Cada cultura tiene distintas formas de ver el origen y destino del Universo y trata de explicar, de manera científica o imaginaria, de dónde venimos y hacia dónde vamos, pero casi todas tratan, en algún punto, la relación “universo-hombre”.

Paralelamente, la mitología, estudia y analiza el mito, tratando de explicar el origen de diversas facetas de la humanidad a través de la interacción de los dioses y su descendencia. Por ejemplo, en el cristianismo, para explicar el mal, se tiene el mito de que Dios expulsa a Luzbel del Paraíso  quedando así separados el bien y el mal, dejando a cada hombre el libre albedrío para actuar.

La gran mitología humana fue la de los griegos, retomada por los romanos, en la cual se explica el origen de todo a partir de la interacción de diversos dioses. En la cultura azteca está el Popol vuh, en donde los dioses crean el universo. También hay mitologías modernas como puede ser El Señor de los Anillos de JRR Tolkien” o “La Guerra de las Galaxias” ya que en ambas se trata de explicar el origen y destino del hombre a través de sus circunstancias morales.

En definitiva, una cosmología puede incluir mitologías ya que en casi todas hay dioses, humanos, criaturas que revelan el origen de las cosas. La gran diferencia es que en la mitología se aborda más el origen de lo humano en su esencia (la moral, el pensamiento, el lenguaje, la filosofía, etc.) mientras que la cosmología trata de explicar el origen del Universo y la materia, así como la interacción de la humanidad con ella.

Dentro de este orden de ideas,suelen ser fascinantes las creencias mitológicas que tenían los pueblos nórdicos acerca del origen y evolución del Universo.

V.M. Weor sostiene que “podemos considerar el Edda alemán como la Biblia germánica. En este arcaico libro está contenida la Sabiduría oculta de los Nórdicos”.

Es indudable que fueron muchos los pueblos y razas que, en algún momento, recibieron una enseñanza de tipo superior, sin embargo, en nuestros días se tiende a creer que la cuna de la espiritualidad fue el Asia, la India, el Tíbet o el Egipto. Pero hay que decir que mucho antes de que la Sabiduría de la Serpiente llegara a estos lugares, estaba ya entre los Nórdicos.

Sigue diciendo Weor.: “La Mitología Germánica es Nórdica. La Sabiduría viene del Norte…, la cuna de la humanidad está en el Norte… La Sabiduría oculta vino del Norte a la Lemuria, y de la Lemuria pasó a la Atlántida. Después de la sumersión, la Sabiduría quedó en aquellas tierras que formaron parte del continente Atlante.”

Según esto, ¿es posible que la Mitología Nórdica que hoy conocemos sea la que contiene la línea más pura de las enseñanzas esotéricas, tal como fueron enseñadas a la Raza Hiperbórea?

Presumiblemente es así, aunque con el paso de los siglos haya sufrido también muchas modificaciones.

En todo caso, se enfatiza que: “Es urgente estudiar el Edda Germánico, saberlo leer entre líneas y, luego, investigar en la Isla de Pascua, México, Yucatán, etc.”

Trataré, pues, de seguir este sabio consejo y estudiar un poco la Sabiduría Nórdica…e indagar un poco acerca de los Vikingos.

Lo que hoy los historiadores escriben acerca de los Vikingos trata de asaltos, luchas e invasiones.

Ciertamente entre los años 793 y 1066 d.C. entra en la escena europea un pueblo hasta entonces desconocido, los llamados Vikingos, formados por pueblos de diferentes zonas de Escandinavia, principalmente suecos, daneses y noruegos.

Las razones del por qué en ese momento el pueblo Vikingo alcanza su esplendor no están claras, pero dos razones pueden ayudar a explicarlo:

Por una parte, es un pueblo de navegantes en unos mares azotados continuamente por terribles tormentas. Esto hace que desarrollen, mejor que otros pueblos, el arte de la navegación y lleguen a construir unos barcos superiores a los demás pueblos europeos, lo que les permite abrir rutas comerciales por los principales ríos navegables de Europa y de Rusia occidental y colonizar tierras inexploradas hasta entonces: como partes del Noroeste de Rusia, Islandia, Groenlandia, donde fundan ciudades e, incluso, tal es el caso de Erik el Rojo, que llega a pisar América (en la península del Labrador) 500 años antes que Cristóbal Colon.

Como ejemplo de su amor por el mar y la aventura recogemos el siguiente poema Vikingo:

Puedo cantar mi propia historia,

Hablar de mis viajes, y como a menudo he sufrido

Tiempos de dura navegación y días de mucho afán;

Amargas carencias  a menudo en muchos puertos,

Y a menudo he aprendido que difícil morada

Es un barco en una tormenta, cuando llegaba mi turno

En la ardua noche de vigía a la proa del navío

Viendo pasar los acantilados. A menudo estuvieron mis pies

Aprisionados por el hielo en helados calzados,

Torturado por el frío, dominado por la angustia,

Acongojado mi corazón, anhelando una ayuda

Mi cansada mente de marino; y todavía una vez más,

La sangre en mi corazón, otra vez más,

Me empuja a intentarlo; juegan las saladas olas;

En el mar parecen montañas, me urge nuevamente

El impulso de mi corazón  visitar lejanas tierras,

A emprender un nuevo viaje, en mares muy distantes…

Conocer a otras gentes.

(El marino)

mitología nórdica

Por otra parte los mitos y leyendas, en los que se basa su cultura, son de un carácter heroico,

guerrero y aventurero, tan extraordinarios que, al interpretar estos mitos de una forma asequible, se percibe el impulso a la aventura y a la conquista: llegan a saquear las principales ciudades de Inglaterra, del norte de Alemania, París, incluso hay relatos de un asalto a Sevilla donde son rechazados por los moros, en esos tiempos presentes en España (aunque también hay que decir que muchos historiadores comienzan a pensar que, en estos relatos sobre asaltos, hay más de leyenda que de realidad).

Por supuesto sus mitos, de tan extraordinario carácter heroico y guerrero, habían de ser entendidos en forma esotérica, como el camino del guerrero en lucha contra sí mismo. Pero, como siempre sucede por estos tiempos ya tan menguados, sólo unos pocos eran capaces de leer el mensaje oculto.

Pese a todo, cada vez son más los historiadores que coinciden en que el pueblo Vikingo era un pueblo culto que conocía y le gustaba escuchar estos mitos; había en ellos valor, poesía, y un algo de misterio…

Determinar el origen de estos mitos y leyendas no es fácil. Al transmitirse oralmente, de generación en generación, cualquiera de las fechas que hoy la ciencia les asigna (se habla de los siglos VIII o IX) son meras especulaciones.

Hoy, a la luz de la Gnosis, podemos decir que su origen se hunde en la noche aterradora de los siglos; sus raíces devienen de la Isla Sagrada del Norte, la misteriosa Thulé, situada en lo que hoy es el círculo Polar Ártico y donde, en un pasado remotísimo, habitara la Raza Hiperbórea.

