Desde Barquisimeto Venezuela viene… vengo yo ¡Jajaja! Así es, yo también vengo a participar en el Desafío del Nexus de Enero con una historia:

Red Dragon

Deus ex machina ex tempus

Autor: Vladimir Vasquez

El mundo de Vigilia ha sido olvidado por los grandes dioses e invadido por criaturas salidas del mismo infierno. La guerra entre los vivos y los no-muertos se ha prolongado por generaciones, y se acerca a un terrible y sangriento final. Pero Alysan, una sacerdotisa elfica podría tener la llave para conectar con un dios menor…

“Está Dios dispuesto a prevenir la maldad, pero no puede? Entonces no es omnipotente.
¿Puede hacerlo, pero no está dispuesto? Entonces es malévolo.
¿Es capaz y además está dispuesto? Entonces, ¿de dónde proviene la maldad?
¿No es capaz ni tampoco está dispuesto? Entonces, ¿por qué llamarlo Dios?”.
Epicuro

I

El ruido de la artillería era ensordecedor, La escuadra de Inarión llegaba al frente de la batalla justo cuando los ejércitos de los vivos comenzaban la retirada. Casi al mismo tiempo, sobre una motocicleta vieja y golpeada llegó a toda velocidad un mensajero, un orco con la apariencia de ser veterano de mil batallas, los grandes colmillos ya mellados, la piel de un verde pardusco, y los ojos tristes del que ha visto mucha muerte.

—Demasiado tarde mi general Kirall—La desesperación en la voz del heraldo era más elocuente que sus palabras— la batalla está perdida hace tiempo, los no-muertos han resucitado a cada pecador que aguardaba en los infiernos, vuestro escuadrón no representará ninguna diferencia, haced como todos los demás, aprovechad esta oportunidad para huir…

—¡¿Huir?! —Aquellas palabras eran prácticamente una ofensa para Yerro, un Paladín humano— ¿Y a donde se supone que huiréis  partida de imbéciles?  Lo que están invocando los no-muertos no es algún demonio menor, si dejáis que terminen su invocación estamos todos perdidos, si permitimos que Sardull entre a nuestro plano, todo habrá terminado. —Volteando a mirar a los soldados que lo acompañaban gritó— ¡Mejor morir ahora con honor antes que huir como unos cobardes con la cola entre las piernas! —Y sin más palabras aceleró su motocicleta y se internó entre el mar de soldados que huían de la batalla.

—¡Yerro! ¡Yerro! —gritó Alysan tratando de detenerlo, pero muy pronto la brillante armadura del paladín ya no se veía entre el humo el polvo y la gente— ¡odio a ese paladín! ­—Gritó la elfa agitando sus puños y halando sus dorados cabellos.

—Lo odias tanto que te casaste con él, eso tiene cierta clase de lógica. Una lógica un tanto retorcida, pero lógica al final —Kirall sabía que no era el mejor momento de burlarse de la sacerdotisa, pero en ocasiones no podía evitarlo.

—¡Yerro! ¡Vuelve aquí ahora mismo! —continuó gritando Alysan en la dirección general que el Paladín había desaparecido.

—¡Es inútil hermana! Parece que todavía no lo conocieras —El general se sintió más viejo y cansado que nunca, pero aún así se puso de pie sobre el camión de transporte y se dirigió a su escuadrón— ¡El paladín está loco! Todos lo sabemos, y por eso lo amamos, pues en un momento de locura como este no hay otra opción que seguir a un loco. Yerro tiene razón, mejor morir ahora antes que ver a nuestros hijos caer a manos de estos monstruos. —El Elfo dudó unos momentos intentando buscar alguna palabra de aliento para aquel momento tan amargo, pero no la encontró— No vamos a ganar esta batalla, eso, evidentemente es imposible, pero al menos seremos los primeros en morir ¡pelead ahora! ¡Pelead sin miedo a la muerte! Sabiendo que la alternativa es aún peor.

Y hasta los soldados de los otros ejércitos que ya huían del campo de batalla, pero que escucharon a Kirall, se detuvieron y regresaron al combate.

Magos goblins, sacerdotes elficos, rifleros enanos, espadachines humanos, arqueros duendes, artilleros orcos, todas las especies de Vigilia combatiendo juntas por la última causa, la derrota de los no-muertos. Todos se pusieron en marcha con lágrimas en los ojos, sabiendo que aquel era su último día de vida.

—Mi señora —Alysan al principio no lo escuchó— mi señora Alysan —la sacerdotisa estaba anegada en llanto, levantó la cabeza y miró a Willbur, un goblin que había luchado a su lado por años; con su enorme nariz y sus grandes y expresivos ojos— Mi señora, usted es una sacerdotisa de Toroldak, implore a nuestro señor para que nos brinde su bendición y su ayuda en esta hora desesperada, solo un milagro puede salvarnos.

—¿Toroldak? —Alysan apenas podía ver a Willbur entre las lágrimas— Los dioses nos abandonaron hace tiempo Willbur, además Toroldak es un dios menor en el que solo creen tres pueblitos de un valle perdido, ¿qué puede hacer Toroldak en contra de todos los ejércitos del averno?

—Mi señora, si usted pierde la fe ¿qué quedará para nosotros? —Y resistiendo los deseos de llorar él también, continuó— Toroldak es un dios pequeño, es verdad, pero los grandes dioses al parecer están demasiado ocupados en sus propios asuntos para tendernos una mano…

Willbur fue a ocuparse de la artillería que arrastraba el camión de transporte, dejando a la elfa en un mar de lágrimas.

—Reza hermana —la voz de Kirall transmitía una calma que él mismo no sentía— es lo único que nos queda.

—¿Vas a quedarte general? —Las palabras de la anciana que había aparecido de pronto al lado del transporte lo agarraron por sorpresa— eres un valiente o un demente, no estoy segura.

Era Yotsua, por sus cabellos grises muchos pensarían que era una humana, pero sus largas y afiladas orejas no mentían, era otra elfa, quizá la más anciana de toda Vigilia. Maga, científica, sacerdotisa, ingeniera, eran muchas las alabanzas que se decían de Yotsua y posiblemente todas eran ciertas, la vieja elfa realmente había vivido mucho, y sin embargo todavía quedaba algo de la belleza que la hizo tan famosa.

—Estamos desesperados gran dama, esta guerra ya ha durado demasiado, ¿qué sentido tiene huir ahora?

Tomada de su callado, la anciana elfa lo miró con sus ojos de un verde profundo y asintió— esta guerra comenzó antes que cualquiera de ustedes hubiese nacido, ha durado mucho en verdad —y devolviendo su vista al océano de no-muertos que los envolvía cada vez mas preguntó— ¿ves la mas mínima oportunidad de victoria aquí general?

