo digo? Natalia se estaba aprovechando de ti, nunca te daba un si ni un no, siempre te tenía allí, a la espera, pero sin nunca realmente darte una respuesta ¿me equivoco?

Me apenaba admitirlo, sobre todo con él.
—No, no te equivocas… —Me avergonzaba hasta mirarle la cara, pero ¿qué iba a hacer si todavía tenía sentimientos por la mujer?
—Bueno, —se pasó una mano por la cara— yo se lo dije, le dije que te diera una respuesta, que dejara de aprovecharse de ti y que fuera directa contigo. —Ese era el principal problema con Ramiro, demasiada franqueza, demasiado directo con todos y con todo— y bueno, ¿para qué te lo voy a negar? Se ve que no le gustó, ahora tampoco a mi me responde el teléfono, me bloqueó en las redes sociales, el paquete completo pues.

—y ¿aquí? ¿Nunca la has visto?
—No, si te soy sincero nunca la he visto, por eso te pregunto.
—Pero ¿qué es lo que le está pasando a Natalia? Con todo el mundo se molesta, nada mas antier hablé con Marcia ¿te acuerdas de ella? ¿La pelirroja hermosota?
—¡Uy sí claro Marcia! ¿Cómo olvidarla? Ella estaba divina.
—Bueno, a sus cincuenta y todavía tiene lo suyo ¿sabes?
—¿En serio?
—Compañero los 50’s son los nuevos 40’s
Cirugía plástica, tratamientos hormonales, y cientos de avances en medicina habían conseguido el sueño de la “juventud prolongada”.
—Bueno pero para quienes tienen dinero, a mí si me ha pegado la vejez.
—¿Cual vejez Ramiro? Mírate a un espejo ¿te ves como se veía tu papá a tu edad?
—Bueno, no, pero es que mi papá fue muy loco. ¡Pero volvamos a lo de Marcia, chico! ¿Qué era lo que me ibas a decir?
Si es difícil mantenerse sobre un mismo tema cuando estás despierto ni te imaginas cuando estás soñando.
—Bueno, resulta que Natalia se peleó con Marcia también ¿cómo te parece? Y creo que esta vez yo no tuve nada que ver, se pelearon por un dinero que se debían, yo no supe muy bien el cuento, pero terminó igual, la catira —así le decían a Natalia también— cortó toda comunicación con Marcia.
—Mira, tienes razón, eso sí está raro…

II

Esa noche hablamos mucho el Ramiro y yo, y resultó que Natalia no se había molestado ni con una ni con dos personas, la catira parecía estar cortando los vínculos con todos sus familiares y amigos.
Finalmente a altas horas de la noche cuando el sueño estaba a punto de terminar nos pusimos en contacto con Natalia quien tenía un Avatar medio arreglado, pero tirando mas a realista que otra cosa, demostraba que la pelirroja seguía muy orgullosa de su apariencia personal.
Pero siendo un pájaro madrugador fue poco lo que nos pudo decir pues su mente ya estaba rozando la conciencia total, pero no se despertó sin antes invitarnos a pasar a su camarote en el buque “José María Vargas.”
Era fantástico que hoy en día todos los vehículos se pilotaran automáticamente como alguien que había sido pasajero de Ramirito, debo admitir que me sentía tranquilizado de ver que ya no ponía sus manos en los controles.
Ramiro pasó por mi en el helipuerto del “Elisa Rego” el barco donde yo vivía, y el piloto automático consiguió un buen pasaje en medio del caos del tráfico aéreo.
—Que triste tener cincuenta y andar persiguiendo mujeres ¿no lo crees así? —La extrema sinceridad del Ramiro…
—¿En tú opinión sería mejor tener cincuenta y seguir amarrados a un matrimonio que no nos hace felices?
—Bueno Julio si lo pones así, no sé.
—Es que este asunto de la juventud prolongada lo ha cambiado todo, yo me siento con las mismas ganas que un muchacho de 20.
—Mira aquí —Ramiro se señaló el rostro— cincuenta y dos y con acné, eso es lo que ha logrado para mi la fulana juventud prolongada.
—Mmm, tú como que estás usando tratamientos de los económicos…
—Bueno Julio, cada quien se arropa hasta donde le alcanza la cobija ¿no?