Desde entonces la sabiduría oculta de aquellos Dioses fue pasando en forma de mitos y leyendas de raza en raza y de generación en generación, hasta llegar a nuestra época.

Alrededor del siglo X los monjes irlandeses que se habían trasladado a Islandia buscando la soledad y el recogimiento, entran en contacto con los Vikingos, que comienzan a establecer asentamientos en Islandia, y a recoger por escrito algunos de los poemas paganos que circulaban entre ellos.

Así pues, casi todo el material que existe actualmente sobre la Mitología Nórdica proviene de Islandia.

Rodeadas del prestigio que suelen imprimir los siglos a cuantas cosas han resistido triunfalmente a sus destructoras huellas, existen dos colecciones de leyendas mitológicas escandinavas conocidas con los nombres de Eddas, cuyo verdadero significado es tan dudoso que mientras  para algunos conocedores del antiguo lenguaje nórdico equivale a abuela., otros más modernos sostienen que la verdadera interpretación es: el arte poético o el libro de Oddi. Esta última interpretación no logra convencerme, pues en el  último tercio del siglo pasado el profesor de la Universidad de Estrasburgo F. G. Bergmann afirmaba terminantemente que Edda era la abuela en el antiguo nórdico y, por lo tanto, llevaba inclusa la idea de leyendas mitológicas de las pasadas edades en los pueblos escandinavos o, como si dijéramos leyendas de la abuela.

En realidad existen dos Eddas: una en prosa que se le atribuye a Snorri Sturlson quien recogió en dichas sagas, entre otras cosas, informaciones y explicaciones sobre los poemas Eddas, lo cual sirvió de gran ayuda para comprender mejor estos mitos. Y otra diferente, el Edda en verso, que es una colección de fragmentos de más de treinta canciones mitológicas y heroicas compuestas, probablemente entre los siglos X y XIII.

Estos poemas contienen mitos religiosos, historias sobre los héroes antiguos y consejos sobre la vida diaria. Entre ellos tenemos el °Völuspá (que significa “las profecías de la Sibila”), el Hávamál (“Las palabras de Altísimo”), etc.

Los poemas Skaldicos como el de “El marino”, recogido anteriormente, contienen eventos históricos, relatos de la vida diaria, sucesión de reyes, batallas, etc.

Cuando uno estudia los Eddas, se da cuenta que la tradición esotérica del pueblo Nórdico fue profunda y riquísima, pero desgraciadamente mucho se ha perdido. Algunos de los poemas de contenido esotérico son incompletos y están mezclados con muchas partes intrascendentes. Así, por ejemplo, en el Hávamál tan solo hay un pequeño fragmento de profundo contenido esotérico, (más adelante está recogido), que sin duda era parte de un texto mucho más amplio. El resto del Hávamál son consejos sobre el diario vivir, pero sin mayor trascendencia.

Pese a todo, lo que nos ha llegado es suficiente para que nuestro espíritu, sediento de sabiduría, pueda deleitarse con Las palabras del Altísimo.

Según el poema de la Völuspá (poema que se conserva íntegro en dos textos islandeses y el relato Gylfaginning o la visión de Gylfi) el mundo se formó a partir del choque de dos elementos: el Hielo y el Fuego.

Así comienza el mito de la creación en el Völuspá (Las profecías de la Sybila):

 

Oigo y veo a sagradas gentes

Grandes y pequeñas, en el reino de Heimdal (guardián de la morada de los Dioses)

Me pides Valford (padre de los guerreros, otro nombre de Odín), que yo te cuente

Los antiguos mitos de los hombres,

Que me interne en las profundidades de la memoria:

El mundo comenzó en una edad de oro

Recuerdo gigantes nacidos en el comienzo del tiempo,

Que a mí me criaron en tiempos muy lejanos,

Nueve mundos yo recuerdo, nueve raíces del árbol del poder (el Yggdrasil, el árbol cósmico)

Que sostenía a los mundos y también a los mundos bajo la Tierra.

En los comienzos del tiempo no existía nada;

No existía arena, ni mar, ni las frías olas,

No existía la tierra, ni los elevados cielos;

Sólo un gran vacío; surgido de la nada,

 

Hasta que los hijos de Bur (los Dioses) levantaron las tierras,

Crearon la Tierra del Medio (el mundo físico), un lugar incomparable.

Desde el Sur brilló el sol sobre un mundo de rocas.

La hierba empezó a crecer y los campos reverdecieron.

 

Los Aesir (uno de los dos linajes de Dioses) se reunieron en Idavoll,

Altos templos y altares levantaron,

Establecieron forjas para hacer ricos tesoros,

Inventaron tenazas y herramientas (para trabajar en las forjas).

 

Aunque hay incongruencias, por lo general, el mundo de los escandinavos está dividido en varios lugares conectados por un gran árbol llamado Yggdrasil.

Después de que los tres hermanos (Odín, Vili y Ve terminaran su obra, que está ampliamente reseñada más adelante en el Gylfa Ginning), el universo quedó formado por nueve mundos. Y estos son los siguientes:

1 – Muspelheim: Un mundo de fuego cuyo calor resulta insoportable, incluso para los dioses. En este mundo hasta el aire arde. Es el hogar de los gigantes de fuego, el más poderoso de los cuales, Surtur, quien vigila la entrada armado con espada llameante.

2 – Niflheim: Solitario mundo de hielo eterno, en él brota la fuente que alimenta todos los manantiales del universo. Hay dos surtidores: Caldera Rugiente y Ondas Gélidas.

3 – Midgard: Literalmente significa Tierra Media. Es el mundo asignado a los hombres y en el cual viven también los enanos. Odín, Vili y Ve crearon al primer hombre y a la primera mujer a partir de dos troncos que encontraron en una playa. Los enanos, antiguos gusanos del cadáver de Ymir, salieron espontáneamente de la tierra y los dioses decidieron entonces otorgarles raciocinio y aspecto humano. Midgard tiene forma redonda y lo circunda un gran océano en el cual habita una gigantesca serpiente que impide su desbordamiento rodeándolo con su cuerpo.

4 – Asgard: Es la tierra en la que moran los Ases, los poderosos dioses comandados por Odín. Varios edificios maravillosos se levantan en Asgard, entre los cuales destacan Bliskionir, El castillo de Thor, los salones del Valhala, lugar adonde van los guerreros que mueren en combate, y Vingolf, centro de reunión de los dioses. Un puente con forma de arco llameante, el Bifrost, comunica Asgard con la tierra de los hombres. El dios Heimdall lo vigila atentamente día y noche.

5 – Jotunheim: Mundo prisión en el cual viven recluidos los gigantes de hielo y los gigantes de piedra. Impenetrable bosque de hierro y anchos ríos que nunca se hielan, impiden su fuga.

6 – Vanaheim: El mundo de los Vanes, dioses de la fertilidad y la prosperidad, a los cuales los Ases sometieron.

7 – Alfheim: Se encuentra sobre Midgard y es el hogar de los elfos de la luz.

8 – Svartalheim: Mundo subterráneo en el cual viven los maléficos elfos de la oscuridad.

