Retorna a nuestras página el inclansable Joseín Moros con una nueva historia para el Desafío del Nexus de Noviembre.

 

Agua Verde y Cristalina

 

Heddy estacionó la motocicleta eléctrica, es el único vehículo de esa clase en el poste de servicio del caserío. Hay una llovizna fría y el viento produce remolinos de niebla. Por encima de los techos de tejas reparadas infinidad de veces el horizonte son altas montañas con nieve en sus puntas y una depresión blanca: el gran glaciar Trol; sin embargo la temperatura es todavía agradable y la variada gama de verdes pone en evidencia diferentes tipos de cultivo, protegidos con mallas y corta vientos.

 

Vio ventanas siendo cerradas y otras se abrieron sólo para permitir a los habitantes espiar su llegada. Heddy viste la verde armadura de policía, aunque es una mujer joven desde lejos las sólidas protecciones no permiten reconocer su sexo y la visita de la Policía Verde no es un buen augurio para la comunidad de la montaña.

 

<< ¿Vivirán aquí los criminales? >>

 

 

Para Heddy todo comenzó dos años atrás cuando el jefe de su División reunió un puñado de Oficiales Verdes y les anuncio de un macabro hallazgo. Ocurrió cuando un ferry eléctrico transportaba trabajadores de la industria productora de truchas y salmón, entonces descubrieron en el fondo de las aguas cristalinas del fiordo la evidencia de un horripilante crimen.

 

Desde entonces la pesquisa continúa, hasta la fecha ninguno de los oficiales repartidos en las montañas por donde descienden ríos y riachuelos han logrado encontrar una pista sobre los criminales. En estas labores desaparecieron cinco de ellos, así de inhóspito es el territorio con sus abismos y ventarrones intempestivos.

 

Los técnicos policiales llegaron a una sola conclusión: ocurrió en un lugar muy alto algún tipo de alud y una porción de tierra fue arrastrada por las aguas hasta llegar al fiordo. Lo peor del asunto fue la cantidad de los restos, sólo los huesos más sólidos resistieron la erosión contra las piedras en su largo trayecto aguas abajo.

 

 

Mientras ella caminaba hacia la posada leyó el letrero colgado de una lanza con la punta ensartada en una manzana roja, grande como una cabeza humana. Agua Verde y Cristalina es el nombre de la posada y en el aviso está el año de fundación.

 

<< Seiscientos noventa y dos años. En la última que estuve tenía más de mil. Este pueblo posee el mismo nombre que su posada: Agua Verde y Cristalina, pero tiene al menos diez siglos más. Tres cuartas partes de las construcciones están desocupadas, eso es bueno >>

 

Heddy Van Pacheco aprendió la historia de los caseríos, este es el tercero en dos años, las pesquisas llevan tiempo y mucho se pierde siguiendo pistas falsas en la inmensidad de roca huérfana de seres humanos. Para dificultar más el trabajo cada oficial está aislado de los demás por lo inmenso del territorio a cubrir y la casi imposibilidad de comunicación inalámbrica debido a una desordenada actividad eléctrica en la alta atmósfera que retornó varias décadas atrás. Para empeorar la situación, el dron policial de suministros no tiene fecha regular de llegada, si es que no lo destruye antes el tormentoso viento de las montañas o se pierde por falta de señal desde el controlador.

 

 

La habitación estaba fría, el sistema de calefacción de la posada alguien lo había desactivado para desviar la electricidad hacia otras dependencias del caserío. Desde la ventana en el tercer piso la mujer policía observó una fila de torres blancas con las gigantescas aspas girando, los fuertes vientos de la cordillera mantienen cargados al máximo los acumuladores de energía eléctrica pero aun así a nadie se le ocurriría mantener una agradable temperatura en una posada vacía por más de dos siglos. Dentro de la construcción no hay chimeneas, ni en todo el pueblo, cualquier producción de humo sería considerada una infracción a las leyes de protección de la atmósfera. Así es desde cuando el gobierno central del planeta decretó Ley Marcial Verde.