 

Llegamos a la azotea del Vargas en donde vivía la Marcia.
Vivía casi en la azotea del barco así que no tuvimos que bajar mucho. Marcia era bajita, pero como dicen “vaca chiquita siempre es novilla” todavía parecía una muchacha de 40, que digo 40, parecía de 30, con aquellos cabellos rojos que se le movían de manera hipnótica, y tan simpática y sonriente como era 20 años atrás, al Ramiro se le caía la baba, yo intentaba disimular pero no creo que me fuera mejor.
—Pues como les decía anoche —nos explicó mientras nos servía un chocolate caliente para pasar el frío del exterior— Natalia tiene un mes que me quitó el habla, y todo por un asunto de dinero de lo mas estúpido.
—¿Natalia te debía dinero?
—Ese fue un préstamo que le hice hace muchos años cuando ambas éramos apenas unas niñas, claro que lo mejor hubiese sido dejarlo correr, pero un día necesité la plata y tuve la mala idea de medio sugerirle que me pagara algo de aquel dinero, ¡muchacho mas vale que no! Eso me llamó de muerta de hambre pa’bajo. Uno diría que con todo el dinero que tiene Natalia ahora no sería tan quisquillosa, pero parece que se ha puesto pichirre.
—¿Cómo es eso de que Natalia tiene dinero ahora?
Ramiro y Marica me miraron extrañados.
—¿No sabías que el marido la dejó millonaria tras el divorcio?
—¿Nunca te enteraste? —Ramiro no podía creérselo.
—Bueno es que yo nunca hablé de esas cosas con ella.
—Hmmm eso explica porque duró tanto tu amistad con ella —indicó Marcia— porque según mi experiencia y por lo que me han dicho las amigas, a esa no se le podía ni nombrar el dinero porque desaparecía.
No me gustaba cuando la gente hablaba de “desapariciones” se me antojaba que era algo peor que la muerte.
El camarote de Marcia en el Villalobos era amplio pero por alguna razón yo me sentía sofocado, abrí una de las ventanas.
—¿Te pasó algo Julito?
—Ramiro, es que me da algo solo de pensar que Natalia pudo haber “desaparecido” realmente.
Marcia y Ramiro se miraron nerviosos como entendiendo el punto en que yo me encontraba.
—¿Cuando fue la última vez que hablaste con ella?
—Ya hará como un mes…
Cuando Marcia dijo aquello miré a Ramiro, y él entendió.
—Es como si Natalia hubiese decidido cortar contacto con todo el mundo hace un mes.
—Como si hubiese decidido convertirse en una ermitaña —Marcia movió sus ojos juguetones de uno al otro— pero ella no es así.
—¿Cuando fue la última vez que la viste en persona?
—¿En persona? Bueno, eso fue hace mucho tiempo, siempre nos veíamos en el mundo del sueño.
—¿Natalia entraba al mundo del Sueño?
—Por supuesto que sí, como todos los demás ¿por qué no iba a hacerlo?
—Pues nunca me lo dijo, nunca me la encontré allí.
—Bueno quizá estaba evitándote por obvias razones —Marcia miró incomoda a Ramón pero continuó— A lo mejor pensaba que su subconsciente podía traicionarla y terminar teniendo sexo onírico contigo, eso ocurre mucho.
—Entonces tienes mas de un mes que no la ves en persona —cambié de tema porque también me avergonzaba hablar de aquello frente al ex cuñado— eso quiere decir que tal vez soy la última persona que la vio en persona, de frente a frente.

 

Aquel pensamiento me revolvió el estómago, Natalia se veía tan normal aquel día, nada parecía indicar que se encontraba en un mal punto de su vida.
—¿Qué sería lo que le pasó a Natalia? —les pregunté.
Pero ambos menearon la cabeza incapaces de entender lo que había sucedido a nuestra amiga.
—Marcia, ¿había alguien mas? Nosotros éramos sus amigos, pero no creo que fuésemos los únicos.
—¿Otro hombre quieres decir?
Me quedé callado por un momento porque sinceramente aquello no me había pasado por la cabeza, pero quizá era cierto, tal vez Natalia tenía a otro hombre en su vida.
—Bueno, otro hombre u otra amiga, que quizá tenga mas datos que nosotros.
—Quizá suene presumida, pero yo creo que yo era la mejor amiga que tenía, y no, tranquilízate, nunca me habló de otro tipo, y si tenía otras amigas, no eran muy importantes.
—¿Entonces qué? ¿Mi hermana desapareció y punto? Algo tendremos que hacer.
—¿Pero ustedes ya fueron al camarote de ella? Porque si a ver vamos yo me cuelgo de ese timbre o le tumbo la puerta, pero no se puede desaparecer así.