9 – Hel: Aquí vienen a parar los muertos que no merecen acompañar a los dioses en Asgard, es decir, aquellos que han fallecido de viejos o por enfermedad. Está situado bajo Midgard y su centro lo ocupa la isla Naastrand, sobre la cual se levanta una gran cámara de tortura que espera a aquellos que fueron viles durante su vida. Al lado se construye con las uñas de los muertos el Naiafarer Nalfgar,  el dakkar con el que las hordas del mal asaltarán Asgard un día, cuando llegue el Ragnarok, el fin del mundo tal y como lo conocemos.

Estos nueve mundos se ordenan a lo largo de Yggdrasyl, el fresno sagrado que sostiene el universo. En sus ramas vive el águila Traga Carroña, y también cuatro ciervos que se comen los tiernos brotes del árbol. Este tiene tres raíces, que llegan respectivamente hasta  Asgard, Jotunheim  y Niflheim,  en donde cada una se alimenta de un manantial. La raíz de Niflheim sufre los ataques del dragón alado Nightog, que roe su ruda madera poco a poco, y de cuatro serpientes que emponzoñan el agua con la que se nutre. En Asgard la diosa Urd cura amorosamente las heridas del fresno con un ungüento especial.  En el manantial de Jotunheim se encuentra la cabeza del dios Mimir, al que Odín consulta con frecuencia, pues conoce el pasado, el presente y el futuro. Por el tronco de Yggdrasil sube y baja una ardilla, mensajera de los insultos que Traga Carroña y Nightog se envían entre ellos.

Este árbol tiene tres niveles; sin embargo, hay algunas inconsistencias, de acuerdo con las fuentes, sobre cómo este árbol sitúa a diferentes mundos en el mismo nivel. Por ejemplo, en el nivel del medio, además de Midgard se sitúa a Nilfheim al norte, a Muspelheim hacia el sur y a Jotunheim en el este.

El águila y el halcón situados en la cima, representan sabiduría. La ardilla Ratatösk, simboliza al intrigante, lleva y trae noticias por las ramas. Los cuervos de Odín, que informan al dios supremo lo que acontece en la tierra, también habitan la copa. El arcoiris, Bifrost (“camino oscilante”) es el puente entre el cielo y la tierra.

***

Del Edda en prosa forma parte el Gylfa Ginning, osea El Hechizo de Guilfi, que es el verdadero tratado de mitología nórdica, destinado principalmente a la instrucción de la juventud en aquellos lejanos tiempos. Snorri es, sencillamente, un mitógrafo que recoge idolátricos conocimientos que él creyó que no debían ignorar los buenos patriotas. A este tratado han tenido que recurrir, tarde o temprano, los que han querido estudiar tales materias, que nada tienen de fáciles y claras y sí mucho de confusas y conjeturadas o contradictorias.

Yo, mea culpa, suelo ser atrevido, por lo que parafraseando la frase con la cual los juglares de la Edad Media solían comenzar sus relatos:

Se lo contaré desde el comienzo, así como mis ancestros me lo contaron, con mis propias palabras, así como ellos lo hicieron con las suyas.

“Había un rey (Gylfi, en nórdico), que para premiar los maravillosos trabajos que en su honor realizó una especie de danzadora ambulante que pasó por su reino, le prometió que le daría, dentro de éste, tanta tierra de cultivo como pudieran arar cuatro bueyes en un día y una noche. Era aquella mujer de la raza de los Ases, nombre que significaba lo mismo habitantes de cierto apartado país, que dioses, y, haciendo uso de su mágico poder, cogió los cuatro bueyes, que también tenían algo de sobrenatural, los unció a un arado, y tanto profundizó éste en la labor, que arrancó toda la tierra por donde pasaban y se la llevó hacia el mar, con dirección al Oeste, hasta llegar a un estrecho, donde se pararon para arrojarla, al paso que todo el sitio donde antes había estado la tierra, se llenó de agua. La mujer milagrosa dio a esta tierra, arrancada de Suecia, el nombre de Saelund (Zelandia), y de lago, sin precisar más, al agua que quedó detrás de ella, convirtiéndola así en isla. (Aquí vemos el simbólico mito geográfico, preparación del que vendría después: el que ha de tener concepto religioso).

Al ver aquel rey el prodigio realizado por la mujer de los Ases, quiso saber, temeroso ya de mayores males, si el poder que tenían tales personas era propio de la raza o de las divinidades que ésta adoraba, y disfrazándose de viejo trotamundos, emprendió, en el mayor secreto, un viaje que parece que fue aéreo (gracias a poderes mágicos), hacia la lejana tierra de aquellos hombres misteriosos, llamada en lenguaje nórdico Asgard.

Pero como los Ases, por su sobrehumana naturaleza, poseían la calidad de adivinos, mucho antes de que llegara el viajero ya sabían que había emprendido la jornada, y se prepararon a recibirlo produciendo en él deslumbrantes visiones de hechicería. Así, cuando llegó, lo primero que se ofreció a su vista fue una altísima plaza pública cercada y cubierta, cuyo techo estaba formado por bélicos escudos de oro, en vez de vulgares bardas de corral. En el portal de aquella se hallaba  un hombre entretenido en hacer juegos malabares con cuchillos, de los cuales mantenía siempre en el aire no menos de siete a la vez. Preguntó éste al recién llegado su nombre y qué quería, recibiendo como respuesta que se llamaba sencillamente Peón y que deseaba que le dieran refugio para pasar allí la noche y saber, además, a quién pertenecía aquella admirable plaza.

—Al rey —contestó el hombre que hacía las veces de portero—, y si quieres, yo mismo te llevaré a su presencia.

Dicho lo cual entraron ambos en la plaza, e inmediatamente se cerró tras ellos, por sí sola, la puerta. A la vista del forastero se ofrecieron multitud de hombres, de los cuales unos jugaban, otros bebían, y otros se ejercitaban en combatir con las armas primitivas de que iban provistos.

Más allá había tres estrados en los que tres graves personajes aparecían sentados. El más alto de los asientos lo ocupaba el rey, cuyo nombre Här significaba Sublime. Los otros, más abajo, eran los que parecían ser sus ayudantes o ministros. A esta especie de tribunal, que algo tenía de trinidad, dirige el viejo forastero una serie interminable de preguntas, que le son contestadas, acerca de la naturaleza de los dioses, del origen dl mundo y del final que tendrá, y apenas hay respuesta que no encierre una misteriosa leyenda que sería muy aburrido contárselas aquí detalladamente.

Me limitaré, sin embargo a someras indicaciones en las que, sorprende lo que se descubre, de vez en cuanto, en ellas.  Por ejemplo: el que se ha llamado a sí mismo Peón pregunta cuál es el mayor y más antiguo de los dioses, y la contestación es que se llama el Padre Universal que vive en todas las Edades, gobierna todo el Imperio y cuida de todas las cosas, tanto las grandes como las pequeñas; que ha creado el cielo y la tierra, el aire, y cuanto a ella pertenece. Pero lo principal es que ha creado al hombre, y le ha dado un alma que vivirá siempre, que jamás perecerá, por más que el cuerpo se haga polvo o sea quemado hasta  reducirlo a cenizas; y todos los hombres que hayan llevado una vida ajustada a las leyes de la moral vivirán y seguirán siendo, allá dónde mora el que se llama el Resplandeciente; pero los hombres indeseables descienden al lugar llamado, Hel, o de los muertos, y de allí irán a parar al Hel-Nebuloso que está aún más abajo de la novena morada.

