El famoso escritor de Ciencia Ficción Brian Aldiss realiza extensas reflexiones sobre una amplia variedad de tópicos, me parece que el artículo está excelente, se los traduzco aqui al español para que todos lo disfruten y opinen:

Varios cientos de miles de millones de estrellas llenan nuestra galaxia solamente. ¿No es eso asombroso? El universo nació en el Big Bang, o así hemos llegado a creer. Quizás la explosión fue un accidente, una cuestión de chance. Es poco probables que alguna vez descubramos al culpable.

Es curioso cuan poca inquietud o aún interés, provoca esta profunda pregunta.

Como un montón de marineros sin mar, estamos parados para siempre en la orilla, observando a Marte y a los otros planetas de nuestro paquete solar, pensando en un simple viaje allí, pero sin ir a ninguna parte. Parece que no podemos tomar el chance. Además, hay que arreglar Afganistán.

El cerebro a menudo se esconde lejos del presente como se esconde un conejo en una madriguera. En la ficción, en el pasado. Tendemos a corregir nuestra historia a medida que va pasando, engañando a otros, engañándonos. Podemos creer que recordamos claramente y pensamos claramente; pero tales asuntos son mayormente cuestiones de chance. La ocasión lo envuelve todo como el dióxido de carbono. Algunas veces tenemos suerte, algunas veces somos desafortunados. El chance creó el ambiente en el que hemos vivido por los pasados 65 millones de años o algo así, desde que un meteoro perdido mató a los dinosaurios.

En las cuestiones de inversión, de amor y de guerra, el chance está activo. Puedes ganar en la bolsa, puedes tener la persona de tus sueños mudándose a la casa de al lado; pero también puedes perder todo tu dinero en una apuesta, o descubrir que los que se están mudando al lado son de una banda de rock.
Una oscura noche, podrías decidir estúpidamente invadir Rusia.

Todas las religiones fueron forjadas como defensas en contra de este virus, el chance. Una vez que te has soñado a un dios o a una diosa, puedes inclinarte, ofrecer holocaustos, poner tus rodillas contra el suelo o tu estomago al aire, todo con la esperanza de que la alabanza y la constante suplica puedan apartarte de la mala fortuna, o ganarte un imaginario mundo mejor. El que toda esta parafernalia de la suplica nunca funcione parece no desengañar a nadie. Es el chance el que hace que la profecía no funcione.

H G Wells escribió esplendidas novelas de ciencia ficción las cuales, principalmente criticaban la insensatez humana o la agresividad humana. Mas tarde en su vida, Wells vino a considerarse a si mismo como un profeta.
Sus libros se volvieron más prolijos (por ejemplo, “The Shape of Things to Come,” escrito en 1933). En verdad en 1914 él había predicho algo muy similar a una bomba atómica en “The World Set Free,” pero esta bomba es lanzada manualmente desde un biplano.

Mucho más tarde, Isaac Asimov también se consideró a si mismo como un profeta, sus robots caminando libremente la tierra. Eso aún no ha pasado, excepto en las películas, en donde la profecía no es la intención.
Sin embargo, uno puede ver que la “Foundation” que el creó (donde educados hombres forman un refugio para si mismos en contra de 30.000 años de barbarismo) no parece totalmente imposible si uno imagina un bastión de la “Cultura occidental” construido en Marte cuando la Tierra se vuelva demasiado caliente, o las fuerzas del comunismo Chino u oposición Islámica se vuelvan demasiado intolerables.
Una profecía puede colgar en el aire por siglos, igual que el papel matamoscas. Las profecías del siglo 16 de Nostradamus son lanzadas a cada desagradable evento de algún significado.
Todos esos eventos se encuentran en la provincia del zeitgeist, un mundo a la moda, para el cambio y el chance. La inútil frivolidad deplorada por Aldous Huxley en “Brave New World” se ha convertido en nuestra actual “Cultura de la borrachera.” George Orwell predijo y temió que todos estaríamos bajo la vigilancia de los ojos de la televisión. esta misma gente ahora ruegan por más cámaras de circuito cerrado.

Después de la segunda guerra mundial, cuando Britania y la mayor parte de Europa estaba exhausta y empobrecida, los escritores de ciencia ficción predijeron grandes viajes espaciales, las revistas de CF se convirtieron en panfletos del viaje espacial, en donde los hombres se aventuraban hasta plutón y más allá. El cosmos fue explorado. Los imperios galácticos se expandieron como hongos. Pero la realidad del chance dictó otra cosa.