—Marcia sacudía la mano como tocando una puerta con mucha fuerza.
—Ni te molestes, eso lo hice yo hace tiempo, pero Natalia ya no vive allí, los vecinos dicen que no la volvieron a ver —Ramiro se notaba mas preocupado, como que se iba dando cuenta de la gravedad de la situación— ¿nunca habló contigo de mudarse a alguna parte?
—No nunca, —Marcia intentaba hacer memoria, sus ojos juguetones saltaban de un lugar a otro— ¿quien vive ahora en su camarote?
—Nadie, ni lo alquilo, ni lo vendió a nadie.
Por un momento Marcia apretó los labios como quien no se atreve a hablar pero finalmente dijo:
—¿Y si entramos a la fuerza?…
—Ya estamos sonando como una mala historia de detectives, —Ramiro era menos apasionado que Marcia— ¿no habrá forma de hablar con la administración del barco y que nos dejen entrar.
—O tal vez podamos encontrar una forma de hacerles creer que tenemos derecho a entrar…
—Es que el hijo del Julio es todo un hacker, tienen una firma de seguridad del subconsciente y demás.

III

Efectivamente mi hijo Hernán se las ingenió para conseguirnos un permiso especial, basado en que Ramiro era hermano de Natalia y demás.
El joven Alférez estaba recién asignado al “Jacinto Convit” que era el barco donde vivía Natalia; y nos dijo que nunca había visto a nadie entrar o salir de aquel camarote, pero quizá lo mas preocupante fueron los vecinos con quienes hablamos, hacían referencia a Natalia como de alguien que está muerto hace tiempo. Uno de ellos nos dijo:
—Daba mucha lástima ver a una mujer tan bella acabarse de esa manera, ya no se arreglaba, ya no se vestía, llegó un punto que ni siquiera nos devolvía el saludo, ¿qué fue lo que le pasó?
Eso era lo que nos preguntábamos todos.
El Alférez nos dejó pasar al camarote y cuando finalmente entramos un sentimiento se arraigó profundamente; mi amiga estaba muerta. El polvo que lo cubría todo, el desorden que reinaba en la habitación, y el silencio mortal que se apoderó de todos nosotros no dejaba dudas. Aquella no era la habitación de alguien que se marcha a un largo viaje o se va de mudanza, aquel era el lugar de alguien que ha desaparecido.
En cada esquina me parecía que iba a encontrarme con el cadáver de la mujer que amé, en cada recoveco me encontraba con un recuerdo suyo, una nota, unos pantalones sucios.
—Aquí está hasta su teléfono —Marcia y yo brincamos hasta donde indicaba Ramiro.
—No tiene baterías, vamos a recargarlo y veamos si hay alguna información.
—¿Está seguro que tiene permiso para hacer eso? —El Alférez no se había ido y tenía ganas de ejercer su autoridad.
—Oficial —le dije en tono conciliador— Estoy seguro que usted es el primero en desear que se esclarezca el misterio de la desaparición de nuestra amiga, o ¿me equivoco?
—No por supuesto, yo solo deseo que todo se haga por los canales regulares, o el que se encontrará en problemas seré yo.
—Lo invito a que usted mismo se ponga en contacto con el almirantazgo de la flota, tiene usted toda la razón.
Y sencillamente aquello parecía lo mas adecuado, no me cabía ninguna duda de que mi antiguo amor estaba muerto, aquello me causaba un terrible pesar en el alma.
—Oye Julio, ¿viste esta monstruosidad? —Me llamó Ramiro.
La monstruosidad era una colosal consola para conectarse al mundo del sueño.
—Huy esas cosas son costosas, le gustaba conectarse con estilo a la Natalia —Ya incluso Marcia hablaba de su amiga en pasado.
Pero tenía razón aquel aparato distaba mucho de la consolita estándar que usábamos el resto de los mortales, le tomé una fotografía y se la envié a Hernán para que me diera un valor aproximado. Pero entonces me di cuenta de algo extraño, el aparato estaba encendido.
—¿Quien de ustedes lo prendió?
—¿Está prendido? —Ramiro estaba extrañadísimo.
—Yo ni lo toqué.
¿Aquel aparato había pasado todo ese tiempo encendido? ¿Cómo era posible? Pero entonces otra pieza del rompecabezas cayó en la mesa:
—¿Quien paga la energía eléctrica? —le pregunté al Alférez.
Este revisó subconscientemente y me respondió en unos segundos.
—La señora Natalia Figueras.
Todos nos quedamos muy extrañados, pero se me ocurrió que tal vez eran pagos adelantados de mas de un mes atrás.
—¿Alguna idea de cuando se efectuó el último pago?
El muchacho volvió a revisar con su conexión subconsciente y casi de inmediato respondió.
—El quince de este mes, hará cosa de hace menos de una semana…
Todos nos miramos, y miramos la desastrosa habitación.
—¿Entonces mi hermana sigue viva en alguna parte? —Ramiro miraba a su alrededor y no se lo podía creer.