—No, gran dama —Kirall hubiese querido mentirle, pero la verdad era demasiado evidente— este es el final del camino para nosotros, los no-muertos invocarán a su demonio sin que podamos hacer nada.

—Ellos tienen a sus demonios ¿y nosotros? —la anciana miró al cielo como buscando algo que sabía no encontraría allí— ¿Dónde están nuestros dioses? Yo todavía recuerdo el tiempo cuando este mundo tenía otro nombre que no era Vigilia, pero hemos esperado demasiado, ¿Cuánto tiempo más tendremos que esperar?

—No mucho mas mi señora, al igual que nuestros dioses, muy pronto también nosotros habremos abandonado este mundo —le respondió Kirall mirando la horda que lo consumía todo a su paso. Y se preguntó en silencio, sí así como los dioses habían desaparecido, ¿habría desaparecido toda esperanza de un más allá? ¿Solo los esperaría el infierno? O acaso ¿vagaría él también eternamente como un no-muerto?

Alysan que también había estado escuchando a la anciana, se puso de pie y miró la desolación del campo de batalla, los escasos ejércitos de los vivos que huían, y el mar de no-muertos que parecía crecer a cada instante. Uno no imaginaría que de la estrecha forma de aquella pequeña elfa pudiera salir una voz tan poderosa:

—¡Toroldak! Ayúdanos en nuestra desesperación, ayúdanos para continuar sirviéndote y adorándote, sé que tus seguidores somos muy pocos Toroldak, pero ¿qué será de ti si tu poca gente muere en este día? ¡No nos abandones Toroldak! Solo tú puedes cambiar este funesto destino, obra un milagro señor nuestro. ¡Obra un milagro!

Súbitamente un viento frío barrió el campo de batalla y el cielo se ennegreció con sendos nubarrones que nadie supo de donde habían salido, un rayo cayó en mitad de los ejércitos y el trueno ensordeció a todos por encima de las explosiones de la artillería. Aquellos que estaban cerca contaron que allí donde cayó el relámpago, Surgió una gran luz y comenzó a brotar un árbol, que creció aceleradamente a un tamaño descomunal. Y de aquel árbol comenzó a brotar un aroma, una suave brisa perfumada que mágicamente curaba todas las heridas y que además parecía desconcertar a los no-muertos.

Las ramas de aquel colosal árbol se convirtieron en una suerte de brazos, en mitad del tronco podían verse lo que parecían ser ojos, y debajo se abrió una boca, de la que brotó un extraño e ininteligible canto que animaba el espíritu y que se escuchó en los confines del campo de batalla.

Los ejércitos que ya huían se detuvieron y voltearon a mirar aquel portento.

El árbol sacó sus raíces del suelo y sin dejar de cantar, comenzó a marchar hacia el enemigo.

Los muertos vivientes se paralizaron, estupefactos ante aquella visión, afectados por aquel aroma, sin saber que hacer o cómo reaccionar, aquellos que estaban directamente en el paso de la gigantesca criatura intentaron apartarse, pero ya era tarde, como muñecos en las manos de un niño el coloso los atrapó y los utilizó como proyectiles contra los otros no-muertos.

Nunca se ha sabido que los muertos-vivos puedan sentir miedo, pero parecía que huían despavoridos ante aquel titán que los pateaba, los aplastaba, los destruía y los despedazaba con una velocidad y eficiencia sorprendentes.

Los ejércitos que minutos antes se daban por perdidos volvieron al campo de batalla alborozados y esperanzados.

Pronto el frente de la formación de los no-muertos estaba desecho y como una imparable cuña aquel inmenso campeón continuaba su avance inexorable sin dejar de cantar hermosamente. Siguiéndolo iban ahora los ejércitos de los vivos quienes a pesar de no entender una palabra intentaban tararear lo mejor que podían aquellos mismos himnos a medida que se abrían paso entre los esqueletos, fantasmas, cadáveres andantes y demás.

Fuego de cañones, hechizos, metralla, espadas, granadas, nada pudo detener a la colosal criatura que finalmente llegó al lugar donde el cónclave de nigromantes realizaba su invocación. Pero precisamente en aquel mismo instante, en medio del círculo que formaban los brujos malignos en donde burbujeaba lo que parecía una piscina de sangre putrefacta, se formó un remolino y de pronto se escuchó un aterrador aullido que taladraba los oídos…

Envuelto en la sangre sucia y purulenta surgió el terrible demonio, su forma no recordaba a ninguna criatura conocida o imaginable, tenía ojos sí, docenas de pozos horrendos que consumían el alma al solo mirarlos, poseía miembros, extensiones de carne putrefacta que se sacudían en asquerosos espasmos, y poseía bocas, muchas bocas, indecentes orificios hambrientos que se relamían con abyectas lenguas que parecían tener voluntad propia.

Con tres rápidas zancadas el coloso arbóreo estaba frente al demonio y se le abalanzó con un golpe directo a lo que debería ser la cabeza de la criatura cuyos muchos miembros intentaron detener el golpe inútilmente.

Sardull, la asquerosa monstruosidad que habían invocado los muertos vivientes se retorció a causa del golpe y emitió lo que pareció un quejido, pero se recuperó rápidamente y abriendo una de sus múltiples bocas disparó un chorro de fuego que envolvió al gigante arbóreo, pero este en lugar de resentir el ataque, pareció inhalarlo y absorberlo y muy pronto todo su enorme cuerpo estuvo envuelto en blanquecinas llamas convirtiendo a la inmensa criatura en un brillante árbol ardiente.

Rodeado por este nuevo follaje incandescente, abrazó a su enemigo quien de inmediato soltó un nuevo y desesperado chillido al sentir como las llamas lo rodeaban ahora a él. Pero por mas que sus brazos y patas intentaron sacudirse de aquel fatal abrazo, solo conseguía que las llamas lo rodearan más íntimamente.

Agitándose en violentos estertores de dolor el demonio invocado por los no-muertos chillaba desesperado, cuando las llamas lo envolvieron completamente el campeón de los vivos cambió su táctica y entonces comenzó a destrozarlo, arrancándole miembros y piezas del cuerpo.

Finalmente solo quedó un enorme cadáver ardiente en las manos del gigante de fuego, cadáver que fue destrozado y enviado a los cuatro vientos.

Los nigromantes ya hacía tiempo que huían y el resto de los no muertos intentó seguirles, pero los ejércitos de los vivos les dieron alcance y los volvieron trizas.

Con un canto potente y final el inmenso campeón que había conducido a los vivos a la victoria sobre los no-muertos, volvió sobre sus pasos y allí donde había aparecido por primera vez se fue empequeñeciendo, sus brazos volvieron a convertirse en ramas, sus piernas en raíces, y finalmente solo quedó un grande y hermoso árbol.