 

 

Su dron de suministros no pudo llegar. Heddy entregó comprobantes por la comida para que los pobladores puedan canjearlos cuando vuelva el gran helicóptero, también eléctrico, que pasará en varias semanas a recoger los comestibles producidos por los pobladores a cambio de ropa, alimentos procesados, medicinas, consulta médica y otros servicios vitales. Dentro del aparato hay un equipo multifuncional para tales labores.

 

<< Prefiero ser policía y viajar por tierra. Para una investigación es mejor observar de cerca el terreno, además tengo oportunidad de ver niños >>

 

Nunca imaginó que con los años se iba a sentir arrepentida de haber aceptado la esterilización definitiva. Los vídeos de cada mañana y cada atardecer en la escuela primaria fueron convincentes, repetían la frase: Hay demasiada gente, la Madre Tierra sufre, no contamines más. El noventa y ocho por cientos de las jóvenes lo aceptan desde La Gran Crisis Atmosférica, en la actualidad sobre las niñas continúa la presión a pesar de los siglos transcurridos. El premio ha sido la recuperación de más del noventa por ciento del planeta.

 

De nuevo la mujer policía tomó el mismo desvío antes de comenzar su exploración diaria por las montañas y se detuvo frente a la granja escuela para niños. Heddy se entretuvo mirando diez tractores eléctricos en miniatura, una cantidad asombrosa de niños y niñas —veintitrés en total—cinco granjeras instructoras, otra variada maquinaria de cría y cultivo, también patos, gallinas, pavos, gansos y palomas mensajeras, de estas últimas son una especie muy bien adaptada a las alturas y clima inestable. En ese momento los niños atendían a la primera sesión diaria de Catecismo Verde Ambiental. De vez en cuando los instructores miraban hacia ella, no parecían agradados de la vigilancia.

 

Cuando estaba a punto de partir, un niño de unos diez años llegó en bicicleta desde el lado opuesto a la Escuela Granja Verde. Parecía haber sufrido algún retraso para llegar. Dejó su vehículo, corrió hacia la escuela y de repente regresó hasta ella.

 

—Yo quiero ser policía. Los del helicóptero dicen que los granjeros no servimos para policías.

 

Heddy se quitó el casco, su cara ovalada con mejillas enrojecidas y piel pálida por la falta de sol se iluminó al ver al niño tan de cerca. El pequeño estaba bien abrigado y todavía llevaba puesto el casco para manejar su bicicleta.

 

—Dime tu nombre y hablamos.

 

—Zulio. Yo quiero una motocicleta, no me gustan los tractores ni las cosechadoras.

 

—Tus padres pueden pedir traslado para ti a las fábricas de truchas cuando venga el helicóptero. Hay botes muy bonitos, Zulio. Mi nombre es Heddy.

 

—No, Heddy. Yo quiero una motocicleta. Yo ya sabía tu nombre.

 

La mujer policía sonrió y se bajó del vehículo.

 

—Te explicaré como funciona todo. ¿Me has visto encender y apagar la motocicleta?

 

—Sí. Desde que llegaste yo te miro cuando sales y cuando llegas. Cuando fuiste a mi casa y hablaste con mis padres yo estaba escondido en el techo y no me viste.

 

<< Sí te vi. Tus padres dijeron que estabas en la escuela, por eso debo saber más de ustedes >>

 

Pocos minutos después, luego de una explicación a la que el niño atendió con total interés, la mujer policía dio otro paso en el plan que se le había ocurrido en ese instante.

 

— ¿Quieres dar un paseo? Luego hablaré con los instructores para justificar tu ausencia, porque no debes faltar a clase, ¿no es cierto, Zulio?

 

Zulio abrió la boca y no pudo hablar, la sorpresa fue demasiado grande. Al fin emitió algunas palabras en voz baja.

 

— ¿Me llevas preso? No hablaré aunque me torturen.

 

<< ¡Verde cielo! No me equivoqué, en este caserío ocultan algo >>

 

—No hagas chistes —y emitió una carcajada sin mirar al niño—, podemos dar un rodeo grande para que me muestres lugares interesantes.