IV

Entre las otras embarcaciones de la flota no era difícil distinguir al “Tío Simón,” el buque central de la policía con sus emblemáticos colores azul y rojo.
Habían pasado tres días desde que dejamos el asunto en manos de la policía, fue entonces cuando uno de los agentes con los que había trabajado en el viejo país me mandó a llamar, nunca conoció a Natalia personalmente, pero conociéndome bien, sabía lo importante que había sido ella en mi vida.
—Es como me dijiste —Wilfredo era un hombre alto y delgado, pero con una voz fuerte y profunda— hay algo raro, muy raro en todo esto.—Sacó unas viejas pantallas flexibles y las dispuso en el escritorio, definitivamente necesitaba actualizarse, aquellas pantallas eran una antigüedad.— No ha salido de la flota, de eso estamos bien seguros, sabes lo cuidadoso que somos con esas cosas, Natalia siempre ha estado aquí desde hace un mes, no ha salido de aquí. Sin embargo no hay registro de llamadas desde hace un mes, pero aún hay mas, tiene electricidad, pero no tiene agua, alguien canceló el servicio poco menos de un mes atrás.
—¿Por qué conservar la electricidad y cancelar el agua?
—Eso es parte del rompecabezas, ahora mira esto,

—sacó otro monitor— estos son los movimientos de su tarjetas de crédito, ¿lo ves? Está comprando de todo por toda la flota, pero lo interesante es cuando averiguas que no compró nada físicamente, todas las compras las realizó a través del Mundo del Sueño…
—¿Estamos hablando de suplantación de identidad? Eso es imposible.
—Dímelo tú policía de los sueños, ¿no se suponía que eso era imposible? Si alguien está realmente robando la identidad de Natalia, ¿cómo consigue imitar su huella subconsciente?
—¿Porque no está en contacto con nadie a quien conozca al subconsciente real? No lo sé.
—No es así como funciona, su identidad subconsciente, el patrón de su mente tiene que estar guardado en el servidor central; puede que haya cortado todo contacto con la familia y los amigos, pero el servidor central del Mundo del Sueño conoce el patrón mental de todos sus usuarios. —Wilfredo bajó el tono de voz— si alguien está suplantando su identidad, está en control de su huella subconsciente en el servidor central.
—¿Me estás diciendo que el Almirantazgo está suplantando a uno de sus ciudadanos?
—Ya quisiera yo que las cosas fueran tan sencillas —sacó otra pantalla y la puso encima de las otras— lo peor de todo este asunto es que entre mas uno escarba peor se pone —Wilfredo juntaba los labios como resistiéndose a hablarme— cuando recibí este caso, me recordó a otro muy similar que habíamos visto un par de semanas atrás. El Almirante Lisandro, desapareció hace mas de un mes, al igual que sucedió con tu amiga, nadie reportó la desaparición porque el Almirante cortó todos los lazos familiares y de amistad, pensaron que se había vuelto un ermitaño. —La fotografía de un hombre de avanzada edad ocupó la pantalla, me sonaba de algo, pero debo reconocer que no me conocía a todos los almirantes de memoria.— Cuando finalmente alguien hizo el reporte e intentamos investigar llegó una orden, el Almirante no debía ser molestado, nos negaron el permiso para allanar sus camarotes y oficinas y se nos prohibía comentar el caso con nadie…
Al comentar aquello conmigo Wilfredo estaba violando una orden directa de un Almirante.
Le dio un largo trago a su chocolate sin apartar sus ojos de mi, dejando que todo aquello se asentara en mi mente.
—¿El Almirante esta dando órdenes pero nadie lo ha visto ni sabe en donde está desde hace mas de un mes?
Wilfredo asintió en silencio.
—Cuando tu caso llegó un par de día atrás y leí el asunto de la consola encendida en el camarote de tu amiga Natalia, un escalofrío subió por mi espalda y de inmediato apagué la mía. —me señaló el aparato apagado y desconectado en una esquina de su oficina.— Por eso te pedí que vinieras, por eso estoy trabajando con estas antigüedades. —Refiriéndose a las pantallas flexibles— pero ¿me llamarías loco por sospechar?
—No, por supuesto que no, tienes toda la razón de sospechar —le dije, pensando que en la noche yo tendría que conectarme a una consola como aquella porque ese era mi trabajo.
—Acompáñame a tomarme un café.

