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Las puertas del centro comercial se abrieron y el mundo se paralizó…

Con el caminar propio de una reina, con la mirada altiva, con el cabello ondeando a sus espaldas, atravesó los corredores del lugar. La gente se quedó estática, asombrada ante su impresionante belleza.

Llevaba unas botas de tacón alto que sumaban a su colosal tamaño, unos pantalones vaporosos que marcaban sus maravillosas piernas, que se agitaban con su paso de manera hipnótica. Con la boca abierta, incapaces de acertar de donde había salido semejante visión, quienes inocentemente nos paseábamos por el lugar nos tropezábamos, dejábamos caer las bolsas que llevábamos, y por supuesto no podíamos mas que quedarnos embelesados.

Con un movimiento de cadera que envidiarían Nefertiti, Venus, y Asherah, aquella deidad continuaba su inexorable avance hacia mi, era como una avalancha de hermosura, mis pies no sabían que hacer, estaban como pegados al piso, ¿a donde huir? ¿Donde esconderse? Mis ojos en cambio no podían apartarse de ella, nunca habían visto la encarnación de la belleza manifestarse en forma tan pura y perfecta. Brevemente intenté disimular, mirar para otro lado, actuar de forma decente, con cierta dignidad, pero fue inútil, mis ojos se negaban a obedecerme enganchados irremediablemente en aquella silueta magnífica y aquel rostro inolvidable.

Todas las estrellas de Hollywood palidecerían al ser comparadas con este ideal, todas las modelos de Victoria Secret serían apenas meros garabatos, todas las Miss Mundo y Miss Universo  de la historia vagos intentos de alcanzar esta perfección.

¡Dios existe y es una mujer! Y estaba en esta misma ciudad y en el mismo centro comercial que yo, cada vez mas cerca de mi, envuelta en una especia de aura luminosa. Mi corazón latía desaforado como un caballo viejo en su última carrera, con todo el deseo de continuar corriendo y al mismo tiempo a punto de desfallecer. La música se calló o el rebullir de mi propia sangre no me permitía escucharla.

Justo cuando parecía que me iba a atropellar con su determinado caminar se detuvo frente a un tienda, se quitó sus lentes oscuros y me atravesó con sus ojos que eran como dos pozos de plasma ardiente, y antes de entrar, me dedicó la mas dulce de las sonrisas…

Fin
Autor: Vladimir Vasquez F.
La imagen pertenece a Enji Night.
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