—¡Muchas peregrinaciones vendrán a este árbol en los años por venir! —Exclamó Willbur, a los guerreros que no paraban de cantar vítores— Y nuestra señora, Alysan, se convertirá en una gran sacerdotisa famosa en todo el mundo.

—¡Viva Alysan! —los gritos de triunfo se escuchaban por todo el campo de batalla— ¡Viva el gran Toroldak!

—¡Viva! ¡Viva!

Envuelto en sangre pero sin grandes heridas entre la gente apareció Yerro. Alysan no cabía en sí de la felicidad, se lanzó en los brazos de su amor y se besaron apasionadamente, los grandes labios del paladín parecía que se iban a comer el menudo rostro de Alysan, pero a la pequeña elfa eso le encantaba.

—¡Yerro! Te vimos combatir fieramente a todo lo largo de la batalla —Willbur estaba lleno de orgullo— hay reportes de ti peleando en todos los frentes.

—¿En serio? —El paladín se veía confundido— Debió ser otro paladín, no creo recordar nada de eso, pensé que me habían noqueado en las primeras de cambio.

—¡Viva Yerro paladín de Toroldak! ¡Viva Alysan sacerdotisa de Toroldak!

El goblin se acercó y felicitó a la pareja; hizo sonar su artillería poderosamente y pronto el campo de batalla estalló en una ronda de cañonazos de celebración. Kirall y Yotsua también se unieron a la celebración.

—No conocía a este Toroldak, y mira que yo conozco de Dioses… —dijo la anciana elfa aproximándose a estudiar el curioso árbol— ¿Desde cuándo le alaba tu gente?

—Desde hace muy poco, unos 300 años, algunas gentes de nuestro pueblo, Inarión, le alaban desde entonces, pero es desde que se me manifestó a mi cuando apenas era una niña, nuestra fe ha crecido mucho —le explicó Alysan todavía feliz y embelesada con la victoria e incapaz de soltar el brazo de Yerro.

—En verdad es todo un portento, no he visto a un Dios manifestarse con tal potencia desde… ¿Es una deidad de la naturaleza? ¿Tienes idea de por qué se manifestó a través de este árbol?

—El símbolo de Toroldak es un árbol —Alysan señaló el símbolo sagrado que llevaba colgado alrededor del cuello.

Yotsua se acercó y miró el símbolo y descubrió unas runas. —Esto es orco… —buscó a su alrededor y le hizo señas a Willbur para que viniera— ¿qué está escrito aquí muchacho?

—Esto es orco… —Dijo el Goblin estudiando el pendiente de Alsyan.

—Lo sé, por eso te he llamado.

—Orco antiguo —continuó Willbur un tanto absorbido y sin prestar atención a las miradas divertidas que las elfas intercambiaron en silencio— Tor Ol Dak… ¿creer en lo joven? ¿Fe en el que vendrá? ¿Esperanza en el futuro? Hmmm, no lo sé gran señora, mi gente ya no habla con este lenguaje, es como si hablara de una profecía, pero no termina de decir cuál es esa profecía…

En ese momento arribó a toda velocidad un nuevo heraldo en una motocicleta y entregó un mensaje a Kirall, quien leyendo rápidamente se acercó a donde el grupo conversaba.

—¡Señores! La astucia de los no-muertos nos supera nuevamente, al parecer este no es el único gran demonio que fue invocado en este día, —y volviendo a leer el mensaje— una bestia que aún está por identificarse pero que muchos juran que es el mismísimo Garijo, el gran dragón infernal —gritos de asombro corrieron por todo el lugar— está asolando en estos momentos la capital, se dice que el Emperador ha rechazado escapar y que intenta enfrentar a la criatura con ayuda de la guardia… —Kirall dejó la idea flotando en el aire como para que todos comprendieran la gravedad de la situación— pero lo importante es que nuestras ordenes son intentar llegar a la capital y rescatarla cuanto antes…

—Eso es una locura —el rostro de la anciana Yotsua estaba realmente contrariado— ¿Por qué el Emperador arriesgaría de esa forma su vida? Es el último hombre santo, nuestra última conexión con la divinidad. Si él cae, nuestro mundo, Vigilia, desaparecerá con él…

—No tengo respuesta para eso mi señora —y dirigiéndose a sus hombres Kirall les ordenó­— ¡Andando de regreso a sus transportes! Quiero una columna corriendo a toda velocidad hacia la capital de inmediato.

—Pensar en todo el combustible que gastamos en llegar hasta aquí solo para tener que regresarnos de nuevo. —Se quejó Willbur mirando el indicador del tanque.

—¿Pero sí tenemos el combustible para regresar?

—A duras penas mi general, pero si los suministros continúan fallando de esta forma estaremos varados en la capital.

—No te preocupes Willbur, no creo que hayan muchas otras batallas después de esta…

II

La batalla apenas había terminado y ya estaban en camino hacia la siguiente, así era la guerra, pocos tenían esperanza de llegar a tiempo para rescatar al Emperador, la mayoría le daba por muerto.

—¿Cómo se supone que enfrentaremos a Garijo? —La voz de Alysan llena de dudas y de miedo, apenas se escuchaba en medio del ruido de los motores y las ruedas.

La columna de tanques, artillerías, motocicletas y transportes los rodeaba por delante y por detrás levantando una espesa polvareda

— ¿Me lo preguntas a mi mujer? —Kirall la miró un rato— ¿No se supone que eres tú la sacerdotisa? ¿Dónde está tu fe? ¿No acabas de ser el vehículo de un milagro? ¿Por qué dudas precisamente ahora?

Algunos soldados en la caravana entonaban un canto alegre de marcha para darse ánimos, iban a enfrentar la muerte, pero también acababan de derrotarla, estaban asustados, pero también esperanzados.

—¿Fui yo realmente el vehículo de ese milagro? Ciertamente grité con mucha fuerza, pero ¿no había allí docenas de sacerdotes pidiendo lo mismo? —Alysan se agarró la cabeza.

Un grupo de exploradores se adelantó sobre sus motocicletas a gran velocidad, los demás soldados los despedían con palabras de entusiasmo.

—Y habrán docenas de sacerdotes en la próxima batalla también, así que no te preocupes —Kirall la miró de reojo y notó que la mirada de la sacerdotisa estaba puesta en el paladín que conducía su moto no muy lejos del transporte— concéntrate tan solo en hacer lo mismo que hiciste en esta batalla, y ten fe en que Toroldak, nos auxiliará de la misma manera.

—¿Por qué te casaste con un humano? —Le preguntó Yotsua que también se había subido al transporte.

—Porque lo amo —contestó Alysan sin saber si sentirse molesta o avergonzada.