 

En un mundo donde todo el mundo prefería estar dormido el café se había vuelto una especie de antigüedad, pero aún quedaban algunos lugares en donde lo vendían, me levanté y lo seguí, salimos del barco principal de la comisaría y nos colamos en una pequeña y desvencijada lancha cercana. Desde la pequeña embarcación bautizada “Chusmita” las colosales naves de la flota Neo Veneciana lucían imponentes.
Entre el ruido de las olas y los motores Wilfredo me confesó:
—Estoy asustado para que negártelo, y lo peor es que no puedo hacer nada —me lanzó una mirada de reojo— me da vergüenza lanzarte esto de repente, pero no tengo a nadie mas a quien acudir. No voy a pedirte que investigues a un Almirante, eso sería una locura, pero aún no te lo he contado todo —le dio un trago a su café, arrugó la cara, se ve que igual que yo tenía tiempo sin probar el brebaje— hay un tercer caso, un hombre llamado Gilberto Suarez, el reporte nos llegó unos quince días atrás. Mismas características, perdida de contacto con la familia y los amigos aproximadamente un mes atrás —miró a todas partes como cerciorándose que nadie nos escuchaba, yo imité su gesto, pero el lugar estaba desierto— lo curioso es que este caso sí lo investigamos y en profundidad… —me miró a los ojos— no descubrimos nada, ¡Suarez se desapareció en el aire! No hay cadáver, no hay registros, no hay pistas de ninguna clase; a excepción de una consola del Mundo del Sueño encendida y alguien que paga la cuenta de la electricidad, a través del Mundo del Sueño, un avatar que se hace llamar simplemente “Rosario.” —Los ojos de Wilfredo parecían estar escarbando en mi alma— fuimos incapaces de dar con el tal Rosario, pero quizá tú tengas mejor suerte allí donde nosotros fracasamos. Eres un policía del sueño allí donde nosotros solo somos policías de la vigilia.
Se puso de pie después de lanzarme aquella bomba.
—Tengo que irme, ya casi termina mi turno, ¿cuando volveré a saber de ti? —Me preguntó sin atreverse a mirarme.
—En cuanto tenga cualquier información te contactaré —le señalé el arcaico teléfono celular.

V

Su turno estaba por terminar y el mío estaba a punto de comenzar, subí al helipuerto del barco de la comisaría y tomé un monocoptero hasta mi buque residencial, el “Elisa Rego” un trasatlántico de turismo adaptado.

