JRR Tolkien smoking pipe back cover photo The Hobbit El Señor de los Anillos comienza con un prólogo subtitulado “De los Hobbits” y posteriormente el lector se encuentra con un segundo subtitulo o un segundo prólogo “De la Hierba para Pipa” y por si esto fuera poco, poco después nos encontramos también con otra parte del prólogo “De la ordenación de la Comarca” y luego otro mas, “Del descubrimiento del Anilo” y como para rematar, tenemos una “Nota sobre los Archivos de la Comarca,” todo esto antes de que comience la novela en forma. Por supuesto hay algunos lectores que amamos tal despliegue de detallismo y disfrutamos con este estilo, pero no puede caber ninguna duda de que también existen otros lectores a quienes un prólogo en donde les hablan sobre la hierba que fuman en sus pipas unos tales “hobbits,” tiene que sonarles un tanto exagerado.

Pero Tolkien era sin ninguna duda un genio, a quien el tiempo ha consagrado, y cuando un nuevo lector se aproxima a sus libros, seguramente le tiene paciencia, pero ¿qué pasaría con escritor como yo? Supongamos que escribo un cuento de 10 o 15 páginas y luego le pido a un amigo que nunca ha leído nada mío, que lo lea, y este amigo se consigue que de las 15 páginas que constituyen el cuento, las primeras 3 son una larga introducción sobre “la hierba para pipa” o digamos las características de un motor de una nave espacial, la política de una civilización extraterrestre, o la biología de un mutante, etc. ¿Qué pensaría entonces mi amigo? ¿Tendría conmigo la misma paciencia que con Tolkien?

La forma en que los lectores se aproximan a la lectura hoy en día es muy diferente a como lo hacían años atrás y los autores tenemos que respetar el tiempo que los lectores nos dedican. Pero ¿qué pasa entonces cuando nos enfrentamos a un personaje complejo? O ¿una ambientación muy detallada importante para la historia? O sencillamente un elemento de la historia que requiere una comprensión profunda de parte del lector ¿qué se hace en ese caso? No estoy diciendo que no nos tomemos nuestro tiempo para explicarle bien nuestra historia a nuestros lectores, pero lo que es indispensable es que durante las primeras líneas sepamos enganchar a nuestro público, esas primeras palabras son las que conseguirán que el lector se anime a leernos o nos deje a un lado, así que no podemos desperdiciarlas. Una vez hayamos captado el interés del lector y esté determinado a finalizar nuestra historia, podemos detenernos a explicar con tranquilidad lo que se nos antoje.

La clave es entonces saber enganchar al lector en los primeros momentos de la historia y luego saber dosificar las piezas claves de información de nuestra trama.

Entradas relacionadas:

Comparte este artículo con tus amigos