—Yo también amé a un humano una vez hace muchos años, pero eran otros tiempos y formar una familia entre ambas razas era impensable… ¿Estás consciente que es muy probable que lo veas morir? No solo los humanos viven menos tiempo que nosotros, también es un paladín y su deber es estar en mitad de la batalla.

—¿Puede uno pedir a los dioses otro milagro tan pronto? —Preguntó Alysan por toda respuesta— ¿Puede uno esperar que los Dioses concedan un milagro de esta clase más de una vez en la vida?

—¿Pueden los no-muertos invocar a sus demonios más de una vez en un solo día?—Le contestó Kirall quien escuchaba la conversación— Parece que sí, entonces esperemos que también nuestros dioses estén dispuestos a trabajar doble turno, o este mundo se habrá ido muy largo al infierno. —Dándose cuenta que los ojos de la sacerdotisa continuaban fijos sobre el paladín continuó— Y sobre Yerro… Es poco lo que puedes hacer, es la definición de terquedad, ni siquiera el emperador pudo impedir que viniera aquí, tus esperanzas de controlarlo son nulas.

—¿El Emperador mismo? —preguntó Alysan sin creer las palabras de su hermano, quien se limitó a callar mientras asentía con una mirada más elocuente que las palabras.

La caravana de vehículos levantaba una gran polvareda, en aquel momento se aproximaban al acantilado del tuerto bailarín (al norte de la posada de La Cueva del Lobo) Yotsua los advirtió:

—¡Frena! Percibo algo terrible adelante.

Kirall que sabía que la vieja elfa no jugaría con algo como aquello detuvo el vehículo de inmediato. Entonces lo vieron, los no-muertos los esperaban en una emboscada en una vuelta del camino, los esqueletos y zombies saltaron de inmediato sobre los tanques y transportes que no los habían advertido.

—¡Yerro! –Alysan buscaba al paladín con la mirada pero este no se veía en ninguna parte, pues de seguro ya estaba profundo en la batalla.

Los gritos y explosiones de la refriega podían escucharse a todo lo largo del camino, el choque de las armas y los disparos pusieron a todos en guardia, los generales voceaban sus ordenes intentando poner algo de orden en medio del caos.

—¡Formación defensiva! —Gritaba Kirall intentando poner sus hombres a cubierto— ¡Nos rodea el enemigo! ¡Formaos a mí alrededor!

Kirall apenas se escuchaba entre los gritos e imprecaciones, algunos hombres repetían las ordenes que habían escuchado pero allí donde los hombres intentaban agruparse en alguna suerte de formación, de inmediato eran atacados por una andanada de flechas o balas cuyo origen nadie conseguía ubicar.

—¿Donde está Yerro? —Preguntó Alysan cuando finalmente consiguió recuperar el aliento.

El transporte con los suministros yacía en mitad del camino, Kirall lo había colocado como parapeto para cubrir a algunos de sus hombres.

—¡No lo sé! Todo sucedió demasiado rápido. —Kirall intentó entender mejor la situación dando un largo vistazo alrededor desde el tope del camión.

El enemigo no se veía muy numeroso, pero estaba bien organizado a diferencia del ejército de los vivos quienes no esperaban una emboscada antes del acantilado. Habían grupos de arqueros no-muertos ocultos en varios matorrales.

—Hay más enemigos de los que puedes ver —le dijo Yotsua, como si hubiese sido capaz de entender lo que Kirall estaba viendo.

—¡Reagrúpense en el bosque! —Se escuchó el grito de algún comandante a lo lejos— ¡reagruparse en el bosque! —repetían los soldados.

—Al fin una voz de cordura en este caos, vamos, no podemos perder tiempo aquí —Kirall tomó a Alysan de la mano y prácticamente la arrastró mientras la Elfa continuaba buscando al paladín con la vista.

—¡Mi general! ¿La artillería? ¿Qué hago con la artillería? —La voz del pobre Willbur estaba llena de angustia, pero aún así no estaba dispuesto a perder su querido cañón.

—¡Déjala ya no hay nada que podamos hacer!

Sin embargo antes de correr hacia el bosque el goblin soltó un cañonazo hacia los no muertos, dispersándolos y ganando algo de tiempo para su gente.

—¿Pueden ver a Yerro por alguna parte? —preguntó Alysan cuando ya estaban refugiados entre unos árboles.

—Él tiene que haber escuchado la orden igual que todos los demás. —le tranquilizó Kirall.

—¿Y si no lo hizo?

El general no respondió a eso.

Corrían en medio de los hombres que intentaban crear una formación entre el ramaje protector del bosque, los no muertos venían a la zaga, pero fueron prudentes de no penetrar los árboles.

Los vivos tomaron el respiro para organizar una respuesta. Pronto los arqueros, rifleros y magos pudieron atacar a las criaturas infernales, del bosque surgían flechas, balas y rayos de todos los colores.

En medio de la floresta los generales que habían sobrevivido al primer enfrentamiento, intentaban darle forma a aquel caos, podían escucharse voceando órdenes por todas partes y los soldados repitiendo.

—Las cosas no son tan sencillas como parecen —advirtió Yotsua— el ejercito de no muertos es mucho más grande de lo que hemos visto hasta ahora, avisa a los generales para que monten una buena defensa, pero no hay manera de evitarlo, estamos en medio de otra gran batalla —y mirando a Alysan le dijo— Al igual que hiciste antes, debes invocar a tu dios, veamos si Toroldak está dispuesto a auxiliarnos nuevamente.

—¿Usted cree que en verdad podré hacerlo? —preguntó Alysan con los ojos dilatados y mirando a todos lados.

—No es que tengamos muchas opciones —explicó la anciana.

Efectivamente el ejército enemigo se reveló mucho más grande de lo esperado, el mayor error de los generales del ejército de los vivos fue creer que estaban en posición de presentar batalla cuando la masa del ejército no-muerto no se había hecho presente, pero ya era demasiado tarde para huir, los no-vivos los habían rodeado y se preparaban para entrar al bosque.

En mitad del día una sombra innatural apareció entre los rangos de zombis, esqueletos, liches y demás monstruosidades; una silueta aún más oscura podía adivinarse en el interior de aquella sombra, alta, amplia y con dos grandes cuernos, y debajo de ellos, unos ojos que brillaban rojos con malicia. Podían escucharlo ladrando órdenes a sus subordinados quienes saltaban a cumplirlas.

Un escuadrón de cadáveres andantes se precipitó al interior del bosque en donde fueron saludados por una salva de balas y de jabalinas que los hizo caer rápidamente, pero detrás de ellos venía una carga de jinetes sobre bestias no-muertas que no fueron tan fáciles de derrotar y se colaron con relativa facilidad entre los rifleros y jabalineros de los vivos antes de que pudieran lanzar una nueva salva de disparos, obligándolos a dispersarse. A un grupo de piqueros que protegía el frente se le ordenó asistirlos. Y allí en donde se había debilitado el frente, la infantería de los no muertos comenzó a presionar.