En aquel tiempo, Werner von Braun imaginó flotas de naves espaciales rugiendo a través de la desconocida oscuridad. Se dijo que durante la guerra, cuando von Braun trabajó en Peenemünde, el recibía su copia mensual de “Astounding,” la revista líder de la ciencia ficción de la época, a través de fuentes neutrales en Suecia. Sea esto cierto o no el futuro von Brauniano se cerró como un libro y murió, dejando apenas un rastro de sondas de la Nasa detrás.

En Julio de 1969, el Apollo 11 de la Nasa consigue el primer alunizaje. ¡Que excitación! Igual que los otros millones, la familia Aldiss vio el evento en televisión. Mientras tanto, a través de las ventanas de nuestra sala, podíamos ver la Luna misma. Una extraña doble visión. Las oraciones se puede haber dicho, pero fue la ciencia la que nos llevó hasta allá.

Hubo constante comunicación entre la Luna y el cuartel general de la Nasa en la Tierra. En una película anterior, uno de la tripulación caminaba alrededor de un cráter o dos antes de que alguien dijese: “Mejor llamar al presidente y decirle que hemos aterrizado.” Se había inventado el viaje espacial, pero no la televisión masiva…
Los Alunizajes habían sido imaginados por los escritores de ciencia ficción durante mucho tiempo. En un escenario, los astronautas encuentran una caja de cigarrillos camel vacía, tirada en la superficie. La implicación es que una cultura previa alcanzó la Luna, colapsó y fue olvidada. Esto lleva a mi descripción típica de que el orgullo de la ciencia ficción está repleto de su Nemesis.

Marte siempre se considero como de mucho más interés que la Luna, no lo fué menos debido a la descripción de profesor Percival Lowell de Marte como domicilio de la vida. Su libro con ese título fue publicado en 1909. CS Lewis escribió su deliciosa “Out of the Silent Planet” en los tardíos 1930’s. “Martian Time-Slip” de Phillip K. Dick apareció a mediados de los 1960’s. Esta fue posiblemente la última novela que puso una especie viviente autóctona en el planeta. Venus fue de menor interés que Marte. “Escape to Venus” de S Makepeace Lott (1956) se ha olvidado completamente, aunque me parece recordar que fue convertida en una película, una clave para la longevidad.

Mientras que yo siempre he sido un ardiente creyente en el viaje espacial, mi esperanza fue siempre menos por conquista y más por el chance de entendernos mejor a nosotros mismos.
La colaboración es siempre mejor que la confrontación. En el libro que escribí en conjunto con el profesor Roger Penrose, “White Mars” pusimos a 6.000 personas en Marte. Esto fue más una alegoría que una predicción.

La Cooperación ofrece al mundo un mejor chance para la felicidad y la supervivencia que la confrontación, pero la confrontación está en nuestros huesos.

Las Religiones se han desarrollado como defensas en contra del virus del chance, la oración a probado tantas veces ser una falsa esperanza, destruyendo la racionalidad. Cuando los Romanos dejaron estas costas, los habitantes mataron a todos los gatos, sospechando que eran compañeros de las brujas. Las ratas se multiplicaron. Las ratas trajeron la muerte negra. Miles murieron. Miles oraron. los gatos no regresaron.

Siendo un muchacho, estudié el cielo nocturno, con su profusión de estrellas, imaginando que allá arriba, entre los planetas más viejos, una gran civilización prevalecía, más interesada en la filosofía que en el fútbol.

Los hombres y las mujeres allá habían rechazado la guerra y todas las formas de criminalidad hacía tiempo. La Racionalidad lo era todo, a medida que estos antiguos jóvenes viajaban de un mundo al otro, conversando y tentando los problemas de la conciencia. Esa fue mi forma de religión siempre, prestada de la antigua Grecia y la cristiandad. Tristemente, ya no creo en mi temprana versión agnóstica de los cielos.

Pienso que hay confusión por todos lados en la Tierra – confusión probablemente causada por deficiencias en el cerebro humano. Supongamos que encontramos a una especie de serena benevolencia, esta podría actuar como nuestro tutor – o posiblemente nuestro psicoanalista. Es simplemente natural para nosotros soñar con otros tipos de vida, vidas mejores. Una pregunta perturbadora (no discutida entre nuestros líderes) nos persigue: La duda de sí la conciencia humana tenga cabida para el propósito.

Y ¿que hay del espacio? Sabemos que está lleno de furiosas partículas, pequeñas pero letales. De algún modo la vida en la Tierra nació de ellas.

Brian Aldiss

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