 

El niño estuvo a punto de salir corriendo hacia la escuela. Heddy hizo silbar uno de los dos motores eléctricos de la motocicleta y Zulio con lentos pasos se acercó a la máquina.

 

—Conozco un camino hasta un sitio muy alto, Heddy; te mostraré el mar si no hay niebla, el aire es muy limpio y podemos ver lejos. Desde que llegaste quiero ir allí contigo.

 

Después de sus últimas palabras el niño enrojeció. Heddy sonrió con suavidad.

 

 

Ascendieron lejos y alto, la risa del niño la complacía, saltaron arroyos tantas veces que bajo la armadura sintió gotas de sudor corriendo por su espalda. Zulio iba delante de ella aferrado a la consola. Cuando el sol estaba apenas asomado sobre la lejana cordillera Heddy y el niño supieron que ya era medio día. De repente una fuerte corriente de aire hizo ladearse la enorme motocicleta, la nubosidad tapó el sol y sobre sus cabezas aparecieron las serpientes brillantes e inquietas de una aurora boreal. La mujer miró a los lados.

 

—Zulio, ¡viene una borrasca! Nada lo indicaba esta mañana y no he podido recibir informes del tiempo.

 

El niño se aferró al tablero con más fuerza, conocía bien de la peligrosidad de los eventos atmosféricos a tanta altura.

 

—Heddy, tenemos que escondernos en un refugio, nos puede arrastrar.

 

— ¿Hacia dónde está el refugio?

 

El niño tenía auténtico miedo, el peligro mortal de ser de ser arrastrado por una ráfaga y el estar acompañado de alguien a quien creía ignorante de cómo sobrevivir allí lo puso a temblar. Intentó levantar su brazo derecho para señalar una dirección pero apenas lo movió, no llegó a finalizar la seña.

 

<< Conoce un lugar seguro pero no me lo puede mostrar. Está dispuesto a morir antes que traicionar el secreto. Excavaré un agujero en la tierra para cubrirnos con la motocicleta. Es roca dura, espero que tengamos tiempo >>

 

Heddy con un brazo aferró a Zulio y con el otro comenzó a luchar contra el terreno para con su fuerte guante abrir una trinchera.

 

Entonces Zulio habló a gritos con la firmeza de la decisión tomada.

 

—No quiero que tú mueras. Jura por El Aire Limpio que nunca dirás nada.

 

El ruido del viento estaba aumentando y el niño luchó para hacerse oír. La mujer se agazapó detrás de la motocicleta y abrazó con fuerza el pequeño cuerpo, estaba muy conmovida y no pudo hablar.

 

Zulio volvió a gritar cerca de su oído.

 

—Está bien Heddy, no quieres jurar. Es por allá. Vamos, tienes que seguir una zanja.

 

Heddy no soltó al niño y montó en la motocicleta, sacó una extensión de su cinturón y aseguró el menudo cuerpo al suyo. Los dos motores eléctricos de la maquina se estremecieron. Lanzando grava hacia atrás la hizo penetras por una zanja profunda, la mujer se guiaba por la señal del pequeño brazo como si fuera la aguja de una brújula en medio de la atronadora turbulencia. Mientras fue aumentando la velocidad por encima de su casco pasaban pedruscos empujados por el viento. Le pareció una eternidad, la oscuridad cayó de manera repentina, en su visor la imagen de infrarrojo le permitió seguir adelante en el fondo de la zanja. Por fin cayó en la entrada de una caverna enorme.

 

<< Esto no es un refugio para campesinos, está demasiado escondido >>

 

Allí podría penetrar uno de los helicópteros medianos si no fuera porque frente a la boca de la cueva había una gran formación rocosa como una extensión de la montaña, ocultaba la cavidad tanto desde lejos como de lo alto.

 

<< Ese promontorio de piedras fue creado por alguien. Debió ser hace mucho tiempo, la erosión le hace parecer natural, ningún dron desde lo alto podrá mostrar esta cueva >>

 

Fue entonces cuando se percató de la inmovilidad de Zulio.