Eventualmente los jinetes fueron derrotados u obligados a huir, pero para cuando los rifleros, magos y jabalineros pudieron reagruparse ya era tarde, la infantería ya estaba enganchada en un cuerpo a cuerpo con los no-muertos y los arqueros enemigos habían conseguido avanzar y posicionarse mejor en el interior del bosque en donde podían ver a sus objetivos más claramente.

—La situación está igualada —dijo Kirall— pero ellos son más, eventualmente…

—¡Toroldak muéstranos tu poder! ¡Sé bien que no soy tu sierva, pero he visto tu gloria señor! —Exclamó la anciana sacerdotisa al escuchar aquello— No permitas que tu ejército caiga de esta manera ante tus enemigos, ¡Toroldak sabemos que tu poder es infinito! ¡Danos tan solo una pequeña muestra!

Justo entonces una flecha atravesó el cuello de Yotsua quien cayó al piso aferrando la punta, con ojos muy abiertos y vomitando una espuma verde.

Alysan corrió a tomar cobertura y perdió de vista a Kirall a quien momentos atrás tenía a pocos pasos, supuso que él también había buscado donde esconderse.

El fragor de la batalla y los gritos de los hombres al morir podían escucharse a todo alrededor, y sin embargo oculta donde estaba no podía ver a nadie. Alysan sintió un sudor frio recorrer todo su cuerpo.

Entonces lo vio, un jinete no-muerto sobre una montura no más viva, si la descubría sería su fin. Envuelto en su herrumbrosa armadura, movía la cabeza lentamente, buscando con sus cuencas vacías una víctima. Alysan se apretó cuanto pudo contra el árbol, pero sin dejar de mirar a la criatura.

Pronto se le unieron otros infantes no-vivos, armados con antiguas espadas y hachas, así como también algunos arqueros, y hasta algunos zombis. Estaba perdida, no le quedaba más que rezar,

—Toroldak… —Murmuró.

Rodeado por un rayo de sol y con la armadura salpicada de sangre apareció Yerro, destrozando a los no-muertos a diestra y siniestra con su masivo martillo de guerra. Los arqueros enemigos intentaron hacer blanco en él, pero el paladín se movía demasiado rápido y pronto estuvo sobre ellos también destrozándolos y dispersando sus huesos a los cuatro vientos.

Cuando los enemigos hubieron desaparecido Alysan salió de su escondite.

—¡Yerro amor mío!

Una sonrisa apareció en el rostro del paladín al verla aparecer, y comenzó a caminar hacia ella pero de pronto su rostro cambió mirando con ojos muy abiertos a la espalda de Alysan.

—¡Corre Alysan! ¡Escóndete de nuevo!

La sacerdotisa sintió un frio antinatural a sus espaldas, y sin necesidad de voltearse sintió la sombra que se cernía detrás de ella.

Cuando Alysan pasaba por el lado del paladín, pudo ver como este levantó su martillo para lanzar su desafío con voz profunda.

—Yo soy Yerro el paladín de Toroldak, y hoy te devolveré a los infiernos de dónde has salido —dijo bajando de la maltrecha motocicleta.

El paladín se veía diminuto enfrentado ante la gran sombra cuyos malignos ojos brillaban a una altura varias cabezas por encima de la suya.

—El ejército de la muerte pronto tendrá un nuevo recluta, y uno valioso sin duda alguna —exclamó la voz desde la sombra.

De inmediato una enorme espada envuelta en un fuego frío surgió del interior de la obscuridad y si Yerro no hubiese saltado a tiempo lo hubiese partido en dos, pero mientras la espada enemiga estaba abajo, Yerro tomó la oportunidad para golpearla con su martillo arrancando el arma de las manos de su enemigo.

Pero una nueva arma surgió del interior de la sombra casi de inmediato, un látigo terrible que rápidamente se enrolló alrededor de la bota de la armadura del paladín y lo arrastró a su interior.

Pero cuando Yerro penetró aquella sombra fue como si los vapores que la sostenían se dispersaran, Alysan vio claramente entonces que el enemigo era un terrible demonio de sangre, uno de los más temibles enemigos del submundo. ¿En qué momento los no-vivos habían conseguido invocar a semejante monstruo?

Girando rápidamente, Yerro se apartó del enorme pie que pretendía aplastarlo, y aprovechando el impulso del giro dejó que su martillo se estrellara sobre la bota de su enemigo.

El demonio dejó escapar un callado quejido lleno de ira. Yerro se puso de pie y volvió a lanzar un golpe con su martillo, pero el enemigo evadió con un salto que de nuevo lo puso en rango para volver a lanzar su látigo en dirección a las piernas de Yerro, El paladín pretendió protegerse con su martillo pero esta era precisamente la intención del demonio quien haló el arma fuera de las manos de Yerro y la lanzó lejos

—Tú tomas mi arma, yo tomo la tuya, ahora estamos casi a mano, pero al parecer tú no tienes una segunda arma. —se burló el demonio.

—Eso fue muy estúpido, la espada de la justicia siempre está esperando por la mano del paladín —y extendiendo sus manos por detrás de su espalda, extrajo una empuñadora que al activarla se transformó en una gran espada de plasma.

—¿La espada de la justicia? —preguntó con cinismo el enemigo— en verdad la justicia se ha vuelto bastante mediocre en Vigilia si esa baratija es su representante, ¿durarán las baterías lo suficiente?

—¡Lo suficiente para acabar contigo! —exclamó el paladín embistiendo al demonio a toda velocidad.

Alysan quien había corrido a esconderse se encontró con una desagradable sorpresa, Yotsua la gran anciana elfa se había levantado de entre los muertos y la miraba asustada. La sacerdotisa adivinaba que la muerta andante quería decirle algo, pero la flecha que le atravesaba el cuello solo permitía que balbuceara sin sentido. Pero Alysan no necesitaba escuchar a Yotsua para saber lo que quería, los espíritus malignos se habían apoderado del cuerpo de la pobre mujer quien incapaz de resistirse avanzaba lentamente hacia la elfa con toda intención de dañarla.

Mientras Yerro continuaba peleando con el demonio de las sombras, Alysan se concentraba en el cántico que liberaría el cadáver de la anciana de aquel terrible invasor.

A pocos metros la elfa podía ver al paladín quien se abalanzó sobre su enemigo lanzando una serie de terribles mandobles a toda velocidad con la espada incandescente. El demonio intentó apartarse pero fue inútil, los golpes se estrellaron sobre su oscura armadura, atravesándola y causando múltiples heridas. Cayó al piso sin apartar la mirada del rostro del paladín como si fuese incapaz de creer en lo que estaba pasando.