A este punto surge la pregunta si podría esperarse la expresión de tales ideas en pueblos bárbaros, paganos o, qué misteriosas influencias asiáticas habían recibido aquellas razas descendientes de escitas y de otras etnias, que en sus sagas, o tradicionales leyendas, conservaban todo eso de sus orígenes o tal vez de otras fuentes. ¿Había, quizás, en sus creencias el avasallador influjo cristiano? En efecto así parece, pero ¿por qué, entonces, lo que constituye el fondo de nuestras primordiales ideas se mezclaban con otras enteramente paganas, que se hallaban en lucha entre sí, y al rebatirlas demostraban, curiosamente, con ello su anterioridad? Fue típico en las historias de las creencias paganas del norte de Europa, y no solo en ellas, la lenta evolución de ese paganismo hacia el Cristianismo, hasta que aquél acabó por desaparecer.

Escandinavia se hizo cristiana, por lo que bien podríamos llamar: por mandato real en el siglo XIII. Pero esto no excluye que en la India y en Persia pudieran hallarse, probablemente, algunas de las fuentes de las creencias nórdicas.

Sigue preguntando Peón qué había antes de que fueran creados el cielo y la tierra y la respuesta es que la Nada, según la célebre profecía de la Voluspá, o sea la Visión de la Loba no había más que el Caos, el insondable abismo.

Al principio no había ni arena, ni mar, ni olas saladas, ni tierra por abajo, ni cielo por arriba; el abismo no tenía fondo y la hierba no crecía en ninguna parte. El abismo original Ginnungagap se extendía entre el Niflheim,(el país de los hielos), al Norte; y el Muspelheim, (el país de fuego), al Sur.

Desde Niflheim fluía una fuente de aguas heladas llamada Hvergelmir, cuyo cauce se acercó hacia Muspelheim dando forma a la figura de un gigante congelado. Doce ríos venidos del sur fluyeron hacia el país de los hielos, allí se cubrían de escarcha y morían en las inmensidades heladas. Éstos colmaron poco a poco el abismo. El calor derritió la escarcha y surgió un cuerpo, el del primer gigante Ymir, y padre de todos los gigantes de la escarcha. Las gotas de la escarcha derretida se reunieron y formaron la sustancia eitr que dio vida al gigante. Al principio único ser dotado de vida, tuvo pronto la compañía de una vaca: Audumla, nacida como él del hielo fundido. De la ubre de Audumla fluían cuatro ríos de leche, que nutrían a Ymir (esto nos recuerda a la cabra Amaltea que alimentó a Zeus en la mitología griega); ella se nutría lamiendo la sal y la escarcha del hielo, lo que hacía que continuara derritiéndose. De Ymir nacieron los gigantes, que, por lo visto, fueron anteriores al mundo.

Mientras Ymir bebía esa leche y multiplicaba sus fuerzas, ocurrió que la vaca hizo surgir, en las tibias gotas de leche que salpicaban los bloques de piedra cubiertos de escarcha, otro ser viviente, de forma humana: Buri. Esta primera divinidad, según otros relatos, nace de la condensación del sudor de Ymir. Sus cabellos fueron lo primero que tomó forma, luego la cabeza y luego todo el cuerpo. Buri, como Ymir, era capaz de reproducirse, y tuvo un hijo, Bor, que con el tiempo se casó con Bestla, una hija de gigante, descendiente de Ymir. Así, de esta manera, surgieron las razas de los gigantes y los dioses.

Los tres primeros hijos de la primera pareja (Bor-Bestla) son los tres primeros Ases: Odín, Vili (voluntad) y Vé (sacerdote). Los tres hijos de Bor  lucharon contra los gigantes y vencieron. Mataron a Ymir (parecido a lo que hicieron Zeus, Poseidón y Hades contra Crono en la mitología griega) y arrastraron su cuerpo inmenso por sobre el abismo. A partir del cuerpo despedazado del gigante, Odín, con ayuda de sus hermanos Ve y Vili, creó el universo (de manera muy parecida, aunque no exactamente igual, a lo que sucedió después de la castración de Urano por su hijo Crono en la mitología griega).

De la carne de Ymir hicieron la tierra, de su sangre el mar y los lagos, de sus huesos las montañas y de sus dientes las rocas. Con su cerebro crearon las nubes y con sus cejas enmarañadas los límites del mundo. Con la parte cóncava del cráneo levantaron la bóveda celeste, que es sostenida por cuatro enanos llamados Norðri, Suðri, Austri y Vestri (los puntos cardinales). Los astros principales, el Sol y la Luna, giran perseguidos por lobos. Las chispas del Sol dieron origen a los demás astros. Los dioses regularon su curso, instituyendo así el ritmo de las estaciones, que hizo nacer la vegetación, y también la sucesión de los días y de las noches. La noche fue la primera, y de ella emanó el día.

Por decisión de los dioses, los enanos nacidos como gusanos del cadáver de Ymir, adquirieron raciocinio, y los dioses los premiaron otorgándoles aspecto humano, aunque quedaron condenados a vivir bajo el suelo y las piedras.

Por lo que respecta a los Ases, a quienes visita ahora el viajero, son de origen divino. Los primeros seres humanos fueron tallados en madera por su dios Odín de dos troncos de árbol el uno de un fresno y el otro de un olmo. . Al del fresno lo convirtió en hombre (Ask), y al del olmo en mujer (Embla)  y traídos a la vida por los dioses,Odín, Vili, y Ve; de ellos proviene la actual humanidad, que tuvo en primer lugar el alma y la vida;  en segundo la inteligencia y el movimiento; en tercero la palabra el oído y la vista;  Odín le dio al hombre y a la mujer un sitio excepcional como morada (una versión de nuestro paraíso, no cabe dudas). Ahí está también el gran dios Odín en elevado trono, desde el cual ve todo lo que hacen los hombres. Por eso se le llama Padre Universal, pues lo es de los dioses y de todo el género humano.