 

Saltó de la máquina, con cuidado mantuvo a Zulio en sus brazos. La motocicleta llegó hasta casi chocar con una enorme piedra en la oscuridad y allí se detuvo. Como la pata de una araña emergió un soporte lateral y quedó estacionada. En la negrura ahora más intensa Heddy descubrió con el visor infrarrojo cuatro figuras agazapadas.

 

<< ¡Verde cielo! ¿Será posible? >>

 

—Por favor, Zulio necesita ayuda.

 

Heddy encendió un pequeño foco luminoso en su pecho y la cara de Zulio quedó visible para los seres allí escondidos.

 

Sin chirridos de metal un sólido portón se abrió y las cuatro figuras hicieron señas para que Heddy las siguiera.

 

Con la serie de compuertas que debió traspasar el ruido exterior desapareció.

 

 

Zulio yacía en una mesa de madera cubierta con una cobija de fibra vegetal tejida. Heddy tenía abierta una caja enorme para auxilio médico, aunque su parte exterior estaba llena de polvo había encontrado el equipo en perfecto estado. Desde el alto techo de piedra varios reflectores de luz con espectro solar permitían que la mujer cumpliera con su delicada tarea.

 

Una sutura en la parte superior de la frente del niño quedó finalizada. Heddy se quitó los guantes de cirugía y bebió de una botella productora de café caliente. Nunca esperó encontrar en un lugar tan extraño tal cantidad de equipo de alta complejidad técnica y mucho menos con el aspecto de haber estado almacenado por tantos siglos.

 

Similar a un libro delgado y flexible con un cable hasta la frente del niño, un artefacto descansa en el pecho desnudo de Zulio. La imagen de su actividad cardíaca, respiratoria y cerebral se mueve en la superficie del aparato, al mismo tiempo texto y números informan a la bien entrenada mujer policía del progreso del niño.

 

<< No hubo fractura ni hemorragia cerebral, el casco se portó bien. Es un niño muy valiente, aceptó anestesia local, el módulo médico recomendó dejarlo despierto >>

 

— ¿Cómo te sientes, Zulio? No te levantes todavía. ¿Tienes frío?

 

—No. ¿Heddy, porqué pasa todo esto?

 

— ¿A qué te refieres, Zulio?

 

— ¿Por qué es malo este lugar? ¿Por qué me llevarás preso y a toda la gente del pueblo? ¿Por qué ellos no deben vivir?

 

Con la última pregunta Heddy miró a las cuatro pequeñas figuras que ahora estaban formando un compacto grupo en un rincón de la caverna.

 

—Vengan a ver a su amigo. No me tengan miedo. Voy a traer la motocicleta.

 

La mujer se colocó el casco y los guantes blindados, presionó el interruptor en la pared de piedra y el primer portón se abrió lo suficiente para dejarla pasar. Un momento después ella regresó caminando y la motocicleta vino detrás como si fuera una bestia amaestrada; con una orden verbal la maquina fue hasta cerca de la mesa y allí se estacionó.

 

Los ojos de Zulio y sus cuatro amigos casi no le prestaron atención.

 

<< Están acostumbrados a ver maquinaria robot. Todas la de cultivo necesitan como mínimo un operador, esto es una actitud anormal en un campesino >>

 

— ¿Cuántos años tiene tu motocicleta?

 

<< Es un niño muy inteligente, quiere respuestas concretas >>

 

—Por el número de serial fue sacada de nuevo al servicio hace más de setecientos años, tal vez fue fabricada otros setecientos años atrás.

 

— ¿De verdad ocurrió La Gran Crisis Atmosférica? Desde los techos he oído algunas personas, no creen en eso. Dicen que es otra mentira del Catecismo Verde Ambiental. Heddy, no voy a decir quienes lo dijeron.