Con su enemigo derrotado Yerro se volteó para encontrar a su amada enzarzada en combate con el cadáver andante de Yotsua.

Alysan terminó la retahíla de sonidos y lanzó el encantamiento hacia el cuerpo de la anciana quien se sacudió en nuevos estertores de dolor mientras un vapor maligno salía por todos sus poros y caía muerta por segunda vez aquel mismo día.

—No es un dios… —pudo escucharla murmurar Alysan. ¿Por qué la anciana Yotsua decía eso? ¿Acaso su contacto con el espíritu maligno le había revelado algo?

Yerro quiso correr para abrazar a su amada, pero el látigo del demonio se enrolló en torno a su cuello.

—Es increíble pensar que has caído ante el truco más viejo de los demonios, fingir nuestra muerte es una estratagema tan tradicional que no pensé que funcionaría contigo —poniéndose de pie el enemigo tiró del pobre Paladín quien con todas sus fuerzas intentaba resistir la estrangulación— ¡¿De verdad pensaste que tus patéticos golpes me habían derrotado?! —y sacando una asquerosa daga envenenada atravesó la armadura del pecho del paladín.

Rápidamente Yerro comenzó a escupir una baba verde por la boca y a temblar en terribles estertores de muerte, Alysan no podía creer lo que sus ojos le mostraban, su Yerro estaba muerto…

—Y ahora es tu turno muchachita, ¡ningún mesías vendrá de tu vientre! Morirás aquí y ahora, no habrá ninguna nueva era y la oscuridad se apoderará para siempre de este mundo —el demonio se acercaba a Alysan lentamente disfrutando el momento, serpenteando su látigo con un placer malsano.

Alysan se tocó el vientre sintiendo por primera vez el diminuto punto de nueva vida que allí se desarrollaba.

—¿No lo sabías? —El demonio parecía divertido— Me complace saber que soy el portador de buenas nuevas… ¡Lástima que te vayan a durar tan poco! —El látigo golpeó a Alysan con toda su terrible fuerza pero entonces el demonio escuchó algo a sus espaldas, se volteó, pero ya era demasiado tarde, con los ojos hundidos, temblando, y escupiendo sangre, El paladín estaba allí de pie con su espada luminosa en alto y lo atravesó de arriba a abajo.

—Es un truco fácil de aprender —susurró al rostro del demonio cuyo cuerpo estaba partido en dos; pero Yerro volvió a caer de rodillas, como pudo entre temblores y estertores de muerte, el humano se arrastró hasta su amada Alysan quien yacía con una mirada tan estática como su pecho. Yerro la miró con infinito amor por un momento antes de que la tos lo volviera a atacar y lo obligara a escupir sendos chorros de sangre— mi último poder de curación amada mía. —imponiendo sus manos sobre el cuerpo de Alysan, Yerro la devolvió a la vida, para inmediatamente caer él mismo.

—¡¿Yerro?! —Viendo al demonio despedazado y a su amado casi muerto a su lado, Alysan podía entender claramente lo que había pasado— ¡No Yerro! ¡No! No me hagas esto ¡Torol!…

—No —susurró el paladín— déjame morir, el veneno es terrible, puedo sentirlo ya quemando por mis venas, puedo sentir como el hambre de la no-vida se apodera de mis sentidos, aleja la espada de mi, quítame la armadura, y colócatela, debes ser fuerte y estar protegida, si el veneno me hace volver a la vida como un cadáver andante… ¡No! Debes ser valiente y cumplir con tu deber.

—Pidamos a Toroldak, Yerro, pidamos a nuestro Dios.

—Hay un límite amor mío, el poder de nuestro señor no es infinito, recuerda, Toroldak es apenas, un dios menor, y vas a necesitar ese último milagro para lo que está por venir —los ojos de Yerro estaban perdidos en la inmensidad.

—Pero Yerro, no digas eso, ¿cómo sabes tú cuales son los límites de los dioses? Nada me importa más que tú.

Yerro le puso una mano temblorosa en el vientre a Alysan que sintió a la diminuta criatura saltar al toque de su padre. La elfa lloró sabiendo lo que tendría que hacer.

Alysan le sacó la armadura y se la puso ella misma mientras Yerro se afanaba en respirar, tomó la espada de plasma de su amado, y le dio un último beso bañado en lágrimas.

—Hasta luego amor mío, me voy primero, te esperaré en el mundo del río.

—Lo sé mi amor, lo sé. —Alysan atravesó el cuello del paladín con la espada para evitar que la no-vida lo corrompiera.

Kirall y Willbur encontraron a Alysan enterrando el cuerpo del paladín. Juntos volvieron al transporte con los pocos sobrevivientes de su escuadra. Nadia habló durante el viaje, la pérdida del paladín golpeó a todos con mucha fuerza, Alysan vestida con la armadura de su amado parecía transfigurada, como si el valeroso espíritu de Yerro no le permitiera soltar las lágrimas, pero como si al mismo tiempo tuviese el alma partida en dos.

—¿Cómo es posible que Yerro haya caído aquí? —Willbur se mostraba contrariado— Acabo de verlo combatiendo lado a lado con nuestro ejército junto a los gigantes arbóreos que hiciste aparecer.

—No, él estaba aquí defendiéndome del demonio de sangre —explicó Alysan.

—Debe haber sido otro paladín —Kirall intentaba encontrarle una explicación.

—¿Con la misma armadura de nuestro Yerro?

—Como sea Willbur, —el general estaba muy cansado— con Yerro muerto la vida del Emperador se hace incluso más preciosa —La voz de Kirall era terriblemente ominosa.

—¿Qué quieres decir? —Alysan no conseguía entender.

—El emperador tuvo un hijo, Yerro.

—¿El Paladín era hijo del emperador? —Willbur no lo podía creer.

—¿Por qué nunca me lo dijo? ¿Por qué me ocultaría algo como eso? —Alysan rechazaba la sola idea de que su amado le hubiese ocultado algo tan importante.

—Para protegerte, ser familia del emperador no es buena idea en estos tiempos que corren. Pero suficiente charla, su majestad el emperador nos necesita, es mejor que nos pongamos en camino cuanto antes.

III

Nada ni nadie volvió a interrumpir su viaje hasta la capital, el golpeado convoy de tanques y transportes alcanzó la gran ciudad del imperio ya anocheciendo, las calles ardían, los no-muertos andaban a sus anchas entre los edificios en ruinas, los gritos de terror, las explosiones, y los balazos, plagaban la noche. Pero entre el caos, a lo lejos todavía brillaba incólume el palacio imperial.