Mitología Nórdica

De él nació Thor,  dios del rayo y del trueno, que solo se producen cuando da con fuerza superior a la de los otros dioses, terrible golpes con el enorme martillo que empuña siempre. Todo lo que Odín tiene de amable, inteligente y bueno, tan espiritual que no necesita comer, y solo se alimenta de vino, lo tiene Thor de brutal, de hosco, de torpe y de gran comedor y bebedor. Si a Odín se le ha comparado con un dios aristocrático y fino, en el que algo de Apolo puede hallarse, a Thor se le ha calificado de dios campesino, al que es fácil engañar en burda forma. Por eso, otro dios, Loki, hijo de los gigantes Farbauti y Laufey, descrito como el «origen de todo fraude» y se mezcló con los dioses libremente, llegando a ser considerado por Odín como su hermano. Representa el elemento mefistofélico o aristofánico, se burla de él con mejor éxito que con los demás dioses escondiéndole el Mjolnir (martillo), con lo que el pobre dios queda desarmado, inútil y, por supuesto, desconsolado. Se divierte Loki armándole todas clases de tretas, salvándose con habilidad de su furor, y dando oportunidad de reír a los demás dioses con la comicidad pesada de su bárbara jocosidad. También en aquellos soñados paraísos, o mejor dicho, entre los que los inventaron, sonaban homéricas carcajadas junto a los horrores y lagos de sangre en que parecían complacerse los que compusieron aquellas sagas, que hay que ir combinando, y que a lo mejor se contradicen, pues cada una arregla la leyenda a su gusto. De ello quiso encargarse Snorri con su Edda en prosa, y no es seguro que no se perdiera en aquel laberinto, ni añadiera, quizás algún recodo suyo que acabara de complicarlo.

Una de las cosas que llaman la atención en el Hechizo de Guilfi es la venganza de los dioses contra Loki por haber sido la causa de la muerte de otro dios,  Balder o Baldur, el más bondadoso de todos los dioses y, como consecuencia, el más amado de todas las esferas celestiales y terrenas, pues todas las cosas de la naturaleza lloraron su muerte.

Balder es una extrapolación de Cristo en la Mitología Nórdica, hijo de Odín y padre de Forseti (Dios de la justicia).

Cuenta la leyenda que desde pequeño sufría terribles pesadillas que presagiaban su muerte. Entonces su madre decide hacer algo. Recorre los nueve mundos haciendo prometer a todo ser viviente, animal, vegetal y mineral que no dañarían jamás a Balder. Todos los seres vivientes hacen tal juramento excepto la planta del muérdago. Su madre no le da importancia a este hecho y cree que ha resuelto el problema.

De esta manera Balder se vuelve inmortal. Los Dioses del Valhalla se divierten disparándole flechas que no le hacen la más mínima herida.

Pero Loki, el Dios del Fuego, traiciona a los Dioses; engaña al dios ciego Hodr: le da una flecha en cuya punta ha puesto una planta de muérdago. El Dios ciego dispara a Balder y éste cae herido de muerte.

Vemos aquí en este pasaje como el Dios del Fuego, traicionando a los Dioses asesina al Cristo Íntimo dentro de nosotros, hecho éste similar al de otras enseñanzas esotéricas: Osiris asesinado por Seth, Hiram Abiff por los tres traidores, etc.

Cuando Balder está en su lecho de muerte, Odín le dice unas palabras al oído. Nadie sabe lo que le dice, pero cuenta la leyenda que son la promesa de la resurrección después de la purificación del mundo tras la gran catástrofe en Ragnarok…

El poeta danés, Elenschloeger consagró un famoso poema dramático a cantar la ternura y bondad de ese dios escandinavo. Por cierto que un autor francés ha hecho notar que algunas de sus frases se inspiraron en un bello romance castellano, anterior al siglo XV, que pone en boca de una tortolilla viuda estos versos:

Que ni poso en ramo verde

Ni en prado que tenga flor,

Que si hallo el agua clara

Turbia la bebía yo.

(cancionero de Amberes , 1550)

 

No sin mil dificultades, más o menos cómicas para nosotros, logran los otros dioses, capitaneados por Odín, que todo lo sabe, apoderarse del escurridizo Loki, el cual toma todas las formas para escaparse, incluso la del salmón, que el dios Thor logra ya tener en la mano , aunque pugna en ella para deslizarse, permitiéndole solo hacer presa en una parte de la cola, y de ahí viene, según el mito, que todos los salmones la tengan pequeña, deficiente en proporción; mas, en fin, Loki queda hecho prisionero y, metiéndole en una caverna, le sujetan con tres grandes rocas, que por el divino poder de sus perseguidores quedan convertidas en cadenas y él en una especie de Prometeo encadenado, como el de los griegos. Cada uno de sus grandes esfuerzos para librarse es la causa de los temblores de la tierra que ocurren en el mundo; pero así continuará por más que haga, sintiendo caer sobre su rostro gotas de veneno que vierte una serpiente suspendida sobre su cabeza… hasta que llegue la época que se denominará el crepúsculo de los dioses, el célebre crepúsculo que se volverá a encontrar en las míticas leyendas germánicas, porque todos aquellos dioses están condenados a morir.

Con la intención de dejar descansar un poco a Snorri, me propongo revisar las interesantes muestras de otros Eddas en verso, de las sagas que cantaban aquella especie de trovadores llamados los escaldas, destinados al servicio de los reyes para conservar las viejas tradiciones o la memoria de los hechos, más o menos espeluznantes, de sus augustos amos. Aunque la colección de sus cantos parece haber sido hecha en Islandia en el siglo XI, son estos, según opinión muy generalizada, más antiguos aún, conservándose oralmente hasta entonces.

Uno de los fragmentos célebres, al que mayor importancia se concede por esa antigüedad misma, es el ya anteriormente mencionado canto o profecía de la Völuspá, la mujer profetisa a quien se consultaba para descubrir los secretos del porvenir, sobre todo al nacer los niños. De ese canto terrible se ha dicho que es algo como el Génesis y el Apocalipsis, a la vez, de los pueblos del norte. La especie de pitonisa que habla supuestamente pertenece a la raza de los gigantes malditos, y lo que cuenta en una parte de su profecía, la más dura, se dirige, con vengadora fruición, a los dioses reunidos, que la escuchan preocupados:

Dice que de una vieja que estaba sentada hacia Oriente nacieron los hijos del lobo Fenris, uno de los cuales llegaría a ser tan poderoso que, adoptando una forma mágica, acabaría por devorar a la Luna. Se alimentaría tan solo de la sangre de los hombres cobardes. Desde el sitio donde se sientan los dioses, caería goteando la sangre. La profetisa ve, desde lejos, llegar el crepúsculo de los dioses y la última batalla. El lobo Fenris, que simboliza el principio destructor se precipita hacia el este, hacia el país habitado por los fineses, que serán las víctimas. Ya ve ella de lejos, con su clarividencia, un palacio donde el sol no da nunca, junto al cual pasa un río lleno de cadáveres. Las puertas del palacio dan al norte y existen unos respiraderos por los que chorrean gotas de veneno.

El suelo de aquel triste palacio está cubierto de serpientes. Es, en fin, el infierno escandinavo. Por él pasan, como continuo torrente, los perjuros, los asesinos y los seductores de mujeres ajenas. (¿Esto no les recuerda el infierno de Dante?)