 

—Sí ocurrió, Zulio. La contaminación del aire provocó la muerte de mucha gente. Apareció un Gobierno Central Verde, los países luchaban por las zonas del planeta donde todavía se podía respirar. Cada nación construyó refugios secretos subterráneos, pero también allí el aire y el agua no fueron suficiente. Este lugar donde nos encontramos debió ser uno de los primeros almacenes de recursos vegetales y animales.

 

—Todo eso lo dice el Catecismo Verde Ambiental, Heddy. Yo quiero saber la verdad. ¿Por qué no podemos comer carne roja, sólo aves y pescado? Mis padres dicen que no debo preguntar, pero yo quiero saber, de todas maneras iremos presos. Eres policía y nos descubriste, hay otros como tú en la cordillera, buscan Los Prohibidos y quieren quitarnos todo lo que está aquí y también quieren matarlos a ellos.

 

El niño permanecía acostado, desde allí había señalado con su brazo hacia el lejano interior de la caverna, sus últimas palabras fueron con llanto contenido. Tapó sus ojos con los puños y guardó silencio.

 

Heddy se quitó los guantes blindados y se despojó de la armadura. Quedó cubierta con un mono térmico de color verde oscuro. Después tomó asiento en una silla de madera al lado del niño. Las cuatro pequeñas figuras la miraban desde el otro lado de la mesa y Zulio continuó con los ojos cerrados.

 

—Zulio, Liza, Jean, Amia, Mara. Nadie vendrá a quitarles nada. Yo no hablaré.

 

Cinco pares de ojos infantiles la miraron con incredulidad. Mara, una niña de cuatro años habló, era la más pequeña de todos.

 

—Señora policía, alarmas suenan. Vimos Zulio en la pantalla, primero bien, después con sangre. Usted no vio. Fue una piedra.

 

—Díganme Heddy. Gracias, Mara. Esas alarmas funcionan muy bien y las imágenes salen perfectas, la gente de Agua Verde y Cristalina hizo un gran trabajo todos estos siglos.

 

—Somos Gente que Contamina, pero Zulio no es. ¿Entonces nos podemos esconder aquí? —esta vez fue Amia quien intervino, era una niña de un poco más de cinco años.

 

<< Verde cielo. Qué diferente es cuando tienes a uno de ellos frente a ti. Disminuir la población mundial ahora me parece una guerra sanguinaria >>

 

Heddy había sentido una dolorosa contracción en el pecho y sus ojos se nublaron. Los niños cuyo nacimiento no fue autorizado por el Gobierno Verde Central fueron denominados Gente que Contamina, eran ilegales en todo el planeta. Se les condenaba a la esterilización total y los caseríos donde fueran descubiertos sufrían restricciones en alimentos procesados y ropas durante un largo número de años.

 

— ¿Heddy, tu misma vas a matar a los de La Granja?

 

 

Por una pantalla en la sala de control Heddy vio las torres plegando sus aspas, luego descendieron hasta volver a quedar ocultas bajo tierra. Al ocurrir una tormenta, algunas de esas torres de veinte metros de altura emergen para recargar los acumuladores del refugio, son tantos que podrían funcionar a carga total durante cien años sin recibir energía externa.

 

Luego, con los cinco niños, viajaba por las instalaciones en un transporte de cuatro ruedas con capacidad para diez personas. La abundancia de maquinaria robot, en los diferentes niveles y galerías, la tenía abrumada.

 

<< Nunca vi una granja funcionando sin la ayuda de seres humanos. Quienes planificaron este lugar se ve que lo hicieron con una intención clara: ofrecer resistencia a los designios del Gobierno Central Verde. Había oído que ante la inminencia de La Gran Crisis Atmosférica aparecieron diversas ideas para enfrentarla, entonces las naciones no llegaron a un acuerdo y muchos pusieron en práctica sus propios planes. Al final el Gobierno Central Verde ganó las guerras e impuso su manera de proceder >>

 

Llegaron a una alta galería con luz solar artificial. El intenso olor le produjo náuseas. Los niños tenían caras afligidas, se miraban unos a otros y luego de reojo a la mujer. Zulio la tomó de una mano.