Ya Hernán, mi hijo estaba preparando las consolas para conectarnos al Mundo del Sueño, lo saludé pero no le conté lo que estaba pasando, no quería asustarlo. Eran las 5:30 de la tarde, pero a muchos de nuestros clientes les gustaba irse a dormir temprano, y era mejor que el vigilante estuviera allí antes que ellos.
Hernán me sirvió un té, me lo bebí entre dormido y despierto, de pronto ya no estaba tendido en mi cama con una consola del Sueño en mi cabeza, si no bebiéndome el té en la panadería Alianza en mitad de la avenida Morán, aquello era “Barquisimeto” aquello era “el viejo país,” el país del que no hablábamos, el país en el que preferíamos no pensar, y con el que preferíamos no soñar porque casi siempre eran pesadillas.
Pero esta vez en el sueño no habían adictos pululando en las aceras, ni se escuchaban balazos por ningún lado, aquello era 1999, décadas antes de que “el viejo país” fuese consumido por la Felicidade.
Pague mi té y dejé una enorme propina porque en los sueños era gratis, y salí a mirar el país que fue una vez, no había mucho tráfico en la avenida Moran, los hermosos crepúsculos de Barquisimeto coloreaban el cielo de rojo y yo no era un viejo frisando los sesentas si no un muchacho de veinte años apenas.
La rubia pasó frente a mi del otro lado de la calle, nunca antes había visto a Natalia en el mundo del sueño, aquello tenía que ser una señal subconsciente de que la siguiera, pero cuando estaba a punto de cruzar la calle para perseguirla, la avenida se llenó de autos a pesar de que momentos antes estaba casi vacía, las locuras que ocurren en los sueños pero que en el momento parecen tener sentido.
Seguí a Natalia desde a la otra acera, la llamé pero no se volteó a mirarme, su cabello ondeaba ligero en el fresco viento de la tarde, sus pasos acelerados como quien va tarde a una cita la vi cruzar en la carrera 23 como si se dirigiera a la Universidad, el miedo a perderla de vista me hizo recordar que aquello era un sueño y que podía volar, salté por encima del tráfico y la alcancé en un momento.
—¡Natalia! —le puse la mano en el hombro y la obligué a mirarme.
Me miró con unos ojos inyectados de sangre y una sonrisa boba. La Felicidade…
—No Natalia, tú no Natalia, tú no.
Los crepúsculos del cielo preciosos unos segundos atrás ahora recordaban a un cielo manchado de sangre, las paredes que nos rodeaban se llenaron de caracteres ininteligibles, y a lo lejos comenzaba a acercarse el ruido de los balazos.
Todo asomo de lucidez se esfumó de mi mente, estaba atrapado en aquella pesadilla, intenté escapar de allí quise arrastrar a Natalia conmigo pero pesaba una tonelada en el éxtasis que le provocaba la droga no me prestaba la mas mínima atención, la noche cayó de pronto, corrí y la dejé, como un cobarde, llegué a la esquina y vi el enorme edificio de la Universidad, oscuro sin una sola luz iluminando aquella mole, estaba rodeado de los antiguos estudiantes que ahora se revolcaban en el piso con risas babosas y miradas perdidas. La Felicidade.
El error de quien estaba intentando enmarañarme dentro de aquella pesadilla fue creer que aquello era una imagen de un sueño, pero yo viví una escena como aquella en mi vida, La Felicidade realmente destruyó mi país, mi ciudad y mi vida.
El recuerdo de aquella escena vivida me regresó a la realidad y me hizo recuperar algo de lucidez, me aferré a aquel trozo de mi conciencia y me di cuenta que mi actitud era ridícula, me tranquilicé e intenté leer los símbolos ¿quien podía tener acceso a mi subconsciente para manipularme de aquella manera?
Me volteé a mirar a Natalia, ya no estaba allí, solo un hombrecito bastante viejo y delgado quien me miraba con una sonrisa astuta, yo lo conocía, era el fulano Gilberto. De pronto desapareció y su rostro enorme estaba ocupando todo el cielo de la ciudad.
—Así que me has descubierto, eres un viejo molesto, pero no voy a permitir que te entrometas en mis negocios; si yo fuera tú, comenzaría a correr ahora.
Me desperté, a mi lado dormía mi hijo también conectado a su consola del Mundo del Sueño, traté de despertarlo con toda la calma posible, pero mi nerviosismo era patente, cuando el muchacho finalmente abrió los ojos lo notó de inmediato.
—¿Qué pasa viejo? ¿Por qué tienes esa cara? ¿Por qué me despiertas? Todavía tenemos que seguir vigilando.
—Tenemos que correr, tenemos que salir de aquí, y tenemos que llevarnos las consolas.
Mi muchacho siempre ha sido muy obediente, pero creo que la cara que tenía en aquel momento no dejaba muchas alternativas, los dos salimos de nuestros camarotes con el mayor silencio posible, eran las doce de la noche, los pasillos de nuestro barco residencial estaban completamente vacíos, en la azotea escuchamos el doble rotor de un ‘coptero militar, nos apresuramos a una pequeña lancha con motor fuera de borda que teníamos aparcada en el barco, la bajamos con rapidez pero calladitos, mi hijo me lanzaba miradas confundidas, no podía entender lo que estaba pasando, le hice señas que se mantuviera en silencio y que continuara bajando. Finalmente alcanzamos las aguas del Pacífico.

—¿Me puedes explicar qué es lo que está pasando?
Le solté todo el rollo, las desapariciones, las órdenes del Almirantazgo, mi conversación con Wilfredo, y la pesadilla que me acababa de inducir aquel sujeto.
—¿Tienes alguna idea de quien podría tener el poder para acceder y controlar mi subconsciente de esa manera?
El muchacho le costó algún tiempo procesar todo aquello miraba a todos lados con los labios entreabiertos.
—Los únicos que podrían hacer algo así son los administradores del Mundo del Sueño, pero no los creo capaces, ¿te imaginas el nivel del escándalo si algo así se llegar a saber? —miró la consola que llevaba bajo el brazo.
—No puedo ni comenzar a imaginarlo, pero no me cabe duda, al menos uno de ellos está jugando con la seguridad del servicio.

—Tenemos que avisar a la policía —intentó volver a conectarse al Mundo del Sueño.

 

—Ni se te ocurra —lo detuve y saqué mi anticuado teléfono celular.

 

—¿Esas cosas todavía funcionan?
—Ya lo veremos —el teléfono repicó un par de veces pero Wilfredo finalmente contestó, no estaba dormido, tal vez tenía toda la noche despierto, le expliqué la situación— Estamos en ruta a los servidores del Mundo del Sueño, vamos a necesitar soporte, me apuesto lo que sea a que el lugar va a estar plagado de militares.
—No creo que la policía pueda hacer mucho contra los militares.
—¿Crees que al menos puedan servir de distracción?
—Bueno, eso sí lo puedo conseguir.