La profecía sigue: “En aquel tiempo los hermanos lucharán unos contra otros, y se matarán, olvidando todos los lazos. La vida en el mundo se hará dura. (Quiero aclarar que cualquier parecido con algunas circunstancias específicas es pura casualidad). El adulterio reinará en todas partes. Será la época de las hachas, de los puñales, de las tempestades, de los asesinatos; ningún hombre otorgará el perdón a otro, hasta que el mundo sea destruido. Con él jugarán entonces las olas del mar, que quedarán libres, porque la gran serpiente que rodea a toda la tierra sentirá la furia de los gigantes, y las empujará (esto es muy parecido a la decisión de Zeus a enviar el diluvio para castigar a la humanidad caída en la iniquidad en la edad del hierro). El árbol del mundo, el famoso e inmenso fresno sobre el cual descansa, quedará abrasado por el fuego del gran dios Surtur, que aparecerá entonces. Las águilas con su torvo pico, se cebarán en los cadáveres; la barca en que son transportados los muertos será puesta a flote (otra vez aparece la imagen griega pero ahora de Caronte el barquero de Hades). Surtur, el dios supremo, el oscuro, el para todos velado, que destruye y renueva el mundo, viene del Mediodía, echando llamas su mortífera espada; las rocas se quebrarán; los gigantes reaparecerán y andarán errantes, se abre el cielo; los genios de la naturaleza, como son los aAses y los elfos, tiemplan impotentes; el sol y las estrellas se oscurecen; el Universo está ardiendo…

Vale la pena destacar aquí que se ha hecho notar como la creencia en la destrucción del Universo y los fenómenos que los acompañarían, había sido también propia de los egipcios, de los persas, los indios, y del griego Heráclito, por ejemplo, sin mencionar a las profecías contenidas en la Biblia. San Gerónimo comentó las de Zacarías e Isaías y parece que Berceo inspirándose en él escribió en sus “Signos del Juicio”:

El del onceno día si saber lo querede,

Será tan bravo signo que vos espantaredes:

Abrirse an las fuessas que cerradas veede,

Saldrán fuera los huessos de entre las paredes.

No será el doceno quien lo ose catar,

Ca verán por el Cielo grandes flamas volar,

Verán a las estrellas caer de su logar,

Como caen las fojas cuando caen del figar.

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El día cuarto decimo será fiera barata,

Ardará todo el mundo, el oro et la plata,

Balanquines e púrpuras, xamit et escarlata.

 

Pero de pronto surge del mar una nueva tierra, cubierta de verdor; se precipitan como antes las cascadas; se ciernen en el aire las águilas, aunque su caza serán solo peces, al revés de ahora; el mundo se renueva; será una edad de oro en que las mieses crecerán y madurarán sin necesidad de ser sembradas; y en medio de la universal armonía, porque los poderes del mal habrán sido destruidos, Odín, desde su nuevo palacio celeste, presidirá la perpetua felicidad de las razas del bien.(casi una copia al carbón de la era de oro gobernada por Crono en la mitología griega).

Es evidente, y así se ha dicho en muchas oportunidades, que en el fondo de aquellas religiones, entre feroces e ingenuas, latía la eterna lucha del bien y del mal y, siempre, al fin, desde el cieno del negro pesimismo brotaba la rosada flor del optimismo y de la fe (esto me salió de un cursi diabético… pero me sonó bonito). Debe admitirse que un fondo moralizador existía, a su modo, en tales religiones. Por ejemplo fíjense en el Hava-Mal también conocido como sublime discurso de Odín que es un verdadero discurso gnómico, sentencioso, formado con fragmentos que constituyen una obra de maravilloso valor ético. Lo primero que predica su moral utilitaria es la prudencia diciendo:

“Mira bien a todos dos lados  antes de dar un paso, porque nunca sabes dónde puede hallarse oculto el enemigo.”

Consejo muy natural en razas que vivían en continuas luchas; pero que, eventualmente, podría extenderse a todos los tiempos. Y de seguida aparece el luchador, el guerrero inmediatamente después del pensador:

“El insensato cree que evitando tomar parte en los combates, vivirá eternamente; pero ni siquiera la edad ha de proporcionarle la paz: su lanza es la única que puede llegar a dársela”.

Aun hoy día son muchos los que piensan así, a pesar de  todos los siglos transcurridos y las pretensiones de civilización.

Sé caritativo, dichoso el que puede dar. Un huésped entra en tu casa; dale asiento, fuego para calentarse, porque tal vez estén heladas sus rodillas después de atravesar las montañas; ropas, alimentos, lo que necesite”.

Y continúa así, no sin hacernos sonreír:

“Pero la cerveza no es tan buena como suele decirse; cuanto más bebe el hombre, menos se conoce a sí mismo. El ave del olvido vuela sobre él cuando está beodo y le roba la inteligencia”.

“El insensato pasa en vela la noche hundido en sus cavilaciones, y así le sorprende el nuevo día, hallándole más fatigado que antes; pero, eso sí, con el mismo cuidado a cuesta.”

“Cuando un ignorante asiste a una reunión, permanezca callado; nadie notará mejor lo poquísimo que sabe que después de haber él hablado mucho”.

Cuando un joven va solo, suele perderse por engañosos y miserables caminos. Pero el día que se encuentre con otro, considérese rico pues el ser humano es el placer y la alegría de otro ser  humano”.

¿Qué mejor defensa a favor de la sociabilidad, del amor al prójimo. Del deseo de tener amigos?

El árbol que no está protegido por la corteza se seca, así es el hombre sin amigos; no puede vivir solo”.

“Pequeños son los granos de arena; pequeños las gotas de agua; pequeños también los humanos pensamientos. Pero no todos son iguales: cada siglo no lleva en sí más que un hombre”.

“Conviene tener un buen entendimiento, más no demasiada sabiduría.”

“El que es discreto debe ser precavido en el empleo de su fuerza, porque en cuando se mezcle con los valientes verá que nadie es bastante fuerte contra todos.”

“Aunque seas desgraciado, aprende que nadie está absolutamente desprovisto de cierta felicidad: unos la hallan entre sus hijos, otros entre sus amigos, o entre sus riquezas, o entyte sus buenas acciones.”

“Yo he visto brillar el fuego en la sala de los ricos; pero en la puerta de su casa estaba de vigilante la Muerte.”

“Tus ganados se mueren, tus amigos también y tú mismo habrás de morir; pero yo sé de una cosa que no ha de morir: la gloria que haya sabido ganarte, la buena opinión que de los muertos tengan los vivos.”

“No hay que alabar un día hasta que hayamos llegados a la noche; ni a una mujer hasta que ya haya muerto; ni a una espada hasta no haberla sometido a prueba; ni a una doncella antes de que esté casada; ni al hielo mientras lo estás pisando; ni a la cerveza hasta que hayas acabado de beberla.

“Solo la razón sabe lo que conviene al corazón, y no hay peor enfermedad que la de no tomarse en serio nada de lo que aquella aconseja.”

Después de leídas algunas de estas frases, de tan rancio abolengo que se dijeran arrancadas de las páginas de  algún clásico, tengo la sensación de que en aquellos escaldas,  autores de las leyendas o sagas, estaban latentes tanto poetas como filósofos forjadores de aquellos proverbios que recorren el mundo de boca en boca y de pueblo en pueblo.  Y creo que a todos nos sorprende la actualidad que parecen tener muchas de esas centenarias vejeces, simples gotas de sabiduría popular de aquellos que nuestros refinamientos actuales podrían hacernos mirar como bárbaros ignorantes.