—Vamos a abrirnos paso hacia allá —Le indicó Kirall a sus hombres.

—¿Mi señor cree que realmente seamos de alguna ayuda en el estado en el que estamos.

—Aquí tampoco podemos quedarnos Willbur —se encontraban en una colina en las afueras de la ciudad— al menos cerca del palacio tendremos un solo frente. —El general siempre pensaba de forma táctica.

Poco a poco los demás grupos del ejército de los vivos fueron llegando y los otros generales estuvieron de acuerdo con los planes de Kirall.

—Llegar hasta el palacio no va a ser nada fácil, ¿crees que podamos contar con algo de ayuda divina? —Le preguntó el Elfo a su hermana.

—Solo una última vez, Yerro me dijo que solo tenía una última vez.

—¿El Paladín te lo dijo?

—No me dejó salvarlo, me hizo matarlo para guardar esta última oportunidad, dijo que la necesitaríamos.

—Y no se equivocaba —dijo Willbur señalando a un inmenso dragón infernal cuya roja silueta se dibujaba a lo lejos entre las nubes. —Garijo ya está aquí.

—Garijo… es hora de avanzar gente, directo hacia el palacio, ¡sin distracciones!

Las órdenes de Kirall se transmitieron rápidamente por toda la cadena de mando y pronto la columna de tanques y de transportes estaba atravesando la ciudad a toda velocidad. Los no-muertos intentaban impedirles el paso, pero los vivos tenían la ventaja de conocer los terrenos de la ciudad mejor que ellos. Allí donde los cadáveres les atravesaban obstáculos, los conductores ya sabían por donde desviarse, allí donde montaban una emboscada, los vivos ya se les habían adelantado y volteaban la situación a su favor. Esquina a esquina, de una calle a la otra se iban acercando a palacio.

De pronto la enorme sombra pasó sobre sus cabezas, no era totalmente inesperada, pero por un instante el corazón de todos se detuvo; entonces lo vieron, Garijo se había posado sobre un edificio unas calles más adelante desde donde los miraba con lo que parecía ser una media sonrisa.

—¿A dónde creen que van los vivientes? —La voz del dragón demoniaco era fuerte y profunda con una extraña y terrible belleza— ¿acaso piensan que tendrán mejor oportunidad de victoria peleando junto al palacio? O ¿quizá desean facilitarnos las cosas poniendo todas las ratas juntas? ¡Jajajajaja! Déjenlos pasar. El fuego del infierno los alcanzará más temprano que tarde.

La enorme bestia se echó a volar nuevamente derrumbando la construcción donde había estado posada.

A partir de entonces no hubo más obstáculos, moviéndose a través de calles sospechosamente vacías alcanzaron el palacio Imperial sin mayores problemas.

—¿Dónde está la guardia? ¿Por qué no nos abren las puertas del palacio? —Kirall y su escuadra eran los primeros en llegar al frente del palacio.

—No lo sé mi general, y también me preocupa el no escuchar disparar los cañones imperiales contra el enemigo, el intercambio de hace rato se detuvo —El goblin estudiaba con preocupación las silenciosas torres.

Alysan miró a Willbur y a su hermano sin decir palabra, pero también estudió con atención las bocas de las calles que se abrían a la gran plaza que estaba frente al palacio, ¿dónde estaban los enemigos?

Pero como para calmar sus nervios, las puertas de palacio finalmente abrieron. Fueron recibidos por unos guardias imperiales silenciosos y cabizbajos.

—Es como si ya estuviesen derrotados —comentó Alysan por lo bajo.

—¿No lo estamos ya mi señora?

—No Willbur —lo corrigió —todavía tenemos una última oportunidad, Yerro me lo dijo.

Una fanfarria anuncio la llegada del Emperador, todo el ejército levantó su vista hacia el balcón por donde aparecería la regia figura. Pero en lugar de aparecer el hombre santo al que todos habían venido a salvar, vieron un liche con la corona imperial sobre su frente, acompañado por una hermosa y seductora vampira.

—¡Estoy tan agradecido que todos hayan decidido unírseme en la muerte! Vengan, entreguémonos todos al camino de la no-vida, en este nuevo comienzo yo seguiré siendo su amado Emperador.

Alysan no podía creer lo que estaba sucediendo, ¿hasta el Emperador había caído? Era como si su mente no pudiese procesar esa idea, no sabía ni qué pensar.

—Esto explica tantas cosas… —murmuró Kirall.

—¿Qué quieres decir?

—Las fallas en los suministros, el mal equipamiento, las órdenes que no parecían tener ningún sentido, la dispersión del ejército, el enemigo sabiendo nuestros movimientos por adelantado y por supuesto, la renuencia del Emperador a permitir que Yerro nos acompañara; seguramente lo querían aquí para corromperlo también.

—¿Cómo es que seguimos aquí? —Interrumpió Willbur con lágrimas en los ojos— ¿Cómo es que sigue brillando el sol? ¿Por qué sigue existiendo el mundo?

—Es cierto, si el espíritu del Emperador, el último hombre santo de Vigilia, ha sido consumido por la oscuridad, ¿cómo es que no nos han consumido los infiernos? ¿Qué impide que los demonios invadan este plano? —Alysan estaba totalmente perpleja era como si aquello no le estuviese sucediendo a ella.

—A menos que la familia Imperial no esté extinta —sugirió Kirall mirando el vientre de Alysan— ¿Estás embarazada del Paladín?

Alysan sintió como la pequeña criatura en su vientre daba un brinco. Aquel diminuto no nacido llevaba en sí la esperanza de un nuevo imperio y era lo único que sostenía al mundo de Vigilia separado del plano infernal.

—¡Abracemos la felicidad eterna de la no-vida! —El Liche emperador gritaba enloquecido— Ven gran señor Garijo, envuélvenos en tus llamas carmesí, consume esta precaria existencia y muéstranos la verdadera gloria de la no-muerte.

El terreno se estremeció cuando el colosal dragón demoníaco cayó en mitad de la plaza, en su rostro había un gesto burlón.

—Inmundas criaturas vivientes, no tienen idea cuanto las desprecio, mi fuego las purificará ¡mueran!

Esta vez nadie intentó escapar, porque no había escape, los guerreros ni siquiera entendía porque Vigilia no terminaba de colapsar en el abismo, pero para todos era bien claro que aquella batalla era la última oportunidad.

—¡Toroldak! ­—la voz de Alysan se escuchó a pesar de la andanada de artillería que se disparaba en aquel momento.

Un rayo cayó en mitad de la plaza y mientras el sol despuntaba por el este, un paladín sobre una motocicleta, acompañado de todo un ejército y tres gigantes arbóreos, aparecieron rodeando al infernal dragón.