 

También llamé al Ramiro y a Marcia, pero ninguno de los dos me contestó el teléfono, y no me atreví a usar el Mundo del Sueño ni por casualidad.
Nos aproximamos al barco “Jerry Weill” que sostenía los servidores centrales del Mundo del Sueño, atracamos en el pequeño puerto en la parte de atrás del barco. El argumento entre la policía y los militares se escuchaba a la distancia, aunque se encontraban en la azotea del barco; pero mientras ellos discutían conseguimos escabullirnos al interior del barco. Allí entre los corredores miles de cerebros interconectados flotaban dentro de largos tubos de vidrio para crear la computadora biológica mas grande de todo el mundo, aquel era el centro en donde se combinaba el subconsciente colectivo de todo el Mundo del Sueño.
Pero aunque conocía el lugar desde mucho tiempo atrás, me extraño encontrarlo oscuro, sucio y mal mantenido en general, me recordó la habitación de Natalia.
—¿Por qué este lugar se encuentra en estas condiciones? ¿No hay nadie que limpie esto? —Pero Hernán no me respondió— ¿Estás bien muchacho?
Entre las sombras lo vi recostado a uno de los tubos dando un largo bostezo.
—Yo debería estar durmiendo a esta hora, tengo un sueño terrible.
—No es momento para dormir —le dije un tanto molesto de que no se diera cuenta de la gravedad de la situación— Debemos descubrir lo que está haciendo este sujeto.
Hernán sacudió su cabeza intentando espantar el sueño y continuó detrás de mi, yo también sentía el sueño haciéndome pesados los párpados. Pero continuamos adentrándonos entre los oscuros pasillos.
Arriba continuábamos escuchando los gritos que intercambiaban la policía y los militares y de pronto se escuchó un disparo, Hernán y yo nos miramos, no nos lo podíamos creer ¿habían llegado a dispararse? ¿Qué estaba pasando allí? ¿Cómo era posible que hubiesen llegado a ese punto? Pero no terminó allí, en medio de la balacera también comenzamos a escuchar explosiones.
Y tan rápido como comenzaron los disparos y las explosiones terminaron, y de inmediato escuchamos las botas de los militares bajando por las escaleras a toda velocidad. El miedo se apoderó de mi de inmediato, nos lanzamos a correr por aquellos corredores oscuros, de pronto los tubos llenos de cerebros flotantes se me hicieron tan tétricos. Los superiores ladraban sus órdenes a los subalternos y nos parecía que los escuchábamos mas cerca cada vez.
Bajamos otras escaleras, el calor y las luces rojizas nos indicaron que nos aproximábamos al generador del barco.
—¿No era este barco mucho mas grande? ¿Cómo llegamos aquí tan rápido?
Pero Hernán no me respondió.
Las pisadas se escuchaban mas cerca, seguimos corriendo, por alguna razón me dio la impresión de que la oscuridad se había vuelto mas espesa y que el suelo se inclinaba en formas extrañas, aquel corredor no parecía tener fin.
De pronto comenzaron los disparos nuevamente y en esta ocasión eran contra nosotros, a nuestro alrededor los tubos llenos de cerebros estallaban en añicos y el piso se llenó de un líquido viscoso y resbaladizo.
Uno de los disparos me alcanzó en la pierna, creí que sería mas doloroso, pero creo que la adrenalina del momento me impidió sentirlo, caí al piso incapaz de continuar corriendo, Hernán me agarró por el brazo e intentó arrastrarme, pero entonces un balazo lo alcanzó en la base de la nuca y cayó como un árbol que ha sido cortado.
Me abalancé sobre el cadáver de mi hijo incapaz de creer que aquello estaba sucediendo, mientras la sangre de Hernán brotaba a borbotones mezclándose con el líquido baboso que corría por el piso.
Mientras temblaba en el piso llorando de la impotencia y el miedo los militares me rodearon, aquellos desgraciados que habían cercenado la vida de mi muchacho.
—Ni se te ocurra moverte —puso el cañón de su rifle en mi sien— Te vamos a llevar al cuartel así que quédate tranquilito a menos que quieras que te meta un plomazo en to’a la cabeza ¿’tamos claros?
Había algo extraño en su voz, en su acento, la gente de Neo Venezia ya no hablaba de ese modo, me volteé y miré al militar, había algo extraño en su rostro, había algo extraño en toda la situación; aquello era demasiado malo, exageradamente malo, como una pesadilla…
Desperté, me encontré tirado en el suelo del pasillo, Hernán mi muchacho estaba con vida unos pocos metros mas allá, retorciéndose en sus propias pesadillas, lo desperté.
—Papá, pero yo pensé que…
—Era un sueño hijo, respira hondo, tranquilízate.
Hernán miró a su alrededor para cerciorarse que todo había sido una pesadilla.
—¿Pero cómo nos durmió? ¿Cómo nos introdujo al sueño?
—No tengo idea pero no podemos volver a dormirnos, tenemos que encontrarlo antes de que nos haga algo realmente malo.
Arriba continuábamos escuchando el altercado entre los policías y militares, pero parecía que las cosas se estaban calmando.
Llegamos a una suerte de sala de control, había un montón de gente durmiendo en colchonetas, pude descubrir a una demacrada Natalia, e incluso al pobre Ramiro y a Marcia.
Uno de los durmientes se despertó, reconocí su rostro y le caí encima de inmediato.
—¿Cómo lo hiciste Gilberto? ¿Cómo conseguiste todo esto? —Aflojé un poco la presión de mi antebrazo sobre su nuez de Adán para dejarlo hablar.
—¿Dormirte? Entras todos los días en el Mundo del Sueño a la misma hora, ¿crees que fue difícil plantar una sugestión pos hipnótica para hacer que te durmieras a la hora en que se supone estás dormido todos los días? ¡No seas imbécil!
Lo ahogué un poco para que bajara el tono, revisé por enésima vez que no me encontraba durmiendo en esta ocasión y que no había ninguna otra sugestión pos hipnótica en mi mente.
Hernán fue despertando a los otros, incluso el Almirante Lisandro se encontraba allí, un pobre viejo sucio y famélico.
—Almirante, comuníquese con sus tropas ordéneles que dejen pasar a la policía. —En un principio no atinó a entender lo que Hernán y yo le intentábamos explicar, pero eventualmente tomó el celular y habló con sus hombres.
—Marcia y yo soñamos con Natalia, —me dijo el Ramiro cuando finalmente despertó— nos llamaba para acá, intentamos comunicarnos contigo, pero no estabas conectado al Mundo del Sueño. Pero cuando llegamos aquí resultó que esto era fantástico, o al menos eso creíamos.
—Sí, todo era como una gran fiesta, un reencuentro de amigos, solo faltabas tú, y de pronto nos despertamos y nos encontramos con esto… —aclaró Marcia un poco asqueada de la pocilga en donde estaban tirados.
—Natalia, Natalia —la llamé.
Estaba llorando desconsolada en la sucia colchoneta donde la habían tirado mucho tiempo atrás.
—Teníamos un hijo Julio, —las lágrimas fluían de sus ojos— y nos amábamos, y éramos jóvenes otra vez, y todavía vivíamos en el viejo país, era todo tan bonito Julio, yo no quería despertar…
Mire al Gilberto a quien Hernán estaba amarrando con unas sábanas.
—Ojala te pongan preso hasta que te mueras maldito.
—¿Preso yo? ¿Por qué? Yo solo le di a esta gente los sueños que ellos querían, yo solo los hice felices ¿de qué se me acusa? —Respondió el tipo con una sonrisa cínica.
—Se le acusa de interferir en los asuntas de la flota Neo Veneziana, de interferir con una investigación policial, de secuestro, de robo, y pare usted de contar —dijo Wilfredo que acaba de entrar junto con un escuadrón de policías— yo creo que el juez va a tener bastante con que trabajar.
—Y tendrá a un Almirante de la flota como testigo —acotó el viejo Lisandro que se estaba recuperando poco a poco.