Pero es conveniente, para mayor claridad, acercarnos más a lo que se entiende como verdaderas leyendas. Unos cuantos datos históricos nos servirán para llevarnos paulatinamente desde el Edda escandinavo hasta el famoso poema alemán de Los Nibelungos.

Ocupada en los primitivos tiempos Escandinavia por tribus finesas, sufrió dos invasiones de la raza germánica: la de los godos y la de los ases. Característico de la raza originaria es el oscuro color del cutis, con otros rasgos que se hallan aún en los lapones, quienes formaban parte de ella. En cambio lo godos se distinguían por la blancura de su piel y por el rubio cabello. Como conquistadores hicieron de los indígenas sus esclavos, pero, as u vez, fueron vencidos por los ases, pueblo que parece haber sido muy superior a ellos no solo en inteligencia, si no también en aspecto físico, a pesar de los lazos de sangre que los unían. No en vano se vanagloriaban de su origen divino. Los godos que dieron su nombre a una porción de Escandinavia, se quedaron como colonos libres y los ases dominaron principalmente como poder militar. El contacto entre los dos pueblos resulta evidente, y pudo ayudar a la transmisión de las leyendas, más o menos modificadas.

Fijémonos por ejemplo en una del Edda. El personaje principal de ella es Sigurd que ha sido llamado el Aquiles del norte. Un enano, figura que es frecuente hallar en la mitología escandinava y en otras como personificación de la ciencia unida a la maldad y que aquí se llama Regin, cuenta  a Sigurd la historia, seguramente de origen oriental, de un gran tesoro oculto al que va unida una maldición terrible y que guarda un espantoso dragón (no deja de ser curioso la unanimidad con la cual aceptan siempre la existencia de este fabuloso animal desde los chinos, los árabes,  los judíos, los griegos, hasta los antiguos americanos como en México y en Perú, y que aún entre nosotros viva el recuerdo de la esa imagen fantasmagórica, como recurso de artistas). Regin que había sido tutor de Sigurd, impulsa al invencible guerrero a que, dando muerte al dragón (el cual no es otro que el mago Fafnir, que ha adoptado aquella forma para que el terror impida a todos acercarse a lo que se ha constituido en guardián), se apodere de aquel. La sugerencia de Regin está inspirada por el deseo de venganza, porque el mago Fafnir es su hermano, y había matado al padre de ambos para robarle aquel tesoro, negándose después a compartirlo con Regin. Sigurd encuentra digna de él la arriesgada empresa, y después de cumplir otro rito de venganza que él también tiene pendiente y que en su religión constituye un deber sagrado que hay que sellar con otro homicidio, so pena de deshonra, va en busca de Fafnir, hace un profundo hoyo en el camino por donde suele pasar el dragón, y escondido allí lo espera. Cundo pasa, salta del hoyo y le atraviesa el corazón con un puñal. Los horrores que surgen es preferible omitirlos, pues hasta escenas de canibalismo se describen; solo recogeré el dato, útil para la continuación de la leyenda, de que al tocarle, a Sigurd en los labios una gota de sangre del fingido dragón, se produce el mágico prodigio que hace posible que el matador entienda el lenguaje de los pájaros que hay en los árboles cercanos, y estos pájaros contaban la historia de una hermosa doncella que, en el país de los francos, se hallaba sumida en un mágico sueño en un palacio encantado y rodeado de llamas y que en la cumbre de una montaña se elevaba. saber esto Sigurd, coger el tesoro, cargarlo sobre un caballo y partir en busca de la nueva aventura que le ofrecía la hechizada beldad, fue cosa de un momento.

Era la hermosa joven una valquiria, Brunilda, condenada a aquel largo sueño por Odín, como castigo por haber matado, sin permiso suyo a uno de sus guerreros. El caso era que las valquirias eran doncellas siempre, so pena de convertirse en mujeres corrientes, no podían hacer más que designar cuáles eran los héroes que habían de morir en las batallas: pero no tomarse la libertad de quitarles la vida a su capricho. Luego en el Cielo, habían de ser sus  escanciadoras. Formaban, además  parte del castigo la prohibición de volver a combatir con nadie más y la orden de que tenía que casarse como una mujer común y corriente; pero ella había jurado que no aceptaría como esposo más que al valiente que fuera capaz de atravesar aquel círculo de llamas de que estaba rodeado el palacio. Al lograrlo Sirgud, rompe la armadura de oro que cubría el cuerpo de la durmiente; despierta esta, saluda feliz al día, a la tierra y a su salvador; confiesan ambos que son dignos el uno para el otro. Sigurd coloca su espada entre los dos en el lecho en el cual yacen como garantía de que él respetará su virginal pureza, y noble y castamente se separan quedando prometidos por solemne juramento.

Sin embargo en su viaje de regreso, llega, Sigurd, a un país donde conoce a dos hermanos, Gunar y Hogni, llamados Los  Nibelungos, y la madre de estos le da un brebaje mágico que le hace olvidar su caballeroso juramento, consiguiendo que con quien se case sea con Gudruna, hermana de Los Nibelungos. Y no solo se casa con ella, sino que, en su total amnesia, va de bajeza en bajeza y hasta llega a rogar a uno de sus cuñados, Gunar, que se case con la valquiria Brunilda, de la que el Nibelungo ha oído hablar acerca su enorme belleza.. Para que lo logre, le hace pasar por el verdadero Sigurd, gracias a las artes mágicas que posee.

Mitología Nórdica

La lucha entre las dos nuevas cuñadas es después tremenda, cuando Brunilda se da cuenta que ha sido vilmente engañada, dominada por un sentimiento de amor y odio hacia Sigurd, logra convencer al marido que le ha sido dado a la fuerza, que lo haga matar, espoleado por la posibilidad de apoderarse del famoso tesoro del héroe. A Sigurd lo asesinan mientras dormía, pero antes de morir lanza su espada con enorme furia contra su asesino partiéndole en dos. Pero, muerto Sigurd, la desventurada valquiria se mata también, pero rodeada de la pompa que su origen divino le exigía: No morirá sola, en el viaje del cual no se vuelve la acompañarán sus esclavas y las mujeres que están a su servicio, a las cuales hace entrega de sus mejores galas para que las ostenten cuando todas ellas seán quemadas juntas, con sus tesoros en la gran hoguera que ha de encenderse en la gran llanura. En cuanto a ella, se vestirá con su armadura de oro, la que, al parecer, no le impide atravesarse el corazón con la misma espada de Sigurd y morir en su lecho. El cadáver de Brunilda es el que será quemado en la gran hoguera junto al de Sigurd y con la espada entre los dos, como en otra memorable ocasión, ya citada, la colocó el difunto héroe, como garantía de la virginal pureza de Brunilda, en mala hora conquistada para que, al fin, la disfrutara Gunar. Así, cuando Sigurd llegue al Valhalla  no se le cerrarán las deslumbrantes puertas, porque irá seguido del brillantísimo cortejo de la valquiria, rodeado de magníficos tapices y adornos, de escudos de héroes y de los más escogidos entre los guerreros del reino que acompañarán las cenizas de Brunilda de vuelta a la morada de Odín.