 

—No es necesario que sigas. Todo lo demás es igual, hay muchos y el olor no te gusta. Vamos a mirar desde aquella sala, hay pantallas para vigilar y tiene otro aire.

 

Así fue. Entraron a una sala y a través de los ventanales continuaron viendo la galería. Heddy y los niños miraban las pantallas, Zulio apagó el sonido, también las voces provenientes de fuera estaban perturbando a Heddy.

 

— ¿Por qué los prohibieron? En Agua Verde y Cristalina a todos nos gustan. Hasta los niños más pequeños vienen. Todos aprendemos como cuidarlos si alguna maquina falla, mientras los robots de reparación reparan nosotros trabajamos. También comemos aquí, a casi ninguno nos gustan las aves y el pescado.

 

Zulio guardó silencio y los otros niños se encogieron por la sorpresa. Heddy había tenido que correr a la sala de baño inmediata y vomitó sin control. Un rato después regresó.

 

Disculpen, niños. Fueron prohibidos porque debido a su tamaño ellos consumían mucho oxígeno de los refugios y además comen en grandes cantidades vegetales demasiado importantes para la atmósfera. Desde niña me inculcaron que eran asquerosos y perjudiciales y la idea de comer carne roja me aterroriza.

 

La más pequeña de las niñas, Mara, le abrazó una pierna y habló con su mejilla apretada contra el pantalón.

 

—Las vacas, los toros, caballos, ovejas, cabras y cerdos son bonitos.

 

Heddy la levantó y fue de nuevo a sentarse. Todos los niños la rodearon.

 

—No voy a matar el ganado. Tampoco voy a contar de este refugio a nadie y voy a decirles a ustedes algo más.

 

La miraron, intrigados y todavía temerosos de sus decisiones.

 

—Me quedo aquí con ustedes. Apagué la radio de la motocicleta. Creerán que me desbarranqué en las montañas, pasa con frecuencia con nuestros oficiales y pocas veces encontramos sus restos.

 

La mujer tocó la pantalla más cercana e hizo aparecer una imagen. Se veían máquinas reforzando la pared de una galería profunda, ya ella sabía que un torrente subterráneo de agua, proveniente de debajo del glaciar Trol, se abrió paso hasta allí y arrastró un depósito de huesos muchos kilómetros más abajo. El feroz caudal emergió entre la tierra y se unió a la corriente de un río de montaña. Los huesos llegaron hasta el fondo del fiordo y fueron descubiertos por los trabajadores desde el ferry de transporte.

 

<< El Gobierno Central Verde piensa que en algún caserío clandestino sacrificaron los animales, alguna razón desconocida imposible de saber hasta no llegar allí los obligó. La pena es grave por proteger animales contaminantes, prohíben a toda la población humana involucrada tener más descendientes, ellos podrían corromper con sus ideas la perfección del Gobierno Verde >>

 

Los niños bailaban y cantaban, Heddy levantó a cada uno de ellos y lo besó muchas veces.

 

<< El objetivo del Gobierno Verde está logrado desde hace medio siglo, pero no quieren soltar el poder. Llegamos a ocho millones de habitantes en todo el planeta, el aire está limpio, el agua también, costó siglos de esfuerzo y sufrimiento pero también el cansancio de la humanidad para restringir su propia naturaleza expansiva como especie. Es imposible predecir algún futuro, pero yo soy un ejemplo de uno bastante posible: quiero que nos multipliquemos, lo llevo en la sangre, espero que esta vez tengamos mejor suerte. Salir del planeta no es fácil, en el fondo no queremos abandonar a nuestra Madre Tierra y una madre quiere más hijos en su regazo. Tal vez por eso la colonización del espacio exterior fue un fracaso, todos al final regresaron. Los seres humanos somos de un planeta azul, con un sol amarillo, y aquí nos quedamos >>

 

Fin

Muchas gracias a Joseín por esta historia y recuerden que para votar por ella en el Desafío del Nexus basta con votar con el botón compartir de facebook.

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