Se llevaron al tipo, y fueron sacando poco a poco a los otros durmientes.
Yo tomé a Natalia en mis brazos, estaba delgadita, no pesaba nada, estaba demacrada, y ojerosa, pero era mi Natalia.

 

—Puede que ya no podamos tener un hijo, puede que ya no seamos unos muchachos, puede que ya no vivamos en el viejo país, pero yo todavía te amo.
Y cuando ella me sonrió se le iluminó el rostro y nuevamente fue otra vez la mujer que amo.

 

Tiempo después cuando la investigación terminó descubrimos que el Gilberto había estado tomando control de la flota poco a poco, una de las primeras en caer fue la pobre Natalia por su dinero lo cual le permitió al tipo operar con mucha más facilidad.
Evidentemente el no había violado los sistemas de seguridad del Mundo del Sueño, simplemente había sabido infiltrarse en los anhelos y deseos de la gente y aprendió como manipularlos. Necesitaba mantener las consolas encendidas para falsear la posición de los soñadores, pero el patrón de la conciencia no podía falsearlo, por eso necesitaba secuestrar a la gente y mantenerlas dormidas.
Natalia todavía está recuperando su salud al igual que el Almirante.
Cuando terminó el juicio de Gilberto, la sentencia fue el exilio, pero ningún país quiso recibirlo, así que se envió una barco de regreso al Atlántico y lo abandonaron en las costas del Lago de Maracaibo en el viejo país, nadie cree que sobreviva allí mucho tiempo…

FIN

Espero que la hayan disfrutado amigos. Si les gustó recuerden que estoy participando con esta historia en el Desafío del Nexus de Enero, así que no olviden votar por ella con el botón “Me Gusta” de facebook.

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