Antes de morir, aquella predice todos los males que acarreará Gudruna, entre ellas la muerte de su Gunar, el Nibelungo, que ha de llegar a ser, gracias a un fratricidio, guardador único del tesoro maldito. Una vez viuda Gudruna, a la que otro de los brebajes mágicos de su madre hará perder también la memoria, se casará, quiéralo o no, con Atila, rey de los hunos y hermano de Brunilda, el cual ha de perecer también asesinado en su lecho, mientras duerme, por la propia Gudruna.

Así ocurre, y para borrar las huellas de su crimen, incendia la sala en la que ha hecho encerrar a los borgoñones invitados a la boda por Atila, que luchan ferozmente contra las huestes de su huésped y entre las llamas queda fundido el famoso y maldito tesoro que tantas desgracias y horrores causó (ya parece que lo tenía previsto en su profecía La Völuspá).

Hasta aquí el sangriento relato, más o menos confuso y aun contradictorio a veces, tal como lo ofrecen los cantos del Edda, originales de diversos autores anónimos. Su antigüedad justifica, hasta cierto punto, cuanto pudiera parecer ofensivo, y aun desprovisto de belleza a nuestro gusto moderno. Considérese que esto constituyó la poesía de aquellos bárbaros vikingos, que así se desplazaban a la conquista de Groelandia como llegaban, según se dice, al descubrimiento de América del Norte en los siglos VIII o IX.

No podía ser gente de suaves inclinaciones, costumbres y gustos, y la sangre vertida constituía para ellos más un placer que una pura necesidad en defensa de su vida aventurera. Los sabían los autores de sagas y así el rojo era el color preferido de sus paletas. Tan popular se hicieron los llamados escaldas  que la materia   que trataban sus cantos  se extendió por muy diversos países, modificándose al pasar de boca en boca, cambiando nombres e introduciendo nuevos personajes. Así nacerían seguramente, las tradiciones que los alemanes reflejaron en su popular poema  Los Nibelungos, que se supone escrito tardíamente a fines del siglo XII o principios del XIII, y algunos lo han proclamado con mucho orgullo su Ilíada. Al lado ponen como su Odisea, el poema de Gudruna.

Escandinavo y germano se confunden aquí en beneficio de Alemania… Como suele suceder, el pez grande se come al chico.

Es justo destacar el nexo evidente que existe entre las leyendas y los cuentos mitológicos que al viajar y con los años, las tradiciones sufren ciertas metamorfosis mágicas. Y no solo en los viajes y al envejecer, si no en las manos de los artistas y de los poetas cuando a ellas van a parar. Podríamos decir sin mucho rubor que sin los Eddas es muy probable que Los Nibelungos no habrían existido.

De las leyendas mitológicas que mediaron en los cuentos populares noruegos en la Edad Media, Harold Meyer, ha escrito en su historia de la Literatura noruega, traducida al castellano por el docto F. E. Martínez  Ferrando, lo siguiente: “Mientras que la mayor parte de las canciones populares llevan el sello de la cultura internacional de la aristocracia, los cuentos son creación campesina. A decir verdad, también aquí desempeña el rey un gran papel, pero tanto él como su corte son vistos con la mayor sencillez. El rey es un campesino acomodado, le falta la majestad. Posee más riquezas que el resto de la gente, pero es bondadoso y vano; se pasea con la corona puesta y saluda con ella como si se tratara de un sombrero. Encaramado en una escalerilla da de comer a las gallinas.

“Los motivos de los cuentos populares penetran en el país en épocas diversas. Muchos proceden de los árabes y su aporte se produjo por la relación con los normandos en Sicilia. Otros los introdujeron los peregrinos, los cruzados, los comerciantes y, sobre todo, los frailes mendicantes. No obstante, todos ellos sufren modificaciones y son adaptados al carácter local y a la manera de interpretar la vida, propia del país; por esto las brujas y los magos se convierten en ‘’Trolls’’

Se mezclan aquí también reminiscencias de paganismo antiguo. Cristo aparece rodeado de lobos, costumbre característica de Odín. Así como los cuentos daneses (lo mismo que los alemanes)  llevan en su mayoría el sello femenino, los noruegos son puestos en labios de narradores del sexo viril. A la Cenicienta española corresponde el ‘’Askeladd’’ noruego, tal vez la figura nacional más auténtica, haragán e indiferente en la vida cotidiana, pero vigoroso y cordial, amigo de los animales, un temperamento que posee sentido para todas las pequeñeces, con ojos en la cara. En muchos aspectos recuerda al Dumling (bobalicón) alemán;  pero no es tonto como este. Su indiferencia solo es una máscara, una expresión de fuerza oculta. Frente a la burla de sus más animosos hermanos guarda silencio; su espíritu se halla adormecido. Pero llega un día en que este héroe lo que pide es la continuación de muchos héroes de sagas. No menos originalidad posee ‘’el forjador al cual no se permitió entrar en el infierno’’, o el ‘’maestro de ladrones’’.

Nótese la observación de que los cuentos daneses, lo mismo que los alemanes, llevan en su mayoría un sello femenino. ¿Se dejaron influir por él, como realmente lo parece a veces, los Andersen y los Grimm, cuyos simpáticos nombres acuden enseguida a la pluma? Feliz influjo en que devuelve al pueblo, más refinadas aún, no pocas delicadezas nacidas al calor reconfortante de los hogares.

 

°A título informativo me perito aclarar que el poema de la Völuspá o Profecía de laVidente es uno de los más hermosos entre todos los conservados en los manuscritos de la Edda Mayor islandesa y, sin duda, uno de los más valiosos para el conocimiento de la mitología nórdica. En él se narra, por boca de una enigmática vidente, la historia del mundo tal como la concibieron los antiguos pueblos germánicos, desde su creación hasta su dramática destrucción al final de los tiempos. En el relato se dibujan las escenas más emotivas que marcan el trágico destino de unos dioses que, si bien son heroicos, también están movidos por pasiones y rivalidades muy semejantes a las de los propios seres humanos: el conflicto entre ases y vanes, que nos sugiere la guerra entre Olímpicos y Gigantes de la mitología griega; los engaños de Loki; la desgraciada muerte de Báldur, el segundo hijo de Odín, el más puro de todos los ases; las extraordinarias hazañas de Thor; la rebelión de los gigantes y la grandiosa batalla final que terminará cobrándose la vida de los dioses. El poema se presenta en una nueva traducción, realizada por el profesor Rafael García Pérez, más acorde con el castellano moderno, y se completa, por primera vez en nuestra lengua, con una detallada explicación en prosa que nos desvela todas sus claves interpretativas. La edición viene acompañada además de una introducción a la religión nórdica precristiana, así como de numerosas notas y comentarios al texto.

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