Garijo soltó su aliento infernal sobre los recién llegados pero estos venían preparados con un hechizo de resguardo contra el fuego. Comprendiendo que estaba en desventaja intentó lanzarse nuevamente a los cielos, pero fue atrapado por los titanes arborescentes antes de que pudiera emprender el vuelo.

—Nos vemos de nuevo Toroldak, crees que me has vencido nuevamente ­—El Dragón estaba bien atrapado entre las garras de los colosos verdes— pero te equivocas, esta vez la ventaja es mía, yo conozco tu debilidad. ¡Maten a la Elfa!

La horda de no muertos surgió de cada una de las esquinas que rodeaban la plaza central, como una interminable marea. Incluso los guardias imperiales se revelaron como no muertos. Todos juntos avanzaron contra la escuadra de Inarión. De inmediato Kirall organizó a sus hombres en un perímetro en torno a Alysan, Willbur disparó su artillería a los grupos de no muertos que se acercaban más rápido, y Alysan se dedicó a lanzar sus canticos de protección para sí misma y para aquellos que la estaban resguardando.

—Garijo, ¿realmente piensas que esta es la primera vez que combatimos esta batalla? ­—La profunda voz del paladín se escuchaba con gran claridad— Ya conozco todos y cada uno de tus trucos —Y dirigiéndose a los ejércitos de los vivientes exclamó— ¡El nonato que está en el vientre de Alysan es quien mantiene nuestro mundo anclado en este plano! ¡Pero los no-muertos también necesitan al dragón para poder sustentarse aquí! Artilleros, cañoneros, magos, arqueros y todo combatiente de rango ¡enfóquense en atacar a Garijo!

De inmediato las fuerzas de los vivientes se concentraron en atacar al dragón, pero fue como si aquel desafío la llenara de mayor ira y fuerza, la demoniaca criatura con un esfuerzo supremo consiguió escapar y elevarse en el aire, pero uno de los gigantes arbóreos lanzó al paladín por los aires. Este aterrizó en la espalda del dragón y con una espada luminosa comenzó a destrozar las alas de su enemigo. Garijo se retorcía y se sacudía en el aire intentando que el paladín cayera.

—Si creen que pueden darle al Dragón sin dañar al paladín háganlo, pero tengan cuidado. —Kirall poseía una asombrosa capacidad para hablar con voz clara y calmada en las situaciones más inverosímiles.

Solo unos pocos arqueros se atrevieron a lanzar sus flechas, los otros guerreros de rango no se arriesgaron.

Pero al final el dragón volvió a caer a tierra con el paladín a cuestas quien indeteniblemente continuaba hendiéndole la espada a diestro y siniestro.

—Si hemos combatido esta misma batalla en más de una ocasión, es porque hemos peleado y has perdido ­—El dragón infernal se escuchaba desesperado— en esta ocasión tampoco ganarás.

—No importa cuántas veces me derrotes —más que un paladín era como una tormenta de espadas lanzando golpes a una velocidad pasmosa— volveré a intentarlo una y otra vez, más fuerte y más sabio en cada nuevo intento.

—A mi no me engañas Toroldak —una sonrisa malsana surgió en los labios del dragón mientras intentaba evadir los golpes del paladín al mismo tiempo que intentaba inútilmente aplastarlo con sus garras­— podrás manipular el tiempo pero tu propio tiempo no es infinito, eres un mortal.

La mayoría de quienes escuchaban a los dos portentos discutir difícilmente podían entender algo, sin embargo Alysan no podía dejar de mirar la armadura y la espada del paladín que le eran tan familiares.

La horda no muerta continuaba avanzando, cercando cada vez más cerca al ejército que protegía a la sacerdotisa. Incluso los cañones y demás combatientes de rango que habían vuelto a concentrarse en el dragón, tuvieron que volver a enfocarse en la indetenible horda de zombis, esqueletos, y demás criaturas no muertas.

Y sin embargo en aquel caos Kirall no pudo evitar notar la expresión en el rostro de su hermana.

—Estamos a punto de morir ¿pero tienes una sonrisa de oreja a oreja? ¿Puedes compartir el chiste con el resto de nosotros?

Alysan se llevó una mano al rostro para ocultar sus labios.

—Es que no puedo evitarlo, estoy convencida que Yerro y Toroldak son la misma persona ¡mi Yerro vive!

Kirall volvió a mirar al paladín que combatía prácticamente solo en contra del dragón infernal. Saltaba, atacaba, evadía, cortaba, volvía saltar, giraba en mitad del salto. Yerro siempre había sido bueno con la espada, pero nunca a ese nivel. Había un parecido sin duda, pero si aquel portento era su cuñado, había aprendido unos cuantos trucos nuevos.

—Son demasiados mi general —Willbur apenas podía hablar— no vamos a poder, ¡no vamos a poder!

—¡Tranquilo Willbur! Todavía tenemos una última maniobra. —Y subiendo su voz para que todos escucharan claramente— ¡Estos no muertos no tienen fin, nuestra única oportunidad es apoyar al paladín! ¡Todos carguemos contra el dragón! ¡Ahora!

Los ejércitos de los vivos se movieron todos como uno solo contra el infernal dragón, si bien sus armas no eran tan efectivas, sí consiguieron distraer los suficiente al monstruoso enemigo como para que el paladín pudiese profundizar sus ataques. Una y otra vez la espada de plasma penetró entre las escamas del maligno dragón reventando sus entrañas.

—Inútiles mortales, estas heridas no significan nada —dijo el dragón escupiendo sangre— pero han cometido el error de poner a la maldita elfa a mi alcance.

Garijo saltó con una agilidad que ya nadie le creía capaz, con su garra extendida para destrozar a Alysan, pero los gigantes arbóreos lo agarraron en el aire y lo terminaron de destrozar.

Un súbito silencio se apoderó del lugar en aquel instante.

—¡Victoria! —se atrevió a gritar finalmente alguien.

—¡Hemos Triunfado!

—La vida ha triunfado.

Los no-muertos que segundos antes saturaban la plaza, sencillamente desaparecieron en la nada de vuelta a su plano.

En medio de la algarabía de la celebración de la victoria, Alysan corrió hacia donde estaba el paladín quien agotado se había sentado en el suelo.

—¡Yerro! ¡Yerro!

Él la miró y se sacó el yelmo que le cubría el rostro, efectivamente tenía la misma sonrisa de Yerro, pero tenía largas orejas como las de un elfo…

—No mamá, lo siento mucho pero yo soy Toroldak, tu hijo —dijo mientras le señalaba el vientre.

FIN

Espero que les haya gustado y si así fue, no olviden que yo también estoy participando en el Desafío del Nexus de Enero, así que no dejen de votar pulsando el botón “Me Gusta” de facebook 🙂

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